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El tribunal del Jemer Rojo expone la pesadilla de los matrimonios forzados

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El tribunal del Jemer Rojo expone la pesadilla de los matrimonios forzados

El tribunal del Jemer Rojo expone la pesadilla de los matrimonios forzados

La violación fue el castigo por no querer consumar el matrimonio impuesto por el Jemer Rojo, cuenta una testigo en el tribunal internacional de Camboya, que juzga a los últimos líderes del exrégimen comunista por estas uniones forzadas.

"(El jefe local) dijo que si gritaba al violarme, me mataría. Después de esa advertencia, después de la violación, tuve que cerrar la boca y acceder a vivir con mi nuevo marido", reveló la testigo, por primera vez en su vida y bajo pseudónimo.

Fue la primera de las víctimas a testificar en el tribunal que desde el 22 de agosto aborda la política de matrimonios forzados, y sus consecuencias con violaciones, embarazos no deseados y fractura social, como uno de los crímenes que imputa a la cúpula del régimen.

El Jemer Rojo vació las ciudades al tomar el poder en 1975 y llevó a toda la población a campos de trabajo en busca de una utopía agraria que hasta el fin del régimen en 1979 causó al menos 1,7 millones de muertos por hambre, enfermedades y purgas políticas.

En este clima de represión, medio millón de camboyanos fueron obligados a casarse según las estimaciones más conservadoras, sin importar que ya hubiesen contraído matrimonio antes.

En sobrias ceremonias, que se realizaban en unos pocos minutos después de largas jornadas de trabajo y que comprendían entre dos y cien parejas, conforme a los datos de la acusación, los novios juraban lealtad al régimen y a su pareja, y se comprometían a tener hijos.

"Nos conocimos después de que anunciasen nuestros nombres", explicó Chea Dieb, otra mujer que forma parte de la acusación particular y que fue obligada a casarse, al igual que otras once mujeres, con un excombatiente discapacitado.

Los que se oponían desaparecían o eran enviados a los cientos de centros de detención y tortura que existían durante el régimen.

El cargo por los matrimonios forzados forma parte de la acusación contra el considerado ideólogo del Jemer Rojo, Nuon Chea, de 90 años, y el exjefe de Estado, Khieu Samphan, los últimos miembros con vida de la cúpula del régimen.

Al contrario que otros cargos como los de crímenes contra la humanidad o genocidio, el de matrimonios forzados no fue incluido hasta el último momento en 2009, cuenta la investigadora Theresa de Langis.

"Es un patrón típico, primero tienes que abogar porque estos crímenes sean considerados crímenes y entonces tienes que preparar el litigio, es una carga añadida", indicó a Efe de Langis, quién ha grabado decenas de testimonios de víctimas.

La investigadora denuncia que los crímenes internacionales que afectan principalmente a las mujeres "están muy por detrás en el sistema judicial", aunque aclara que en el caso de los matrimonios forzados en Camboya, los hombres "tenían que violar a sus esposas para poder sobrevivir".

Los valores conservadores de la sociedad camboyana y la necesidad práctica ante la precariedad que siguió a la caída del régimen en 1979, muchas de estas parejas creadas a la fuerza continuaron unidas.

De las ciento seis personas que forman la parte civil de la acusación por los matrimonios forzados, cerca de la mitad continuó casada después, aunque algunos se separaron con el tiempo, y el 75 por ciento tuvo descendencia, según un informe de 2014 de la ONG Transcultural Psychosocial Organization.

"No sabemos el impacto que pudo tener sobre los hijos", lamentó de Langis durante las audiencias que pueden alargarse hasta finales de septiembre.

Muchos de los miembros de la parte civil comparten la misma motivación a la hora de querer contar su historia: Quieren que las atrocidades que sufrieron no ocurran de nuevo.

"Por favor señor presidente (de la cámara), le pido que prevenga la vuelta de un régimen así", declaró otra víctima al terminar su testimonio.

"Mi vida ha sido triste, sin libertad, ahora la tengo pero es muy tarde, toda mi vida he arrastrado pena, pesar, sufrimiento", concluyó.

Ricardo Pérez-Solero

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