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Poniendo precio a la dignidad de la vida humana

La Ministra de Sanidad sosteniendo la hoja de cálculo donde explica cuántos euros vale la dignidad de la vida humana

Esto funciona de la siguiente manera:

De un lado, tienes una hoja de cálculo con varias columnas, y tienes que conseguir que el último numerico de abajo a la derecha te salga verde en vez de rojo. Si lo logras, te garantizas unos cuantos meses más de préstamos blandos germanos, una palmadita en la espalda de tu jefe, y un puesto en el consejo de administración de alguna empresa de gestión de hospitales.

Del otro lado, tienes esto:

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¿Dónde está toda la gente en silla de ruedas?

Eduardo Noriega buscando a todos los retrones desaparecidos por la Gran Vía de Madrid

Recientemente estuve en México, estuve por el centro de alguna ciudad grande, varios días, y no vi ni a una sola persona en silla de ruedas.

Hablo de sillas de ruedas porque es lo más obvio y visible (especialmente en mi caso, que llevo una silla naranja y con luces). Podría preguntarme también por la cantidad de ciegos o de personas con muletas y los resultados serían parecidos.

Como supongo que en México hay un porcentaje similar (o superior) de personas con discapacidad que en España, imagino que las personas que no vi existen. Lo que pasa es que no se mueven por el centro de las ciudades. Supongo que viven en las afueras, o están encerradas en casa, o en una residencia. Como entiendo que el deseo de ir al centro de una ciudad es similar en un bípedo que en un retrón con ruedas, supongo que su ausencia de esta zona de la ciudad responde a razones ajenas a su voluntad.

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Otras voces: La teoría del escote

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Cristina Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, nos cuenta su estrategia para evitar ciertas miradas y comentarios. Científicamente probado

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La gente nos mira. Y mira la silla de ruedas. Y nos mira con lástima. Y aún más...

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Mens sana in corpore tullido

Nietzsche

Una forma de lograr la felicidad es evitar el dolor. La ausencia de tristeza, preocupaciones y miedos puede ser una bendición. Pero, ¿cómo llegar a ese punto? ¿Cómo olvidar que no tienes pareja, trabajo o dinero? ¿Cómo dejar a un lado que no ves, no oyes, no caminas? No es fácil. Pero es tiempo que uno pasa lamentándose es tiempo en el que no disfruta del lado bueno de la vida.

Lo sé. Es más fácil decirlo que ponerlo en práctica. Si te han despedido es complicado apreciar los colores de las alas de las mariposas; si te has quedado ciego en un accidente de coche no aprecias la música de Bach; si no puedes caminar es fácil caer en el abismo emocional y no disfrutar de un buen solomillo.

Todo el mundo tiene razones para estar hundido, no querer salir de casa y pensar que la vida es una mierda. Pero, como escribí en mi primer post, unos tienen más razones que otros.

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Cuentos desde la diversidad

Portada del libro "Cuentos desde la diversidad"

Aunque los músculos nunca me han funcionado muy bien, de la cabeza no me puedo quejar. Vamos, que no soy tan tonto como para pensar que lo entiendo todo.

No entiendo, por ejemplo, por qué necesitamos ser amados.

Por supuesto, tengo pistas, hipótesis, modelos teóricos parciales, pálpitos y sospechas. Pero un entendimiento completo, con mayúsculas, que me permita gritar alto y claro “¡Ah! ¡Ya lo entiendo!”... Eso no.

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Otras voces: ¡Qué suerte tengo, no estoy loca!

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Trastorno Disfórico Premenstrual (TDPM)

Hoy Marta Soler nos habla en "otras voces" de una enfermedad que es muy probable que no conozcas, pero que padecen millones de mujeres en todo el mundo.

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Hace unos años me diagnosticaron una enfermedad llamada Trastorno Disfórico Premenstrual (TDPM). El nombre no me decía mucho, pero pensé “¡Qué suerte tengo, no estoy loca! ¡Lo que me pasa tiene nombre!”

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De viaje a la ortopedia

Ortopedia

Más de una vez hemos hablado aquí de la relación entre retronez y dinero; tener problemas físicos sale muy caro. Hoy quiero explicar cómo funciona el sistema de ortopedia y cómo podría mejorarse.

Yo necesito una silla de ruedas con motor (aka silla eléctrica) para moverme por trayectos largos (todo lo que supere casa y trabajo). La última me costó 2.259 euros, sin incluir algunas adaptaciones como la altura o la posición del joystick (soy zurdo). El proceso ordinario en Aragón -quizá varía en otras comunidades- es:

El servicio de salud de cada Comunidad Autónoma sufraga una parte de las herramientas que un retrón necesita para poder salir a la calle, ver, escuchar, ducharse... Pero lo hace después de que hayas pagado el 100% del producto. ¿Qué porcentaje subvenciona? Depende del producto. Por ejemplo, pagan unos 300 euros para una silla de ruedas estándar; si resulta que necesitas una de 500 porque tiene un respaldo más alto, te toca apoquinar el resto.

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Una opinión enriquecida sobre el lenguaje minusvalista

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Palabras retronas

Dicen que, al ser preguntado por qué había cambiado de opinión sobre cierto tema, Keynes contestó:

Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. ¿Usted qué hace?

Como casi todas las citas de Keynes, de John Lennon o de Einstein, es una frase inteligente, probablemente apócrifa y una simplificación de la realidad.

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Todos iguales, pero...

Tranvía accesible

No sé si sabrán los lectores que Zaragoza vuelve a tener tranvía. Es un transporte ideal para las sillas de ruedas, muletas y bastones... La entrada está a ras de suelo, no hay que subir ni bajar ningún escalón (como sí ocurre en el bus); las puertas se mantienen abiertas el tiempo suficiente para entrar (a diferencia del metro); la pantalla para pasar las tarjetas está a una altura adecuada; en cada sección hay zonas reservadas para retrones o bebés y la gente suele respetarlas; y existe un botón para avisar al conductor de que te bajas en la próxima y así esté pendiente.

No es por hacer publicidad al señor Belloch pero cuando las cosas se hacen bien hay que reconocerlas. Uutilizo el tranvía 4 veces al día para ir y volver del trabajo y me evito el frío y el calor al recorrer el puente que cruza el Ebro. (Ignoro cómo está la accesibilidad en otros tranvías de España; si queréis, explicadlo en los comentarios).

El otro día, sin embargo, recordé que entre la gente normal y amable todavía se mezcla algún cavernícola. Como en cada viaje, entré, miré si había sitio libre para sillas, un hombre se levantó de él, le di las gracias y ocupé el lugar. En la primera parada, hubo trasvase de pasajeros y a mi izquierda (insisto: sitios reservados para sillas, con su cartelito y su recomendación de que los dejes libres si llega un retrón o un bebé) se sentaron una mujer de unos 50 años y otra de unos 70. No se conocían.

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Estrategias desesperadas

Lo has intentado todo y tienes prisa

Imagine la lectora que quiere conseguir algo. Que desea con insoportable intensidad cambiar una situación. Por el motivo que sea. Por ejemplo:

Que baje la tasa de desempleo y el PIB de España vuelva a subir.
Que se acabe el terrorismo islamista.
Que mandar un barco lejos no te haga responsable del consecuente desastre ecológico.
Que el encargado de repartir sobornos a los miembros del club que presides desaparezca de los medios de comunicación.
Que las mujeres dejen de cobrar sueldos sistemáticamente más bajos que los de los hombres.
Que se acabe el hambre en África.

O que los discapacitados dejen de ser discriminados económicamente y que sus derechos fundamentales dejen de ser vulnerados.

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