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El Congreso remedia la soledad navideña con compañía para los evacuados por el río Paraguay

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El edificio del Congreso, cerrado por las vacaciones navideñas, remedia su soledad con la compañía de centenares de familias que se han cobijado en sus inmediaciones huyendo de las crecidas del río Paraguay, que han causado la evacuación de unas 90.000 personas en Asunción.

La colonia de evacuados más próxima al Congreso está a escasos metros de su escalinata, conformando un notorio contraste entre las modernidad del edificio y las improvisadas casetas de madera barata que configuran ese campamento, que sus inquilinos comparten con sus perros, gallinas y hasta cerdos.

Todos ellos son vecinos de la Chacarita, un barrio de gente de escasos recursos aledaño a la franja del río Paraguay, que ya ha alcanzado los 7,8 metros de altura y amenaza con seguir creciendo.

Tras la subida del río, hace unas dos semanas, las inundaciones obligaron a muchos chacariteños a abandonar sus hogares con todos los bienes posibles.

Con lo que pudieron salvar se elevaron hasta áreas más seguras donde quedarse, en el caso de algunos en un solar de hierba situado cerca de la entrada principal del Congreso y hasta ahora vacío.

El espacio está ahora ocupado por precarias carpas de madera y cinc que han llevado de forma involuntaria al Congreso la realidad de un barrio pobre y que además vive bajo la tiranía del río.

La "vecina" que está más cercana a los legisladores, que volverán en enero tras el receso parlamentario, es Teodosia Alonga, que se mudó a ese lugar hace unos ocho días.

Alonga conoce de sobra lo que son las fluctuaciones del Paraguay a su paso por Asunción, donde las inundaciones son una de las asignaturas pendientes de la capital.

De hecho, ella ya se instaló frente al Congreso en 2014, cuando la crecida afectó a unas 80.000 personas, y tuvo que permanecer dos meses en el mismo lugar.

Ahora ha vuelto, con sus siete hijos y con su suegro, Cástulo Aquino, quien se lo toma con calma porque a sus 87 años dice que ya ha visto de todo, incluido el pasar una Navidad en esas circunstancias.

"Nuestras Navidades fueron cero. Qué felicidad vamos a tener así", expresó Aquino a Efe sentado de espalda a las escaleras del Congreso.

Aquino, como su nuera, se queja de la escasez de baños públicos para atender a quienes se han desplazado a este lado de la ciudad, parte del centro histórico de Asunción.

Ese tipo de quejas son comunes en gran parte del centenar de refugios repartidos por Asunción que albergan a miles de damnificados, que en su mayoría son habitantes de los Bañados, los dos barrios más golpeados por la crecida.

El sacerdote español Pedro Velasco, quien acompaña a unas 10.000 personas del Bañado Sur que se han refugiado en un predio del Ejército, dijo a Efe que las condiciones higiénicas son uno de los principales problemas.

"Hay cortes de energía, escasea el agua potable y se acumulan sin recoger toneladas de basura", declaró el religioso.

Desde que comenzó la crisis, el Gobierno, a través de la Secretaria de Emergencia Nacional (SEN), ayuda en las labores de evacuación y proporciona el contrachapado con el que levantar las casetas.

Sin embargo, Alonga puntualizó a Efe que no ha recibido ese material ni de otro tipo, con lo que ha tenido que hacer uso de su bolsillo para comprar la madera con la que ha construido su refugio de madera y chapa.

Una vivienda que es además la fuente de ingresos de Alonga, quien se ganaba la vida como tendera en la Chacarita antes de la crecida y que ahora ha movido el negocio frente al Palacio Legislativo, donde vende desde patatas, huevos o piñas hasta refrescos.

Aunque las inundaciones no han borrado del todo el humor de los evacuados, y Alonga bromea ante la perspectiva de que los congresistas puedan convertirse en sus clientes en cuanto se incorporen a sus escaños, tenerlos como vecinos no parece que le entusiasme.

"Ellos no quieren que estemos aquí, pero no les queda más remedio que aguantarse", dijo Aquino.

La municipalidad de Asunción calcula que hay unos 90.000 evacuados por la subida del río, la mayor parte ubicados en refugios y otros en viviendas de familiares o allegados.

Del total de evacuados, unos 10.000 siguen desplazados de sus hogares desde la crecida de 2014.

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