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Paren el mundo que me quiero bajar

El ayuntamiento de Madrid está acometiendo una serie de remodelaciones en el centro de la capital que están dando al traste con años de lucha por la accesibilidad y la eliminación de barreras

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Fotograma Abre los Ojos

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¡Paren el mundo que me bajo! Y eso que solo estamos en el primer mes del año. Créanme que es muy difícil mantener viva la esperanza de un mundo accesible o, cuanto menos,menos hostil, con noticias como la que acabo de leer. El ayuntamiento de Madrid está acometiendo una serie de remodelaciones en el centro de la capital que están dando al traste con años de lucha por la accesibilidad y la eliminación de barreras. El centro de Madrid queda vedado a los ciegos. No es que nos prohíban el paso literalmente, pero caminar por las calles más céntricas nos pone realmente en peligro.

Les explico con calma cuál es la iniciativa que tiene como estrella la llamada plataforma única. Con “plataforma” se refieren a unificar en altura calzada y acera, es decir, eliminar los bordillos y poner calzada y acera al mismo nivel en los pasos de peatones. De tal forma que lo que sería un paraíso para los peatones se convierte, en realidad, en un despropósito para las personas ciegas. Los ciegos no distinguiremos al tacto, que es como vemos, entre el lugar por donde circulan los vehículos y por donde debemos ir los peatones. ¿Se lo imaginan? A mí la sola idea me espanta. Es algo descabellado.

La ONCE ya ha hecho partícipe de su preocupación al gobierno madrileño, y le ha advertido del peligro que supone el nuevo diseño, pero, de momento, los planes siguen adelante.

Las personas ciegas necesitamos referencias acústicas y táctiles que nuestro bastón pueda detectar, tales como bordillos, cambios de textura en las baldosas, bolardos, etc. Se trata de elementos que nos sirven para tomar referencias y orientarnos. A ver si se creen que tenemos un “biosonar” como los murciélagos.

Ciudades con calles de plataforma única son un auténtico erial para los que no vemos y no solo nos impide caminar con bastón. Nuestra mejor ayuda, los perros guía tampoco pueden conducirnos con seguridad por una calle de plataforma única, ya que ellos aprenden a discriminar entre acera y calzada por el cambio de nivel. Un caos, vamos.

Bastante estresante son ya de por sí las calles de las ciudades para las personas ciegas, con mil imprevistos que surgen a diario (coches o motocicletas mal aparcadas, árboles mal situados o sin alcorques, aceras estrechas invadidas por cubos de basura, etc). Con iniciativas como esta, de verdad que a una le dan ganas de bajarse del mundo, como quería Mafalda.

Cordialmente,

Nuria del Saz

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