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Periodismo a pesar de todo

Delitos y faltas

Como escribía J.R.R. Tolkien en "El señor de los anillos", no toda la gente errante anda perdida, y no todos los que eluden a la Justicia son fugados, ni están en busca y captura.

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Estando en 3º de B.U.P., hace más años de los que me gusta reconocer, un profesor lanzó una pregunta a la clase, en la asignatura de Historia Contemporánea:

-¿Qué es una Constitución?

- Es un conjunto de leyes que... -empezó con un soniquete monocorde uno de los empollones de la clase.

-¡Mal! -tronó el viejo gruñón, sin dejarle acabar la frase-. La Constitución es UNA sola ley. Aunque tenga muchos artículos.

Este pequeño magdalenazo viene a cuento porque, a veces, los profesionales del Derecho damos por sentados algunos de los conceptos más básicos de nuestro oficio, sin caer en la cuenta de que no son manejados con soltura por el resto de la ciudadanía. Por ejemplo, la distinción entre ramas del Derecho, como civil, administrativo, mercantil, que no son simples asignaturas de la carrera, sino que dan origen a distintos tipos de leyes, con distintos tribunales que, en la práctica, operan como compartimentos estancos. Ello me lleva a los extraordinarios efectos que tiene el Derecho Penal. Extraordinarios no porque sean maravillosos, sino porque no puede ejercerlos ningún otro brazo de la Administración Pública, que no sean los juzgados y tribunales de lo penal. Por ejemplo, la facultad de meter a una persona en prisión.

Estos efectos hacen que los tribunales penales tengan una serie de límites y cortapisas, siendo uno de los más importantes el principio de legalidad estricta: sólo lo que está previsto en el Código Penal y las leyes penales especiales puede ser considerado como delito.

Siguiendo ese razonamiento, quien, simplemente, incumple un contrato, no comete un delito, ni puede ser considerado un delincuente. Por eso, me choca encontrar casos en los que alguien que ha sido llevado ante los tribunales civiles, mercantiles o laborales, por algún incumplimiento legal, de menor, mayor o superlativa importancia, pero sin trascendencia penal, es tildado de “delincuente”, “ladrón” y otras lindezas similares por parte de la opinión pública. Cuando alguien deja de pagar el alquiler de su piso, y es demandado por su casero, no es un delincuente. Por lo mismo, cuando un empresario echa a la calle a sus trabajadores y estos lo demandan ante la jurisdicción laboral, tampoco lo es. A menos, claro, que haya vaciado patrimonialmente su empresa, para lucrarse a costa de sus acreedores (incluyendo en este concepto a los currantes, que son acreedores del sueldo que se han ganado), que se quedan sin cobrar. Esa es otra cuestión.

Pero si ese inquilino moroso o ese patrón explotador no son delincuentes, no se puede usar con ellos alguna de las prerrogativas excepcionales que tiene el Derecho Penal, como es la detención. Si alguien es buscado por la Justicia, y no se le encuentra, se ordena que se averigüe su paradero, preguntando a la policía, consultando bases de datos del Instituto Nacional de Estadística, padrones municipales y demás. Pero sólo si el buscado lo es por haber cometido un delito, se podrá ordener su búsqueda mediante “requisitoria”, lo que el público conoce como estar “en busca y captura”.

Si el asunto es de otra naturaleza, y el demandado elude recibir la citación, se niega a comparecer y pone toda clase de obstáculos, la Justicia no le arrastra, sino que lo rodea: se le notifica a través del correspondiente boletín oficial, y a partir de ese momento es considerado “rebelde”. Eso no significa que sea considerado candidato para volar hacia la Estrella de la Muerte, sino que el sistema judicial va a pasar de él: todo lo que se haga en el procedimiento judicial lo será aunque le perjudique por no estar presente; será llamado a declarar, y las preguntas que le formule la otra parte se podrán dar por respondidas a favor de esa parte; se le pasarán los plazos para recurrir, y podrá ser condenado, requerido de pago y embargado. Pero nadie le podrá llevar a la fuerza a presencia del juez, aunque se sepa perfectamente dónde vive.

Por la misma razón, no toda persona que evade impuestos es un delincuente. El Código Penal sólo contempla este supuesto como delito a partir de 120.000 euros defraudados por ejercicio fiscal. Es decir, que si alguien tiene una empresa que factura un millón de euros al año, y no declara absolutamente nada, eso no significa que haya cometido un delito. Habrá que comprobar cuántos fueron sus beneficios, calcular las deducciones, reducciones y otros beneficios que se le hubieran podido aplicar, y sólo después de toda esta tarea, si le sale una declaración “a pagar” de 120.001 euros o más, sólo en ese año, se puede considerar que ha cometido un delito.

En caso contrario, habrá cometido una infracción tributaria, que la Agencia Tributaria le podrá reclamar por vía administrativa, con las correspondientes averiguaciones de bienes, embargos y demás, pero no podrá condenársele a pena de prisión alguna. De hecho, a ninguna pena, ya que no será juzgado por un tribunal penal.

Ahora bien, siendo justos, esto opera en doble sentido: hace ya varios años que la Fiscalía General del Estado publicó una circular, la 1/2006, en la que analizaba el fenómeno de las redes P2P a la vista del Código Penal, concluyendo que sus usuarios no cometían ningún delito. Ahora bien, también advierte que eso no implica que el uso de estas redes no pueda suponer una infracción contra la propiedad intelectual de otro tipo, civil, por ejemplo. Cuestión bien distinta es que, por mor de leyes como la 25/2007, de conservación de datos procedentes de comunicaciones electrónicas, no se pueda averiguar la identidad de esos usuarios.

Así que recuerden, tenemos que hablar con propiedad. Si estamos en presencia de un consejero de caja de ahorros investigado por haber contribuido a la quiebra fraudulenta de la entidad, podemos hablar de un  presunto delincuente . Pero cuando sólo hablamos de alguien que recibe una notificación de un juzgado laboral, para ser juzgado, y se limpia el culo con ella, no podemos llamarle delincuente. Otras muchas cosas sí, pero delincuente, no. Fugado de la Justicia, técnicamente, tampoco.

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sobre este blog

Una de las expresiones más usadas en las películas estadounidenses de juicios, apenas se usa en la realidad judicial española. Intentaremos explicar las leyes y juicios de aquí a quienes sólo conocen los tribunales por el cine de allí.

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