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Una bandera que tape esto

Llevamos semanas con el monotema y aún seguimos. Banderas cuelgan de los balcones y discusiones encendidas en los bares, trabajo y la familia se suceden. Mientras tanto, están ocurriendo cosas en nuestro país, pero sería necesario una bandera enorme para taparlo. Con lo de Catalunya no es suficiente.

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Bandera Gürtel

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Llevamos semanas con el monotema y aún seguimos. Banderas cuelgan de los balcones y discusiones encendidas en los bares, trabajo y la familia se suceden. Mientras tanto, están ocurriendo cosas en nuestro país, pero sería necesario una bandera enorme para taparlo. Con lo de Catalunya no es suficiente.

Sin ir más lejos, el Gobierno reducirá en 2018, por tercer año consecutivo, la proporción de Producto Interior Bruto (PIB) que destina a Sanidad, Educación y Protección Social. Suena el himno de España fuerte de fondo. En Sanidad y en Protección Social el Gobierno recortará dos décimas, a pesar de que se supone la economía ha crecido. Para algunos.

En lo referente a Sanidad, en el que se destinaba una partida que suponía el 6,2% del PIB se queda ahora en el 5,8%. Su mínimo histórico. Y en cuanto a la cifra en 2020, según el Plan Presupuestario, será incluso inferior al 5,6%. Una nueva bandera aparece en el balcón.

Mientras tanto, la inversión en Protección Social, que superaba el 17% en 2015, este año ha caído al 16,5%, retrocederá al 16,2% durante el próximo año y apenas superará el 16% en 2019. No sólo no estamos mejorando sino que estamos empeorando en el recorte de derechos y libertades. Y suma y sigue.

Nos encontramos en mínimos históricos de inversión en aspectos tan sensibles y necesarios. Pero hay que ver con los independentistas. Pero hay que ver con Podemos. Pero hay que ver con la nueva camiseta de la selección. Pero hay que ver…

Mientras en la televisión nos hablan de lo duro del conflicto catalán, del 155, las elecciones del 21D, el mundo –aunque no lo crean- sigue avanzando, pero hacia atrás. 90 dependientes siguen muriendo cada día en espera de sus ayudas. Cientos de miles de personas con discapacidad no reciben sus ayudas o no tienen posibilidad de salir de casa por falta de apoyos por parte del Estado. Un Estado y una patria que se rompen, pero no por el lado que señalan sus dedos.  

Si hablamos de mujeres, la cosa aún se complica más. Y es que tan sólo el 25% de mujeres con discapacidad tienen trabajo en nuestro país. Eso sin entrar por supuesto, en que son víctimas de violencia machista en torno al 80% -según los pocos estudios que salen a la luz al respecto-. Ya hemos hablado en otras ocasiones de la doble discriminación de mujer y discapacidad, -triple si es por raza-, pero nunca es suficiente si no se hacen los esfuerzos necesarios para cambiar un panorama tan desolador.

Por favor, saquen más banderas para tapar esto, así podemos obviar el sufrimiento de los más desfavorecidos. Ahora que el Gobierno se llena la boca hablando de recuperación económica no hay motivos para desatender a los colectivos más afectados. Por eso hay que inventar nuevas excusas para dejar de hacer la tarea. Ahora toca Catalunya, más adelante será otra razón, pero siempre serán los mismos los que pasen su vida esperando una respuesta por parte del Estado. Una respuesta que no llega o llega tarde.

Las barreras dentro de la diversidad funcional cada vez se hacen más grandes y las personas que la padecemos seguimos silenciadas. Se hacen campañas de lavado de cara, pero no llegan a solucionar el problema. No dudo de la buena voluntad que puede existir por parte de colectivos, asociaciones o partidos políticos, pero sigue siendo del todo insuficiente. Las personas con discapacidad, además, suelen tener más problemas para reivindicar sus derechos y empoderarse, tomar las riendas y tener una vida digna. Debe ser que no rompemos España lo suficiente para que se nos escuche. 

El 70 % de los cerca de cuatro millones de personas con discapacidad tienen problemas de movilidad. De los cuales el 69% tienen dificultades de acceso a actividades de ocio y culturales; el 58%; el 41% para acceder a un empleo; el 35% para acceder a edificios y el 34%  para utilizar el transporte. Con estos datos sobre la mesa, me pregunto cuántas normativas y leyes se están incumpliendo con el colectivo, ahora que tanto se haya de cumplir la ley o estar al margen de ella.

Una siente la tremenda injusticia de padecer una discapacidad –reconocida o no- para que además el sistema le ponga más palos en las ruedas en lugar de facilitar las oportunidades. El recorte de derechos y libertades en nuestro país se ceba con los más desfavorecidos, y especialmente con las mujeres, de clase baja y con algún tipo de discapacidad. No hay bandera que pueda tapar esto, no inventen excusas, no silencien, no olviden.

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