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Transportes

El problema que nos encontramos las personas con discapacidad a la hora de afrontar los transportes públicos, aparte de físico y logístico, es económico

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El AVE Madrid-Sevilla, 25 años de un viaje que cambió el transporte en España

EFE

Todos los días cojo el transporte público y generalmente me fijo en las adaptaciones y la accesibilidad. Aquí en Sevilla, el metro, que tiene pocos años, está muy pensado para resolver esto. El acceso a las estaciones se puede hacer a través del ascensor o de las escaleras mecánicas. Pero claro, no todos tienen la suerte de tener un metro nuevo, y el transporte público es mucho más variado y complejo. El caso de las flotas de autobuses es un ejemplo claro. Hay autobuses de las lineas del ayuntamiento que se estrenan desde la concienciación de la adaptabilidad. Hay cada vez más espacios, son más accesibles, los asientos son más anchos y están colocados en la mejor disposición posible para que las sillas de ruedas puedan entrar y salir con total independencia y comodidad.

En otras ocasiones, sobre todo en las lineas que conectan los pueblos de fuera de la capital con ella, o entre sí, esto no es tan idílico ni tan feliz. Los pueblos están repletos de autobuses que se acercan más a una cascarria que a un transporte público. Todos hemos visto alguna vez esos autobuses cuyo acceso al mismo está definido por cuatro escalones dignos del Everest. Y es que cuando me he encontrado con esto ha sido un espectáculo.

Hay ciertos casos en los que esta falta de adaptación no solo corta el trayecto propiamente dicho, sino que puede acabar con la vida de muchas personas. Me explico: Hay casos en los que ciertas empresas de transporte no pueden asegurar la adaptabilidad de sus trenes, autobuses, metros, etc. y eso implica que gente con discapacidad no pueda, por ejemplo, ir a la universidad, con lo que eso supone.

Por no hablar de los costes tan elevados que suponen los transportes para las personas con discapacidad. Hay opciones de descuento para las familias numerosas y, en algunos casos, también para personas con discapacidad pero con opciones muy limitadas, como puede ser la tarjeta rosa en Barcelona, que en cuanto puedes trabajar te la retiran.

El problema que nos encontramos las personas con discapacidad a la hora de afrontar los transportes públicos, aparte de físico y logístico, es económico. Físico, como ya hemos comentado antes, porque aún quedan mucha barreras arquitectónicas, mentales y sociales que derribar. Logístico porque aún conservamos transportes de muchos años atrás que no tomaban en cuenta toda esta amplia casuística de diversidad a la hora de afrontar los accesos a los mismo.

Pero sobre todo es económica. En muchos lugares no existe una tarjeta descuento como la que sí existe de familia numerosa. Y esto es un problema, porque es verdad que hay casos como el mío, que más o menos puedo llevar una vida normal, pero hay otros en los que se tiene que invertir un dineral en medicamentos de todo tipo para poder alcanzar un nivel medianamente aceptable.

Es cierto que, como decía antes, se tiende a ir hacia el camino de la accesibilidad, pero todavía queda mucho por recorrer y esto es una cuestión de todos. De los que diseñan el mundo, ya sean ingenieros y arquitectos, como de los políticos que dan luz verde a los proyectos, como de la ciudadanía en general, porque os vuelvo a recordar que todos podemos pasar al otro lado.

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