<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Lluís Orriols]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/lluis_orriols/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lluís Orriols]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510024/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que pasa en Aragón no se queda en Aragón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/pasa-aragon-no-queda-aragon_132_12961898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf9da680-ad3e-4bde-864d-16048ce2029b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que pasa en Aragón no se queda en Aragón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las elecciones autonómicas no se explican solo en clave regional: reflejan, sobre todo, el clima político nacional. Lo que ocurre en Aragón —como antes en Extremadura— es un anticipo de la batalla por la Moncloa</p></div><p class="article-text">
        A&uacute;n no sabemos cu&aacute;ndo se celebrar&aacute;n las pr&oacute;ximas elecciones generales, pero ya estamos inmersos en un carrusel de citas auton&oacute;micas que se presentan como el antipasto del plato principal: la Moncloa. Empez&oacute; en Extremadura en diciembre, contin&uacute;a este domingo en Arag&oacute;n y seguir&aacute; en los pr&oacute;ximos meses en Castilla y Le&oacute;n y Andaluc&iacute;a. La duda m&aacute;s frecuente que nos preguntan a los polit&oacute;logos estos d&iacute;as es la siguiente: &iquest;lo que ocurra en estas elecciones auton&oacute;micas nos dice algo realmente relevante sobre la futura lucha por llegar a la Moncloa?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es s&iacute;. En gran medida, los resultados de las elecciones auton&oacute;micas reflejan el clima pol&iacute;tico que se vive a nivel nacional. Aunque nos gustar&iacute;a pensar que los ciudadanos eligen a sus representantes regionales atendiendo sobre todo a la gesti&oacute;n auton&oacute;mica, la evidencia emp&iacute;rica sugiere algo muy distinto. Las elecciones auton&oacute;micas rara vez tienen entidad propia: est&aacute;n fuertemente condicionadas por din&aacute;micas pol&iacute;ticas m&aacute;s amplias, que trascienden su &aacute;mbito territorial y conectan directamente con la competici&oacute;n estatal.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 lo ilustra de forma clara. El gr&aacute;fico muestra la variaci&oacute;n media del voto en puntos porcentuales que experimentan los partidos gobernantes entre dos elecciones auton&oacute;micas consecutivas, en funci&oacute;n del ciclo pol&iacute;tico nacional en el que se celebran<strong>.</strong> En cada ciclo electoral, la suerte de los gobiernos regionales se mueve por bloques ideol&oacute;gicos.
    </p><p class="article-text">
        En 2019, coincidiendo con la llegada de Pedro S&aacute;nchez a la Moncloa, los gobiernos del PSOE fueron ampliamente premiados, mientras que los del PP concentraron los castigos. Este patr&oacute;n aparece de forma consistente en comunidades muy distintas entre s&iacute;, lo que sugiere que no responde a factores regionales espec&iacute;ficos, sino a una din&aacute;mica nacional com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En 2023, el patr&oacute;n se invierte: entonces fueron los gobiernos socialistas los que sufrieron las mayores p&eacute;rdidas, al tiempo que el PP se beneficiaba de un clima pol&iacute;tico nacional m&aacute;s favorable. Ambos a&ntilde;os coinciden con momentos claramente diferenciados del ciclo pol&iacute;tico nacional: un arranque de legislatura con impulso del PSOE en 2019 y un contexto de desgaste del gobierno central en 2023.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1066b65-0f38-4daf-912a-3bb5106c27ff_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1066b65-0f38-4daf-912a-3bb5106c27ff_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1066b65-0f38-4daf-912a-3bb5106c27ff_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1066b65-0f38-4daf-912a-3bb5106c27ff_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1066b65-0f38-4daf-912a-3bb5106c27ff_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1066b65-0f38-4daf-912a-3bb5106c27ff_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f1066b65-0f38-4daf-912a-3bb5106c27ff_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1: Variación media del voto"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1: Variación media del voto                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En definitiva, en 2019, a los gobiernos auton&oacute;micos del PSOE les fue fant&aacute;stico. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, en 2023, muchos de esos mismos gobiernos cosecharon resultados calamitosos. Este patr&oacute;n es sospechosamente extra&ntilde;o: &iquest;c&oacute;mo se explica un cambio tan brusco si usamos &uacute;nicamente claves regionales? &iquest;De verdad en 2019 el PSOE contaba, por alguna raz&oacute;n misteriosa, con excelentes &eacute;lites auton&oacute;micas en casi toda Espa&ntilde;a, mientras que en 2023 fall&oacute; de manera generalizada en la selecci&oacute;n de sus dirigentes?
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n basada en la calidad c&iacute;clica de los l&iacute;deres regionales resulta algo rid&iacute;cula. Es dif&iacute;cil creer que decenas de gobiernos auton&oacute;micos mejoren o empeoren a la vez por razones estrictamente regionales, como si los partidos atravesaran ciclos sincronizados de buen o mal reclutamiento pol&iacute;tico. Los dirigentes auton&oacute;micos no se transforman de forma coordinada de buenos a malos gobernantes en tan poco tiempo. Pensar que todo se debe a un problema de recursos humanos de los partidos es, sencillamente, poco cre&iacute;ble.
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n m&aacute;s evidente es otra: los gobiernos auton&oacute;micos acaban arrastrados por las din&aacute;micas nacionales. Los gr&aacute;ficos muestran la triste situaci&oacute;n a la que se enfrentan muchos dirigentes regionales: sus esfuerzos por ser buenos gobernantes pueden quedar en nada si no les acompa&ntilde;a un clima pol&iacute;tico nacional favorable. De ah&iacute; que l&iacute;deres auton&oacute;micos y alcaldes presionen para que la marca del partido a nivel nacional no se deteriore. Saben que su futuro pol&iacute;tico depende en gran medida de ello. En una situaci&oacute;n como la actual, la reacci&oacute;n racional de un dirigente socialista auton&oacute;mico ser&iacute;a reclamar un cambio de ciclo a nivel nacional mediante un adelanto electoral, con el objetivo de dejar de verse arrastrado por el desgaste que sufre hoy el Gobierno de Pedro S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;jenme cerrar este an&aacute;lisis con un &uacute;ltimo gr&aacute;fico que resume esta idea desde otro &aacute;ngulo. El gr&aacute;fico compara la evoluci&oacute;n del PP en las elecciones auton&oacute;micas de 2019 y la evoluci&oacute;n del PSOE en 2023, distinguiendo entre comunidades donde gobernaban y donde estaban en la oposici&oacute;n. En concreto, el gr&aacute;fico muestra la p&eacute;rdida media de voto en puntos porcentuales del partido en el conjunto de comunidades aut&oacute;nomas, separando los casos en los que gobernaba de aquellos en los que estaba en la oposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El resultado confirma lo ya apuntado: en 2019 al PP le fue mal con independencia de si gobernaba o no, y en 2023 ocurre exactamente lo mismo con el PSOE. La suerte electoral en las elecciones auton&oacute;micas no depende de estar en el gobierno regional o en la oposici&oacute;n; en ambos casos, los partidos acaban siendo arrastrados por el clima pol&iacute;tico nacional.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/79129120-3fa0-4a8b-a0ec-ac21a54a751f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/79129120-3fa0-4a8b-a0ec-ac21a54a751f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/79129120-3fa0-4a8b-a0ec-ac21a54a751f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/79129120-3fa0-4a8b-a0ec-ac21a54a751f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/79129120-3fa0-4a8b-a0ec-ac21a54a751f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/79129120-3fa0-4a8b-a0ec-ac21a54a751f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/79129120-3fa0-4a8b-a0ec-ac21a54a751f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2: Efecto contagio en las elecciones autonómicas"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2: Efecto contagio en las elecciones autonómicas                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Existe, sin embargo, un matiz que creo que es muy importante: aunque en todas las comunidades aut&oacute;nomas los partidos sufren un efecto contagio, quienes est&aacute;n en la oposici&oacute;n tienden a cosechar castigos m&aacute;s severos que quienes gobiernan. Parece que estar en el gobierno ofrece de alguna manera cierta protecci&oacute;n parcial frente al desgaste nacional. Existe contagio, s&iacute;, pero es algo menor.
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo hecho es interesante para interpretar los resultados electorales del pr&oacute;ximo domingo. Tanto en Extremadura como (previsiblemente) en Arag&oacute;n estamos observando castigos muy severos al PSOE. Esto indica, sin duda, que el PSOE en general atraviesa una crisis general importante. Sin embargo, no debemos obviar que en esas dos comunidades aut&oacute;nomas el PSOE estaba en la oposici&oacute;n. Lo que estamos viendo en estas regiones puede ser, por lo tanto, una versi&oacute;n extrema del desgaste que sufre hoy el PSOE a nivel nacional. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, las elecciones auton&oacute;micas s&iacute; deben ser interpretadas de forma clara como un term&oacute;metro de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica nacional. Arag&oacute;n no vota solo sobre Arag&oacute;n: vota, una vez m&aacute;s, sobre la Moncloa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/pasa-aragon-no-queda-aragon_132_12961898.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 21:49:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bf9da680-ad3e-4bde-864d-16048ce2029b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1847625" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bf9da680-ad3e-4bde-864d-16048ce2029b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1847625" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que pasa en Aragón no se queda en Aragón]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bf9da680-ad3e-4bde-864d-16048ce2029b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un millón de votos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/millon-votos_132_12631497.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1bf332dd-8f6b-4720-a8a6-773131e48233_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un millón de votos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La política en España se desplaza de lo económico a lo cultural, y el futuro del PP dependerá de si logra dar una respuesta propia o queda subordinado a la agenda de Vox</p></div><p class="article-text">
        Un mill&oacute;n: esa es la cifra que ha encendido las alarmas en G&eacute;nova este septiembre. Es el volumen r&eacute;cord de fugas del PP hacia Vox que anticipan muchas de las encuestas m&aacute;s recientes, y todo indica que sigue creciendo. Ese mill&oacute;n no es una cifra cualquiera: apunta a un cambio&nbsp;crucial en las din&aacute;micas pol&iacute;ticas de nuestro pa&iacute;s, refuerza a Vox en su l&iacute;nea cada vez m&aacute;s xen&oacute;foba y expone al PP a divisiones internas sobre c&oacute;mo responder al desaf&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Para entender este aumento de fugas conviene mirar sobre todo&nbsp;al propio Vox, un partido que durante a&ntilde;os apareci&oacute; desorientado e incapaz de traducir en estrategia el ideario de la derecha radical populista. Dominaban la teor&iacute;a, ten&iacute;an el manual del&nbsp;&nbsp;&ldquo;how-to-do-it&rdquo;, pero su obsesi&oacute;n por convertirse en el ala dura del PP les imped&iacute;a consolidar un espacio propio. Desde hace un tiempo, sin embargo, han aprendido a tocar la m&uacute;sica sin desafinar tanto. A ello se suma la ola xen&oacute;foba que atraviesa Catalu&ntilde;a &mdash;donde Alian&ccedil;a Catalana ha sabido articular con precisi&oacute;n el recetario de las extremas derechas europeas&mdash;. La derecha radical, que parec&iacute;a sorprendentemente gripada en el ecosistema pol&iacute;tico espa&ntilde;ol, empieza a encontrar su sitio.
    </p><p class="article-text">
        Ese mill&oacute;n de votos coloca al PP en una encrucijada. No es el primer partido conservador que se enfrenta a esta situaci&oacute;n. Es el dilema actual de las derechas tradicionales: confrontar a las nuevas formaciones populistas &mdash;incluso mediante un cord&oacute;n sanitario&mdash; o asimilar parte de su discurso nativista y populista para competir en el mismo terreno. La direcci&oacute;n nacional transmite todav&iacute;a desconcierto, pero la corriente de Isabel D&iacute;az Ayuso ya ha apostado abiertamente por la segunda v&iacute;a. Las experiencias comparables en Europa muestran hasta qu&eacute; punto la situaci&oacute;n del PP es cr&iacute;tica y c&oacute;mo est&aacute; en juego su identidad como partido conservador mainstream.
    </p><p class="article-text">
        El vuelco reciente se aprecia con nitidez en los datos del CIS sobre lealtad y fugas de voto (v&eacute;ase el gr&aacute;fico 1). Al inicio de la legislatura, el PP viv&iacute;a un momento c&oacute;modo: m&aacute;s del 80 % de sus votantes aseguraban que repetir&iacute;an su apoyo y las fugas hacia Vox apenas superaban el 5 %. Vox, en cambio, sufr&iacute;a el problema inverso: su lealtad apenas alcanzaba el 70 % y uno de cada cinco votantes admit&iacute;a que, en caso de repetici&oacute;n electoral, se pasar&iacute;a al PP. Eran meses en los que los analistas habl&aacute;bamos de un partido gripado, incapaz de capitalizar su ventana de oportunidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ed5b0b0-9e8d-48f8-8ad0-8525c9c10e93_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ed5b0b0-9e8d-48f8-8ad0-8525c9c10e93_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ed5b0b0-9e8d-48f8-8ad0-8525c9c10e93_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ed5b0b0-9e8d-48f8-8ad0-8525c9c10e93_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ed5b0b0-9e8d-48f8-8ad0-8525c9c10e93_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2ed5b0b0-9e8d-48f8-8ad0-8525c9c10e93_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2ed5b0b0-9e8d-48f8-8ad0-8525c9c10e93_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1: Lealtad y fugas a VOX"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1: Lealtad y fugas a VOX                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ese panorama se ha invertido desde el verano. Las &uacute;ltimas encuestas confirman lo que hace unos meses parec&iacute;a improbable: hoy el PP sufre la misma fragilidad que padec&iacute;a Vox a inicios de la legislatura, mientras que la formaci&oacute;n de Abascal ha consolidado su base y ha minimizado las fugas al encontrar un terreno c&oacute;modo en el nacionalpopulismo. El gr&aacute;fico ofrece una imagen clara de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola actual: un PP nervioso, desorientado y obligado a decidir en qu&eacute; direcci&oacute;n moverse &mdash;una encrucijada que ya han vivido otras derechas tradicionales, como el Partido Republicano en EE. UU. o los conservadores brit&aacute;nicos&mdash;, frente a un Vox que se afianza en el terreno nacionalpopulista, desplazando su nacionalismo del eje catal&aacute;n hacia la inmigraci&oacute;n y aline&aacute;ndose as&iacute; con los discursos que marcan tendencia en Europa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;nes son ese mill&oacute;n de votos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; perfil tienen los votantes que se est&aacute;n yendo del PP a Vox? Mis an&aacute;lisis, a partir de los datos en abierto de 40dB para&nbsp;<em>El Pa&iacute;s</em>, apuntan a dos claves: la edad (gr&aacute;fico 2) y las batallas culturales (gr&aacute;fico 3).
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, los datos confirman lo que la prensa ha se&ntilde;alado en las &uacute;ltimas semanas: el empuje de Vox se alimenta sobre todo del votante joven. Es en este segmento donde la propensi&oacute;n a abandonar al PP es m&aacute;s alta. No es extra&ntilde;o: los j&oacute;venes suelen tener v&iacute;nculos de lealtad m&aacute;s d&eacute;biles con los partidos y, por tanto, mayor facilidad para cambiar de voto. Pero la explicaci&oacute;n probablemente no se agota ah&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b5925db2-ec8e-4b90-a8eb-920e2f2cfbc4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b5925db2-ec8e-4b90-a8eb-920e2f2cfbc4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b5925db2-ec8e-4b90-a8eb-920e2f2cfbc4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b5925db2-ec8e-4b90-a8eb-920e2f2cfbc4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b5925db2-ec8e-4b90-a8eb-920e2f2cfbc4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b5925db2-ec8e-4b90-a8eb-920e2f2cfbc4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b5925db2-ec8e-4b90-a8eb-920e2f2cfbc4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2: Fugas del PP a VOX según edad y clase social"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2: Fugas del PP a VOX según edad y clase social                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En segundo lugar, las fugas tienen anclaje en la disputa cultural. No es la econom&iacute;a lo que explica las deserciones, sino los debates sobre inmigraci&oacute;n, feminismo e igualdad de g&eacute;nero. All&iacute; donde la inmigraci&oacute;n se percibe como la prioridad, la probabilidad de abandonar al PP y recalar en Vox se dispara. Lo mismo ocurre con quienes rechazan la agenda de igualdad: se sienten m&aacute;s c&oacute;modos en el marco cultural que Vox ofrece que en el terreno econ&oacute;mico. Ese mill&oacute;n de votos es, sobre todo, un mill&oacute;n movilizado por la batalla cultural.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9540831-1c23-46a3-a17e-3b5561866a43_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9540831-1c23-46a3-a17e-3b5561866a43_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9540831-1c23-46a3-a17e-3b5561866a43_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9540831-1c23-46a3-a17e-3b5561866a43_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9540831-1c23-46a3-a17e-3b5561866a43_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9540831-1c23-46a3-a17e-3b5561866a43_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e9540831-1c23-46a3-a17e-3b5561866a43_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 3: Figas del PP a VOX por batalla cultural"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 3: Figas del PP a VOX por batalla cultural                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Finalmente, Vox mantiene como asignatura pendiente una mayor capacidad de atracci&oacute;n de los trabajadores manuales, algo que Alian&ccedil;a Catalana s&iacute; est&aacute; logrando con notable eficacia. En el caso de las fugas del PP a Vox, la clase social no resulta determinante, aunque se observa una sobrerrepresentaci&oacute;n de los trabajadores rutinarios no manuales, un patr&oacute;n poco habitual en la extrema derecha europea.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, ese mill&oacute;n de votos revela hasta qu&eacute; punto la disputa pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a se est&aacute; desplazando del terreno econ&oacute;mico al cultural. El futuro del PP depender&aacute; de si es capaz de ofrecer una respuesta propia a ese cambio o si queda atrapado en la agenda que Vox ya empieza a manejar con creciente soltura.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;___
    </p><p class="article-text">
        Nota metodol&oacute;gica: para analizar el perfil de fugas del PP a Vox se ha usados datos en abierto de 40dB&nbsp;para El Pa&iacute;s. Los potenciales desertores del PP se han caracterizado como aquellos encuestados que votaron al PP en 2023 pero que declaran ahora tener una probabilidad&nbsp;alta (de 7 o m&aacute;s sobre 10) de votar a Vox.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/millon-votos_132_12631497.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Sep 2025 04:00:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1bf332dd-8f6b-4720-a8a6-773131e48233_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1828062" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1bf332dd-8f6b-4720-a8a6-773131e48233_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1828062" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un millón de votos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1bf332dd-8f6b-4720-a8a6-773131e48233_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ocaso de Sumar, ¿el resurgir de Podemos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ocaso-sumar-resurgir_132_12190461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d90ab272-cde6-40d0-ba17-a10b715ca03b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ocaso de Sumar, ¿el resurgir de Podemos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que hace un año parecía una hegemonía incipiente de Sumar a la izquierda del PSOE, hoy se asemeja más bien a su ocaso. Ese espacio entra en una nueva fase de fragmentación, incertidumbre y riesgo existencial. Si el voto no se coordina, el sistema electoral podría barrerlos del mapa</p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado escrib&iacute; en esta secci&oacute;n un art&iacute;culo en el que esbozaba una radiograf&iacute;a de la competici&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s interesante de la actualidad en Espa&ntilde;a: la pugna a la izquierda del PSOE. Se trata de una competici&oacute;n especialmente relevante porque es, en el fondo, una lucha por la supervivencia pol&iacute;tica. Es bien sabido que no hay espacio para dos partidos en ese nicho, por lo que resulta crucial que las &eacute;lites o los votantes logren coordinarse en torno a una sola candidatura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las elecciones de 2023, fueron las &eacute;lites quienes, a rega&ntilde;adientes, asumieron esa tarea de coordinarse y decidieron concurrir de forma conjunta. Eso facilit&oacute; a los votantes la decisi&oacute;n sobre qu&eacute; papeleta elegir. Sin embargo, hoy ese espacio aparece inevitablemente fragmentado: las &eacute;lites han renunciado a cooperar, por lo que en esta ocasi&oacute;n seremos los votantes quienes tenemos la tarea de decidir qui&eacute;n se queda y qui&eacute;n se va del ecosistema pol&iacute;tico espa&ntilde;ol. &iquest;Cu&aacute;l de los&nbsp;dos partidos sobrevivir&aacute;?
    </p><p class="article-text">
        Mi respuesta hace algo m&aacute;s de un a&ntilde;o parec&iacute;a clara: Sumar. Entonces los datos demosc&oacute;picos mostraban una clara ventaja de esta formaci&oacute;n: Podemos s&oacute;lo se quedaba uno de cada cinco votos de ese espacio electoral. Un porcentaje as&iacute; dejaba a la formaci&oacute;n totalmente fuera de juego en la pr&aacute;ctica totalidad de las provincias espa&ntilde;olas. Con esos datos en mano, Podemos parec&iacute;a estar condenado a la extinci&oacute;n y a no poder superar unas eventuales elecciones generales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la pol&iacute;tica actual es imprevisible e hiperactiva. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, el panorama ha cambiado radicalmente. En las elecciones Europeas, Podemos pudo hacerse valer y desconcertar a todos aquellos que cre&iacute;an que se trataba de un partido finiquitado. Hoy es Sumar la que atraviesa una crisis organizativa de gran calado, con algunos de sus l&iacute;deres m&aacute;s destacados apartados y con un claro retroceso en las encuestas. Podemos, en cambio, va recuperando terreno poco a poco. A&uacute;n insuficiente, pero claramente mejor que hace pocos meses atr&aacute;s. Basta con observar la evoluci&oacute;n de las fugas de voto desde Sumar: la capacidad de retenci&oacute;n de Sumar ha ca&iacute;do de cifras superiores al 50% a un escueto 38%. Se trata de un nivel excepcionalmente bajo, propio de partidos al borde del colapso organizativo. Son valores que ya observamos en los &uacute;ltimos meses de UPyD, all&aacute; por 2014. En cambio, Podemos ahora lograr&iacute;a atraer unos 20-25 % de los votos de Sumar, lo que representa 10 puntos porcentuales m&aacute;s que hace un a&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy no existe un voto &uacute;til claro. Sumar ya no es una opci&oacute;n que se presente como m&aacute;s viable, y con mejores condiciones de sobrevivir. En efecto,&nbsp;&nbsp;Sumar ha perdido su posici&oacute;n ventajosa de situarse como punto focal para los votantes de izquierda desorientados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d052955c-b27a-487b-b154-f3cacc2ccb4d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d052955c-b27a-487b-b154-f3cacc2ccb4d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d052955c-b27a-487b-b154-f3cacc2ccb4d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d052955c-b27a-487b-b154-f3cacc2ccb4d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d052955c-b27a-487b-b154-f3cacc2ccb4d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d052955c-b27a-487b-b154-f3cacc2ccb4d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d052955c-b27a-487b-b154-f3cacc2ccb4d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1: Evolución de las fugas de Sumar"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1: Evolución de las fugas de Sumar                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">Entonces &iquest;resurgir&aacute; Podemos?</h2><p class="article-text">
        Podemos ha seguido la senda opuesta a la de Sumar. Su capacidad de retenci&oacute;n de votos dentro de ese espacio electoral ha aumentado en torno a diez puntos, acerc&aacute;ndose a los porcentajes de Sumar. Obs&eacute;rvese en el gr&aacute;fico la evoluci&oacute;n de la distancia en la capacidad de retenci&oacute;n de votos de ambas formaciones: si en enero del a&ntilde;o pasado la diferencia era de casi 38 puntos , hoy se ha reducido a alrededor de 18. La enorme ventaja de Sumar se ha desvanecido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con estos datos en mano, es imposible mantener las afirmaciones que realic&eacute; hace un a&ntilde;o. Hoy el grado de competitividad entre las dos formaciones es ahora lo suficientemente estrecho como para no poder pronosticar quien lograr&aacute; sobrevivir. De hecho, estos n&uacute;meros indican que quiz&aacute;s ninguno de los dos lo tiene f&aacute;cil. Si el voto de ese espacio se divide como auguran las encuestas, puede ocurrir que el sistema electoral acabe barriendo del mapa tanto a Podemos como a Sumar.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;jenme hacer un ejercicio de simulaci&oacute;n: &iquest;qu&eacute; pasar&iacute;a si hubiera elecciones hoy? He querido situarme en un escenario relativamente benigno &mdash;aunque poco probable&mdash; en el que ese espacio mantiene su volumen actual de votos, y estos se reparten en un 60% para Sumar y un 40% para Podemos. &iquest;Qu&eacute; ocurrir&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        F&iacute;jense en el primero de los mapas: muestra en qu&eacute; provincias Sumar era viable en las elecciones de 2023. Entonces,&nbsp;&nbsp;esta formaci&oacute;n ten&iacute;a opciones de conseguir esca&ntilde;os en casi la mitad del territorio, en aquellas provincias que aparecen coloreadas. En esos lugares Sumar superaba lo que los polit&oacute;logos llamamos umbral efectivo (o dicho de otro modo, el porcentaje por debajo del cual es imposible que un partido pueda ganar un esca&ntilde;o en esa provincia).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de3f7f15-97f7-4d44-b45e-c0c0f44f4c03_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de3f7f15-97f7-4d44-b45e-c0c0f44f4c03_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de3f7f15-97f7-4d44-b45e-c0c0f44f4c03_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de3f7f15-97f7-4d44-b45e-c0c0f44f4c03_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de3f7f15-97f7-4d44-b45e-c0c0f44f4c03_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de3f7f15-97f7-4d44-b45e-c0c0f44f4c03_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/de3f7f15-97f7-4d44-b45e-c0c0f44f4c03_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Mapa 1: Provincias donde Sumar supera el umbral mínimo (Generales 2023)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Mapa 1: Provincias donde Sumar supera el umbral mínimo (Generales 2023)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En 2023, Sumar ten&iacute;a opciones en 24 provincias, logr&oacute; finalmente esca&ntilde;os en 19 de ellas. Sin embargo, en la actualidad, la viabilidad de Podemos y Sumar ser&iacute;a residual. El sistema electoral podr&iacute;a barrer a ambas formaciones de la mayor&iacute;a de las provincias. Probablemente Podemos podr&iacute;a obtener alg&uacute;n esca&ntilde;o en Madrid y Barcelona. Sumar, quiz&aacute;s, podr&iacute;a rascar alguno otro esca&ntilde;o adicional en la Comunitat Valenciana, Baleares o Andaluc&iacute;a. Pero, en cualquier caso, ese mapa devolver&iacute;a al espacio ideol&oacute;gico a los peores momentos de la vieja Izquierda Unida. Regresar&iacute;amos a los tiempos previos a 2014.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/651b2896-aa4c-44a6-9def-c73fbf3615b7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/651b2896-aa4c-44a6-9def-c73fbf3615b7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/651b2896-aa4c-44a6-9def-c73fbf3615b7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/651b2896-aa4c-44a6-9def-c73fbf3615b7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/651b2896-aa4c-44a6-9def-c73fbf3615b7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/651b2896-aa4c-44a6-9def-c73fbf3615b7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/651b2896-aa4c-44a6-9def-c73fbf3615b7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Mapa 2: Representación de Sumar y Podemos frente al umbral mínimo (Hipoteticas generales 2025)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Mapa 2: Representación de Sumar y Podemos frente al umbral mínimo (Hipoteticas generales 2025)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En definitiva, los datos muestran que la ventaja competitiva de Sumar se ha evaporado en apenas un a&ntilde;o. Hoy se presenta como un partido en colapso electoral, inviable en la mayor parte del pa&iacute;s, camino de convertirse en una fuerza residual. Y ese declive no parece estar generando un efecto de resurgimiento de Podemos. La divisi&oacute;n de la izquierda, esta vez, puede pagarse muy cara, pues de esta pugna descarnada entre ambas formaciones puede que no sobreviva ninguna.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ocaso-sumar-resurgir_132_12190461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Apr 2025 04:01:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d90ab272-cde6-40d0-ba17-a10b715ca03b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2194959" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d90ab272-cde6-40d0-ba17-a10b715ca03b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2194959" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El ocaso de Sumar, ¿el resurgir de Podemos?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d90ab272-cde6-40d0-ba17-a10b715ca03b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres consecuencias de los cinco días de abril]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tres-consecuencias-cinco-dias-abril_129_11332716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18c997b8-efaf-4694-8dc6-5fb6914c14f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tres consecuencias de los cinco días de abril"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sánchez ha logrado a corto plazo recuperar la iniciativa política, posiblemente activar a sus bases electorales y arrinconar –una vez más– a los competidores a su izquierda</p></div><p class="article-text">
        Es posible que estos cinco d&iacute;as de abril no hayan generado cambios evidentes en lo formal. Pedro S&aacute;nchez contin&uacute;a ocupando La Moncloa, el Gobierno de coalici&oacute;n se mantiene intacto y su exigua mayor&iacute;a parlamentaria permanece sin alteraciones. Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de esta fachada, el amago de dimisi&oacute;n del presidente ha desencadenado un nuevo escenario pol&iacute;tico en nuestro pa&iacute;s. En particular, considero que se derivan al menos tres consecuencias significativas:
    </p><p class="article-text">
        <strong>Primero.</strong>&nbsp;Ya sea de manera deliberada o inesperada, esta crisis ha abierto una ventana de oportunidad para superar el bloqueo pol&iacute;tico en el que se encontraba el actual Gobierno de coalici&oacute;n. Han transcurrido seis meses desde la investidura de Pedro S&aacute;nchez y todav&iacute;a no tenemos claro qu&eacute; direcci&oacute;n est&aacute; tomando esta legislatura. Es evidente que tanto el PSOE como Sumar desear&iacute;an que esta legislatura fuera una continuaci&oacute;n de la anterior, marcada por importantes avances en pol&iacute;ticas sociales y la expansi&oacute;n de derechos. Sin embargo, es evidente que en esta ocasi&oacute;n est&aacute;n teniendo dificultades para lograrlo. La necesidad de contar con el apoyo de Junts per Catalunya en la mayor&iacute;a parlamentaria ha desviado la agenda pol&iacute;tica hacia el terreno del nacionalismo y la cuesti&oacute;n territorial. Estos son temas tradicionalmente corrosivos para el PSOE, ya que el nacionalismo divide profundamente a la izquierda. El Gobierno de S&aacute;nchez esperaba utilizar la ley de amnist&iacute;a (y la cuesti&oacute;n catalana) como un peaje necesario para reeditar su agenda social. Sin embargo, ya contamos con suficientes indicios como para concluir que esto&nbsp;ser&aacute; m&aacute;s complicado de lo que muchos anticipaban.
    </p><p class="article-text">
        Ante la situaci&oacute;n de bloqueo en el que se encontraba el Gobierno, urg&iacute;a impulsar un &ldquo;punto y aparte&rdquo;. Y eso es precisamente lo que S&aacute;nchez h&aacute;bilmente plante&oacute; a la ciudadan&iacute;a el pasado lunes. Si la implementaci&oacute;n de la agenda social no es factible (debido a las limitaciones de la actual mayor&iacute;a parlamentaria), y la agenda territorial no es deseable (pues es un lastre electoral para el PSOE), entonces quiz&aacute;s sea necesario explorar una tercera v&iacute;a: la agenda de la regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica. Esta opci&oacute;n presenta un doble beneficio: en primer lugar, es algo que gusta al votante socialista; quiz&aacute;s no tanto como las&nbsp;&nbsp;pol&iacute;ticas sociales, pero sin duda&nbsp;&nbsp;m&aacute;s que el nacionalismo y la pol&iacute;tica territorial. En segundo lugar, puede cohesionar f&aacute;cilmente a la mayor&iacute;a parlamentaria, ya que todos los partidos que la componen tienen un discurso af&iacute;n a esa l&iacute;nea de actuaci&oacute;n. En definitiva, es una agenda de gobierno sumamente atractiva: conecta con las bases socialistas a la vez que afianza la mayor&iacute;a parlamentaria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Segundo.</strong>&nbsp;Durante estos cinco d&iacute;as de abril, hemos presenciado c&oacute;mo la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola ha ca&iacute;do en la ret&oacute;rica populista. En efecto, esta crisis ha dado lugar a episodios y declaraciones de exaltaci&oacute;n al l&iacute;der, as&iacute; como a un discurso marcado por la hostilidad hacia los poderes contramayoritarios. En Espa&ntilde;a, podr&iacute;a estar surgiendo un momento populista. Hay elementos objetivos que contribuyen a que esto ocurra. La extendida sensaci&oacute;n de que estamos ante una confabulaci&oacute;n de &eacute;lites pol&iacute;ticas, medi&aacute;ticas y judiciales para acabar con Pedro S&aacute;nchez abre la puerta de par en par para que un discurso populista entre con &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        Tradicionalmente, el PSOE ha mantenido v&iacute;nculos con sus votantes a trav&eacute;s de la ideolog&iacute;a: mediante pol&iacute;ticas sociales y la expansi&oacute;n de derechos. Sin embargo, la incapacidad para llevar a cabo una agenda social durante esta legislatura podr&iacute;a llevar a S&aacute;nchez a recurrir a&nbsp;estrategias carism&aacute;ticas y populistas. La adopci&oacute;n de una pol&iacute;tica basada en una relaci&oacute;n directa y sin intermediarios entre el l&iacute;der y los votantes, as&iacute; como la categorizaci&oacute;n de la sociedad en buenos (la izquierda, el pueblo) y malos (derecha, <em>lawfare</em> y <em>fachosfera</em>), pueden empaquetarse como medidas cl&aacute;sicas del populismo contempor&aacute;neo. En los pr&oacute;ximos meses veremos hasta qu&eacute; punto el PSOE ceder&aacute; a esta tentaci&oacute;n populista que recorre hoy Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y tercero.</strong>&nbsp;Los cinco d&iacute;as de abril muestran una vez m&aacute;s la extraordinaria habilidad de Pedro S&aacute;nchez para recuperar la iniciativa pol&iacute;tica cuando todo parece estar en contra. Como destac&oacute; Mar&iacute;a &Aacute;lvarez en su tuit viral del lunes, S&aacute;nchez ha logrado recuperar la posesi&oacute;n de la pelota. Es posible que los cinco d&iacute;as de abril no formen parte de una estrategia a largo plazo, sino simplemente un golpe de efecto para tomar la delantera al adversario. Pero en la pol&iacute;tica actual, dominar el juego, tener la posesi&oacute;n de la pelota presenta enormes ventajas. Nos encontramos en plena campa&ntilde;a electoral catalana y en la antesala de las elecciones europeas. Despu&eacute;s de estos comicios, cerraremos el ciclo electoral y nos adentraremos en una larga traves&iacute;a sin citas en las urnas. Todav&iacute;a no disponemos de datos de encuestas fiables para evaluar los efectos de estos cinco d&iacute;as de abril. Pero es plausible esperar que hayan servido para activar a un electorado socialista que se encontraba algo m&aacute;s desmovilizado y para ganar terreno a un entorno Sumar/Podemos en estado cr&iacute;tico. Quiz&aacute;s sea simplemente un golpe de efecto que se diluir&aacute; con el tiempo, pero en la convulsa pol&iacute;tica actual nunca la famosa frase de Keyness hab&iacute;a encajado tan bien: &ldquo;en el largo plazo, todos estaremos muertos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, S&aacute;nchez ha logrado a corto plazo recuperar la iniciativa pol&iacute;tica, posiblemente activar a sus bases electorales y arrinconar &ndash;una vez m&aacute;s&ndash; a los competidores a su izquierda. El tiempo revelar&aacute; si, en el largo plazo, estos cinco d&iacute;as de abril tambi&eacute;n nos dejar&aacute;n una pol&iacute;tica con m&aacute;s tintes populistas o un Gobierno con una agenda de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica que dote de sentido a esta legislatura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tres-consecuencias-cinco-dias-abril_129_11332716.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Apr 2024 20:02:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/18c997b8-efaf-4694-8dc6-5fb6914c14f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1707453" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/18c997b8-efaf-4694-8dc6-5fb6914c14f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1707453" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tres consecuencias de los cinco días de abril]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/18c997b8-efaf-4694-8dc6-5fb6914c14f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sumar,PSOE,Gobierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Deslegitimar al adversario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/deslegitimar-adversario_129_11323698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce8319d5-a6d0-4024-b857-5fc407ed6fdd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1087248.jpg" width="1241" height="698" alt="Deslegitimar al adversario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El actual clima político responde a causas profundas y sistémicas. En concreto, se está erosionando uno de los pilares básicos de la democracia: la aceptación del pluralismo político y el consentimiento de las derrotas electorales</p></div><p class="article-text">
        En febrero de 2023, durante una entrevista concedida al periodista Marcos Pinheiro de este diario, compart&iacute; el siguiente temor: &ldquo;Una cuesti&oacute;n que me preocupa mucho es qu&eacute; puede pasar si el Partido Socialista es segunda fuerza pol&iacute;tica, pero acaba mejor equipado para formar una mayor&iacute;a parlamentaria. Si eso ocurriera y acaba gobernando S&aacute;nchez va a ser un test important&iacute;simo para ver el grado de polarizaci&oacute;n que tenemos en nuestro pa&iacute;s. &iquest;C&oacute;mo reaccionar&aacute;n los derrotados? Esas son las cosas que me dan miedo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, los temores que expres&eacute; en su momento parecen haberse confirmado. Desde las protestas en las calles durante las sesiones de investidura hasta el acoso medi&aacute;tico y pol&iacute;tico a la pareja del presidente con insinuaciones y bulos de dif&iacute;cil digesti&oacute;n, hemos sido testigos de reacciones que no deber&iacute;an producirse en democracias sanas.&nbsp;Algunos podr&iacute;an argumentar que el aumento del nivel de crispaci&oacute;n que sufre la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola se debe a la Ley de amnist&iacute;a o a los esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n. Sin embargo, en mi opini&oacute;n, el actual clima pol&iacute;tico responde a causas m&aacute;s profundas y sist&eacute;micas. En concreto, creo se est&aacute; erosionando uno de los pilares b&aacute;sicos de la democracia: la aceptaci&oacute;n del pluralismo pol&iacute;tico y el consentimiento de las derrotas electorales.
    </p><p class="article-text">
        La esencia de la democracia radica en el pluralismo y la alternancia pol&iacute;tica. Como ha se&ntilde;alado en ocasiones el destacado polit&oacute;logo Adam Przeworski, la democracia se puede definir como un sistema que permite el reemplazo de gobiernos sin derramamiento de sangre. En otras palabras, nuestro sistema se sustenta en la aceptaci&oacute;n de los resultados que salen de las urnas y el consentimiento a ser gobernados por el adversario. Sin embargo, en los &uacute;ltimos tiempos, estos principios tan fundamentales est&aacute;n experimentando un importante deterioro. Los datos disponibles indican que la opini&oacute;n p&uacute;blica espa&ntilde;ola se est&aacute; alejando cada vez m&aacute;s de este ideal democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o, en la Universidad Carlos III de Madrid hemos estado llevando a cabo un proyecto de investigaci&oacute;n consistente en sondear hasta qu&eacute; punto los ciudadanos est&aacute;n dispuestos a aceptar el pluralismo pol&iacute;tico y los resultados electorales. Los datos obtenidos revelan un panorama ciertamente preocupante: existe un alto porcentaje de votantes de los partidos perdedores (Vox y PP) que no reconocen la legitimidad del Gobierno actual de Espa&ntilde;a, que no consideran a Pedro S&aacute;nchez como su presidente, a pesar de haber sido elegido en las urnas, que cuestionan la necesidad de acatar todas las decisiones de este Gobierno y que abogan por la ilegalizaci&oacute;n de ciertos partidos que forman parte del arco parlamentario.
    </p><p class="article-text">
        Los datos evidencian de forma clara una preocupante grieta en la calidad de la democracia espa&ntilde;ola. El desprecio hacia el Gobierno actual y el rechazo al pluralismo pol&iacute;tico han arraigado en la esfera pol&iacute;tica de nuestro pa&iacute;s. Este fen&oacute;meno se observa especialmente en los votantes de la derecha, que fue derrotada en las elecciones del pasado 23J, pero tambi&eacute;n est&aacute; notablemente presente entre la izquierda. Entre los votantes del PSOE y de Podemos/Sumar tambi&eacute;n se encuentra una demanda extendida a la ilegalizaci&oacute;n de ciertos partidos. Por lo tanto, har&iacute;amos mal en creer que la falta de compromiso con los valores de tolerancia y aceptaci&oacute;n del adversario es un problema que s&oacute;lo afecta a una orilla ideol&oacute;gica, pues hay indicios de que se trata de un mal compartido por derecha e izquierda.
    </p><p class="article-text">
        La democracia espa&ntilde;ola tiene muchas fortalezas, especialmente en lo que respecta a las garant&iacute;as del proceso electoral. Sin embargo, creo que actualmente su principal debilidad es el creciente desprecio por el pluralismo pol&iacute;tico instalado en las &eacute;lites pol&iacute;ticas y en la opini&oacute;n p&uacute;blica. Muchos espa&ntilde;oles creen que urge silenciar, aislar e incluso ilegalizar a sus rivales pol&iacute;ticos. Probablemente, los motivos que tienen los ciudadanos para justificarlo son nobles: se debe eliminar al partido rival porque es una amenaza para la naci&oacute;n, para la convivencia o para la democracia. Sin embargo, esta l&iacute;nea de razonamiento nos conduce a una preocupante paradoja: salvar la democracia ilegalizando al adversario, es caer en una pulsi&oacute;n anti-pluralista que deteriora el sistema. Es intentar salvar la democracia acabando con ella.
    </p><p class="article-text">
        No respetar el pluralismo nos encamina hacia una senda iliberal. Cuando se percibe al adversario como una amenaza y se considera imperativo evitar a toda costa que gobierne o -incluso- que forme parte del ecosistema pol&iacute;tico, se abren las puertas para justificar cualquier medio que sirva a ese fin. En la carta de Pedro S&aacute;nchez se refleja este lamento. Las actitudes anti-pluralistas y de negaci&oacute;n del adversario facilitan que se acabe considerando leg&iacute;tima cualquier estrategia para socavar al rival: el insulto, la deshumanizaci&oacute;n, la difusi&oacute;n de bulos y acoso medi&aacute;tico, incluso dirigido a familiares y parejas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La carta de Pedro S&aacute;nchez, as&iacute; como la situaci&oacute;n de incertidumbre en que se ha instalado la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola durante estos cinco d&iacute;as, ha logrado poner de relieve la vertiente corrosiva y destructiva de la polarizaci&oacute;n. Este episodio nos brinda la oportunidad para poder reflexionar sobre el peligroso rumbo que est&aacute; tomando nuestra pol&iacute;tica, con la propagaci&oacute;n de actitudes claramente iliberales y antidemocr&aacute;ticas, como la negaci&oacute;n de la legitimidad del adversario y la incapacidad para aceptar las derrotas electorales. Es crucial que en los pr&oacute;ximos meses abordemos con serenidad y fuera de las trincheras partidistas la necesidad de volver a construir espacios de consenso, de tolerancia mutua y de aceptaci&oacute;n del pluralismo pol&iacute;tico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/deslegitimar-adversario_129_11323698.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Apr 2024 20:52:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ce8319d5-a6d0-4024-b857-5fc407ed6fdd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1087248.jpg" length="1056923" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ce8319d5-a6d0-4024-b857-5fc407ed6fdd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1087248.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1056923" width="1241" height="698"/>
      <media:title><![CDATA[Deslegitimar al adversario]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ce8319d5-a6d0-4024-b857-5fc407ed6fdd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1087248.jpg" width="1241" height="698"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vox,Gobierno,PP - Partido Popular]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pulso de Sumar y Podemos por la supervivencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/quedan-podemos_132_10904637.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7858b21a-1826-4dfd-bd9e-15e376b87f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pulso de Sumar y Podemos por la supervivencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La coexistencia como formaciones separadas se vislumbra como extremadamente complicada en un contexto como el español. La lucha apenas comienza y muchas cosas pueden cambiar. Sin embargo, las primeras evidencias no parecen del todo favorables para Podemos</p></div><p class="article-text">
        Actualmente, en el espectro pol&iacute;tico espa&ntilde;ol, dos partidos compiten desde la izquierda del PSOE. Sin embargo, es improbable que ambos puedan sobrevivir.&nbsp;Esta inc&oacute;gnita se presenta como uno de los dilemas m&aacute;s apasionantes en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola reciente. La coexistencia de Podemos y Sumar como formaciones separadas se vislumbra como extremadamente complicada en un contexto como el espa&ntilde;ol, donde el umbral de voto necesario para obtener esca&ntilde;os en unas elecciones generales es excesivamente alto en pr&aacute;cticamente todas las provincias espa&ntilde;olas. Un partido de &aacute;mbito nacional que no logre superar con cierta holgura los dos d&iacute;gitos de voto, se ve abocado a quedar atrapado y absorbido por las peligrosas arenas movedizas del sistema electoral espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        En este escenario, surge la pregunta crucial: &iquest;cu&aacute;l de estos dos partidos lograr&aacute; subsistir tras el pr&oacute;ximo ciclo electoral? Son muchos los que creen tener certezas, pero ser&iacute;a prudente admitir que a&uacute;n es temprano para hacer augurios inapelables. Las elecciones europeas se erigen como el primer test, la primera parada en esta carrera por la supervivencia. Es cierto que, en estas elecciones, pr&aacute;cticamente todos los partidos tienen cabida. Se trata de unos comicios particularmente permisivos para las formaciones pol&iacute;ticas m&aacute;s peque&ntilde;as, ya que alrededor de 300-400 mil votos a nivel nacional (dependiendo de la participaci&oacute;n) son suficientes para obtener representaci&oacute;n. Este umbral resulta especialmente bajo, siendo casi irrisorio si lo comparamos con las elecciones generales, donde un partido con ese nivel de apoyo quedar&iacute;a completamente marginado del escenario pol&iacute;tico nacional.
    </p><p class="article-text">
        Ni Podemos ni Sumar cuentan con ra&iacute;ces territoriales y organizacionales lo suficientemente s&oacute;lidas como para sobreponerse f&aacute;cilmente a un eventual fracaso. Unos resultados desastrosos en este ciclo electoral podr&iacute;an significar el fin del proyecto. Es probable que los espa&ntilde;oles pronto comprendan que la supervivencia simult&aacute;nea de ambos partidos en el ecosistema pol&iacute;tico espa&ntilde;ol es altamente improbable. Y cuando esto suceda, solo quedar&aacute; por responder la pregunta clave: &iquest;cu&aacute;l de los dos es el voto &uacute;til? Los ciudadanos desean que su voto se transforme en esca&ntilde;os. No les gusta apoyar a partidos que al final no obtienen representaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Es por esta raz&oacute;n que, ante una situaci&oacute;n como esta, la izquierda tarde o temprano buscar&aacute; un objetivo com&uacute;n: la coordinaci&oacute;n. Ya sea mediante un acuerdo entre las &eacute;lites de Podemos y Sumar para unificar su proyecto (lo cual parece poco probable en estos momentos), o mediante un &ldquo;voto estrat&eacute;gico&rdquo; por parte de los ciudadanos, respaldando al partido que consideren con mayores posibilidades de sobrevivir.&nbsp;&nbsp;Sin embargo, para adoptar una estrategia es esencial contar con informaci&oacute;n precisa (&iquest;cu&aacute;l partido tiene m&aacute;s posibilidades de ganar?), y esta informaci&oacute;n depender&aacute; en gran medida de los resultados de las pr&oacute;ximas citas electorales.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, y en la espera de las elecciones europeas, nos queda recurrir a la demoscopia. Ya est&aacute;n surgiendo las primeras encuestas que dividen el voto entre Podemos y Sumar. Aunque estos datos son todav&iacute;a incipientes, pueden proporcionarnos algunas pistas. Despu&eacute;s de todo, en ausencia de elecciones, los ciudadanos recurrir&aacute;n a las encuestas como gu&iacute;a para coordinarse e intentar votar por el partido que consideren m&aacute;s viable.
    </p><p class="article-text">
        Si nos enfocamos en el bar&oacute;metro de enero del CIS, la contienda parece favorecer ampliamente a Sumar en este momento. Seg&uacute;n el estudio, un 59% de los votantes que respaldaron a la Coalici&oacute;n Sumar el pasado 23 de junio ahora optar&iacute;an por la papeleta de Sumar, mientras que solo un 16% se inclinar&iacute;a por la de Podemos. El resto de votos se distribuir&iacute;a entre el PSOE (10%) o no tendr&iacute;an a&uacute;n bien definido su voto. Esto indica que la ventaja de Sumar sobre Podemos entre quienes se han quedado en este espacio pol&iacute;tico es de 4 a 1. De cada 5 votos, solo 1 corresponder&iacute;a ahora a Podemos. Si trasladamos estos datos al n&uacute;mero de votos bas&aacute;ndonos en los resultados de las pasadas elecciones generales, Podemos obtendr&iacute;a alrededor de medio mill&oacute;n de votos. Esta cifra, extrapolada a las elecciones europeas (con una participaci&oacute;n media menor), nos llevar&iacute;a a estimar que Podemos alcanzar&iacute;a los 400 mil votos, suficientes para llevar a Irene Montero al Parlamento Europeo. Este escenario, por lo tanto, dejar&iacute;a la competici&oacute;n a&uacute;n abierta, ya que ambas formaciones ser&iacute;an capaces de sobrevivir si las tendencias actuales se mantienen.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se caracterizan los votantes que todav&iacute;a respaldan a Podemos? &iquest;Son notablemente diferentes de aquellos que optan por Sumar? Aunque los datos disponibles son limitados, los votantes comparten similitudes la mayor parte de aspectos, como era de esperar. Sin embargo, hay ciertos rasgos distintivos que se pueden identificar. El perfil de los votantes de Podemos tiende a ser algo m&aacute;s masculino y se identifica m&aacute;s con la izquierda. 
    </p><p class="article-text">
        Pero existe un dato crucial del perfil del votante que resulta desfavorable para las perspectivas de Podemos. Un 28% de aquellos que actualmente votar&iacute;an por Podemos tienen a Sumar como su segunda opci&oacute;n preferida, mientras que solo un 9% de los votantes de Sumar eligen a Podemos como su segunda preferencia. Esta diferencia es significativa, siendo tres veces menor en el caso de Sumar. Este dato es clave para entender c&oacute;mo puede influir el &ldquo;voto &uacute;til&rdquo; en este espacio ideol&oacute;gico. Hay muchos m&aacute;s votantes de Podemos dispuestos a apoyar a Sumar que viceversa. En cuanto a los partidarios de Yolanda D&iacute;az, la mayor&iacute;a estar&iacute;a m&aacute;s inclinada a unirse al Partido Socialista. En el momento de elegir alternativas, los datos indican que Sumar es una opci&oacute;n sustitutiva para una porci&oacute;n relevante de los votantes de Podemos, algo que no ocurre en el caso de los votantes de Sumar.
    </p><p class="article-text">
        Es fundamental tomar con cautela los datos de la demoscopia, ya que solo nos ofrecen una imagen borrosa del momento actual. La lucha por la supervivencia apenas est&aacute; comenzando y muchas cosas pueden cambiar. Sin embargo, las primeras evidencias de la contienda no parecen del todo favorables para Podemos. &iquest;Podr&aacute;n lograr una remontada? Solo el tiempo lo dir&aacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/26fd63c8-2f19-4745-bc11-1d25be441a91_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/26fd63c8-2f19-4745-bc11-1d25be441a91_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/26fd63c8-2f19-4745-bc11-1d25be441a91_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/26fd63c8-2f19-4745-bc11-1d25be441a91_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/26fd63c8-2f19-4745-bc11-1d25be441a91_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/26fd63c8-2f19-4745-bc11-1d25be441a91_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/26fd63c8-2f19-4745-bc11-1d25be441a91_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/quedan-podemos_132_10904637.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Feb 2024 21:38:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7858b21a-1826-4dfd-bd9e-15e376b87f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2678732" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7858b21a-1826-4dfd-bd9e-15e376b87f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2678732" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El pulso de Sumar y Podemos por la supervivencia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7858b21a-1826-4dfd-bd9e-15e376b87f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sumar,Podemos,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amnistía contra políticas sociales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/amnistia-politicas-sociales_132_10570419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0246a50-d161-4c63-86b5-89f8758439ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amnistía contra políticas sociales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una posible amnistía tiene un efecto corrosivo en el PSOE porque es un tema que conecta con el nacionalismo español y divide al votante socialista. No obstante, existe un antídoto a ese potencial efecto nocivo: las políticas sociales</p></div><p class="article-text">
        El nacionalismo espa&ntilde;ol ha sido, de siempre, un quebradero de cabeza para el PSOE. Si bien los votantes socialistas muestran un apoyo casi un&aacute;nime a cuestiones relacionadas con las pol&iacute;ticas sociales, est&aacute;n profundamente divididos cuando toca hablar de identidad nacional o del modelo territorial. Si el debate se centra en pol&iacute;ticas de bienestar o la ampliaci&oacute;n de derechos y libertades, los Socialistas se desenvuelven c&oacute;modos y seguros: es un tema que genera enorme inter&eacute;s y consenso entre sus simpatizantes. Sin embargo, cuando el nacionalismo entra en la agenda pol&iacute;tica, los cimientos del PSOE empiezan a tambalear. Los l&iacute;deres Socialistas suelen tener una especial aversi&oacute;n a entrar en el pantanoso terreno del conflicto territorial. Se trata de un tema corrosivo para el PSOE. Y eso es as&iacute; porque el nacionalismo espa&ntilde;ol no es patrimonio exclusivo de la derecha. Son muchos los votantes socialistas que adem&aacute;s de ser de izquierdas, se sienten tambi&eacute;n profundamente espa&ntilde;oles y ven con recelo la realidad plurinacional de nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ve&aacute;moslo con datos. El gr&aacute;fico 1 recoge las opiniones de los espa&ntilde;oles sobre el modelo territorial seg&uacute;n la encuesta de 40dB (para El Pa&iacute;s y la Cadena SER) del pasado julio. Esta empresa demosc&oacute;pica ofrece en abierto su matriz de datos a investigadores y curiosos. Se trata de una pol&iacute;tica de transparencia y rigor que muchos valoramos y agradecemos enormemente. Los resultados de la encuesta ponen en manifiesto de forma clara el problema del PSOE con respecto a la cuesti&oacute;n territorial: los votantes socialistas se reparten en partes iguales entre los partidarios de una Espa&ntilde;a m&aacute;s centralista y los que prefieren mayores cotas de autogobierno para las Comunidades Aut&oacute;nomas. No hay duda, pues, que cualquier decisi&oacute;n que toma el PSOE en esta materia (sea en una u otra direcci&oacute;n) acaba dejando insatisfecho a una porci&oacute;n relevante de sus simpatizantes. Lo opuesto le ocurre en el PP o en Vox. En ese tema, los votantes conservadores lo tienen muy claro y s&oacute;lo una minor&iacute;a es partidaria de dar m&aacute;s poderes a las Comunidades Aut&oacute;nomas. Por lo que respecta a Sumar, no encontramos un consenso tan marcado como ocurre en la derecha, pero existe una mayor&iacute;a clara a favor de la descentralizaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d913bcf7-adda-48ba-9b66-4621110e0ec6_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d913bcf7-adda-48ba-9b66-4621110e0ec6_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d913bcf7-adda-48ba-9b66-4621110e0ec6_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d913bcf7-adda-48ba-9b66-4621110e0ec6_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d913bcf7-adda-48ba-9b66-4621110e0ec6_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d913bcf7-adda-48ba-9b66-4621110e0ec6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d913bcf7-adda-48ba-9b66-4621110e0ec6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1. Los datos del gráfico corresponden a la encuesta de julio de 40dB en abierto. El gráfico usa la siguiente pregunta: Un Estado puede organizarse territorialmente de distintas maneras. Algunas personas creen que lo mejor es que haya el máximo centralismo, mientras que otras piensan que es preferible la máxima descentralización, incluyendo la posibilidad de independencia. ¿Dónde te colocas tú? Utiliza una escala de 0 a 10, en la que ‘0’ representa la máxima descentralización, incluyendo la posibilidad de independencia y ‘10’ representa el máximo centralismo. En el gráfico la opción “descentralizar” recoge los valores 0 a 4 de la escala, la opción “statu quo” es el valor 5 (intermedio) de la escala, y la opción “centralizar” recoge el valor de 6 a 10 de la escala."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1. Los datos del gráfico corresponden a la encuesta de julio de 40dB en abierto. El gráfico usa la siguiente pregunta: Un Estado puede organizarse territorialmente de distintas maneras. Algunas personas creen que lo mejor es que haya el máximo centralismo, mientras que otras piensan que es preferible la máxima descentralización, incluyendo la posibilidad de independencia. ¿Dónde te colocas tú? Utiliza una escala de 0 a 10, en la que ‘0’ representa la máxima descentralización, incluyendo la posibilidad de independencia y ‘10’ representa el máximo centralismo. En el gráfico la opción “descentralizar” recoge los valores 0 a 4 de la escala, la opción “statu quo” es el valor 5 (intermedio) de la escala, y la opción “centralizar” recoge el valor de 6 a 10 de la escala.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        As&iacute; pues, el &uacute;nico partido que padece una profunda divisi&oacute;n interna en temas relacionados con el nacionalismo y el modelo territorial es el PSOE. En este sentido, no hay duda de que una potencial ley de amnist&iacute;a puede provocar el enfado de una porci&oacute;n relevante del votante socialista. Muchos pol&iacute;ticos, periodistas y creadores de opini&oacute;n (especialmente del entorno del PP) est&aacute;n propagando la idea de que el votante socialista se siente altamente insatisfecho con Pedro S&aacute;nchez por haber mentido a los espa&ntilde;oles con el tema de la amnist&iacute;a. Si bien antes de las elecciones lo tachaba de inconstitucional, ahora lo considera como una receta &uacute;til para la reconciliaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Creo que se est&aacute; exagerando el efecto nocivo que puede acarrear esa mentira o cambio de opini&oacute;n. Es cierto que la amnist&iacute;a puede enfadar a muchos socialistas, pero no se debe a una sensaci&oacute;n de enga&ntilde;o o traici&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez. Y eso es as&iacute; por dos motivos. En primer lugar, el hecho de que un pol&iacute;tico cambie de opini&oacute;n y asuma postulados que no defend&iacute;a anteriormente es inherente a la cultura del pacto en democracias parlamentarias. Un presidente que no goza de mayor&iacute;a absoluta tiene el deber de alcanzar acuerdos, aunque eso suponga asumir medidas que rechazaba o no estaban en su programa electoral. No es la primera vez, ni la &uacute;ltima, que esto ocurra. Y en segundo lugar, una ley de amnist&iacute;a no ser&iacute;a una impugnaci&oacute;n o traici&oacute;n a la hoja de servicios de Pedro S&aacute;nchez como gobernante. Esta medida, de tomarse, ser&iacute;a una continuaci&oacute;n de la estrategia de buscar aliviar la carga penal del independentismo, algo que ya se realiz&oacute; durante la anterior legislatura con los indultos o la reforma del c&oacute;digo penal.
    </p><p class="article-text">
        A mi entender el elemento corrosivo de la amnist&iacute;a para el PSOE no est&aacute; tan relacionado con la mentira o el enga&ntilde;o como que es un tema que conecta con el nacionalismo espa&ntilde;ol y divide al votante socialista (como vimos en el gr&aacute;fico 1). La amnist&iacute;a puede suponer un desgaste importante para el PSOE porque le lleva a un terreno que no le favorece. No s&oacute;lo por la conmoci&oacute;n que provocar&iacute;a la publicaci&oacute;n de la ley de amnist&iacute;a en el BOE. Este hecho puede ser nocivo pero podr&iacute;a caer en el olvido con el paso del tiempo. El problema de la amnist&iacute;a es que podr&iacute;a conllevar la rehabilitaci&oacute;n de los l&iacute;deres del proc&eacute;s y propiciar su regreso a la actividad pol&iacute;tica. Y tener a Carles Puigdemont en activo y -qui&eacute;n sabe- presidiendo la Generalitat de Catalunya, ser&iacute;a algo altamente perturbador para la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola: ser&iacute;a un recordatorio diario al votante socialista de que S&aacute;nchez aprob&oacute; esa ley de amnist&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Existe un ant&iacute;doto al potencial efecto nocivo de una ley de amnist&iacute;a: las pol&iacute;ticas sociales. Si el PSOE logra transmitir a la opini&oacute;n p&uacute;blica que la amnist&iacute;a fue un peaje necesario para consolidar e impulsar la agenda social del gobierno, entonces puede que el castigo no sea tan elevado como muchos auguran. La gran batalla pol&iacute;tica en la pr&oacute;xima legislatura ser&aacute; muy probablemente la pugna por qu&eacute; tema monopoliza la agenda p&uacute;blica: el nacionalismo o las pol&iacute;ticas sociales.&nbsp;&nbsp;El &eacute;xito o fracaso de un eventual nuevo gobierno del PSOE depender&aacute; de cu&aacute;l de esos dos temas acaba imponi&eacute;ndose.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/amnistia-politicas-sociales_132_10570419.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Oct 2023 04:00:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f0246a50-d161-4c63-86b5-89f8758439ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="82687" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f0246a50-d161-4c63-86b5-89f8758439ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="82687" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Amnistía contra políticas sociales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f0246a50-d161-4c63-86b5-89f8758439ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo evitar la compra de votos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/evitar-compra-votos_132_10241965.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1289f769-5fb4-4af9-bf66-0488dc313496_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cómo evitar la compra de votos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La democracia española goza de una buena salud, y los eventuales fraudes no son de suficiente entidad como para poner en cuestión los resultados electorales. Sin embargo, aun siendo anecdóticos, deberíamos aprovechar estos escándalos para intentar arreglar una grieta de nuestro sistema que facilita estas prácticas</p></div><p class="article-text">
        Los esc&aacute;ndalos de compra de votos desatados estos d&iacute;as en distintos puntos del pa&iacute;s son de una gravedad extrema. Cualquier pr&aacute;ctica que altere el proceso electoral es completamente inadmisible y hay que denunciarlo sin ning&uacute;n tipo de reservas. Es cierto que estos hechos no deber&iacute;an llevarnos a una impugnaci&oacute;n general de nuestro sistema. La democracia espa&ntilde;ola goza de una buena salud, y los eventuales fraudes no son de suficiente entidad como para poner en cuesti&oacute;n los resultados electorales. Sin embargo, ser&iacute;a muy contraproducente minusvalorar la gravedad de estos casos e intentar dejar que caigan en el olvido sin m&aacute;s. Aun siendo anecd&oacute;ticos, deber&iacute;amos aprovechar estos esc&aacute;ndalos para intentar arreglar una grieta de nuestro sistema que facilita este tipo de pr&aacute;cticas.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iquest;Cu&aacute;l es esa grieta? &iquest;C&oacute;mo podemos reducir los esc&aacute;ndalos de compra de votos?</strong></h3><p class="article-text">
        D&eacute;jenme que empiece por el principio. En esencia, la compra de votos debe entenderse como un contrato verbal entre un pol&iacute;tico corrupto y un votante. Se trata de un contrato Ilegal, sin duda. Pero es un contrato, al fin y al cabo. Al ser ilegal, el pol&iacute;tico corrupto no puede recurrir a los juzgados para denunciar su incumplimiento. Y ah&iacute; est&aacute; la clave. Para evitar la compra de votos, simplemente hay que fomentar que los votantes puedan incumplir su parte del trato: que tengan la tentaci&oacute;n de aceptar el dinero, pero decidan despu&eacute;s votar al partido que les d&eacute; la gana. Si los ciudadanos pueden f&aacute;cilmente incumplir el contrato, entonces se deteriora el ingrediente b&aacute;sico que sustenta la compra de votos: la confianza. Y sin confianza, los corruptos acabar&aacute;n llegando a la conclusi&oacute;n de que una compra de votos sin garant&iacute;as no es un negocio rentable.
    </p><p class="article-text">
        Hay una an&eacute;cdota que me gusta mucho sobre esta cuesti&oacute;n en M&eacute;xico. En una campa&ntilde;a electoral, el partido mexicano PAN -entonces en la oposici&oacute;n- decidi&oacute; combatir las pr&aacute;cticas clientelares del partido gobernante (el PRI) con el siguiente eslogan: &ldquo;Agarra lo que te dan, pero vota por el PAN&rdquo;. Es decir, acepta el soborno, pero luego vota a quien quieras. Si la gente coge el dinero, pero luego no cumple con su parte del contrato, la pr&aacute;ctica de compra de votos se convierte en algo ineficiente. No habr&aacute; pol&iacute;ticos corruptos que quieran gastarse dinero sin un m&iacute;nimo de garant&iacute;as.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El principal ant&iacute;doto contra la compra de votos es hacer que el voto sea secreto</strong></h3><p class="article-text">
        Tradicionalmente, el concepto del voto secreto se ha entendido muy mal en Espa&ntilde;a. Se suele pensar que significa que las personas tienen el derecho a no decir su voto en p&uacute;blico o que pueden -si as&iacute; lo desean- esconderse en una cabina a la hora de votar. No es as&iacute;. El voto secreto es, en realidad, la obligaci&oacute;n (y no el derecho) de que nadie pueda saber lo que una persona vota. En el momento de votar, nadie deber&iacute;a ser capaz de ver a qui&eacute;n estas votando.
    </p><p class="article-text">
        Y en eso, Espa&ntilde;a presenta un importante d&eacute;ficit. Efectivamente, en nuestro pa&iacute;s no existen suficientes garant&iacute;as para que el voto pueda ser considerado secreto. En los colegios electorales votamos publicamente, a vista de cualquier curioso. Incluso, alguien podr&iacute;a darnos la papeleta ya preparada fuera del colegio electoral  y controlar que lo depositamos en la urna sin efectuar cambios. En el voto por correo es a&uacute;n m&aacute;s f&aacute;cil, pues hasta ahora no requer&iacute;a de identificaci&oacute;n a la hora de emitir (o enviar) el voto. Esta forma de proceder facilita que el corrupto tenga herramientas para controlar que los votantes cumplen su parte del trato.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tiene como deberes corregir este problema. Debe garantizar de forma m&aacute;s efectiva el voto secreto. Pidiendo la identificaci&oacute;n cuando se vota por correo, sin duda. Pero tambi&eacute;n haciendo que el paso por las cabinas en los colegios electorales sea obligatorio. Si nadie puede ver a qu&eacute; partido est&aacute;s votando, entonces el corrupto siempre tendr&aacute; dudas de si el contrato se est&aacute; cumpliendo.&nbsp;Es por ello que el paso por las cabinas en los colegios electorales no deber&iacute;a ser opcional, sino obligatorio. En la actualidad, si alguien recurre a la cabina, es un claro signo de que est&aacute; escondiendo algo. El pol&iacute;tico corrupto tendr&aacute; claras sospechas de que probablemente no est&eacute; votando al partido acordado.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los graves esc&aacute;ndalos de compra de votos deber&iacute;an ser una advertencia de que es necesario reformar nuestro sistema para garantizar mejor el voto secreto tanto en el voto por correo como el presencial. Con ello, reducir&iacute;amos la tentaci&oacute;n de los corruptos a usar este tipo de pr&aacute;cticas. No obstante, a pesar de la gravedad de los casos de compra de votos y de la necesidad de realizar reformas para evitarlos en el futuro, debemos huir de toda tentaci&oacute;n de usar estos episodios para desacreditar los resultados electorales en su conjunto. Uno de los pilares esenciales de la democracia es el consentimiento de los perdedores. Los votantes deben aceptar las derrotas electorales y reconocer que el ganador tiene la legitimidad de gobernar incluso cuando no es de su partido. Sin embargo, las altas dosis de polarizaci&oacute;n y crispaci&oacute;n est&aacute;n provocando que los votantes acaben por no aceptar f&aacute;cilmente los resultados electorales cuando los suyos pierden. En este sentido, los esc&aacute;ndalos de compra de votos pueden ser combustible que avive actitudes antidemocr&aacute;ticas y de rechazo a las derrotas electorales.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, debemos ser tajantes en calificar como muy graves los esc&aacute;ndalos de compra de votos y en demandar que se garantice mejor el voto secreto en nuestro pa&iacute;s. Pero al mismo tiempo har&iacute;amos bien denunciar con firmeza cualquier discurso que pretenda impugnar los resultados de unas elecciones con el fin de no aceptar una derrota. El asalto al Capitolio y las protestas en Brasil deber&iacute;an ser un aviso para navegantes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/evitar-compra-votos_132_10241965.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2023 21:21:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1289f769-5fb4-4af9-bf66-0488dc313496_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="58565" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1289f769-5fb4-4af9-bf66-0488dc313496_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="58565" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Cómo evitar la compra de votos?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1289f769-5fb4-4af9-bf66-0488dc313496_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vox y la batalla cultural que viene]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/vox-batalla-cultural-viene_132_9876401.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d37d2ca6-9329-4a6b-b753-3fd537a54634_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vox y la batalla cultural que viene"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La razón les aconseja apostar por la batalla cultural, pero su corazón les impide ser excesivamente combativos con el PP. De hecho, la actualidad política de esta semana nos está brindando esa contradicción de forma muy gráfica</p></div><p class="article-text">
        En muchos sentidos, el fen&oacute;meno de Vox sigue siendo un misterio. Se trata de un proyecto pol&iacute;tico a&uacute;n en proceso de construcci&oacute;n y con una desconcertante desorientaci&oacute;n estrat&eacute;gica. En ocasiones, sus l&iacute;deres aspiran a ser el referente espa&ntilde;ol de la derecha radical populista y buscan romper las l&oacute;gicas cl&aacute;sicas de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola apelando a cuestiones como la inmigraci&oacute;n, el anti-feminismo o el rechazo a los colectivos LGTBI. Sin embargo, en otras ocasiones, Vox parece actuar como una simple facci&oacute;n o escisi&oacute;n radical del PP o como un viejo partido de una derecha ultra nost&aacute;lgica m&aacute;s preocupada por articular el nacionalismo cl&aacute;sico de confrontaci&oacute;n centro-periferia que por activar un discurso nacionalista xen&oacute;fobo de &ldquo;los espa&ntilde;oles primero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La estrategia de Vox est&aacute; lejos de ser clara. Y en mi opini&oacute;n se debe a que sus l&iacute;deres viven atrapados en una disyuntiva entre lo que les pide la raz&oacute;n y lo que les dicta el coraz&oacute;n. Por un lado, racionalmente, son conscientes de que la estrategia que deben perseguir es sumarse a la ola populista de derecha radical que recorre medio mundo y dar la batalla cultural sin complejos, caiga quien caiga. Pero, por otro lado, no pueden evitar sentirse emocionalmente vinculados al PP y se sienten incapaces de romper los lazos que les unen. Por lo general, Vox es un partido c&oacute;modo con la pol&iacute;tica de bloques, d&oacute;cil con el PP y que vive sorprendentemente mal cualquier desplante o ataque que venga de alg&uacute;n dirigente de las filas populares. 
    </p><p class="article-text">
        En resumen, entre los l&iacute;deres de Vox, la raz&oacute;n les aconseja apostar por la batalla cultural, pero su coraz&oacute;n les impide ser excesivamente combativos con el PP. De hecho, la actualidad pol&iacute;tica de esta semana nos est&aacute; brindando esa contradicci&oacute;n de forma muy gr&aacute;fica. El lunes la agenda quedaba monopolizada por un Vox que apostaba por agitar la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola con el tema del aborto. Sin embargo, a medida que han ido pasando los d&iacute;as, sus l&iacute;deres han bajado la intensidad de su ataque, temerosos, de nuevo, de  tensar demasiado sus relaciones con los populares.
    </p><p class="article-text">
        Esta particular lucha entre la raz&oacute;n y el coraz&oacute;n que padecen los l&iacute;deres de Vox representa un lastre electoral y limita su potencial de crecimiento. Pero no cabe descartar que en un futuro lleguen nuevos liderazgos que sepan resolver esta contradicci&oacute;n. En este sentido, si finalmente Vox apostara definitivamente por dar la batalla cultural, &iquest;qu&eacute; forma tomar&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; temas (xenofobia, anti-feminismo, aborto, etc.) tendr&iacute;an una mayor probabilidad de ser activados?
    </p><p class="article-text">
        Hace unos meses, dise&ntilde;amos desde EsadeEcPol y la Universidad Carlos III de Madrid una encuesta sobre polarizaci&oacute;n en Espa&ntilde;a (<a href="https://www.esade.edu/ecpol/es/publicaciones/los-reticentes-a-las-politicas-contra-el-cambio-climatico-quienes-son-que-piensan-y-como-votan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> se puede leer algunas conclusiones acerca del cambio clim&aacute;tico). En esta encuesta mir&aacute;bamos las opiniones de los ciudadanos y d&oacute;nde ubicaban a los partidos en distintos temas relevantes. De nuestra encuesta se desprend&iacute;a una conclusi&oacute;n clara: no todos los temas de corte &ldquo;cultural&rdquo; o moral tienen la misma capacidad de implantarse en la batalla pol&iacute;tica en nuestro pa&iacute;s. Por un lado, existe un consenso en aceptar los derechos LGTBI, no solo entre la izquierda sino tambi&eacute;n entre los votantes de centro y derecha. En cambio, lo opuesto ocurre con respecto al rechazo a la inmigraci&oacute;n. En ese caso s&iacute; observamos una gran disparidad de opiniones entre izquierda y derecha. De hecho, entre los votantes conservadores la animadversi&oacute;n a la entrada de inmigrantes es generalizada (v&eacute;ase el Gr&aacute;fico 1).&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/afb63d63-fc6b-4225-a6df-3be123bdb518_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/afb63d63-fc6b-4225-a6df-3be123bdb518_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/afb63d63-fc6b-4225-a6df-3be123bdb518_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/afb63d63-fc6b-4225-a6df-3be123bdb518_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/afb63d63-fc6b-4225-a6df-3be123bdb518_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/afb63d63-fc6b-4225-a6df-3be123bdb518_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/afb63d63-fc6b-4225-a6df-3be123bdb518_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, es muy interesante constatar que  los votantes de Vox perciben un sistema de partidos altamente polarizado en cuanto a la cuesti&oacute;n inmigratoria, pero no en lo que se refiere a la adopci&oacute;n LGTBI. En este segundo tema, los votantes de extrema derecha no parecen observar diferencias relevantes entre los partidos. La ciencia pol&iacute;tica suele considerar que la percepci&oacute;n de polarizaci&oacute;n es un motor indispensable para que un tema acabe siendo influyente en las urnas. Los datos indican que ese ser&iacute;a el caso de temas como el de la inmigraci&oacute;n, pero no en otros como por ejemplo la adopci&oacute;n LGTBI (v&eacute;ase el Gr&aacute;fico 2). No dispongo de datos sobre la cuesti&oacute;n del aborto, aunque, si me permiten la especulaci&oacute;n, mi impresi&oacute;n es que &eacute;ste se encuentra m&aacute;s cerca de la adopci&oacute;n LGTBI que de la inmigraci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18fa5291-6cd6-4860-8749-7b3ae8e6d2ce_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18fa5291-6cd6-4860-8749-7b3ae8e6d2ce_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18fa5291-6cd6-4860-8749-7b3ae8e6d2ce_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18fa5291-6cd6-4860-8749-7b3ae8e6d2ce_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18fa5291-6cd6-4860-8749-7b3ae8e6d2ce_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18fa5291-6cd6-4860-8749-7b3ae8e6d2ce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/18fa5291-6cd6-4860-8749-7b3ae8e6d2ce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En resumen, creo que en Espa&ntilde;a existen las bases para que se pueda consolidar con fuerza una derecha radical populista sin complejos. Si esto acaba ocurriendo, es posible que la xenofobia y el anti-feminismo copen la agenda p&uacute;blica con m&aacute;s intensidad que cuestiones morales como los derechos LGTBI o el aborto. Es cierto que por ahora Vox no ha sido capaz de salir de su desorientaci&oacute;n estrat&eacute;gica, pero ser&iacute;a ingenuo pensar que esto ser&aacute; siempre as&iacute;. No hay que descartar que, a base de ensayo y error, alg&uacute;n l&iacute;der de Vox (u alguna formaci&oacute;n a&uacute;n por llegar) acabe por aprender qu&eacute; teclas deben tocarse para que suene de forma n&iacute;tida la m&uacute;sica de la batalla cultural.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/vox-batalla-cultural-viene_132_9876401.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Jan 2023 21:46:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d37d2ca6-9329-4a6b-b753-3fd537a54634_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="9377093" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d37d2ca6-9329-4a6b-b753-3fd537a54634_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9377093" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Vox y la batalla cultural que viene]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d37d2ca6-9329-4a6b-b753-3fd537a54634_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Se desvanece el efecto Feijóo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/desvanece-efecto-feijoo_132_9658125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbb6277c-5a39-45ee-b7c2-4f93cf1df900_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Se desvanece el efecto Feijóo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La popularidad de Feijóo se mantiene excepcionalmente fuerte, sin apenas desgaste, entre el electorado de derechas, pero se desploma entre los votantes socialistas</p></div><p class="article-text">
        La luna de miel de Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o toca su fin. O al menos ese fue el diagn&oacute;stico que el presidente del CIS, Jos&eacute; F&eacute;lix Tezanos, realiz&oacute; hace unos d&iacute;as al publicarse el bar&oacute;metro de octubre. Tezanos fue claro, como suele ser su estilo. Asegur&oacute; que la popularidad del l&iacute;der del PP se encontraba en crisis debido a que hab&iacute;a cometido errores y a que no ten&iacute;a los conocimientos necesarios para liderar. En cierto modo, no ser&iacute;a tan extra&ntilde;o que empez&aacute;ramos a detectar un cierto desgaste de la popularidad de Feij&oacute;o. Al fin y al cabo, las lunas de miel no duran para siempre. Los relevos de liderazgos en los partidos suelen venir acompa&ntilde;ados de un periodo de optimismo y altas expectativas, pero tienden a ir desinfl&aacute;ndose a medida que pasan los meses.
    </p><p class="article-text">
        Pero, m&aacute;s all&aacute; de opiniones impresionistas, &iquest;qu&eacute; nos dicen los datos sobre el fin del &ldquo;efecto Feij&oacute;o&rdquo;? &iquest;Realmente se est&aacute; desvaneciendo? Se trata, creo, de una pregunta clave para entender el escenario electoral que se abre el pr&oacute;ximo a&ntilde;o. El PP, si quiere llegar a La Moncloa, no puede esperar sentado en el banquillo a que la popularidad del PSOE se vaya erosionando a medida que lleguen las adversidades econ&oacute;micas. 
    </p><p class="article-text">
        Si algo ha demostrado Pedro S&aacute;nchez es una gran capacidad de resistencia. El presidente ha reaccionado a las distintas crisis que se ha ido topando por el camino impulsando un escudo social para proteger a las personas m&aacute;s vulnerables. Esas pol&iacute;ticas compensatorias han representado una v&aacute;lvula de escape del descontento social y han frenado un posible deterioro de la satisfacci&oacute;n con el Gobierno. 
    </p><p class="article-text">
        Puede que, con el tiempo, si las dificultades econ&oacute;micas se mantienen, la confianza en el PSOE de S&aacute;nchez acabe por desmoronarse. Pero la capacidad de resistencia de este Gobierno ha sido hasta ahora tan encomiable que ser&iacute;a poco prudente que Feij&oacute;o confiara su suerte a los errores del adversario.
    </p><p class="article-text">
        Ante un PSOE que resiste, es particularmente importante que PP mantenga vivo el &ldquo;efecto Feij&oacute;o&rdquo; hasta el pr&oacute;ximo a&ntilde;o electoral. &iquest;Lo est&aacute; logrando? En el gr&aacute;fico 1 muestro la evoluci&oacute;n de la popularidad del l&iacute;der del PP desde abril hasta la actualidad usando los bar&oacute;metros del CIS. Los datos nos llevan a una conclusi&oacute;n clara: la popularidad de Feij&oacute;o se mantiene fuerte, sin apenas desgaste, entre sus bases electorales tradicionales, pero se desploma entre los votantes socialistas. 
    </p><p class="article-text">
        En la evoluci&oacute;n del gr&aacute;fico 1 se puede observar c&oacute;mo las valoraciones de Feij&oacute;o se mantienen altas (por encima del 7 sobre 10) entre los votantes del PP. Asimismo, los aprobados del l&iacute;der del PP entre el electorado de Vox y Ciudadanos tambi&eacute;n se han mantenido esencialmente estables a lo largo de todos estos meses. As&iacute; pues, si nos centramos en el espacio electoral de la derecha, se debe concluir que la luna de miel de Feij&oacute;o contin&uacute;a gozando de una excelente salud.
    </p><p class="article-text">
        Otra cuesti&oacute;n es si ponemos la mirada en las bases socialistas. Los votantes del PSOE recibieron la llegada de Feij&oacute;o con buenos ojos. Seg&uacute;n el bar&oacute;metro del CIS del pasado abril, los votantes del PSOE le daban un aprobado al l&iacute;der popular, algo ciertamente excepcional dado el contexto de alta polarizaci&oacute;n que vive &uacute;ltimamente nuestro pa&iacute;s. No obstante, esa relativa buena imagen de Feij&oacute;o se ha ido desvanecido por completo: hoy su popularidad entre el electorado socialista se ha desplomado y cosecha ya sonados suspensos con notas inferiores al 4 sobre 10.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76986eee-2fb8-4ce5-b1d2-d88382338ed7_source-aspect-ratio_50p_1058883.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76986eee-2fb8-4ce5-b1d2-d88382338ed7_source-aspect-ratio_50p_1058883.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76986eee-2fb8-4ce5-b1d2-d88382338ed7_source-aspect-ratio_75p_1058883.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76986eee-2fb8-4ce5-b1d2-d88382338ed7_source-aspect-ratio_75p_1058883.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76986eee-2fb8-4ce5-b1d2-d88382338ed7_source-aspect-ratio_default_1058883.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76986eee-2fb8-4ce5-b1d2-d88382338ed7_source-aspect-ratio_default_1058883.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/76986eee-2fb8-4ce5-b1d2-d88382338ed7_source-aspect-ratio_default_1058883.jpg"
                    alt="Gráfico 1"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Se suele decir que un l&iacute;der pol&iacute;tico debe prestar atenci&oacute;n a sus bases electorales, sin perder demasiado el tiempo en ganarse la simpat&iacute;a de quienes jam&aacute;s le votar&aacute;n.&nbsp;Por ejemplo, analizar el grado de popularidad de Alberto Nu&ntilde;ez Feij&oacute;o entre los votantes de Unidas Podemos es un ejercicio f&uacute;til, pues, al margen de lo que piensen de su l&iacute;der, es altamente improbable que decidan sumarse a las filas del PP. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el caso del PSOE es distinto, pues s&iacute; existe la posibilidad de que un votante socialista se pase al PP si cree que el candidato es atractivo. Esto es lo que ocurri&oacute; en las elecciones andaluzas del pasado junio. Entonces, alrededor del 16% de los que votaron al PSOE en las anteriores elecciones apoyaron en esta ocasi&oacute;n al PP. Hac&iacute;a mucho tiempo que no se observaban fugas de dos d&iacute;gitos entre PSOE y PP. &nbsp;El presidente Juanma Moreno Bonilla encontr&oacute;  la receta para romper la pol&iacute;tica de bloques y atraer a un buen pu&ntilde;ado de votante socialista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La llegada de Alberto Nu&ntilde;ez Feij&oacute;o tambi&eacute;n empez&oacute; a generar efectos similares. Como muestro en el gr&aacute;fico 2, las fugas del PSOE hacia el PP fueron creciendo durante los primeros meses de liderazgo de Feij&oacute;o, acerc&aacute;ndose en verano a cifras de dos d&iacute;gitos. Durante unos meses parec&iacute;a que el l&iacute;der del PP podr&iacute;a lograr exportar el escenario andaluz a unas elecciones generales. De seguir con esta tendencia, la victoria del PP estaba pr&aacute;cticamente asegurada. No obstante, en los dos &uacute;ltimos meses las cosas parecen haber cambiado: las fugas del PSOE al PP se ha estancado o incluso revertido.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los grandes temores que ten&iacute;a Pedro S&aacute;nchez era que sus bases empezaran a ver el PP de Feij&oacute;o como una alternativa votable. Ese temor parece que hoy es mucho m&aacute;s remoto de lo que era meses atr&aacute;s. El PSOE puede ver con alivio c&oacute;mo un escenario similar a las andaluzas era cada vez m&aacute;s improbable en unas generales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/337a3616-212b-4345-b3e7-1c447c64fe0a_source-aspect-ratio_50p_1058884.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/337a3616-212b-4345-b3e7-1c447c64fe0a_source-aspect-ratio_50p_1058884.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/337a3616-212b-4345-b3e7-1c447c64fe0a_source-aspect-ratio_75p_1058884.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/337a3616-212b-4345-b3e7-1c447c64fe0a_source-aspect-ratio_75p_1058884.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/337a3616-212b-4345-b3e7-1c447c64fe0a_source-aspect-ratio_default_1058884.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/337a3616-212b-4345-b3e7-1c447c64fe0a_source-aspect-ratio_default_1058884.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/337a3616-212b-4345-b3e7-1c447c64fe0a_source-aspect-ratio_default_1058884.jpg"
                    alt="Grafico 2"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Grafico 2                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En definitiva, &iquest;podemos concluir que la popularidad de Feij&oacute;o se encuentra en ca&iacute;da libre como aseveraba el presidente del CIS? Si nos fijamos en el espacio de la derecha, la respuesta es no. Su popularidad y capacidad de atracci&oacute;n entre sus votantes y los de Cs y Vox se mantienen excepcionalmente altas. Pero si nos centramos en los votantes del PSOE, entonces s&iacute; parece que podamos afirmar con cierta seguridad que la luna de miel de Feij&oacute;o est&aacute; llegando a su fin.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/desvanece-efecto-feijoo_132_9658125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Oct 2022 20:34:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dbb6277c-5a39-45ee-b7c2-4f93cf1df900_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="93500" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dbb6277c-5a39-45ee-b7c2-4f93cf1df900_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="93500" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Se desvanece el efecto Feijóo?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dbb6277c-5a39-45ee-b7c2-4f93cf1df900_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El PP despega]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/pp-despega_132_9005740.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f73d7294-f6c4-4373-b77c-aa7291a75ef9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El PP despega"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El PP no sólo vuelve a ser un partido atractivo para los votantes de centro. Además, el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo parece poner fin a la desorientación estratégica de su predecesor. Quizás sea aún pronto para hacer afirmaciones categóricas, pero por el momento todo indica que el partido está logrando enderezar su rumbo</p></div><p class="article-text">
        Hasta hace pocas semanas, el PP era v&iacute;ctima de una paradoja. Por un lado, el partido mostraba signos de mejor&iacute;a en t&eacute;rminos electorales pues empezaba a resolver (aun t&iacute;midamente) algunas de sus principales debilidades. Por otro lado, y a pesar de ciertos datos objetivos de recuperaci&oacute;n, el PP era un partido desorientado, que navegaba a la deriva y con una preocupante crisis de liderazgo. Ante este contexto, la sensaci&oacute;n de muchos analistas era que el PSOE, aun con ciertos indicios de agotamiento y descontento entre sus votantes, se encontraba en condiciones muy favorables para revalidar su mayor&iacute;a en unas eventuales elecciones generales. Entre los socialistas hab&iacute;a motivos para el optimismo y para afrontar con seguridad y confianza la segunda mitad de la legislatura. Sin embargo, las cosas han cambiado. Hoy encontramos indicios claros de un cambio de ciclo. Un nuevo ciclo en el que el PP estar&iacute;a en condiciones para conectar mejor con el estado de &aacute;nimo del electorado espa&ntilde;ol y, en &uacute;ltima instancia, para llegar a la Moncloa.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta hace muy poco, el PSOE dominaba de forma clara la escena pol&iacute;tica. El Gobierno de coalici&oacute;n inici&oacute; la legislatura con una crisis sanitaria (y econ&oacute;mica) sin precedentes en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. La experiencia de la crisis de la Gran Recesi&oacute;n de la d&eacute;cada pasada parec&iacute;a augurar que la popularidad del Gobierno acabar&iacute;a sepultada por el alud de malas noticias. Sin embargo, eso no ocurri&oacute;. La imagen del Gobierno de S&aacute;nchez se mantuvo esencialmente inalterada gracias a la ambiciosa agenda de pol&iacute;ticas compensatorias que se llevaron a cabo para mitigar los efectos de la crisis. El PSOE logr&oacute; tomar pulso a la situaci&oacute;n y salir airoso, con cotas de popularidad pr&aacute;cticamente estables. As&iacute; pues, el Gobierno super&oacute; de forma muy encomiable la dura prueba que se encontr&oacute; durante su primera mitad de legislatura. 
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que algunas encuestas auguraban un retroceso en intenci&oacute;n de voto de la izquierda. Sin embargo, el PSOE gozaba de un poderoso activo a su favor: los partidos nacionalistas perif&eacute;ricos. En la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola los partidos regionalistas y nacionalistas (especialmente catalanes y vascos) han sido las piezas fundamentales para la conformaci&oacute;n de mayor&iacute;as parlamentarias. En el pasado fueron capaces de alcanzar acuerdos tanto con el PSOE como en el PP en funci&oacute;n de qu&eacute; partido se encontraba en condiciones de ser el encargado de formar gobierno. Sin embargo, con la ruptura del espacio de la derecha y muy especialmente con la irrupci&oacute;n de Vox, la situaci&oacute;n cambi&oacute; radicalmente. Ahora la conformaci&oacute;n de mayor&iacute;as parlamentarias en el Congreso de los Diputados es asim&eacute;trica. El PSOE cuenta con la opci&oacute;n de sumar a nacionalistas catalanes y vascos. Sin embargo, el PP, no. A la derecha se le ha complicado la aritm&eacute;tica parlamentaria, pues es imposible amalgamar en una misma mayor&iacute;a a Vox y nacionalistas vascos y catalanes. Si PP y Vox no logran rozar la mayor&iacute;a absoluta, est&aacute;n condenados a permanecer en la oposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Vox ejerce un efecto repelente que a&iacute;sla al PP. Lo aleja de sus opciones de ser alternativa de gobierno. Un desgaste moderado de la popularidad del Gobierno era asumible para el PSOE. Incluso quedar segundo por detr&aacute;s del PP era un escenario satisfactorio siempre y cuando los partidos nacionalistas siguieran siendo una pieza necesaria para conformar mayor&iacute;as. Es por ello que hasta hace poco el resultado m&aacute;s probable de unas eventuales elecciones generales era la victoria del PSOE. Quiz&aacute;s no en t&eacute;rminos electorales (en votos y esca&ntilde;os), pero s&iacute; en su capacidad de tejer una mayor&iacute;a parlamentaria para superar la investidura.&nbsp;Sin embargo, creo que el ciclo ha cambiado tras el relevo de liderazgo (y de estrategia) del PP. &nbsp;El PP est&aacute; ahora en mejores condiciones para acercarse suficientemente a la mayor&iacute;a absoluta con Vox y, con ello, poder gobernar. En concreto, hay tres factores que me hacen pensar que podr&iacute;amos estar en la antesala de un nuevo ciclo pol&iacute;tico:
    </p><p class="article-text">
        1- La segunda parte de la legislatura deb&iacute;a ser la de la post-pandemia. Unos a&ntilde;os marcados por una fuerte recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica y el fin de las restricciones de derechos individuales. Las expectativas eran que la nueva normalidad permitir&iacute;a al PSOE impulsar su agenda pol&iacute;tica en un contexto altamente favorable. Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. El Gobierno se ve constantemente superado por los acontecimientos como la crisis energ&eacute;tica, la guerra en Ucrania y las dificultades econ&oacute;micas. La mayor&iacute;a parlamentaria se desgarra y la cohesi&oacute;n dentro del gobierno de coalici&oacute;n est&aacute; cada vez m&aacute;s debilitada. El PSOE logr&oacute; durante los a&ntilde;os de la pandemia reaccionar adecuadamente con pol&iacute;ticas compensatorias que mitigaron el rechazo de los ciudadanos. Pero su capacidad de acomodarse a las circunstancias es hoy deficiente. Es un gobierno que va a rebufo de los acontecimientos y eso siempre se acaba pagando. La imagen del gobierno, que logr&oacute; superar el embiste de la crisis del COVID, podr&iacute;a, ahora s&iacute;, deteriorarse de forma significativa.
    </p><p class="article-text">
        2- El PSOE est&aacute; en apuros, pero tambi&eacute;n lo est&aacute; la alternativa a su izquierda. El espacio de Unidas Podemos se encuentra en una situaci&oacute;n excepcionalmente fr&aacute;gil e incapaz de aprovecharse de un eventual debilitamiento de su competidor, el PSOE. UP ha ido perdiendo terreno y actualmente se encuentra en el espacio electoral de la vieja Izquierda Unida. Lejos queda ese Podemos que lograba ser atractivo incluso entre una porci&oacute;n muy relevante de la izquierda moderada. UP necesita reorganizarse y as&iacute; lo entiende (y creo que de forma acertada) Yolanda D&iacute;az con su proyecto &ldquo;Sumar&rdquo;. En su momento, cuando Pablo Iglesias decidi&oacute; retirarse se&ntilde;alando a Yolanda D&iacute;az como su sucesora, me pareci&oacute; un movimiento audaz. Eso era justo lo que el partido necesitaba: renovaci&oacute;n de liderazgo para poder retomar iniciativa y reconfigurar el espacio. Sin embargo, el experimento est&aacute; saliendo por el momento regular. Unidas Podemos ha renunciado a ser el centro de gravedad de este proceso de reconfiguraci&oacute;n del espacio de izquierda. Lo ocurrido en Andaluc&iacute;a es un buen ejemplo de la situaci&oacute;n cr&iacute;tica que vive esta formaci&oacute;n. En lugar de ser el impulsor de un nuevo proyecto, Podemos ha acabado siendo el &uacute;nico partido que ha quedado formalmente fuera de la coalici&oacute;n electoral. Habr&aacute; parches para tapar errores. Pero la falta de liderazgo de Podemos para amalgamar un nuevo proyecto en la izquierda es evidente. En definitiva, mientras el PSOE est&aacute; en la antesala de una crisis de popularidad, Podemos sigue incapaz de redefinir e impulsar de nuevo su espacio electoral. Sin duda, son malos tiempos para la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        3- Por &uacute;ltimo, el PP est&aacute; enderezando gran parte de sus debilidades y cada vez m&aacute;s se encuentra en condiciones para llegar a la Moncloa. No solo por dem&eacute;rito de sus rivales en la izquierda, sino tambi&eacute;n por m&eacute;ritos propios. Quiz&aacute;s el s&iacute;ntoma m&aacute;s evidente de la creciente salud del PP est&aacute; recogido en el gr&aacute;fico 1, en el que se muestra la evoluci&oacute;n de la intenci&oacute;n de voto entre los ciudadanos de centro seg&uacute;n los bar&oacute;metros del CIS desde la ruptura del sistema de partidos. El gr&aacute;fico muestra de una forma muy clara uno de los titulares m&aacute;s relevantes en t&eacute;rminos demosc&oacute;picos de los &uacute;ltimos meses: el PP vuelve a liderar el centro pol&iacute;tico. Con Feij&oacute;o, el PP recupera su atractivo entre los votantes moderados, algo que perdi&oacute; hace ya casi una d&eacute;cada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/063d7703-f064-4b9a-9779-100ef671b686_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/063d7703-f064-4b9a-9779-100ef671b686_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/063d7703-f064-4b9a-9779-100ef671b686_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/063d7703-f064-4b9a-9779-100ef671b686_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/063d7703-f064-4b9a-9779-100ef671b686_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/063d7703-f064-4b9a-9779-100ef671b686_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/063d7703-f064-4b9a-9779-100ef671b686_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Antes de continuar leyendo, det&eacute;nganse un momento a ver el gr&aacute;fico 1. Muestra datos muy interesantes que resumen algunos elementos claves de historia pol&iacute;tica reciente de nuestro pa&iacute;s. En el momento populista (2014), Podemos logr&oacute; ser la primera fuerza en intenci&oacute;n de voto entre los votantes de centro. Muchos habr&aacute;n olvidado ese dato, por lo que vale pena remarcarlo. Hubo un tiempo que la formaci&oacute;n de Pablo Iglesias era la opci&oacute;n favorita entre votantes moderados (o de centro) y los votantes sin ideolog&iacute;a. Era el momento en que asaltar los cielos era un escenario posible. M&aacute;s tarde, a partir de 2016, el centro pas&oacute; a ser liderado por Ciudadanos. El PP qued&oacute; relegado a tercera formaci&oacute;n, por detr&aacute;s del PSOE. El porcentaje de voto al PP en el centro lleg&oacute; a ser, incluso en muchas ocasiones, marginal, con porcentajes casi propios de una fuerza extraparlamentaria. Incluso con el colapso de Ciudadanos en 2019, el PP no fue capaz de recuperar el centro de forma significativa. Es con la llegada de Feij&oacute;o que vuelve el dominio incontestable en ese espacio. Tras el reemplazo de liderazgo en el PP, la intenci&oacute;n de voto entre los votantes de centro se duplica. Y, con ello, logra el hito de volver a ser de nuevo el primer partido de centro. 
    </p><p class="article-text">
        El PP no s&oacute;lo vuelve a ser un partido atractivo los votantes de centro. Adem&aacute;s, el liderazgo de Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o parece poner fin a la desorientaci&oacute;n estrat&eacute;gica de su predecesor. Quiz&aacute;s sea a&uacute;n pronto para hacer afirmaciones categ&oacute;ricas, pero por el momento todo indica que el partido est&aacute; logrando enderezar su rumbo. El nuevo l&iacute;der llega con una imagen de competencia, de gesti&oacute;n acreditada y de profesionalidad y seriedad que ha calado en una porci&oacute;n relevante del electorado. Esta nueva imagen del PP llega adem&aacute;s en el momento oportuno, cuando la crisis energ&eacute;tica, la inflaci&oacute;n y el pesimismo econ&oacute;mico se instala entre la opini&oacute;n p&uacute;blica. En definitiva, una nueva imagen del PP que conecta de forma &oacute;ptima con el estado de &aacute;nimo actual de la sociedad espa&ntilde;ola y con un gobierno con crecientes apuros. 
    </p><p class="article-text">
        Existen indicios de cambio de ciclo. Obviamente, en tiempos de inestabilidad pol&iacute;tica como vivimos creo que cualquier augurio sobre qui&eacute;n ganar&aacute; las elecciones es imprudente. Pero nos encontramos en un escenario en el que mientras la izquierda pierde su capacidad de iniciativa y sinton&iacute;a con la realidad, el PP empieza a resolver las debilidades que le imped&iacute;an ser una alternativa de gobierno.&nbsp;Las piezas en el escenario pol&iacute;tico actual s&iacute; permiten, a mi entender, que el PP pueda alcanzar la mayor&iacute;a electoral suficiente para gobernar Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/pp-despega_132_9005740.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 May 2022 20:12:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f73d7294-f6c4-4373-b77c-aa7291a75ef9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7476730" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f73d7294-f6c4-4373-b77c-aa7291a75ef9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7476730" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El PP despega]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f73d7294-f6c4-4373-b77c-aa7291a75ef9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No a la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/no-guerra_132_8691798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4bb0c9f8-12b7-4812-b2e0-53e1da574e02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No a la guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Haríamos mal en concluir que el “no a la guerra” es la respuesta de la izquierda a cualquier conflicto armado. Sus actitudes acerca de esta temática se caracterizan, en realidad, por altas dosis de ambivalencia</p></div><p class="article-text">
        Ser&aacute; que un servidor tambi&eacute;n dispone de demasiado tiempo libre. O que carece de responsabilidades relevantes. Pero desde mi ociosa opini&oacute;n, s&iacute; merece la pena prestar atenci&oacute;n a las declaraciones de Pablo Iglesias sobre la crisis de Ucrania. Incluso si se tiene una agenda muy apretada. A mi entender, la reflexi&oacute;n de Iglesias aborda algunos elementos clave que pueden condicionar el grado de apoyo de los espa&ntilde;oles de izquierdas a una participaci&oacute;n de Espa&ntilde;a en este conflicto. D&eacute;jenme que me explique.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que la izquierda suele por lo general simpatizar poco con todo lo relacionado con conflictos armados e intervenciones militares. Las actitudes acerca de defensa nacional est&aacute;n muy relacionadas con la ideolog&iacute;a. Sin embargo, har&iacute;amos mal en concluir que el &ldquo;no a la guerra&rdquo; es la respuesta de la izquierda a cualquier conflicto armado. Sus actitudes acerca de esta tem&aacute;tica se caracterizan, en realidad, por altas dosis de ambivalencia. En efecto, la posici&oacute;n que acaba tomando el electorado progresista ante un conflicto armado es m&aacute;s compleja o menos predecible que en el caso de los votantes conservadores, pues estos &uacute;ltimos suelen ser m&aacute;s proclives a aceptar intervenciones militares sin entrar en tantas contradicciones. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El primer elemento relevante para analizar el grado de apoyo de la izquierda ante una intervenci&oacute;n militar es determinar qu&eacute; actores est&aacute;n implicados. En este caso, el hecho de que las operaciones se coordinen bajo el marco de la OTAN es un factor que puede generar divisiones importantes entre el electorado de izquierdas. El &uacute;ltimo bar&oacute;metro del CIS sobre &ldquo;Defensa nacional y fuerzas armadas&rdquo; (de 2017, pues lamentablemente a partir de 2019 el CIS dej&oacute; de interesarse por estas cuestiones), nos muestran que la izquierda est&aacute; particularmente dividida en sus actitudes acerca de la OTAN (vean el gr&aacute;fico 1). Entre la derecha el porcentaje que consideran positiva la pertenencia a la OTAN asciende a valores cercanos al 70% y apenas existen espa&ntilde;oles conservadores que la valoren negativamente. Esta organizaci&oacute;n genera, pues, un gran consenso entre los espa&ntilde;oles de centro-derecha o derecha. Entre la izquierda la situaci&oacute;n es muy distinta. Si bien entre el centro-izquierda (espacio hegem&oacute;nico del PSOE) existen m&aacute;s valoraciones positivas que negativas, entre los espa&ntilde;oles m&aacute;s de izquierdas (muchos de los cuales son votantes de UP),&nbsp;predominan las valoraciones negativas. As&iacute; pues, la OTAN es un tema que genera una amplio acuerdo entre la derecha, pero divide de forma importante al espacio de la izquierda. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a7079e3-5c99-4637-bd50-023cff5e34ae_4-3-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a7079e3-5c99-4637-bd50-023cff5e34ae_4-3-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a7079e3-5c99-4637-bd50-023cff5e34ae_4-3-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a7079e3-5c99-4637-bd50-023cff5e34ae_4-3-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a7079e3-5c99-4637-bd50-023cff5e34ae_4-3-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a7079e3-5c99-4637-bd50-023cff5e34ae_4-3-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0a7079e3-5c99-4637-bd50-023cff5e34ae_4-3-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1. No a la guerra: valoración de la pertenencia a la OTAN"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1. No a la guerra: valoración de la pertenencia a la OTAN                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La OTAN sigue generando hostilidad en la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles progresistas, incluso m&aacute;s que una d&eacute;cada atr&aacute;s. Es por eso que Iglesias acierta en su advertencia a la ministra de defensa, Margarita Robles, de que muchos espa&ntilde;oles (al menos una buena porci&oacute;n de la izquierda) no creen que la OTAN sea una organizaci&oacute;n de promoci&oacute;n de la paz y la democracia. De ser as&iacute; , no hay duda que la cosechar&iacute;a mayores apoyos y m&aacute;s transversales, desde la izquierda a la derecha. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pablo Iglesias no s&oacute;lo arremet&iacute;a contra la OTAN, sino que tambi&eacute;n advert&iacute;a que las guerras siempre respond&iacute;an a &ldquo;intereses de Estados y de empresas vinculadas a esos Estados&rdquo;&nbsp;y que &ldquo;la gente sabe que eso de las guerras humanitarias es una tomadura de pelo&rdquo;. Las motivaciones que hay detr&aacute;s de un conflicto internacional es un elemento central a la hora de comprender hasta qu&eacute; punto la izquierda est&aacute; en condiciones de apoyar una guerra. En los bar&oacute;metros del CIS sobre &ldquo;defensa nacional y fuerzas armadas&rdquo; se pregunta por qu&eacute; tipo de misiones se justificar&iacute;a una intervenci&oacute;n militar. El gr&aacute;fico 2 recoge los resultados de esta pregunta y muestra un patr&oacute;n interesante: la izquierda justifica m&aacute;s las misiones de paz (alrededor del 40% creen que es una causa para intervenir) que los conflictos en defensa de los intereses econ&oacute;micos de la naci&oacute;n.&nbsp;Sin embargo, lo opuesto ocurre entre los votantes de la derecha: los intereses materiales gozan de m&aacute;s respaldo que las acciones de pacificaci&oacute;n o humanitarias. En general, las encuestas nos indican dos elementos: (1) que la derecha es en general m&aacute;s proclive a aceptar intervenciones militares (sea por el motivo que sea) que la izquierda. Y (2) que el uso de la fuerza con fines materiales-econ&oacute;micos es algo que genera particular rechazo entre los votantes de izquierdas. Los bar&oacute;metros del CIS me sugieren que a los votantes progresistas, tanto del espacio electoral del PSOE como tambi&eacute;n de Unidas Podemos, se les puede convencer de una intervenci&oacute;n militar si esta se le pone un marco de tipo humanitario o de pacificaci&oacute;n de una zona. Pero dif&iacute;cilmente apoyar&aacute; una guerra si se justifica en t&eacute;rminos econ&oacute;micos o de intereses estrat&eacute;gicos o geopol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fecf1f92-4a93-4a5e-9707-90227a4a0458_4-3-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fecf1f92-4a93-4a5e-9707-90227a4a0458_4-3-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fecf1f92-4a93-4a5e-9707-90227a4a0458_4-3-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fecf1f92-4a93-4a5e-9707-90227a4a0458_4-3-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fecf1f92-4a93-4a5e-9707-90227a4a0458_4-3-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fecf1f92-4a93-4a5e-9707-90227a4a0458_4-3-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fecf1f92-4a93-4a5e-9707-90227a4a0458_4-3-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2. No a la guerra: justificación de una acción militar"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2. No a la guerra: justificación de una acción militar                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En definitiva, el ciudadano progresista tiene una relaci&oacute;n m&aacute;s ambivalente acerca de las intervenciones militares. El&nbsp;&ldquo;No a la Guerra&rdquo; no es un eslogan incondicional para la izquierda, sino una pancarta que se decide sacar a la calle en funci&oacute;n de qu&eacute; tipo de conflicto se trata.&nbsp;La izquierda es mucho m&aacute;s proclive a aceptar intervenciones militares si tras ellas se considera que hay motivaciones &ldquo;ideol&oacute;gicas&rdquo; (fomento de la democracia, de pacificaci&oacute;n de un territorio, ayuda humanitaria) que motivaciones materiales o econ&oacute;micas. Es por este motivo que las declaraciones de Pablo Iglesias son interesantes, pues en ellas se recogen los elementos que pueden activar las contradicciones que existen en la izquierda en esta cuesti&oacute;n. Las divisiones en la izquierda pueden emerger con fuerza si&nbsp;la postura de Pablo Iglesias penetra entre el electorado progresista. El apoyo a la participaci&oacute;n activa de Espa&ntilde;a en Ucrania entre la izquierda puede deteriorarse si se acepta el discurso de Iglesias de que estamos ante un conflicto entre la OTAN y Rusia que responde esencialmente intereses materiales (y no de pacificaci&oacute;n o ideol&oacute;gicos). Tanto los actores (OTAN) como las motivaciones (econ&oacute;micas) representan factores de rechazo para la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        Puede que Pablo Iglesias disponga de demasiado tiempo libre, no ser&eacute; yo quien audite su agenda. Pero su intervenci&oacute;n sobre la crisis en Ucrania toca las dos teclas clave que pueden activar las ambivalencias latentes que hay en la izquierda en torno a una intervenci&oacute;n militar. Har&iacute;a bien la ministra Robles (y el PSOE en general) en no infravalorar sus potenciales consecuencias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/no-guerra_132_8691798.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Jan 2022 21:13:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4bb0c9f8-12b7-4812-b2e0-53e1da574e02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="237107" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4bb0c9f8-12b7-4812-b2e0-53e1da574e02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="237107" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No a la guerra]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4bb0c9f8-12b7-4812-b2e0-53e1da574e02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yolanda Díaz, ¿con o sin Podemos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/yolanda-diaz_132_8374666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/05a59331-f21a-4054-bbc4-c30117b3cd15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yolanda Díaz, ¿con o sin Podemos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los beneficios de una plataforma transversal para "ensanchar la base" parecen evidentes para Yolanda Díaz. Otra cuestión es qué efectos tiene tanto para Podemos como, sobre todo, para Más País</p></div><p class="article-text">
        Hasta hace muy poco, la competici&oacute;n en el espacio de la izquierda parec&iacute;a haber entrado en una fase de relativa calma, con un PSOE consolid&aacute;ndose como la fuerza progresista hegem&oacute;nica y una Unidas Podemos relegada a un espacio electoral cada vez m&aacute;s marginal. Sin embargo, creo que en el &uacute;ltimo a&ntilde;o han aparecido dos elementos que han vuelto a dinamizar la confrontaci&oacute;n partidista en la izquierda, haci&eacute;ndola m&aacute;s atractiva y menos predecible. Estos dos elementos son: (i) La progresiva consolidaci&oacute;n del proyecto de M&aacute;s Pa&iacute;s, que est&aacute; logrando corregir ese pefil  borroso y err&aacute;tico que presentaba en sus inicios; y&nbsp;(ii) el relevo de liderazgo en Unidas Podemos,  que podr&iacute;a tener consecuencias importantes en la redefinici&oacute;n del espacio de la izquierda en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La supervivencia del l&iacute;der fundador no siempre es f&aacute;cil para los partidos de nueva creaci&oacute;n. El hecho de que Podemos est&eacute; afrontando esa operaci&oacute;n de manera planificada, sin la presi&oacute;n de unas elecciones inminentes es algo que la potencial candidata, Yolanda D&iacute;az deber&iacute;a aprovechar. La historia de Podemos est&aacute; sin duda llena de logros. En apenas cinco a&ntilde;os ha conseguido entrar con fuerza en el Congreso de los Diputados, impulsar el primer gobierno de coalici&oacute;n de la historia reciente e influir de manera decisiva en muchas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Sin embargo, a lo largo de los a&ntilde;os Podemos ha sufrido tambi&eacute;n un desgaste electoral acumulado muy notable. Por el camino ha ido perdiendo muchas de las complicidades que gozaba inicialmente y se ha ido quedado progresivamente arrinconada a un espacio electoral m&aacute;s propio de la vieja Izquierda Unida.
    </p><p class="article-text">
        Ahora Unidas Podemos tiene una oportunidad para redefinirse y ganar parte del terreno perdido. Y para que un proyecto a la izquierda del PSOE logre superar los hitos de la vieja IU es necesario que sea capaz de atraer a una porci&oacute;n relevante de las bases electorales de centro-izquierda (que actualmente votan masivamente al PSOE). Yolanda D&iacute;az puede ser un activo en esa tarea. Existen poderosos indicios de que la vicepresidenta segunda podr&iacute;a ayudar a recuperar parte de ese espacio que Podemos ha ido perdiendo a lo largo de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. En el gr&aacute;fico 1, muestro las valoraciones de Pablo Iglesias y Yolanda D&iacute;az en comparaci&oacute;n con las que recibe el presidente Pedro S&aacute;nchez.&nbsp;Los datos son claros: la mayor&iacute;a de los votantes de centro-izquierda y exvotantes de Unidas Podemos valoraban mejor a Pedro S&aacute;nchez que a Pablo Iglesias. El porcentaje de los que ten&iacute;an mejor opini&oacute;n de Iglesias que de S&aacute;nchez era realmente marginal. As&iacute; pues, Podemos ten&iacute;a un claro problema de liderazgo en su pugna con el PSOE para hacerse con el votante progresista moderado. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, con Yolanda D&iacute;az ocurre algo muy diferente. En ese caso el porcentaje de quienes la valoran mejor que a Pedro S&aacute;nchez es similar a los que opinan lo contrario. Y entre los exvotantes de Unidas Podemos, el saldo es claramente positivo para Yolanda D&iacute;az. En definitiva, los datos de encuesta indican que el liderazgo de D&iacute;az est&aacute; mejor capacitado que Iglesas para atraer a ese votante de centro-izquierda tan necesario para ensanchar la base.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97038389-005c-4139-b039-e4fdf9dd3784_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97038389-005c-4139-b039-e4fdf9dd3784_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97038389-005c-4139-b039-e4fdf9dd3784_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97038389-005c-4139-b039-e4fdf9dd3784_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97038389-005c-4139-b039-e4fdf9dd3784_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97038389-005c-4139-b039-e4fdf9dd3784_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/97038389-005c-4139-b039-e4fdf9dd3784_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Valoración de Iglesias/Díaz en comparación con Sánchez"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Valoración de Iglesias/Díaz en comparación con Sánchez                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero, &iquest;es suficiente con un simple reemplazo de candidato para revertir la eterna crisis electoral de Podemos? Creo que esta es la pregunta clave y la principal tarea que tiene Yolanda D&iacute;az para los pr&oacute;ximos meses. Es cierto que la candidata tiene un atractivo electoral m&aacute;s transversal en t&eacute;rminos ideol&oacute;gicos. Es capaz de ganarse la simpat&iacute;a entre quienes ahora no votan a Podemos pero podr&iacute;an eventualmente hacerlo en el futuro. Pero el candidato no lo es todo. Las siglas (o la marca del partido) son cruciales para entender el &eacute;xito electoral de una formaci&oacute;n pol&iacute;tica. Es por este motivo que cabe preguntarse c&oacute;mo es percibida la marca Podemos y hasta qu&eacute; punto la imagen del partido podr&iacute;a eclipsar los efectos potencialmente positivos que tiene la candidatura de Yolanda D&iacute;az.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;jenme que aporte alg&uacute;n dato que nos ayude a resolver esta cuesti&oacute;n. En el gr&aacute;fico 2 muestro el porcentaje de personas que perciben la ideolog&iacute;a de Iglesias, de D&iacute;az y de Podemos como de extrema izquierda. La mayor&iacute;a de los votantes de centro (y un porcentaje muy elevado de los de centro-izquierda) sit&uacute;a a Iglesias en las posiciones ideol&oacute;gicas m&aacute;s extremas, algo que no ocurre en el caso de D&iacute;az. Ir&oacute;nicamente, la  llamada &ldquo;vicepresidenta comunista&rdquo; no es percibida por la opini&oacute;n p&uacute;blica como una radical. Pero lo m&aacute;s interesante aqu&iacute; no es las diferencias entre Iglesias y D&iacute;az sino c&oacute;mo se percibe el partido, Podemos. El porcentaje de personas que creen que Podemos es de extrema izquierda es ciertamente superior al de Yolanda D&iacute;az, pero muy inferior al que cosecha Pablo Iglesias. En este sentido, los datos muestran que el atributo de &ldquo;radical&rdquo; era m&aacute;s propio del l&iacute;der (Iglesias) que del partido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6feaca6-f1df-4bd0-94f7-04c8423bad05_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6feaca6-f1df-4bd0-94f7-04c8423bad05_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6feaca6-f1df-4bd0-94f7-04c8423bad05_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6feaca6-f1df-4bd0-94f7-04c8423bad05_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6feaca6-f1df-4bd0-94f7-04c8423bad05_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6feaca6-f1df-4bd0-94f7-04c8423bad05_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d6feaca6-f1df-4bd0-94f7-04c8423bad05_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Cuántos sitúan en la extrema izquierda a Iglesias, a Díaz y a Podemos"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Cuántos sitúan en la extrema izquierda a Iglesias, a Díaz y a Podemos                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        As&iacute; pues, con el fin de &ldquo;ensanchar la base&rdquo;, &iquest;debe Yolanda D&iacute;az evitar presentarse bajo el nombre de Podemos e impulsar una plataforma transversal? Mi lectura de los datos es que efectivamente la marca Podemos podr&iacute;a empujar la candidatura de Yolanda D&iacute;az a posiciones m&aacute;s radicales de lo que desear&iacute;an los votantes de centro-izquierda. En este sentido, parece l&oacute;gico que una plataforma de izquierdas que relegara las siglas de UP en un segundo plano podr&iacute;a ayudar a que el perfil transversal de Yolanda D&iacute;az. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no deber&iacute;amos exagerar la magnitud de ese contagio, pues, como hemos visto, Podemos no se percibe tan radical como Pablo Iglesias. En realidad, creo que las reservas de Yolanda D&iacute;az a presentarse bajo las siglas de Unidas Podemos no responden (s&oacute;lo) a su temor de que le impidan ganarse la complicidad de los votantes moderados. Existen en realidad otros  factores m&aacute;s importantes como (i) el problema de ser una candidata que no controla org&aacute;nicamente a Podemos (con las dificultades que ello conlleva para condicionar su estrategia e ideario pol&iacute;tico) y (ii) el problema de que existan distintos partidos a la izquierda del PSOE, especialmente M&aacute;s Pa&iacute;s, que puedan hacerle sombra y da&ntilde;ar sus expectativas electorales.
    </p><p class="article-text">
        Los beneficios de una plataforma transversal para &ldquo;ensanchar la base&rdquo; parecen evidentes para Yolanda D&iacute;az. Otra cuesti&oacute;n es qu&eacute; efectos tiene tanto para Podemos como para M&aacute;s Pa&iacute;s. El primero podr&iacute;a perder parte de su poder de influencia; el segundo podr&iacute;a incluso poner en riesgo su existencia como organizaci&oacute;n. M&aacute;s Pa&iacute;s se encuentra inmerso en una fase de construcci&oacute;n de un proyecto verde cosmopolita cuyos frutos (de haberlos) se recoger&aacute;n m&aacute;s a medio que a corto plazo. Cualquier aventura colectiva de la izquierda, ya sea una coalici&oacute;n electoral u otro tipo de plataforma transversal, puede poner en riesgo f&aacute;cilmente todo lo construido hasta ahora, desdibujando su incipiente perfil ideol&oacute;gico. Desde hace unos meses, I&ntilde;igo Errej&oacute;n hab&iacute;a asumido por fin la necesidad de que M&aacute;s Pa&iacute;s apostara de forma clara por ser el nuevo partido verde en Espa&ntilde;a, algo que no supo (o no quiso) ver en las pasadas elecciones generales de noviembre de 2019. En ese momento, Errej&oacute;n prefiri&oacute; hacerse un hueco apelando al voto progresista descontento ante la incapacidad de PSOE y Podemos de alcanzar un acuerdo de gobierno. En ese momento, M&aacute;s Pa&iacute;s busc&oacute; m&aacute;s conectar con la desafecci&oacute;n que con el ideario verde cosmopolita. Pero el M&aacute;s Pa&iacute;s de hoy ya tiene marcada una hoja de ruta clara. Cualquier coalici&oacute;n o aventura colectiva con Unidas Podemos dinamitar&iacute;a todos sus esfuerzos para crear un perfil propio y construir un nuevo espacio electoral en Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, puede que Yolanda D&iacute;az considere oportuno una plataforma transversal que le permita &ldquo;ensanchar la base&rdquo; y controlar mejor el proyecto. Pero, para Podemos y muy especialmente, para M&aacute;s Pa&iacute;s, se trata de una oferta que quiz&aacute;s har&iacute;an bien en rechazar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/yolanda-diaz_132_8374666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Oct 2021 20:07:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/05a59331-f21a-4054-bbc4-c30117b3cd15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1602523" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/05a59331-f21a-4054-bbc4-c30117b3cd15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1602523" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Yolanda Díaz, ¿con o sin Podemos?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/05a59331-f21a-4054-bbc4-c30117b3cd15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Vuelven los jóvenes a votar al PP?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/vuelven-jovenes-votar-pp_132_7940457.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da6042bd-2a6c-4ffa-9111-81353035c33e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Vuelven los jóvenes a votar al PP?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El PP tiene hoy un electorado más equilibrado en términos generacionales, principalmente porque ha perdido una porción relevante del apoyo entre los mayores de 65 años</p><p class="subtitle">En Madrid, en cambio, Ayuso sí ha podido ampliar de forma clara su voto entre los más jóvenes (y también de mediana edad) sin dejar de ser competitiva entre los mayores de 65</p></div><p class="article-text">
        Las elecciones madrile&ntilde;as del pasado 4 de mayo pusieron fin a un patr&oacute;n que ten&iacute;a lugar en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola desde la ruptura del bipartidismo: la incapacidad del PP para atraer al voto joven. Las encuestas preelectorales ya mostraban que, en esta ocasi&oacute;n, el PP lograr&iacute;a ser la primera fuerza pol&iacute;tica entre los m&aacute;s j&oacute;venes, algo que no ocurr&iacute;a en Madrid en la &uacute;ltima d&eacute;cada. Durante los a&ntilde;os 2015 y 2016 Rajoy logr&oacute; ser el partido m&aacute;s votado gracias al voto mayor de 65 a&ntilde;os. Desde la ruptura del sistema de partidos, el electorado del PP estaba particularmente envejecido, con una modesta implantaci&oacute;n entre los m&aacute;s j&oacute;venes. Sin ir m&aacute;s lejos, en las elecciones generales de 2019, el PP fue la cuarta formaci&oacute;n pol&iacute;tica entre los votantes madrile&ntilde;os (y del resto de Espa&ntilde;a) menores de 35 a&ntilde;os. El sesgo generacional era pues altamente perjudicial para los intereses electorales del PP.
    </p><p class="article-text">
        La fuerte dependencia del Partido Popular del voto de los mayores era probablemente uno de sus principales problemas. Hace ya siete a&ntilde;os, e<a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/edad-voto-european-edition_132_4867767.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">n este mismo blog, nuestro compa&ntilde;ero Pepe Fern&aacute;ndez-Albertos se&ntilde;alaba por primera vez el inicio de este sesgo generacional en el voto de los espa&ntilde;oles</a>. En el art&iacute;culo, Pepe mostraba c&oacute;mo los diferenciales de voto entre j&oacute;venes y mayores hab&iacute;an crecido de forma muy acusada tras la Gran Recesi&oacute;n. Su intuici&oacute;n era que el sesgo generacional tan acusado no era una simple an&eacute;cdota. La p&eacute;rdida del voto joven por parte del PP (y tambi&eacute;n en menor intensidad del PSOE) se mantendr&iacute;a en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, pues probablemente era una reacci&oacute;n a c&oacute;mo los partidos hab&iacute;an dado respuesta a la crisis.
    </p><p class="article-text">
        Los datos indican que podr&iacute;amos estar ante un cambio de tendencia. El PP de Madrid ha cosechado en esta ocasi&oacute;n una victoria incontestable tanto entre los mayores como entre los j&oacute;venes. El &eacute;xito de Ayuso ha sido transversal, dejando atr&aacute;s ese sesgo generacional que hab&iacute;a caracterizado el voto del PP durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Isabel D&iacute;az Ayuso se ha impuesto entre los j&oacute;venes que votan por primera vez, ha absorbido una porci&oacute;n importante de votantes j&oacute;venes de Ciudadanos, Vox e incluso del PSOE. En el 4M, las fugas del voto socialista entre los j&oacute;venes fueron muy superiores al de resto de grupos de edades. En definitiva, como muestra el gr&aacute;fico 1, Ayuso habr&iacute;a logrado solventar el problema generacional que tradicionalmente ha tenido el PP, al menos en las elecciones en la Comunidad de Madrid. Se trata de un hito que merece la pena tomar en consideraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1. Voto al PP en la Comunidad de Madrid seg&uacute;n tramos de edad.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da02ea0e-173c-4591-a183-5c079b6cbef3_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da02ea0e-173c-4591-a183-5c079b6cbef3_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da02ea0e-173c-4591-a183-5c079b6cbef3_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da02ea0e-173c-4591-a183-5c079b6cbef3_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da02ea0e-173c-4591-a183-5c079b6cbef3_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da02ea0e-173c-4591-a183-5c079b6cbef3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/da02ea0e-173c-4591-a183-5c079b6cbef3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fuente: creación propia con datos del CIS."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fuente: creación propia con datos del CIS.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero &iquest;realmente el nuevo atractivo del PP entre los j&oacute;venes es (tambi&eacute;n) un &ldquo;efecto Ayuso&rdquo;? &iquest;Ha sido su bandera de la libertad lo que ha cautivado a unos j&oacute;venes m&aacute;s vulnerables ante la crisis derivada de la pandemia? En los &uacute;ltimos d&iacute;as parece que se ha impuesto esta tesis. Sin embargo, una mirada m&aacute;s all&aacute; de la comunidad de Madrid nos indica que es probable que tambi&eacute;n estemos ante un proceso de reequilibrio generacional en el resto de Espa&ntilde;a y no s&oacute;lo en Madrid.
    </p><p class="article-text">
        En el gr&aacute;fico 2 se muestra la diferencia entre el voto al PP entre los m&aacute;s j&oacute;venes (18 a 24 a&ntilde;os) y los mayores de 65 a&ntilde;os para toda Espa&ntilde;a usando los bar&oacute;metros del CIS. Los datos indican que, si bien durante los primeros a&ntilde;os de la ruptura del sistema de partidos, el <em>gap</em> generacional en el PP era de entre 20 y 25 puntos, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha ido reduciendo hasta ser una diferencia inferior a los 5 puntos. As&iacute; pues, desde una perspectiva temporal, se puede constatar que el PP ya no cuenta con un electorado tan envejecido como ocurr&iacute;a a&ntilde;os atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2. Voto al PP entre los j&oacute;venes y los mayores para toda Espa&ntilde;a.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c72217f-a548-49ed-b575-2be00f2b742b_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c72217f-a548-49ed-b575-2be00f2b742b_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c72217f-a548-49ed-b575-2be00f2b742b_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c72217f-a548-49ed-b575-2be00f2b742b_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c72217f-a548-49ed-b575-2be00f2b742b_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c72217f-a548-49ed-b575-2be00f2b742b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2c72217f-a548-49ed-b575-2be00f2b742b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fuente: elaboración propia con datos del CIS."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fuente: elaboración propia con datos del CIS.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2 s&oacute;lo muestra el diferencial de voto al PP entre j&oacute;venes y mayores, pero con esos datos no podemos ver exactamente por qu&eacute; se ha reducido: &iquest;se debe a que el voto de los j&oacute;venes ha aumentado, a que el PP ha perdido el voto de los mayores, o ambos factores a la vez? En el gr&aacute;fico 3, muestro dos puntos en el tiempo: 2015 y 2021, usando las encuestas preelectorales del CIS . Los datos indican que ciertamente el PP cada vez es m&aacute;s competitivo entre los m&aacute;s j&oacute;venes. Pero el elemento m&aacute;s importante que explica la reducci&oacute;n de las enormes diferencias generacionales es la p&eacute;rdida de una porci&oacute;n importante del voto m&aacute;s mayor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 3. Voto al PP seg&uacute;n edad (2015 y 2021).</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45149a85-2190-4a33-868f-1ccb0c1c98d3_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45149a85-2190-4a33-868f-1ccb0c1c98d3_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45149a85-2190-4a33-868f-1ccb0c1c98d3_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45149a85-2190-4a33-868f-1ccb0c1c98d3_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45149a85-2190-4a33-868f-1ccb0c1c98d3_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45149a85-2190-4a33-868f-1ccb0c1c98d3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/45149a85-2190-4a33-868f-1ccb0c1c98d3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fuente: elaboración propia con datos del CIS."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fuente: elaboración propia con datos del CIS.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Hacia d&oacute;nde se ha desplazado el voto m&aacute;s mayor? El partido que ha recibido un mayor impulso en este colectivo ha sido el Partido Socialista. En este sentido, parece que los mayores, a pesar de votar menos al PP, mantienen su lealtad con el bipartidismo. A&uacute;n con ello, en los &uacute;ltimos meses, las encuestas apuntan a que Vox estar&iacute;a aumentando su atractivo electoral entre los mayores, algo que no se hab&iacute;a observado en el pasado. A&uacute;n es pronto para saber si se trata de una tendencia estable o simplemente oscilaciones de las encuestas sin valor alguno. Los pr&oacute;ximos bar&oacute;metros nos ofrecer&aacute;n mejores pistas.
    </p><p class="article-text">
        El PP tiene hoy un electorado m&aacute;s equilibrado en t&eacute;rminos generacionales. Ciertamente, parece que poco a poco va recuperando el voto joven que le dio la espalda hace unos a&ntilde;os. Pero la principal explicaci&oacute;n de que ya no existe un sesgo tan acusado de edad en el PP se debe especialmente a que ha perdido una porci&oacute;n relevante de los mayores de 65. Y ese elemento es lo que diferencia a Espa&ntilde;a en general de las elecciones de Madrid del pasado 4M: Ayuso s&iacute; ha podido ampliar de forma clara su voto entre los m&aacute;s j&oacute;venes (y tambi&eacute;n de mediana edad) sin dejar de ser competitiva entre los mayores de 65 a&ntilde;os.&nbsp;Estamos, pues, ante otro posible &ldquo;efecto Ayuso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, las pasadas elecciones del 4M nos mostraron por primera vez en m&aacute;s de un lustro un PP sin un electorado envejecido. &iquest;Estamos ante un cambio en los patrones generacionales del voto en Espa&ntilde;a? Esa es la inc&oacute;gnita a&uacute;n por resolver que nos ocupar&aacute; durante los pr&oacute;ximos meses.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/vuelven-jovenes-votar-pp_132_7940457.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 May 2021 20:19:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/da6042bd-2a6c-4ffa-9111-81353035c33e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="5103977" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/da6042bd-2a6c-4ffa-9111-81353035c33e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5103977" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Vuelven los jóvenes a votar al PP?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/da6042bd-2a6c-4ffa-9111-81353035c33e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Gobierno de Sánchez contra la COVID-19]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/gobierno-sanchez-covid_132_6133934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/167f6649-ecab-4518-ac59-1406f861759d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La popularidad del gobierno de Sánchez ha sobrevivido  a la crisis sanitaria y económica. ¿Podrá aguantar el embiste de los nuevos rebrotes?</p></div><p class="article-text">
        Los gobiernos suelen ser un blanco f&aacute;cil del descontento ciudadano. Por lo general su popularidad se deteriora r&aacute;pidamente cuando las cosas van mal, aunque &eacute;stos tengan poco o nada que ver con lo que est&aacute; ocurriendo. Los gobernantes sufren la ira de los ciudadanos por los malos datos macroecon&oacute;micos, por los estragos de las cat&aacute;strofes naturales e incluso por eventos tan alejados a su control como la mala racha del equipo de f&uacute;tbol local. Es por este motivo que, a priori, la expectativa que ten&iacute;amos muchos era que el gobierno de S&aacute;nchez acabar&iacute;a inevitablemente sufriendo un desgaste derivado de la crisis de la COVID-19. Sin embargo, los datos demosc&oacute;picos as&iacute; como las elecciones gallegas y vascas no parecen corroborar esta expectativa. Al contrario, los datos que disponemos indican que el gobierno de Pedro S&aacute;nchez est&aacute;, por el momento, resistiendo el embiste de la crisis.
    </p><p class="article-text">
        Por el momento S&aacute;nchez est&aacute; sorteado con eficacia el previsible desgaste de la crisis. Pero, no se trata de algo idiosincr&aacute;tico de nuestro pa&iacute;s. En realidad, los estudios recientes muestran que la crisis de la COVID-19 no est&aacute; deteriorando la confianza en las instituciones democr&aacute;ticas ni en los gobiernos de turno. Se trata pues de una reacci&oacute;n muy distinta a la que observamos hace una d&eacute;cada con la irrupci&oacute;n de la Gran Recesi&oacute;n. Un trabajo reciente de un equipo liderado por el polit&oacute;logo de la Universidad de Montreal, Andr&eacute; Blais, muestra que, en las democracias europeas, las decisiones de confinamiento no han llevado a un desgaste de los gobiernos, sino m&aacute;s bien lo contrario. Los ejecutivos europeos han visto como su apoyo ha aumentado, de media, cuatro puntos porcentuales.
    </p><p class="article-text">
        Algunos consideran que los gobiernos europeos han logrado ganar popularidad durante la crisis porque en situaciones de ansiedad y miedo, normalmente propias del inicio de un conflicto b&eacute;lico, los ciudadanos tienen el impulso de cerrar filas con el gobierno (lo que en ingl&eacute;s se conoce como el efecto &ldquo;rally round the flag&rdquo;). Los sentimientos de amenaza e incertidumbre fomentan la tendencia a apoyar a los dirigentes y alimentan la idea de que criticar la gesti&oacute;n del gobierno es un acto poco patri&oacute;tico, pues la divisi&oacute;n debilita la fortaleza del pa&iacute;s frente al enemigo. No es de extra&ntilde;ar, por tanto, que muchos de los gobiernos europeos, incluyendo el de nuestro pa&iacute;s, no hayan perdido ocasi&oacute;n para realizar analog&iacute;as b&eacute;licas a la lucha contra la COVID-19. Las met&aacute;foras b&eacute;licas de la crisis sanitaria no son neutras, sino que inducen a propagar un clima de amenaza exterior que ayuda a silenciar la cr&iacute;tica pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, es posible que el apoyo al gobierno est&eacute; en parte relacionado con este efecto de cerrar de filas en torno al gobierno ante amenazas exteriores. No obstante, a mi entender existen otras explicaciones m&aacute;s importantes. Creo que, si la crisis del coronavirus no ha generado desgaste apreciable del gobierno de S&aacute;nchez se debe muy especialmente a las ambiciosas pol&iacute;ticas compensatorias que se han llevado a cabo durante estos meses. El ingente esfuerzo realizado desde las instituciones para amortiguar los costes de la crisis, con ayudas sociales sin precedentes, ha erigido un dique de contenci&oacute;n que ha evitado que el descontento social arrolle al gobierno.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de una estrategia nueva. Durante d&eacute;cadas, el PSOE logr&oacute; amortiguar las pol&iacute;ticas de ajustes en situaciones econ&oacute;micas adversas por medio de pol&iacute;ticas sociales que sirvieran de estrategia de compensaci&oacute;n con el fin de evitar que el enfado de los ciudadanos se trasladara en un castigo en las urnas. Ese fue el recetario de los gobiernos de Felipe Gonz&aacute;lez. El gobierno de Rodr&iacute;guez Zapatero prometi&oacute; tambi&eacute;n aumentar el gasto social ante la llegada de la crisis, pero el guion cambi&oacute; inesperadamente cuando mayo de 2010 la pol&iacute;tica econ&oacute;mica espa&ntilde;ola fue intervenida. Entonces, el Partido Socialista tuvo que aplicar un recetario de recortes sociales sin precedentes. Y con ello, Zapatero perd&iacute;a la estrategia de usar las pol&iacute;ticas sociales como cortafuegos para evitar que la insatisfacci&oacute;n ciudadana quemara por completo al gobierno. Si nos fijamos en las series del CIS, no es hasta mayo de 2010 cuando el PP logra imponerse de forma clara por encima del PSOE. Fue en ese momento cuando Zapatero perdi&oacute; cualquier opci&oacute;n de ganar las elecciones.
    </p><p class="article-text">
        El PSOE de Pedro S&aacute;nchez ha afrontado la actual crisis con un paquete de pol&iacute;ticas sociales sin precedentes que ha permitido amortiguar el descontento con el gobierno. Sin embargo, ser&iacute;a muy precipitado concluir que el gobierno ha salido definitivamente indemne de esta crisis. A&uacute;n es pronto para saber el alcance temporal y la virulencia de los rebrotes y hasta qu&eacute; punto el gobierno podr&aacute; mantener las pol&iacute;ticas de gasto. Ciertamente, la actitud de las instituciones europeas llama a un cierto optimismo contenido en esa cuesti&oacute;n, pero todav&iacute;a es pronto para emitir conclusiones sobre el verdadero alcance de esta crisis y su impacto sobre la popularidad del ejecutivo. En realidad, la suerte de Pedro S&aacute;nchez depender&aacute; en gran medida de su capacidad de mantener el ritmo de las ayudas ante nuevos rebrotes que pongan de nuevo en jaque a la econom&iacute;a espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A la izquierda le preocupa m&aacute;s la salud. A la derecha, la econom&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        La crisis del Covid-19 tiene una doble vertiente: la sanitaria y la econ&oacute;mica. Como no pod&iacute;a ser de otra forma, ambas cuestiones preocupan, y mucho, a la ciudadan&iacute;a. No obstante, seg&uacute;n el bar&oacute;metro del CIS de junio existen diferencias entre la izquierda y la derecha en los pesos que ponen a cada una de las vertientes. En la encuesta se pregunta sobre la preocupaci&oacute;n por los efectos de la COVID-19 y, en particular, si se est&aacute; m&aacute;s preocupado por sus efectos en la salud o en la econom&iacute;a. En el gr&aacute;fico  se muestra c&oacute;mo existe una clara disparidad en las preocupaciones seg&uacute;n la ideolog&iacute;a de los espa&ntilde;oles. Entre la izquierda, predomina de forma clara la preocupaci&oacute;n por los efectos que est&aacute; teniendo la crisis sobre la salud. En cambio, entre la derecha, la econom&iacute;a gana protagonismo y se impone ligeramente la preocupaci&oacute;n por la salud.
    </p><p class="article-text">
        A mi entender, el gr&aacute;fico ofrece pistas sobre las consecuencias pol&iacute;ticas que puede tener la crisis en los pr&oacute;ximos meses. El electorado de izquierdas parece particularmente sensible a la dimensi&oacute;n sanitaria de la crisis. Incluso los votantes m&aacute;s de centro se decantan m&aacute;s por las consecuencias sobre la salud, que sobre la econom&iacute;a. As&iacute; pues, es posible que el descontento en el espacio electoral del PSOE crezca con la llegada de los rebrotes, especialmente si &eacute;stos son de gran magnitud. Pero, en la secuencia de la salida de esta crisis, la erradicaci&oacute;n del virus debe preceder a la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica.  De este modo, a pesar de que la dimensi&oacute;n sanitaria de la crisis cobre particular importancia entre la izquierda, ser&aacute;, en &uacute;ltima instancia, en el terreno de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica donde, finalmente, se dirimir&aacute; la suerte electoral del gobierno de S&aacute;nchez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/gobierno-sanchez-covid_132_6133934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jul 2020 19:47:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/167f6649-ecab-4518-ac59-1406f861759d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="11211554" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/167f6649-ecab-4518-ac59-1406f861759d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="11211554" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[El Gobierno de Sánchez contra la COVID-19]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/167f6649-ecab-4518-ac59-1406f861759d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[PP y Ciudadanos, ¿Mejor Unidos? En Galicia, no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mejor-unidos-galicia_132_1003013.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Feijóo tiene sobrados motivos para rechazar la oferta de Mejor Unidos. No debería esperar nada bueno de formar parte de una coalición de corte nacionalista español</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas Ciudadanos ha decidido impulsar una nueva f&oacute;rmula pol&iacute;tica para afrontar el nuevo ciclo electoral: la coalici&oacute;n preelectoral con el PP bajo el nombre de Mejor Unidos. Y para justificar esta operaci&oacute;n pol&iacute;tica, la l&iacute;der interina de Ciudadanos, In&eacute;s Arrimadas, ha recurrido a uno de los argumentos cl&aacute;sicos cuando se conforman coaliciones preelectorales: la necesidad de hacer frente com&uacute;n ante un contexto de alta polarizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, en contextos de gran confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica, cuando se percibe que los rivales pol&iacute;ticos tienen intereses peligrosos e incluso ileg&iacute;timos, los partidos pol&iacute;ticos pueden considerar que los &ldquo;frentes&rdquo; (o coaliciones) electorales son el mejor instrumento para impedir que el enemigo se haga con el poder.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;realmente un frente constitucionalista como &ldquo;Mejor Unidos&rdquo; es la f&oacute;rmula m&aacute;s eficiente para ganar? O, dicho de otro modo, &iquest;los esca&ntilde;os que se pueden lograr present&aacute;ndose juntos es mayor que present&aacute;ndose cada uno con sus propias siglas? Para responder a esta pregunta debemos tener en cuenta que una coalici&oacute;n preelectoral de la naturaleza de &ldquo;Mejor Unidos&rdquo; puede generar dos tipos de efectos: uno mec&aacute;nico y otro psicol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        El efecto mec&aacute;nico de las coaliciones preeelectorales tiene que ver con el sistema electoral. Los sistemas electorales (responsables de traducir los votos en esca&ntilde;os) provocan en mayor o menor medida un sesgo favorable a los partidos mayoritarios. Los sistemas electorales son una especie anti-Robin Hood o de Sheriff de Nottingham (como dir&iacute;a el polit&oacute;logo Pedro Riera), pues se dedican a robar esca&ntilde;os a los partidos pobres para d&aacute;rselos a los partidos ricos. El objetivo de las coaliciones preelectorales es precisamente luchar contra ese anti-Robin Hood, pues se pretende concentrar el voto y, con ello, lograr que el sistema electoral te beneficie.
    </p><p class="article-text">
        Este argumento es v&aacute;lido sobre todo en sistemas electorales poco proporcionales, que imponen m&aacute;s dificultados a que los partidos peque&ntilde;os logren esca&ntilde;os. En las elecciones gallegas la mayor distorsi&oacute;n que provoca su sistema electoral es la barrera del 5%. Quienes se quedan por debajo no pueden optar al reparto de esca&ntilde;os. El principal beneficio que permitir&iacute;a una coalici&oacute;n preelectoral entre PP y Ciudadanos ser&iacute;a probablemente rescatar esos votos perdidos de Ciudadanos si se quedara por debajo del umbral del 5% como ya le ocurri&oacute; en 2016. Probablemente tendr&iacute;a un efecto m&aacute;s bien modesto sobre el reparto final de esca&ntilde;os, pero ante unas elecciones especialmente competidas, estos pocos esca&ntilde;os a&ntilde;adidos al PP gracias a su alianza con Cs podr&iacute;an incluso decidir quien gobierna.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva parecer&iacute;a l&oacute;gico que Feij&oacute;o estuviera interesado en aceptar la oferta de Ciudadanos de concurrir juntos. Sin embargo, esta conclusi&oacute;n s&oacute;lo tiene en cuenta el efecto mec&aacute;nico de las coaliciones preelectorales e ignora el segundo efecto, el psicol&oacute;gico. &Eacute;ste hace referencia a que no se puede asumir que una coalici&oacute;n entre dos partidos sea la suma de los votos que lograr&iacute;an cada uno de ellos yendo por separado.En muchas ocasiones no es as&iacute;. Las coaliciones pueden generar rechazo a una parte de los votantes tradicionales de cada partido. Ese rechazo se puede traducir f&aacute;cilmente en deserciones, ya sea hacia otras formaciones pol&iacute;ticas o hacia la abstenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos al menos dos ejemplos recientes en Espa&ntilde;a de que 1+1 no siempre es igual a 2. La alianza entre Podemos e IU en 2016 alej&oacute; a una parte del electorado tradicional de Izquierda Unida, que se paso a la abstenci&oacute;n y a las filas del PSOE. Y la coalici&oacute;n entre ERC y Converg&egrave;ncia bajo el paraguas de Junts Pel S&iacute; en las elecciones &ldquo;plebiscitarias&rdquo; de 2015 espant&oacute; a muchos votantes independentistas de izquierdas que prefirieron votar a los anticapitalistas de la CUP antes que asociarse al partido de Artur M&aacute;s, art&iacute;fice de severos recortes sociales pocos a&ntilde;os atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta clave para saber si el PP gallego le interesa aceptar la plataforma Mejor Unidos es intuir el efecto psicol&oacute;gico que generar&iacute;a esta coalici&oacute;n. A mi entender existen poderosos indicios de que dicho efecto psicol&oacute;gico podr&iacute;a ser muy da&ntilde;ino para los intereses de Feij&oacute;o. El motivo: polarizar la campa&ntilde;a electoral auton&oacute;mica en torno la cuesti&oacute;n nacionalista puede lastrar las perspectivas electorales del PP gallego.
    </p><p class="article-text">
        Me explico. Ciudadanos apuesta por un frente constitucionalista, de defensa de la naci&oacute;n espa&ntilde;ola ante los ataques de los nacionalismos perif&eacute;ricos, y que sit&uacute;e el conflicto nacionalista en el primer plano de la agenda pol&iacute;tica. Esta receta puede ser altamente nociva para el actual electorado del PP en Galicia. Como muestro en el gr&aacute;fico 1 (datos de la postelectoral del CIS de 2016), el PP gallego es muy transversal en la dimensi&oacute;n identitaria. Ciertamente tiene m&aacute;s fuerza entre quienes se sienten m&aacute;s espa&ntilde;oles que gallegos, pero cosecha unos muy buenos resultados, superiores al 20% en recuerdo de voto, incluso entre quienes se sienten s&oacute;lo gallegos. De hecho, entre este &uacute;ltimo colectivo, el PP seguir&iacute;a siendo la primera fuerza en recuerdo de voto, pr&aacute;cticamente empatado con el BNG.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc58240b-8383-4fe3-8c0a-876ef5bd19a1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc58240b-8383-4fe3-8c0a-876ef5bd19a1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc58240b-8383-4fe3-8c0a-876ef5bd19a1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc58240b-8383-4fe3-8c0a-876ef5bd19a1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc58240b-8383-4fe3-8c0a-876ef5bd19a1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc58240b-8383-4fe3-8c0a-876ef5bd19a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cc58240b-8383-4fe3-8c0a-876ef5bd19a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        De hecho, no puede entenderse la tradicional hegemon&iacute;a del PP en Galicia sin tomar en consideraci&oacute;n el perfil &ldquo;galleguista&rdquo; de esta formaci&oacute;n pol&iacute;tica. Se trata de un hecho diferencial muy notable, que no se encuentra en otras comunidades hist&oacute;ricas como Catalu&ntilde;a y Pa&iacute;s Vasco. En esta dos comunidades, el atractivo electoral del PP est&aacute; altamente condicionado por la identidad nacional. Su presencia es muy marginal (o inexistente) entre quienes se sienten m&aacute;s catalanes o vascos que espa&ntilde;oles.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e84d95b1-beb9-4428-9523-46f8a23c458f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e84d95b1-beb9-4428-9523-46f8a23c458f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e84d95b1-beb9-4428-9523-46f8a23c458f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e84d95b1-beb9-4428-9523-46f8a23c458f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e84d95b1-beb9-4428-9523-46f8a23c458f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e84d95b1-beb9-4428-9523-46f8a23c458f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e84d95b1-beb9-4428-9523-46f8a23c458f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2 muestra la correlaci&oacute;n de fuerzas en Galicia en las elecciones de 2016 en funci&oacute;n de si el votante se autodefine como nacionalista gallego. Los datos muestran de nuevo que el PP consigue penetrar con fuerza entre el electorado que se declara nacionalista gallego, empatando con En Marea. Los datos indican que uno de los principales activos electorales de Feij&oacute;o, y del PP gallego en general, es su gran transversalidad en lo identitario. Este hecho es suficiente argumento para desaconsejar una aventura con Ciudadanos que pretenda polarizar la competici&oacute;n pol&iacute;tica en torno a la dimensi&oacute;n nacionalista. De ser as&iacute;, es de prever que la plataforma Mejor Unidos acabe por generar desafecto en muchos votantes galleguistas del PP y dinamite su transversalidad. Mi lectura de los datos es que el efecto psicol&oacute;gico de una coalici&oacute;n con Ciudadanos tendr&iacute;a un saldo negativo. En efecto, hay indicios muy poderosos que apuntan a que Mejor Unidos no lograr&iacute;a ser la suma de las partes (PP y Ciudadanos), sino que provocar&iacute;a la salida de muchos votantes del PP que se sienten gallegos y que no ver&iacute;an con buenos ojos a un PP sum&aacute;ndose a una estrategia de polarizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el presidente Feij&oacute;o tiene sobrados motivos para rechazar la oferta de Mejor Unidos. Al fin y al cabo, el PP gallego no deber&iacute;a esperar nada bueno de formar parte de una coalici&oacute;n preelectoral de corte nacionalista espa&ntilde;ol, pues esta entrar&iacute;a en colisi&oacute;n con uno de sus principales activos electorales: su transversalidad en lo identitario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mejor-unidos-galicia_132_1003013.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Feb 2020 20:41:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[PP y Ciudadanos, ¿Mejor Unidos? En Galicia, no]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[PP - Partido Popular,Cs - Ciudadanos,Alberto Núñez Feijóo,Elecciones Galicia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Catalanofobia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/catalanofobia_132_1197385.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué opinión tiene la población de los catalanes, y cómo ha evolucionado en el tiempo?</p><p class="subtitle">Los datos no muestran que la "catalanofobia" sea hoy mayor que antes del proceso soberanista, pero sí que hoy depende más de la ideología de los individuos</p></div><p class="article-text">
        D&eacute;jenme que empiece este art&iacute;culo con mi an&eacute;cdota favorita sobre la catalanofobia. En invierno del 2005, Isabel Pantoja viaj&oacute; a Barcelona para promocionar su nuevo &aacute;lbum, 'Sinfon&iacute;a de la Copla'. En su paso por Radio Teletaxi, cuando el periodista Justo Molinero se interes&oacute; por su opini&oacute;n acerca de la campa&ntilde;a de boicot a los productos catalanes, la tonadillera respondi&oacute;: &ldquo;estas navidades brindar&eacute; con cava catal&aacute;n y, luego, con champ&aacute;n del bueno&rdquo;. Meses m&aacute;s tarde Pantoja quiso aclarar en el diario ABC su postura sobre la cuesti&oacute;n y a&ntilde;adi&oacute; que &ldquo;los que tengan m&aacute;s dinero que brinden con champ&aacute;n, y los que menos, con cava&rdquo;. No se trataba, pues, de un desliz anticatalanista sino de una cuesti&oacute;n de estatus social. A&uacute;n con ello, Pantoja nos regal&oacute; uno de los momentos m&aacute;s hilarantes de la triste campa&ntilde;a de boicot al espumoso catal&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El boicot al cava es s&oacute;lo uno de los numerosos episodios que ejemplifican la escasa simpat&iacute;a que despiertan los catalanes en el resto de Espa&ntilde;a. La catalanofobia viene de lejos, sin duda. No obstante, la virulencia de la crisis territorial que vivimos desde el inicio del proceso soberanista puede hacernos pensar que seguramente  el anticatalanismo est&eacute; hoy m&aacute;s extendido que nunca. &iquest;Realmente es as&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas el Centre d'Estudis d'Opini&oacute; (CEO), el CIS catal&aacute;n, public&oacute; una encuesta sobre conflicto territorial en Espa&ntilde;a en la que se inclu&iacute;an preguntas sobre el grado de simpat&iacute;a por los habitantes de las distintas comunidades aut&oacute;nomas. Seg&uacute;n el CEO, los catalanes son, de lejos, los ciudadanos que m&aacute;s rechazo generan entre los espa&ntilde;oles. En una escala de 0 (caen muy mal) a 10 (caen muy bien), los catalanes alcanzan un aprobado justo (5,6), una cifra notablemente inferior a la del resto de comunidades aut&oacute;nomas, la mayor&iacute;a de las cuales alcanzan valoraciones por encima del 7 sobre 10.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; los catalanes no gozan de buena prensa? En cierto modo, existen razones para esperar que los espa&ntilde;oles sientan una menor simpat&iacute;a hacia Catalu&ntilde;a que hacia otras comunidades aut&oacute;nomas. Los prejuicios y estereotipos negativos tienden a ser m&aacute;s intensos cuanto mayores son las diferencias culturales, ling&uuml;&iacute;sticas o religiosas. Debido a ello, es esperable que los territorios con lengua propia y mayores hechos diferenciales acaben activando m&aacute;s f&aacute;cilmente la confrontaci&oacute;n de &ldquo;nosotros vs. ellos&rdquo; y, en consecuencia, acaben fomentando m&aacute;s prejuicios.
    </p><p class="article-text">
        Esta explicaci&oacute;n parece cumplirse en el caso de por ejemplo el Pa&iacute;s Vasco y Catalu&ntilde;a, con lenguas propias, pues son precisamente estas comunidades aut&oacute;nomas las que gozan de menos simpat&iacute;a entre los espa&ntilde;oles. Sin embargo, no ocurre lo mismo con Galicia. A pesar de que alrededor del 40 por ciento de su poblaci&oacute;n tiene el gallego como lengua materna, los gallegos son el tercer colectivo que m&aacute;s simpat&iacute;a genera, s&oacute;lo por detr&aacute;s de los andaluces y los asturianos. La diferencia entre Galicia y Catalu&ntilde;a o Pa&iacute;s Vasco sugiere que en las filias y fobias territoriales van algo m&aacute;s all&aacute; de la lengua o de los hechos diferenciales. Es necesario tambi&eacute;n tomar en consideraci&oacute;n la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica y por los recursos entre territorios.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, el anticatalanismo perece estar estrechamente vinculado a la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica. En el pasado el rechazo a los catalanes estaba muy vinculada al papel de CiU en la conformaci&oacute;n de mayor&iacute;as en el Congreso de Diputados. Los c&aacute;nticos de &ldquo;Pujol, enano habla en castellano&rdquo; en frente de G&eacute;nova 13 en 1996 no s&oacute;lo respond&iacute;an al rechazo a Catalu&ntilde;a como comunidad con rasgos nacionales diferenciados, sino tambi&eacute;n a la sensaci&oacute;n de injusticia que provocaba la estrategia de CiU de intercambiar estabilidad parlamentaria a cambio de mejoras para Catalu&ntilde;a y su autogobierno.
    </p><p class="article-text">
        Con el inicio del proceso soberanista en 2012, los partidos nacionalistas catalanes dejaron atr&aacute;s ese tradicional rol pactista y apostaron por una agenda rupturista. En este sentido, es probable que la actual hostilidad que provocan los catalanes hoy est&eacute; a m&aacute;s vinculada a la crisis constitucional que al &ldquo;mercadeo&rdquo; de competencias por estabilidad.
    </p><p class="article-text">
        La virulencia de la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica tras el proceso soberanista puede llevarnos a pensar que la catalanofobia hoy es mayor que en otras &eacute;pocas. Pero, &iquest;realmente es as&iacute;? &iquest;nos encontramos ante una ola de hostilidad hacia los catalanes sin precedentes? Si comparamos la encuesta reciente del CEO con la que el CIS public&oacute; en 1996, los datos parecen indicar incluso lo contrario*. En general, los catalanes caen algo mejor hoy, pues la simpat&iacute;a ha pasando del 4,9 al 5,6 sobre 10. Entre 1996 y 2019 no solo ha mejorado la imagen de los catalanes, sino tambi&eacute;n la de la pr&aacute;ctica totalidad de las gentes del resto de las comunidades aut&oacute;nomas, especialmente la de los vascos. Los catalanes siguen siendo el colectivo que genera mayor rechazo, pero hoy el rechazo es menor del que era casi dos d&eacute;cadas atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra  la relaci&oacute;n entre anticatalanismo e ideolog&iacute;a (izquierda vs derecha), comparando 1996 con 2019**. Del gr&aacute;fico se desprende una conclusi&oacute;n muy llamativa y, en cierto modo, contraintuitiva. Si bien en 1996 el rechazo a los catalanes era transversal, actualmente es una actitud especialmente presente entre los espa&ntilde;oles conservadores. Su imagen ha mejorado de forma significativa entre los votantes de centro y sobre todo entre la izquierda, pero se ha mantenido baja entre la derecha.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, los datos no parecen compatibles con la tesis de que el proceso soberanista haya alimentado la catalanofobia. En realidad el rechazo a los catalanes era m&aacute;s intenso y m&aacute;s generalizado cuando la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica se centraba en la estrategia de CiU de &ldquo;mercadear&rdquo; apoyo en el Congreso de los Diputados a cambio de beneficios o transferencias para Catalu&ntilde;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f15edaa-244b-4cc1-8ca9-6cf475f97314_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f15edaa-244b-4cc1-8ca9-6cf475f97314_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f15edaa-244b-4cc1-8ca9-6cf475f97314_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f15edaa-244b-4cc1-8ca9-6cf475f97314_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f15edaa-244b-4cc1-8ca9-6cf475f97314_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f15edaa-244b-4cc1-8ca9-6cf475f97314_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6f15edaa-244b-4cc1-8ca9-6cf475f97314_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Si bien en 1996 la catalanofobia estaba muy d&eacute;bilmente relacionada con la ideolog&iacute;a, en la actualidad  ha cobrado un papel crucial. De hecho, entre la izquierda la antipat&iacute;a que despiertan los catalanes es muy moderada. En el gr&aacute;fico 2 se puede constatar c&oacute;mo entre los votantes m&aacute;s progresistas no existen grandes diferencias entre la simpat&iacute;a que despiertan los catalanes con respecto a los madrile&ntilde;os o los murcianos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, la catalanofobia parece estar hoy m&aacute;s relacionada con la ideolog&iacute;a que en 1996. Los catalanes caen mal a uno de cada tres espa&ntilde;oles de derechas y para el 14% el rechazo es m&aacute;ximo (con valoraciones de 0 sobre 10). Este &uacute;ltimo porcentaje es tres veces inferior para el caso de la izquierda. A&uacute;n as&iacute;, es importante leer las cifras sin sensacionalismos. La catalanofobia es una actitud minoritaria incluso entre la derecha: es m&aacute;s probable encontrarse por la calle a un espa&ntilde;ol conservador que no tenga una valoraci&oacute;n negativa de los catalanes que lo contrario.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfd6bfe6-4455-4c7c-bbbe-5aa00f86aded_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfd6bfe6-4455-4c7c-bbbe-5aa00f86aded_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfd6bfe6-4455-4c7c-bbbe-5aa00f86aded_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfd6bfe6-4455-4c7c-bbbe-5aa00f86aded_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfd6bfe6-4455-4c7c-bbbe-5aa00f86aded_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfd6bfe6-4455-4c7c-bbbe-5aa00f86aded_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dfd6bfe6-4455-4c7c-bbbe-5aa00f86aded_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; la catalanofobia est&aacute; hoy m&aacute;s relacionada con ser de izquierdas o derechas? D&eacute;jenme que ofrezca una respuesta tentativa: la irrupci&oacute;n de Podemos en el espacio de la izquierda. Esta formaci&oacute;n ha defendido en numerosas ocasiones la existencia de la plurinacionalidad de Espa&ntilde;a, se ha sentido c&oacute;moda en la aceptaci&oacute;n de la diversidad ling&uuml;&iacute;stica y ha intentado alejarse de discursos homogeneizadores. Adem&aacute;s, ha simpatizado con algunos de los postulados m&aacute;s destacados del independentismo, como por ejemplo la aceptaci&oacute;n de un refer&eacute;ndum como instrumento para zanjar la crisis catalana. Estas posiciones pueden haber ayudado a que sus votantes no hayan vivido el proceso soberanista con tantos sentimientos de rechazo. Los datos de la encuesta del CEO son en cierto modo compatibles con esta tesis. En efecto, si bien la catalanofobia est&aacute; casi tan extendida entre los votantes del PSOE como entre los del PP, esta actitud es marginal entre los votantes de Unidas Podemos.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, a pesar de la severidad del conflicto territorial no parece que la catalanofobia hoy est&eacute; m&aacute;s extendida que en otras &eacute;pocas. En los tiempos de Jordi Pujol el rechazo que generaban los catalanes era m&aacute;s intenso y m&aacute;s transversal en lo ideol&oacute;gico. La catalanofobia pervive en la misma intensidad entre los espa&ntilde;oles conservadores, pero se ha reducido de forma significativa entre los espa&ntilde;oles m&aacute;s progresistas.
    </p><p class="article-text">
        -----
    </p><p class="article-text">
        Nota metodol&oacute;gica:
    </p><p class="article-text">
        *CIS y CEO incluyen la pregunta de simpat&iacute;a con similar anunciado y escala similiar.
    </p><p class="article-text">
        **Los gr&aacute;ficos son valores predichos resultantes de un modelo de regresi&oacute;n lineal en las que se incluyen como variables independientes: edad, sexo, estudios, preferencias territoriales y Comunidad Aut&oacute;noma d&oacute;nde se vive.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/catalanofobia_132_1197385.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Dec 2019 20:22:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Catalanofobia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felipe VI, ¿una monarquía de todos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/felipe-vi-monarquia-parte_132_1491947.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los datos del CIS muestran un claro proceso de polarización de las opiniones sobre la monarquía hasta 2015</p><p class="subtitle">El importante consenso del que gozaba la institución en la década de los 90 se ha ido desvaneciendo en las últimas décadas</p></div><p class="article-text">
        El pasado mi&eacute;rcoles se celebr&oacute; el quinto aniversario de la abdicaci&oacute;n de Juan Carlos I y el acceso al trono de su hijo, Felipe VI. En las tertulias pol&iacute;ticas de esta semana se ha puesto encima la mesa la siguiente pregunta: &iquest;ha conseguido Felipe VI reflotar el cr&eacute;dito de la Corona? Lamentablemente, desde una perspectiva demosc&oacute;pica es dif&iacute;cil abordar esta cuesti&oacute;n con rigor pues el CIS dej&oacute; de preguntar por la Monarqu&iacute;a en abril de 2015, justo un a&ntilde;o despu&eacute;s de que Felipe de Borb&oacute;n acced&iacute;a al trono. Los datos del CIS no nos ayudan a analizar con detalle la popularidad del monarca actualmente, pero s&iacute; muestran una tendencia muy preocupante para la instituci&oacute;n: el paso de una monarqu&iacute;a de consenso a una monarqu&iacute;a percibida cada vez m&aacute;s como de parte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, el reinado de Juan Carlos I goz&oacute; de una gran popularidad entre la opini&oacute;n p&uacute;blica espa&ntilde;ola. La serie del CIS que pregunta sobre la confianza en esta instituci&oacute;n arranca en marzo de 1994. En ese a&ntilde;o, la Corona recib&iacute;a una nota de 7,4 sobre 10, erigi&eacute;ndose como la instituci&oacute;n mejor valorada, por encima del parlamento, el gobierno, las fuerzas armadas, la administraci&oacute;n publica o el defensor del pueblo. Adem&aacute;s, el rey Juan Carlos I gozaba de la confianza tanto de la izquierda como de la derecha. Se trataba de una instituci&oacute;n que contaba con un elevado consenso entre los espa&ntilde;oles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el cr&eacute;dito de Juan Carlos I se deterior&oacute; muy considerablemente a partir de 2011, alcanzando sonados suspensos por debajo del 4 sobre 10. En cierto modo la creciente desconfianza con la monarqu&iacute;a estaba en sinton&iacute;a con los tiempos. Fueron a&ntilde;os en el que la crisis pol&iacute;tica arrastr&oacute; la popularidad de la mayor&iacute;a de instituciones y de actores pol&iacute;ticos a m&iacute;nimos hist&oacute;ricos. A&uacute;n con ello, la ca&iacute;da de popularidad de la monarqu&iacute;a fue particularmente acusada y dej&oacute; de ser la instituci&oacute;n mejor valorada, quedando por detr&aacute;s de las fuerzas armadas, la polic&iacute;a, el defensor del pueblo o los medios de comunicaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La llegada de Felipe VI logr&oacute; revertir el descr&eacute;dito que sufr&iacute;a la Corona: tras un a&ntilde;o de reinado, la confianza con la instituci&oacute;n pas&oacute; de 3,7 al 4,3. Se trata de un aumento considerable a pesar de que a&uacute;n se mantuviera en la zona de suspenso (como, por otra parte, ocurr&iacute;a con la totalidad de las instituciones exceptuando los cuerpos de seguridad del Estado). Aun as&iacute;, no sabemos si tal aumento respondi&oacute; realmente a un verdadero cambio de tendencia o en un mero efecto &ldquo;luna de miel&rdquo; t&iacute;pico cuando se produce una renovaci&oacute;n, pues el CIS dej&oacute; de preguntar por esta instituci&oacute;n justo ese a&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si bien el CIS es una herramienta precaria para valorar la situaci&oacute;n de la Corona en la actualidad, s&iacute; nos permite observar una tendencia clara hasta 2015: la monarqu&iacute;a se percibe cada vez m&aacute;s una instituci&oacute;n &ldquo;de parte&rdquo;. Es cierto que los espa&ntilde;oles conservadores siempre han valorado mejor a la monarqu&iacute;a que los de izquierdas. Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os las diferencias entre derecha e izquierda aumentaron de forma muy acusada. El gr&aacute;fico de abajo muestra de forma clara c&oacute;mo se han polarizado las preferencias por la monarqu&iacute;a en nuestro pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac8624c6-c332-439c-a65d-593ba68883d8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac8624c6-c332-439c-a65d-593ba68883d8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac8624c6-c332-439c-a65d-593ba68883d8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac8624c6-c332-439c-a65d-593ba68883d8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac8624c6-c332-439c-a65d-593ba68883d8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac8624c6-c332-439c-a65d-593ba68883d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ac8624c6-c332-439c-a65d-593ba68883d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico muestra la evoluci&oacute;n de la confianza en la Corona seg&uacute;n ideolog&iacute;a. Los datos indican que se ha producido un proceso de polarizaci&oacute;n, pues la distancia entre la derecha y la izquierda se ha duplicado entre el per&iacute;odo 2006-2016. Si bien en la d&eacute;cada de los 90 las diferencias eran m&iacute;nimas o incluso imperceptibles, en 2015 las distancias ya eran considerables, especialmente si comparamos la extrema derecha y la extrema izquierda. Y lo m&aacute;s importante, en t&eacute;rminos de polarizaci&oacute;n, no se produjo un efecto &ldquo;luna de miel&rdquo; con la llegada de Felipe VI, pues entre 2014 y 2015 las diferencias entre izquierda y derecha aumentaron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, los datos del CIS muestran un claro proceso de polarizaci&oacute;n de las opiniones sobre la monarqu&iacute;a hasta 2015. El importante consenso que gozaba la instituci&oacute;n en la d&eacute;cada de los 90 se ha ido desvaneciendo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y el primer a&ntilde;o de reinado de Felipe VI no ayudaron a revertir esa tendencia. La abdicaci&oacute;n de Juan Carlos I ayud&oacute; a que la confianza con la Corona se recuperara, pero el aumento de popularidad se produjo muy en particular entre el electorado conservador, como se muestra en siguiente gr&aacute;fico.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0287f79-45c8-46f3-aebb-68cbb730dd07_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0287f79-45c8-46f3-aebb-68cbb730dd07_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0287f79-45c8-46f3-aebb-68cbb730dd07_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0287f79-45c8-46f3-aebb-68cbb730dd07_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0287f79-45c8-46f3-aebb-68cbb730dd07_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0287f79-45c8-46f3-aebb-68cbb730dd07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d0287f79-45c8-46f3-aebb-68cbb730dd07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, existen indicios de que la monarqu&iacute;a ha ido perdiendo el consenso del que gozaba en el pasado y progresivamente se ha ido convirtiendo en una monarqu&iacute;a de parte. Se trata de una tendencia que, sin duda, deber&iacute;a preocupar, y mucho, a quienes consideran que la monarqu&iacute;a es una herramienta &uacute;til y necesaria para fomentar la unidad de todos los espa&ntilde;oles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/felipe-vi-monarquia-parte_132_1491947.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Jun 2019 20:01:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Felipe VI, ¿una monarquía de todos?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Monarquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Divididas Podemos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/divididas-podemos_132_2729452.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Existe la creencia de que, en pol&iacute;tica, la divisi&oacute;n es una mala receta que debilita las perspectivas electorales de quienes la sufren. Dicha creencia est&aacute; fundamentada esencialmente en dos premisas. En primer lugar, el sistema electoral de las elecciones generales suele imponer un castigo a los partidos m&aacute;s peque&ntilde;os, especialmente porque quedan excluidos del reparto de esca&ntilde;os en las provincias menos pobladas. Y en segundo lugar, la divisi&oacute;n interna de los partidos genera rechazo y des&aacute;nimo entre los votantes. Existe en la ciencia pol&iacute;tica numerosa evidencia que los votantes penalizan las discusiones y fracturas dentro de los partidos, pues no suelen considerarlos como un debate constructivo de proyectos alternativos sino m&aacute;s bien el resultado del politiqueo y de luchas por el poder.
    </p><p class="article-text">
        A priori, parec&iacute;a que Unidas Podemos iniciaba este ciclo electoral de la peor forma posible. La decisi&oacute;n de &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n de reeditar Vistalegre II, rompiendo con su partido justo a pocas semanas del inicio de una campa&ntilde;a electoral parec&iacute;a ser la peor receta para afrontar unas elecciones con &eacute;xito. El sistema electoral en las elecciones europeas, auton&oacute;micas y municipales castigan menos la fragmentaci&oacute;n, por lo que la decisi&oacute;n de Errej&oacute;n y UP de ir por separado no parec&iacute;a ser un problema en ese sentido. Sin embargo, exist&iacute;an motivos poderosos para creer que el divorcio traum&aacute;tico de las dos facciones de Podemos s&iacute; pod&iacute;a alimentar un clima de desafecci&oacute;n entre sus bases que acabara derivando en un desgaste electoral.
    </p><p class="article-text">
        Exist&iacute;an motivos, pues, para ser pesimistas sobre la suerte electoral de Podemos en este ciclo electoral. Sin embargo la preelectoral del CIS indica que la fractura entre Errej&oacute;n y Podemos podr&iacute;a estar siendo beneficiosa en las elecciones auton&oacute;micas de Madrid. De hecho en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos visto en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola sonados ejemplos de c&oacute;mo la apuesta por la unidad no siempre conlleva beneficios. La coalici&oacute;n de ERC y Converg&egrave;ncia bajo el paraguas de Junts pel S&iacute; provoc&oacute; que muchos votantes de izquierda partidarios de la independencia, pero descontentos con las pol&iacute;ticas de recortes del gobierno de Artur Mas, acabar&aacute; por votar a la CUP. La izquierda anticapitalista obtuvo unos resultados excepcionales que s&oacute;lo se justifican por haberse convertido en un refugio de una izquierda independentista que no quer&iacute;a ir de la mano de la antigua CiU.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, Junts pel S&iacute; no logr&oacute; convertirse en la suma de las partes, pues retrocedi&oacute; con respecto al porcentaje de votos de las elecciones de 2012. Un segundo ejemplo reciente similar es Unidos Podemos, la alianza entre Podemos e Izquierda Unida en las elecciones de 2016. La coalici&oacute;n entre estas dos formaciones gener&oacute; el rechazo de un importante parte de los votantes de IU, especialmente entre las mujeres. Seg&uacute;n el CIS, casi la mitad de los votantes de IU en 2015 decidieron no aceptar la coalici&oacute;n y optaron por otras formaciones (especialmente el PSOE) o la abstenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la uni&oacute;n no tiene por qu&eacute; generar los efectos multiplicativos que, a veces se proponen. De hecho, las dos experiencias anteriores constatan que incluso en ocasiones no son capaces de retener ni la mera suma de las partes. El caso de M&aacute;s Madrid y Podemos parece ser otro ejemplo si hacemos caso a la encuesta preelectoral CIS. Aunque era l&oacute;gico pensar que la escisi&oacute;n de Podemos pod&iacute;a haber generado un rechazo entre los votantes y, por ende, un coste electoral, los datos indican que no es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La encuesta muestra que Unidas Podemos en Madrid ser&iacute;a m&aacute;s fuerte entre los votantes marcadamente de izquierdas, siguiendo el perfil habitual de esta formaci&oacute;n (v&eacute;ase el gr&aacute;fico de la izquierda). En cambio M&aacute;s Madrid de Errej&oacute;n es m&aacute;s transversal, con menor presencia en la izquierda pero, a su vez, con mayor capacidad de atracci&oacute;n del votante de centro-izquierda. En este sentido, Errej&oacute;n habr&iacute;a conseguido el objetivo que ha intentado alcanzar a lo largo de los &uacute;ltimos a&ntilde;os: una marca transversal que sea igualmente atractiva desde la extrema izquierda hasta en el centro-izquierda. Hasta ahora s&oacute;lo lo hab&iacute;a conseguido Manuela Carmena, pues el atractivo de Podemos siempre ha quedado muy escorado a la izquierda.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a30e5de-1ba3-4e4b-913e-9a719568ff01_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a30e5de-1ba3-4e4b-913e-9a719568ff01_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a30e5de-1ba3-4e4b-913e-9a719568ff01_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a30e5de-1ba3-4e4b-913e-9a719568ff01_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a30e5de-1ba3-4e4b-913e-9a719568ff01_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a30e5de-1ba3-4e4b-913e-9a719568ff01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1a30e5de-1ba3-4e4b-913e-9a719568ff01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La candidatura de M&aacute;s Madrid puede ser una marca que atraiga a muchos votantes del PSOE que no votar&iacute;an a Unidas Podemos, pero s&iacute; lo har&iacute;an por un perfil como &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n y, especialmente, Manuela Carmena. De hecho, seg&uacute;n el CIS, una parte importante de los beneficios de que M&aacute;s Madrid y Unidas Podemos vayan por separado es que consigue ser m&aacute;s atractivo para el entorno socialista.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n de incorporar las dos caras de los candidatos en la papeleta no s&oacute;lo puede ayudar a los votantes a reconocer el nuevo nombre de la candidatura sino que sobre todo pueden generar un &ldquo;efecto contagio&rdquo;, esto es, que la reputaci&oacute;n de Carmena no s&oacute;lo influya en las elecciones municipales sino tambi&eacute;n en las auton&oacute;micas. En las elecciones de 2015, muchos votantes de izquierdas optaron por dividir su voto: Carmena para las locales, Gabilondo para las auton&oacute;micas. Seg&uacute;n el CIS, un 28% de los votantes de Ahora Madrid en las locales, eligieron la papeleta del PSOE en las auton&oacute;micas. La estrategia de M&aacute;s Madrid de fusionar la imagen de Errej&oacute;n a la de Carmena hasta en la papeleta electoral buscar&iacute;a reducir al m&iacute;nimo posible este voto dualizado e intentar que todo voto a Carmena tambi&eacute;n sea un voto a Errej&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la fractura en Madrid lejos de generar costes parece que podr&iacute;a propiciar un efecto multiplicativo. Como se muestra la preelectoral del CIS (v&eacute;ase el gr&aacute;fico de la derecha), el saldo final de la divisi&oacute;n es de una mejora sustancial de la intenci&oacute;n de voto con respecto a las elecciones generales del mes pasado. Y esa mejora no se concentra s&oacute;lo en el centro-izquierda (donde la diferencia es m&aacute;s destacable) sino en todo el espectro ideol&oacute;gico. La fractura parece generar efectos beneficiosos desde la extrema izquierda hasta las posiciones m&aacute;s moderadas de centro-izquierda.
    </p><p class="article-text">
        El pr&oacute;ximo domingo podr&iacute;amos estar ante un interesante ejemplo de c&oacute;mo la divisi&oacute;n no tiene por qu&eacute; inherentemente acarrear costes electorales. En ocasiones ir por separado permite recoger de forma m&aacute;s eficiente distintas sensibilidades que dif&iacute;cilmente caben en un solo proyecto. Muchos cre&iacute;amos que la ruptura entre Errej&oacute;n y Podemos podr&iacute;a generar un clima de des&aacute;nimo y desafecto entre sus bases, pues las divisiones internas no suelen ser bien recibidas por el electorado. Sin embargo, los datos no parecen avalar que as&iacute; sea. Veremos el pr&oacute;ximo domingo si realmente nos encontramos ante un ejemplo inmejorable de que, a veces, divididos se puede m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/divididas-podemos_132_2729452.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 May 2019 18:56:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Divididas Podemos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Unidas Podemos,Elecciones Autonómicas 2019]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Gran Batalla de la derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/gran-batalla-derecha_132_1657907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2013 la derecha sufrió una crisis de desactivación, pero ahora se enfrenta a una crisis más severa y sin precedentes en las últimas décadas: una crisis de fidelidad</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a vive un nuevo cap&iacute;tulo de su interminable crisis pol&iacute;tica. Y en esta nueva entrega aparece en escena un protagonista distinto: la derecha. Durante los primeros a&ntilde;os de la crisis, la convulsi&oacute;n pol&iacute;tica se concentro en el espacio de la izquierda y del centro, pero la derecha qued&oacute; esencialmente al margen. A pesar de los numerosos y sonados esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n que afectaron al PP durante esos a&ntilde;os, los votantes m&aacute;s conservadores cerraron filas en torno a este partido. En 2013, la derecha parec&iacute;a desafecta y enojada con el PP, pero entonces se trataba de una crisis de desactivaci&oacute;n o indecisi&oacute;n. En cambio hoy la derecha sufre por primera vez una crisis de fidelidad. Se trata de una crisis de fidelidad sin precedentes cuya principal consecuencia es que los resultados de las elecciones del 28 de abril sean m&aacute;s inciertos y cruciales que nunca.
    </p><p class="article-text">
        La crisis pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a se inici&oacute; en paralelo con la crisis econ&oacute;mica. Durante los a&ntilde;os 2009-2011 el clima de opini&oacute;n en nuestro pa&iacute;s cambi&oacute; radicalmente produci&eacute;ndose un deterioro sin precedentes de la confianza ciudadana con las principales instituciones pol&iacute;ticas de nuestro pa&iacute;s. Este enojo de la opini&oacute;n p&uacute;blica se traslad&oacute; inicialmente en la arena electoral siguiendo un patr&oacute;n cl&aacute;sico de rendici&oacute;n de cuentas: el partido gobernante (el PSOE de Rodr&iacute;guez Zapatero) se desplom&oacute; en las urnas y el PP de Rajoy, entonces principal l&iacute;der de la oposici&oacute;n, logr&oacute; los mejores resultados de la historia del partido. Como era habitual, el descontento ciudadano se tradujo en una derrota del gobierno y en una victoria del principal partido de la oposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
         As&iacute; pues, durante esos a&ntilde;os, en t&eacute;rminos electorales se respiraba una aparente normalidad a pesar de la enorme desafecci&oacute;n ciudadana con la pol&iacute;tica y de la aparici&oacute;n de movimientos sociales de gran &eacute;xito como el 15M. La crisis pol&iacute;tica s&oacute;lo empez&oacute; a agrietar los cimientos del bipartidismo a partir de 2012, cuando el descontento ciudadano persisti&oacute; a pesar de haberse producido un reemplazo en el gobierno. Entonces los espa&ntilde;oles empezaron a dar la espalda de forma explicita a todos partidos pol&iacute;ticos tradicionales, al margen de si estaban en el gobierno o en la oposici&oacute;n. En 2013, se dispararon en las encuestas el n&uacute;mero de espa&ntilde;oles que declaran no tener ninguna preferencia partidista. El porcentaje declarado de votantes <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/Pesadilla-cocina-Blanco-abstencion-indecision_6_133046727.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;BAI&rdquo; (blanco, abstenci&oacute;n e indecisi&oacute;n) </a>alcanz&oacute; m&aacute;ximos hist&oacute;ricos en las series del CIS.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la naturaleza de los votantes &ldquo;BAI&rdquo; cambi&oacute; de forma profunda. Normalmente los votantes en blanco, abstencionistas e indecisos se caracterizaban especialmente por ser desapegados y poco participativos pol&iacute;ticamente. Sin embargo, en 2013 los nuevos BAI eran m&aacute;s ideologizados y sofisticados pol&iacute;ticamente. A partir de esa fecha, la falta de simpat&iacute;a por los partidos ya no era un s&iacute;ntoma de desinter&eacute;s por la pol&iacute;tica, sino m&aacute;s bien como una opci&oacute;n m&aacute;s activista de rechazo a los partidos tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, inicialmente la crisis del bipartidismo se tradujo en un aumento sin precedentes del n&uacute;mero de indecisos, abstencionistas y votantes en blanco en las encuestas. Los votantes del PP y PSOE estaban insatisfechos con sus partidos, pero la mayor&iacute;a buscaron refugio en las opciones BAI en lugar de pasarse a las filas de otras formaciones pol&iacute;ticas . Debemos esperar a las elecciones europeas de 2014 para que la crisis pol&iacute;tica entrara en una nueva fase: la fase de ruptura. A partir de entonces el bipartidismo imperfecto se derrumb&oacute; definitivamente y aparecieron las nuevas formaciones Podemos y Ciudadanos, ambas muy relacionadas con la insatisfacci&oacute;n pol&iacute;tica y la demanda de regeneraci&oacute;n ciudadana.
    </p><p class="article-text">
        La ruptura del sistema de partidos afect&oacute; inicialmente a la izquierda y al centro pol&iacute;tico. Por primera vez, un partido distinto al Partido Socialista amenazaba en convertirse en primera fuerza en el espacio de la izquierda. El &ldquo;sorpasso&rdquo; finalmente no lleg&oacute;, pero la pugna por el liderazgo de la izquierda marc&oacute; la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola durante el pasado ciclo electoral. Tambi&eacute;n por primera vez el bipartidismo fue desalojado del centro pol&iacute;tico. La fuerza m&aacute;s votada en el espacio del centro en 2015 y 2016 fue Ciudadanos, dejando obsoleta la regla de &ldquo;quien gana el centro gana las elecciones&rdquo; que muchos defend&iacute;an hasta entonces.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, durante las elecciones de 2015 y 2016, la derecha qued&oacute; relativamente resguardada de la tormenta pol&iacute;tica. La mayor&iacute;a de los votantes m&aacute;s conservadores cerraron filas en torno al PP y fueron pocos los que decidieron cambiar de opci&oacute;n pol&iacute;tica. El PP durante a&ntilde;os confi&oacute; en que la derecha pod&iacute;a quedar definitivamente al margen de la grave crisis pol&iacute;tica que sufr&iacute;a nuestro pa&iacute;s. Gracias la fidelidad del voto conservador, el PP crey&oacute; posible mantener su condici&oacute;n de primera fuerza pol&iacute;tica. Pero antela falta de proactiviad de Rajoy a la hora de regenerar el PP era cuesti&oacute;n de tiempo que la crisis pol&iacute;tica se desplazara tambi&eacute;n a la derecha.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 es a mi entender la mejor radiograf&iacute;a del actual escenario pol&iacute;tico. El gr&aacute;fico muestra la evoluci&oacute;n durante la &uacute;ltima d&eacute;cada en el espacio de la derecha de los votantes leales, los votantes infieles y los votantes BAI (abstencionistas, indecisos y blanco), usando datos del CIS. Los datos indican que la derecha ha pasado por dos fases: una primera etapa en 2012-15 similar a la que vivi&oacute; la izquierda con una ca&iacute;da de los fieles a costa de la indecisi&oacute;n y la desmovilizaci&oacute;n. Pero el PP, al llegar las elecciones de 2015-16, consigui&oacute; reactivar a una porci&oacute;n muy importante de ese votante conservador descontento. La segunda etapa se produce a partir de 2018, la fidelidad en la derecha vuelve a desplomarse pero, a diferencia del anterior ciclo electoral, en esta ocasi&oacute;n no es a costa de de los BAI, sino de otras formaciones pol&iacute;ticas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aba34abf-6a83-4349-a4b5-6656e1fbb2c1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aba34abf-6a83-4349-a4b5-6656e1fbb2c1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aba34abf-6a83-4349-a4b5-6656e1fbb2c1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aba34abf-6a83-4349-a4b5-6656e1fbb2c1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aba34abf-6a83-4349-a4b5-6656e1fbb2c1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aba34abf-6a83-4349-a4b5-6656e1fbb2c1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/aba34abf-6a83-4349-a4b5-6656e1fbb2c1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En definitiva, el porcentaje de leales en la derecha ya se desplom&oacute; en 2013 pero entonces tuvo una naturaleza muy distinta. Si bien hace cinco a&ntilde;os la derecha sufri&oacute; una crisis de desactivaci&oacute;n o desmovilizaci&oacute;n, actualmente nos encontramos en una crisis de fidelidad. Se trata sin duda de una crisis m&aacute;s severa, pues el PP ya no puede confiar con activar o movilizar a los votantes durante la campa&ntilde;a electoral, sino que ahora debe competir con otros partidos por el mismo espacio. La fase de ruptura lleg&oacute; finalmente a la derecha. El 28-A es s&oacute;lo el primer acto de la gran batalla que en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os se librar&aacute; en la derecha.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/gran-batalla-derecha_132_1657907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Mar 2019 19:40:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La Gran Batalla de la derecha]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
