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De bípedo a retrón

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Mariano Oriz.

Como escribí aquí, la mayor parte de los retrones lo son por enfermedad. Se calcula que 1 de cada 6 españoles sufrirá un ictus. Es lo que le ocurrió a Mariano Oriz, el padre de un amigo mío. Le entrevisté hace unos días. Creo que muchos podrán sentirse reflejado en esta historia. Dejo que Jaime la cuente con sus propias palabras.

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El 14 marzo de 2012 mi padre sufrió un ictus. Tenía 58 años, estaba divorciado, vivía en Almería y llevaba mucho estrés.

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Sí, voy en silla de ruedas. Puedes mirar

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Niño mirando a un retrón -- by thejbird@Flickr

El viernes pasado, mi socio publicó un post explicando lo mucho que nos miran por la calle (o en cualquier parte) a los retrones (y este domingo en nuestra sección Otras voces también se habló de la mirada).

Los comentarios fueron muy interesantes por varios motivos, pero el detalle que más me llamó la atención es que varios lectores parecieron interpretar en una primera lectura que, a los retrones en general (como extrapolación del retrón Raúl en particular) no les gusta que los miren.

Esta conclusión habla de los sentimientos de la gente, así que hay que ser cuidadoso y especificar de qué persona estamos hablando. Si no, diremos tonterías.

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Otras voces: Salud y normalidad en el espejo social

Escultura moche representando una parálisis facial

Miguel González envía al buzón de este blog un artículo sobre la percepción de los enfermos en la sociedad. La cita con la que inicia el post viene de esta nota de prensa de Europa Press

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La parálisis facial es uno de los cuadros clínicos más incapacitantes para el paciente que la padece, con consecuencias sociales y psicológicas en ocasiones devastadoras. Según los especialistas en este campo, el grado de incomodidad que la población general siente ante una persona con parálisis facial es solamente comparable al que siente con una persona con una enfermedad psiquiátrica, y mucho mayor que el reflejado ante una persona con retraso mental, senil, sorda, ciega o en silla de ruedas.

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Veo, veo... ¡un retrón!

Retrón huye de perros

A veces me siento como Elena Anaya, o como Natalie Portman. O como el duque enPalmaDo. O como Bárcenas.

Circulo por la calle y siento que la gente me mira. Algunos a escondidas, por el rabillo del ojo. Otros giran su cuello y me repasan de arriba abajo. Si van en parejas, uno susurra al otro “mira, un retrón” (bueno, creo que no dicen retrón). Alguna anciana, alguna vez, se ha santiguado a mi paso.

Supongo que llegará el día que todos los habitantes de mi ciudad me conozcan y ya no se giren a mirarme. Mientras, es cuestión de estrategia. Veamos:

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Lo mejor es no vivir. Por seguridad

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Retrón respetando las normas de seguridad

Si sois retrones, os intentarán impedir vivir muchas veces con un argumento absurdo, con el que, por cierto, también molestan a los bípedos, pero menos, porque los bípedos son ciudadanos de primera y los retrones no. Este argumento es la "seguridad".

Según este dios que todo lo supervisa y que influye en todo lo que hacemos, es mucho más importante reducir el riesgo de que nos ocurran accidentes alucinantemente improbables que vivir una vida medianamente normal. Además, es típico que, cuando hay alguien en posición de poder, lo utilice como comodín para conseguir lo que quiere: la seguridad en los aviones para meter miedo en la gente, los jabones antibacterias y los niños atados con arneses para que los padres histéricos se queden tranquilos de que sus genes se van a propagar, etc. En el caso de los retrones, como la mayor parte de la sociedad nos trata como niños, esto pasa todo el tiempo. Daremos muchos ejemplos en este blog, pero hoy hablaremos uno concreto: las rueditas antivuelco.

Para los no retrones, me explico. Las sillas de ruedas eléctricas en las que muchos cascaos vamos montados todo el día, llevan un par de rueditas detrás cuando te las compras. El cometido declarado de estas rueditas es, por supuesto, que la silla no se vuelque hacia atrás y el retrón no se desnuque contra el pavimento (aunque esto reduciría el déficit público). La verdad es que este objetivo lo cumplen a la perfección. El problema es que, además de esto, no te permiten vivir.

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Yo para ser feliz quiero un Google Car

"¡¡Sin manos, sin manos!!" - Foto Zigor Alkorta

Habrán visto la noticia: David Rivas, español, se convierte en el primer conductor sin brazos de Europa. La mayoría de los medios han elegido un enfoque y un tono muy determinado y han omitido algunos detalles importantes. Aquí, as usual, trataré de mirarlo desde otro punto de vista.

Dice El Mundo: David se crió entre motores. Su padre era camionero y su sueño, ya de mayor, era conducir su propio coche. Pero había un obstáculo que parecía insalvable: David no tiene brazos. ¿Imposible? El sueño se convirtió en un reto.

Salta la primera alarma. Se ve como un logro personal, un sueño cumplido. No se presenta como un paso adelante en la tecnología, en la extensión de derechos. En este tipo de noticias, personalizar no es necesariamente bueno.

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Rompiendo categorías: amputado e imputado

Oscar Pistorius -- by Will Clayton@Flickr

Todo el mundo sabe que el uso de categorías  humanas  (o "arquetipos", como los llama la gente más culta), es decir, meter a las personas en cajoncitos conceptuales con una etiqueta entrecomillada, "gay" , "capitalista", "de izquierdas", "loco", etc., es algo bastante útil para razonar rápido y pronto sobre promedios y generalidades:

Esa almohada rosa gigante con patas sólo te puede valer como mesa si eres gay y capitalista. Aunque claro, hay que estar un poco loco para ser gay y no ser de izquierdas.

Sin embargo, cualquiera con dos dedos de frente sabe también que esta práctica no carece de desventajas. Dado que rara vez un ejemplo individual encaja a la perfección en una de estas etiquetas, cuando vamos a aplicarlas a casos individuales, fallan más que escopeta de feria. Especialmente siendo que hablamos de seres humanos, en su florida y exhuberante diversidad.

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Enamorado de la moda retronil

Como casi todo en la vida, ir de compras es un poquito más difícil si vas en silla de ruedas. En mi caso, necesito ir acompañado. Las perchas están altas, los estantes abarrotados y es imposible utilizar un probador. Eso, en las tiendas en las que es posible entrar con silla de ruedas. La mayoría tiene un escalón a la entrada y en muchas la sección de hombres no se encuentra en la planta calle (y no hay ascensor).

Ya puestos en faena, hay que elegir bien. ¿Los colores? ¿Las marcas? No: las tallas. Hace poco descubrí que esto del tallaje es un invento diseñado por alguien que odiaba a la humanidad. Al menos, a la mayor parte. Resulta que una L es una L... a veces. Según qué fabricante puede ser una M o una XL. Los bípedos lo tienen fácil (aunque es un poco latoso): van al probador, se enfundan el pantalón o la camiseta y comprueban si les vale. De nuevo, yo lo hago más complicado. La persona que me acompaña extiende una camiseta sobre mí y, a ojo, decide si vale o no. Días después, la llevo a la modista, corta la tela y entonces averiguo que he tirado el dinero. Claro, Zara no acepta devoluciones de camisetas cortadas por la mitad.

Las últimas que me he comprado han sido 2XL. Parece una barbaridad pero no. Al no tener brazos, hay que cortar las mangas, ajustar el ancho y coser un “escote”. Se pierde mucha tela. Añadimos que el 90% del tiempo estoy sentado y que me sobra algún kilo (tampoco muchos, no os penséis), y el resultado es que necesito más talla que Alex de la Iglesia en sus buenos tiempos.

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Un país enfermo y miserable

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Unos viven en la calle y otros usan perfumes de 100€ -- by the yes man@Flickr

Esta semana iba a publicar un post más ligero, con un poco de ternura y un poco de humor, pero mi amigo Iván me ha señalado una noticia que publicó este viernes El País y se me han quitado las ganas.

Resulta que una familia de Valencia tiene dos hijos con discapacidad mental. De modo que, a diferencia de Ana Mato, y como suele ser habitual, la madre, Carmen, se dedica a tiempo completo a cuidarlos. Hasta hace poco, el estado daba a Carmen, a través de la Ley de Dependencia, unos 400€ por hijo y por mes.

Como Carmen tiene dos hijos, al menos tenía la suerte de cobrar así 800€; una cantidad que puede concebirse como un sueldo más o menos digno, más o menos útil, aunque ciertamente escaso. Las cármenes que tienen "sólo" un hijo dependiente, en cambio, cobraban en Valencia hasta hace poco unos 400€ por mes. Sin entrar en detalles, digamos que esto te llega para comprar un tornillo del apoyapié de una silla de ruedas barata, un minuto de fisioterapia al mes, un miligramo de medicinas, y aún te puedes permitir el lujo de tomarte un café con los 2€ que te sobran.

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Un retrón en Moncloa

1.-

En esta foto de familia hay un retrón (no, no es Mariano). Se llama Wolfgang Schaüble y es el ministro alemán de Finanzas. Hoy por hoy, uno de los que mandan en Europa.

Herr Schaüble se afilió a la CDU en 1965 y desde 1972 es miembro del Bundestag. No siempre utilizó una silla de ruedas; en 1990 sufrió un atentado, sobrevivió y se quedó así (la cara de felicidad ya la tenía de antes). Estuvo apunto de suceder a Helmut Kohl en la Cancillería, apoyó la guerra de Irak y la cárcel de Guantánamo y hoy defiende un sistema de vigilancia y contraterrorismo que sus críticos denominan Stasi 2.0. Es la cara del neoliberalismo en Europa, hasta tal punto que el Financial Times lo eligió mejor ministro de Economía de Europa en 2012.

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