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La foto y el viaje: la otra visión de dos noticias

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Esta semana pasada, ha habido dos noticias publicadas en este mismo medio, que han hecho que se me atragantara el café del desayuno. La primera, fue este titular:

"La foto de apertura del año judicial es la misma que hace 50 años: todos son hombres"

Miré la imagen que acompaña, y efectivamente, todos son hombres. Ya es mala leche a la hora de tomar la instantánea, caramba. Porque, en ese momento, me pregunté dónde narices estaban las nueve mujeres que forman parte del Consejo General del Poder Judicial. Nueve de veinte, ojo. No es la paridad absoluta, pero se acerca bastante.

Tampoco debía de andar por allí ninguna de las once magistradas del Tribunal Supremo, qué mala suerte tuvo el fotógrafo. De hecho, desde que Ana Mª Ferrer llegó a la Sala 2ª, la de lo Penal, no queda ninguna que no tenga, o haya tenido, una mujer en sus estrados. En este caso, la proporción de féminas es inferior a lo que sería de esperar, teniendo en cuenta que las mujeres copan tres cuartas partes del acceso a la carrera judicial y fiscal desde hace años, pero tiene una explicación bastante sencilla.

En el CGPJ, su composición se renueva cada pocos años, lo que favorece una rápida incorporación de la mujer a los cargos de máxima responsabilidad. En cambio, los componentes del Alto Tribunal llegan allí, tras veinte años de carrera en categorías inferiores, para quedarse hasta su jubilación, pues en eso consiste el carácter inamovible que consagra la Constitución. Así que, aunque vayamos despacio, a medida que van retirándose los más mayores, el famoso “techo de cristal” va agrietándose más y más. Es una cuestión de alcanzar la antigüedad necesaria para optar al cargo.

Donde dicho techo sí que ha saltado definitivamente por los aires es en la Fiscalía General del Estado. Si bien sólo hay siete mujeres fiscales de sala (el equivalente a un magistrado del Supremo) de treinta posibles, exactamente por las mismas razones expuestas al hablar de los magistrados, la gracia está en la primera, Consuelo Madrigal, la fiscal general. La máxima autoridad de la carrera fiscal, que se sienta a la derecha del rey en el acto de apertura del año judicial, justo después del presidente del CGPJ y el Supremo (que son la misma persona).

Así que, insisto, o la juez Gloria Poyatos no ha mirado bien las fotos, o no ha querido mirar. Porque no sé si puedo decir lo mismo de otras áreas de la Administración, mucho menos de la empresa privada, pero en la Justicia la mujer avanza y el machismo retrocede.

Pero sigamos hablando de una de esas siete fiscales de sala, porque entiendo que se ha cometido una injusticia machista con ella. Se trata de Elvira Tejada de la Fuente, la responsable de la Unidad de Criminalidad Informática. Lleva en dicho cargo desde finales de 2011, consiguiendo que el embrión de una red que ella se encontró se convierta en una potente realidad: cerca de 150 fiscales, entre delegados, adjuntos y colaboradores, que despachan los asuntos sobre delitos que involucran a tecnologías de la información y comunicación en todo el territorio nacional. Entre tanto, ha conseguido que haya unidades de policía adscritas a su sección, de tal manera que haya comunicación directa y coordinación entre cuerpos policiales y fiscales a la hora de tratar estos asuntos.

Como representante institucional del Ministerio Público en estas cuestiones, en las que el crimen no conoce fronteras, ha establecido lazos de cooperación con los órganos judiciales de numerosos países, viajando por todo el mundo, desde Estrasburgo a Bolivia, pasando por los Emiratos Árabes, conocidos bastiones sionistas (atención, sarcasmo). Y en una de esas, la llamaron de Israel. El Estado hebreo es conocido en el ámbito de la seguridad informática como una potencia mundial, con profesionales de primer orden, y empresas que atraen los ojos de gigantes como IBM. El sitio perfecto para aprender y crear canales de comunicación y ayuda mutua.

Sin embargo, en la segunda de las noticias que les cuento, ella aparece como en los anuncios de brandy Soberano, o de Varón Dandy: es una mera acompañante de su esposo. Se da la circunstancia de que el cónyuge de esta fiscal, compañero de carrera, es Javier Zaragoza Aguado, jefe de la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Este órgano judicial es responsable de la investigación y enjuiciamiento, entre otros, de los delitos de terrorismo. Actualmente, ETA ya no es el quebradero de cabeza que fue en otra época, y lo que preocupa entre los responsables de la lucha antiterrorista es el yihadismo. Lo que son las cosas, resulta que Israel tiene bastante experiencia en vérselas con el yihadismo en casi todas sus formas, así que invitaron también al máximo responsable español.

¿Les resulta una explicación forzada, chusca, sospechosa? Pues fíjense, aquí en España también traemos delegaciones extranjeras constantemente, cuando podemos ofrecer nuestra experiencia o colaboración en algún campo. Me pregunto si en Serbia también habrá alguna noticia que permita a su prensa poner en duda la honestidad y los verdaderos motivos de la visita de sus representantes. Porque aquí le hemos buscado las vueltas a la noticia, poniendo en relación el viaje con el archivo de una causa abierta en la Audiencia Nacional contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y ya de paso metemos en el saco que dos de los magistrados del tribunal son los que están recusados en el caso Gürtel por su proximidad al PP, y como guinda, sacamos a colación lo de los titiriteros de Carmena y los cables de Wikileaks. Me extraña que las fosas del franquismo y lo de Arnaldo Otegi no aparecieran como artistas invitados.

Pero ya que estamos, les voy a dejar mis dos centavos sobre lo de Netanyahu. La causa archivada que origina todo este bochinche es la que se abrió como consecuencia de una querella por el ataque contra la autodenominada “Flotilla de la Libertad”, que perpetró la marina israelí en 2010. No sé muy bien por qué se admitió a trámite dicha querella respecto del primer ministro Netanyahu, porque en esa fecha, en la Ley Orgánica del Poder Judicial figuraba un artículo, el 21, que deja meridianamente claro que no se puede perseguir penalmente a los jefes de Estado o de Gobierno de otros países, exactamente igual que esos países hacen respecto de los nuestros. Se conoce como “principio de inmunidad de jurisdicción”, y lleva ahí toda la vida.

En su día, Baltasar Garzón le hizo un quiebro a este precepto, cuando ordenó la detención de Augusto Pinochet en Londres, basándose en que, a dicha fecha, el dictador chileno ya no era presidente. Sin embargo, Netanyahu era primer ministro en el momento de los hechos, lo seguía siendo a fecha de la querella, y lo sigue siendo hoy, por lo que no había rodeo jurídico posible.

El magistrado del Juzgado Central de Instrucción al que le tocó la querella por reparto terminó archivando el asunto de todas formas, aunque por otro motivo: los límites a la jurisdicción universal, que no permitían la tramitación del asunto mientras el responsable no estuviera en territorio español. Sin embargo, este cierre en falso permitió un gesto para la galería, que se abriese ficha policial a Netanyahu, por si pisaba suelo patrio.

Sin embargo, en noviembre de 2015, la Fiscalía arremetió contra esta decisión, provocando su revocación. ¿Qué había pasado entre medias? ¿Se debería a misteriosos tejemanejes que incluyen “agasajar” con un viaje de trabajo completamente público? Ya sé que no es tan emocionante, pero igual la respuesta está en el BOE de 28 de octubre de 2015, en el que se publica la Ley Orgánica 16/2015, sobre inmunidad de Estados extranjeros y Organizaciones Internacionales, que ha venido a ampliar y clarificar el contenido del antiguo artículo 21 LOPJ, despejando cualquier duda que pudiera haber al respecto.

El resultado de esta reforma legal es que no se puede seguir procedimiento penal alguno en España contra un jefe de Estado o de Gobierno extranjero en el poder. Cuando el susodicho cese en el cargo, sí que se podrán seguir diligencias cuando se trate de delitos de genocidio, crímenes de guerra o de lesa humanidad. Y como se trata de delitos que no prescriben, quizás esta historia continúe en el futuro. Por el momento, podemos seguir buscando conexiones raras para dar pábulo a teorías conspiratorias, pero si quieren mi opinión, Tel Aviv no será mal destino de vacaciones, pero en esta época del año yo prefiero las Seychelles.  

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