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Qué febril la mirada...

Si veinte años no es nada, como decía el tango, cinco deben de serlo mucho menos. Y sin embargo, ese es el tiempo que llevo acudiendo a esta página

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Por estas mismas fechas, hace cinco años, éste que suscribe andaba de vacaciones, leyendo cosas en Internet, en un momento ocioso. No recuerdo muy bien si fue en Twitter, o a través de uno de los muchos blogs cuyo feed RSS tenía en Google Reader (una lagrimilla de nostalgia), me enteré de que Ignacio Escolar iba a lanzar un nuevo medio de comunicación, un diario digital.

Tenía cierto trato con él, de los tiempos dorados de la "blogosfera española", o sea, de la segunda mitad de la década pasada, e incluso nos había presentado en persona un conocido común. Así que tiré de mensaje directo en Twitter, y le propuse aportar mi granito de arena.

La idea era, más o menos, la siguiente: 

Hay mucha prensa de tribunales, y muchos periodistas tienen sobrada experiencia en contar lo que ellos ven en los procedimientos judiciales que siguen. Pero es una versión desde fuera, y en muchas ocasiones, carente de la perspectiva jurídica necesaria para desentrañar las claves técnicas de los asuntos.

Por otro lado, la mayoría de textos que escriben los juristas son inaccesibles para el gran público, ya que sus autores suelen ser reacios a abandonar la terminología que manejan en el oficio, y eso los vuelve crípticos para quien nada sabe de leyes.

Se me ocurrió que podría ser una buena idea que alguien explicara las cosas desde dentro, con conocimiento de los recovecos de la Justicia. No se trataba de revelar ningún dato confidencial, como es obvio, sino de poder explicar al público cosas tan simples como que no existe la "libertad con cargos", por mucho que nos martilleen con ella, o que no son lo mismo una querella, una denuncia y una demanda.

Mi idea era llegar, precisamente, al ciudadano que lee una noticia sobre tribunales, y basándose en la interpretación de un periodista, mejor o peor intencionado, aplaude o se indigna sobre lo que hace la Justicia. La noticia se la dan masticada, pero rara vez se le proporcionan datos y herramientas para poder llegar a sus propias conclusiones.

Así, es frecuente que mucha gente se indigne cuando un juez admite a trámite una denuncia aparentemente insostenible, sin saber que es un trámite prácticamente obligatorio cuando ésta reúne todos los requisitos formales. Imagínense si el denunciado es llamado a declarar, aunque el juez sólo esté apurando las diligencias de investigación indispensables para, a renglón seguido, archivar el asunto. Porque, si no lo hace así, un recurso ante el tribunal correspondiente le puede obligar a hacerlo igualmente.

Pero, claro está, una cosa es escribir un sesudo artículo doctrinal, que no va a leer casi nadie fuera de la profesión, y otra bien distinta es acercar al público en general cuestiones jurídicas de todos los días, en un lenguaje lo más coloquial posible, cuando tienen como trasfondo un tema de actualidad. Ya me extendí, hace tiempo, sobre las razones por las que prefería "permanecer en el economato", así que no me repetiré.

Baste decir que, contra todo pronóstico, Ignacio Escolar me dijo que le parecía buena idea, así que me hicieron un hueco en "Zona Crítica", el blog con el que echó a andar este medio, una especie de "versión beta". Y así, un 27 de agosto de 2012, publiqué allí mi primer artículo.

De entonces para acá, ha llovido bastante. Nunca he visto métricas concretas de mis parrafadas, pero parece que el invento funcionó porque, al cabo de algún tiempo, me ofrecieron cabecera propia. Un blog sólo para mí. Hasta me diseñaron un precioso banner, unas puñetas blancas sobre fondo negro. Precisamente, junto con el escudo de la toga, son las puñetas en la bocamanga las que distinguen a un juez, fiscal o letrado de la Administración de Justicia, del resto de profesionales que intervienen en un juicio y que también llevan toga, como los abogados o los procuradores. Un elemento característico de la Justicia en España. Así pues, en consonancia con lo que proclama la declaración de intenciones del blog, el título debía ser una expresión ajena a nuestro país, una que sea más propia de la ficción cinematográfica estadounidense. Así nació "¡Protesto, Señoría!".

Por supuesto, nadie empieza sabiéndolo todo en una profesión en la que es un absoluto novato, y el arte de escribir en prensa no es una excepción, con sus propios códigos y reglas, pero por suerte para mí, en este trayecto no he estado solo, sino que he contado con la indispensable ayuda de los miembros del equipo de redacción.

Por supuesto, no todo ha sido alegría y festejo en este camino. Soy consciente de que he cometido errores, como cualquier ser humano. Algunos artículos que están publicados, quizás los hubiera enfocado de otra manera. Otros, probablemente no los hubiera escrito. Y hay uno, muy concreto, del que me alegro que no llegara a ver nunca la luz. De hecho, si en su momento hubiera tenido la perspectiva que tengo hoy día, no habría comenzado ni a teclearlo. Lo sigo manteniendo entre los borradores de la plataforma de edición, y prefiero no borrarlo. Es mejor tener bien presentes tus peores errores, antes que los posibles aciertos que hayas podido conseguir, pues las enseñanzas de lo que hiciste mal te ayudan a corregirte, mucho más que la autocomplacencia en lo que hiciste bien.

En cualquier caso, si algo tengo que agradecer de este lustro de escribir casi todas las semanas, además de lo que me ha forzado a estudiar y documentarme, ha sido la libertad absoluta que he tenido en cuanto al sentido de mis opiniones. Sé que hay lectores que critican la línea editorial de este medio, tildándola de monolítica. Sin embargo, muchos de esos mismos lectores se sorprenden al tropezarse con artículos como los que escribo aquí. En realidad, si de algo ha hecho gala siempre este medio es de pluralismo, y mi propia continuidad creo que es prueba más que palpable.

Pero no podría terminar este paseo por la autopista de la memoria, sin acordarme de los lectores, pues sin ellos, nada de esto tendría sentido. Con algunos suelo hablar a través de Twitter. A otros, incluso he llegado a conocerlos en la vida real, lo que ha dado lugar a anécdotas bastante divertidas. Así pues, sólo me queda desearles a todos ellos que sigan bien, tanto si siguen viniendo por aquí, como si deciden cambiar de lecturas. Por mi parte, y salvo catástrofe inesperada, intentaré mantenerme al pie del cañón. 

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