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Error 01

Este verano se me estropeó un objetivo que suelo usar mucho y lo llevé al taller, lo arreglaron y me lo devolvieron como nuevo. Se le había roto el diafragma, de ahí que me saliera continuamente el Error 01.

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Foto: Wikipedia

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Los humanos y las máquinas nos parecemos en ciertas cosas, la diferencia radica en que si las máquinas se estropean se pueden arreglar y si no, se tiran o se reciclan. Con los humanos pasa que si se "estropea" a veces no tiene solución y no nos podemos "tirar", o no deberíamos, claro.

Este verano se me estropeó un objetivo que suelo usar mucho y lo llevé al taller, lo arreglaron y me lo devolvieron como nuevo. Se le había roto el diafragma, de ahí que me saliera continuamente el Error 01.

En una revisión médica hace unos días me detectaron una pupila más dilatada que la otra, así que fuí al "taller". Me dijeron que, de momento, no tenía mucho arreglo.

Cuando uno es retrón de nacimiento tarda en asumir su condición, al menos en mi caso, pero las circunstancias de la vida hacen que, a veces, te encuentres en situaciones aún peores. Murphy decía que todo lo que puede salir mal, saldrá mal. Lo peor de todo es que un día te levantas y te dicen que tienes algo que no tenías ayer... o de la última vez que te hicieron una revisión y entonces, en un momento, te sientes frágil. Esto de la pupila dilatada tiene un nombre que, hasta que no me lo detectaron, desconocía por completo: Síndrome de Adie-Holmes.

Consiste en que los neurotransmisores que se encargan de transmitir los impulsos nerviosos del cerebro a la pupila dejan de trabajar. Así que mi pupila se declaró en huelga indefinida. Este síndrome aparece así por las buenas, sin causa aparente, en el mejor de los casos. En la práctica se traduce en que tengo los ojos "asimétricos" (para variar). Por uno de los ojos entra mucha más luz que por el otro, así que el cerebro está medio loco intentando medir y compensar las dos medidas. No leo bien de cerca con el ojo "pocho" pero sí leo más o menos bien el ordenador, lo cual es un alivio.

Siempre nos erigimos como los seres más importantes del planeta, pero estamos a menos de nada de caer derrotados por el más pequeño detalle.

Una de las cosas que siempre he procurado es hacer ver a mi entorno que todos somos retrones potenciales. Nunca sabes cuándo te puede pasar una desgracia, por eso es importante que recordemos el poema de Martín Niemöller sobre la actitud de pasar de largo cuando no nos tocan las cosas.

“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,

guardé silencio,

porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a buscar a los judíos,

no protesté,

porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar.”


Salvando las consideraciones políticas e históricas del poema, su cierre es fundamental para entender la situación. Si no mueves un dedo por nadie, cuando llegue el momento no habrá nadie que mueva un dedo por ti, luego vuelvo a lo de siempre. En sociedad lo más fundamental es colaborar en bloque pensando en el bien común. Sé que esto es difícil, que nos han inculcado muy mucho que la libertad individual está por encima de todo, pero no nos han dicho que eso no es incompatible con preocuparse por el vecino, sobre todo cuando ese vecino podrías ser tú mañana. 

En definitiva, y parafraseando a Don Francisco Umbral, yo venía aquí a hablar de mi ojo.

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