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Ánimo contagioso, los cuadernos perdidos del Congo y Tsien Hsue-shen, padre de la astronáutica china

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Luna

Nuestras madres tenían razón: es importante escoger buenas compañías porque tan influyente es para los humanos la conexión con otras personas que,  según recientes investigaciones, el estado de ánimo se puede contagiar entre miembros de un grupo como una enfermedad. Investigadores estadounidenses utilizaron datos de un gran estudio sobre el ánimo de adolescentes en institutos EE UU a lo largo de muchos años y descubrieron que los chavales integrados en un grupo de amigos con peor estado de ánimo tendían ellos mismos hacia el enfurruñe y el mal rollo, y lo que es peor; tenían mayores dificultades para animarse y salir del hoyo.

Afortunadamente y, según este mismo estudio, el efecto, aunque detectable, no es lo suficientemente intenso como para provocar depresión: aunque el ánimo de los que nos rodean y están más próximos nos influye, esta influencia por sí sola no es capaz de empujarnos hacia una patología. Para determinar el estado de ánimo, el estudio utiliza marcadores como el apetito, el sueño o el cansancio, y el análisis matemático demostró que, en efecto, en las redes de conexión entre adolescentes (sociogramas) los indicadores de mejor o peor ánimo tienden a extenderse por contagio social. O sea que, según con quien vayas, así te sentirás, al menos en parte.

Los cuadernos perdidos del Congo

Para saber qué le espera al clima del planeta en estos tiempos de calentamiento global y contaminación es importante conocer con el mayor detalle posible cuáles son los mecanismos exactos de su respiración; los ciclos geoquímicos por los que diversos contaminantes pueden llegar al aire y desaparecer de él.

Para conseguirlo es vital conocer el balance de respiración de las selvas del mundo, pulmones planetarios que mediante sus complejas interacciones entre plantas, suelos y aire influyen decisivamente en la cantidad de dióxido de carbono en nuestra atmósfera y, por tanto, en el futuro.

Para obtener estos datos, un científico belga quería instalar un aparato de medición en la jungla de el Congo, en un lugar llamado Yagambí, pero se encontró con las dificultades normales en este tipo de empresas en países del tercer mundo, por lo que el aparato aún no está en funcionamiento. Pero al intentar instalarlo en una vieja estación de investigación de la era colonial abandonada durante décadas,  descubrió un tesoro: una serie de cuadernos en los que ignotos investigadores recogieron cuidadosamente datos sobre el crecimiento de más de 2.000 arboles entre 1937 y 1958: cuándo florecieron y fructificaron, cuándo perdieron hojas y cómo y por dónde crecieron.

Los datos permitirán enriquecer nuestra visión del comportamiento de la selva congoleña en aquellos años cruciales y serán muy valiosos para analizar los efectos del calentamiento global. Como anécdota, los cuadernos se habían mojado, algunos estaban roídos por ratones y estaban escritos a mano, por lo que su digitalización automática era imposible. La lectura y corrección de las más de 100.000 observaciones se hizo a través de un proyecto de ciencia ciudadana vía Internet que convocó a más de 8.000 voluntarios. Un ejemplo más de la utilidad de la Red para el conocimiento.

Tsien Hsue-shen, padre de la astronáutica china

China tiene grandes ambiciones en el espacio, y ya ha hecho cosas como lanzar y habitar estaciones espaciales, y planea enviar astronautas a la Luna y, quizá, a Marte algún día. Lo curioso es que el programa astronáutico chino tiene su origen en una única persona, y que esta persona se formó en los EE UU y fue expulsado de allí por sospechas sobre sus ideas.

Su nombre era Tsien Hsue-shen, y durante décadas trabajó en los EE UU mientras su país estaba en plena guerra con los japoneses, y después civil. Nacido en Hangzhou en 1911, se desplazó al MIT en 1935, donde por su habilidad y talento acabó siendo un ayudante privilegiado de  Theodore Von Kármán, uno de los fundadores de la astronáutica estadounidense.

Tan importante y valioso era, que el Pentágono le mandó a Europa al final de la Segunda Guerra Mundial para que investigara los avances alemanes en cohetería y para entrevistar (y reclutar) a científicos germanos. Pero en los años 50 se inició la Caza de Brujas y Tsien Hsue-shen había mostrado simpatías por Mao Zedong; fue investigado y finalmente detenido, condición en la que estuvo 5 años hasta que China exigió y negoció su liberación.

Allí puso en marcha él solo un programa de cohetes, misiles balísticos y, finalmente, lanzadores espaciales empezando con tecnología soviética basada en alemana y continuando desde allí. Tsien sobrevivió a las diversos cambios políticos de su país, a veces con su influencia mermada, continuando su trabajo y dejando a China con un próspero programa de lanzadores de satélites comerciales y un programa de vuelos espaciales tripulados (que él no llegó a dirigir) y que ahora está dando sus frutos.

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