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¿Benzema al talego?

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En uno de mis primeros artículos en eldiario.es, todavía en la sección colectiva de Zona Crítica, ya hablábamos de una combinación peligrosa en nuestras carreteras: futbolista y vehículo de alta gama implicados en conducción irregular. En aquella ocasión, comentábamos el caso de Michael Ballack, su Audi Q7 y los 211 kilómetros por hora a los que le retrató un radar de la DGT. Esta misma semana se cumplían tres años de aquel post, casualidades de la vida, justo cuando se ha conocido otra noticia que incorpora los dos ingredientes, fútbol y peligro al volante.

Efectivamente, el 30 de octubre se publicaba que Karim Benzema, delantero francés del Real Madrid, fue sorprendido circulando por el centro de la capital sin el preceptivo permiso de conducir.

Me proponía escribir un análisis sobre el principio de prevención especial del Derecho Penal, las penas alternativas a la privación de libertad y los factores psicológicos que impiden aplicarlas en su máxima extensión, incluso cuando resulta completamente proporcionado. Pero no he podido, porque no he conseguido encontrar una información fiable sobre el incidente. Veamos, los antecedentes del caso son los siguientes: 

El 3 de febrero de 2013, Benzema fue cazado al volante de su Audi RS5, un auténtico misil sobre cuatro ruedas, en vuelo rasante a 216 km/h. Al parecer, iba interpretando  su propia versión de “A todo gas”, en reñida competición con un Porsche cuyo conductor no fue identificado. Fue condenado a una pena de 18.000 euros de  multa y dieciocho meses de privación del derecho a conducir, en un juicio rápido que se celebró el 15 de marzo del mismo año.

Respecto de la multa, sólo puedo reiterarme en lo dicho tantas otras veces acerca de este tipo de sanciones alternativas a la prisión: la proporcionalidad no funciona si sólo se aplica hacia abajo, pero no hacia arriba. La pena de multa se aplica en base a un sistema de cuotas diarias, en la que el tiempo depende de la gravedad del delito y la cuantía de cada cuota se establece en función de las posibilidades económicas del reo. Así, conducir a 216 km/h conllevará la misma pena en días para el currito mileurista que para el ejecutivo con sueldazo pero, en teoría, el importe final será superior en este segundo caso que en el primero, porque tendrá una cuota superior.

Los límites de la cuota diaria oscilan entre los 2 y los 400 euros diarios, por lo que la multa máxima teórica para un delito contra la seguridad vial, que tiene un tope de 12 meses de multa, es de 144.000 euros. Puede parecer mucha pasta, pero no deja de ser una anécdota para alguien como Benzema, un futbolista de élite que cobraba un salario de 4,5 millones de euros netos anuales, primas aparte, en el momento de los hechos. La multa máxima prevista por el Código Penal no deja de ser una pequeña molestia para alguien con semejantes emolumentos. Pero cuando se le aplica una pena casi diez veces inferior, pasa a ser una broma de mal gusto para el resto de conciudadanos. 

Sin embargo, lo que me llama la atención es la conducta del penado, y sobre todo, cómo la reflejan los medios. Según la prensa, el 18 de mayo de 2015 Benzema fue parado en un control rutinario cerca de Barajas, y circulaba sin permiso de conducir. Según la noticia, fue imputado por un delito contra la seguridad vial. Esto es lo que no termino de entender.

Verán, cuando alguien es declarado culpable y se le condena a una pena de privación del derecho a conducir, esto no debería afectar a la tenencia formal del documento: aunque el penado no entregue el permiso, o lo haya perdido, tiene prohibido conducir mientras esté en vigor la pena, periodo que queda establecido en lo que se conoce como “liquidación de condena”. Durante ese tiempo, tenga o no tenga el carné físicamente en su poder, infringe la prohibición si conduce un vehículo. Sin embargo, en un enésimo ejemplo de pésima técnica legislativa, el artículo 384 del Código Penal castiga a quien conduzca “habiendo sido privado del permiso por decisión judicial”. ¿No habíamos quedado en que la privación era del derecho en toda su extensión, y no sólo del carné? Por si las moscas, en la práctica se exige a los condenados a este tipo de penas que entreguen el carné en el juzgado.

Sutilezas semánticas al margen, lo cierto es que entre marzo de 2013 y mayo de 2015, fecha del segundo incidente de Benzema al volante, median más de dos años, y la condena impuesta en la sentencia era de dieciocho meses. Algo no cuadra.

Cualquier abogado mínimamente diligente, cualquier letrado del maltratado turno de oficio, se personaría en el juzgado al minuto siguiente de la sentencia del juicio rápido, pidiendo el auto de firmeza y la liquidación de condena, para que su cliente empiece a extinguir la pena cuanto antes, y por lo tanto, se vea restituido en sus derechos en el menor plazo posible. Si esto hubiera sucedido así, Benzema ya habría saldado su deuda con la sociedad ese 18 de mayo de 2015, y estaría restituido en sus derechos. ¿Delito contra la seguridad vial? No llevar el carné encima no es un delito tipificado en el Código Penal, es una infracción administrativa. Y desde luego, los coches patrulla de muchas policías locales disponen de medios suficientes para comprobar la vigencia de un permiso, o si existe alguna prohibición en vigor. Aunque Benzema no hubiera recogido físicamente el permiso, si la liquidación de condena establece que la prohibición ya ha concluido, no se habría cometido el delito. Lo mismo cabe decir en el tercer incidente, el acaecido el 30 de octubre, hace apenas una semana.

Sin embargo, en ambos sucesos, las fuentes periodísticas informan de que al futbolista se le ha imputado un delito, y además precisan, de quebrantamiento de condena (levantamiento, por una errata, en algún medio), lo que es otro error: el artículo 384 regula un tipo especial para los que conducen mientras están privados judicialmente de tal derecho, que se aparta del genérico quebrantamiento de condena del artículo 468, y se hizo así a propósito.

A lo que iba, si el abogado del futbolista hizo sus deberes, la prohibición no debería estar en vigor. En algunos casos, sobre todo con trabajadores que dependen del coche para ganarse el sustento, se suele fragmentar el cumplimiento de la prohibición, permitiéndoles cumplirla en fechas que no les obliguen a engrosar las listas del paro. Sinceramente, hacer esto en el caso de un multimillonario que puede permitirse tener un chófer en plantilla de forma permanente, me parecería una torpeza. Aunque torpeza mayor me parecería que se haya estado retrasando el cumplimiento de esa pena, porque con retrasar lo inevitable, lo único que se consigue es que tu cliente acabe metiendo la pata y siendo detenido.

Así que no termino de entender muy bien el embrollo del carné de Benzema, porque no consigo encontrar quien me aclare esos puntos dudosos. Desde luego, si finalmente se trata de dos casos de conducción durante el periodo de vigencia de la prohibición impuesta en 2013, creo que habría que dejarse de multitas e ir a soluciones más contundentes: tres delitos del mismo tipo en menos de cinco años son el tipo de conducta que llena nuestras instituciones penitenciarias de lo que se conoce como “reos habituales”.

En cualquier caso, si no hemos podido encontrar información jurídicamente relevante sobre un simple suceso de tráfico, yo de ustedes me abstendría de leer cualquier cosa sobre esa trama de chantaje que se está investigando en Francia: entre que se trata de un delito mucho más complejo y que interviene una legislación penal extranjera, la calidad de la información puede llegar a extremos insondables de cuñadismo.

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