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Exempleados de Itaipú mantienen una protesta de décadas por beneficios sociales

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Exempleados de Itaipú mantienen una protesta de décadas por beneficios sociales

Exempleados de Itaipú mantienen una protesta de décadas por beneficios sociales

Un campamento improvisado recibe a los visitantes del lado paraguayo de Itaipú, la hidroeléctrica más potente del mundo, donde pernocta por turnos una representación de 8.000 extrabajadores que reclaman desde hace décadas el pago de beneficios.

La construcción de la segunda represa en tamaño por detrás de la Tres Gargantas, en China, precisó de más de 30.000 personas, la mitad paraguayas y la mitad brasileñas, que fueron despedidas al concluir los 16 años del proyecto, que se inauguró en 1991.

Miles de albañiles, soldadores, electricistas y todo tipo de técnicos paraguayos iniciaron en esa época la reclamación de los prometidos bonos alimenticios, de productividad, desarraigo y antigüedad.

Sus colegas brasileños lograron un acuerdo en 1999 para el abono retroactivo de un plus de peligrosidad, tras sus reclamaciones.

El portavoz de la Coordinadora de Extrabajadores de Itaipú, Carlos González, dijo a Efe que los gobiernos militares de Paraguay y Brasil de la época de la obra reconocieron en un protocolo los mismos derechos a los trabajadores paraguayos y brasileños, pero que eso no se cumplió.

Frente a la entrada del recinto de la represa, decenas de exempleados pernoctan por turnos en el campamento de madera y lonas que forman carpas improvisadas, decoradas con banderas paraguayas y cruces en recuerdo de los compañeros fallecidos en los últimos años.

Es el último recurso de una lucha que en su inicio fue marcada por la represión gubernamental.

El 12 de diciembre de 1989 un enorme despliegue militar reprimió una protesta de unos 5.000 extrabajadores frente al lado paraguayo de la Itaipú y dejó 2 manifestantes muertos y unos 20 heridos de bala.

"Había francotiradores sobre el tejado, nos dispararon a mansalva, hubo compañeros heridos en los muslos, la cadera y los tobillos, a dos de ellos les dieron en el pecho y murieron", recuerda González.

Según la Coordinadora, que reclama unos 800 millones de dólares en concepto de indemnizaciones, los sucesivos gobiernos paraguayos y sus correspondientes directores de la entidad binacional que gestiona Itaipú alegaron que sus reclamaciones han prescrito.

A pesar de las reiteradas solicitudes de Efe, las autoridades paraguayas de Itaipú no respondieron a las llamadas para conocer su versión sobre los hechos y tampoco quisieron manifestarse exdirectores de la represa.

Itaipú, enclavada en el río Paraná, límite natural entre Paraguay y Brasil, a unos 350 kilómetros al este de Asunción, se convirtió en el destino de decenas de miles de paraguayos que acudieron en la década de 1970 en búsqueda de trabajo, a quienes se les conoce como "los pioneros".

Se trataba de un lugar remoto, casi deshabitado y cubierto de una espesa selva. En la construcción murieron unas mil personas en accidentes o problemas de salud vinculados con el trabajo en un período de diez años, según dijo a Efe una fuente de Itaipú, que pidió no ser identificada.

Rogelio Pereira, de 62 años, sentado en la precaria carpa decorada con cruces de madera en memoria de los fallecidos, recordó a Efe cómo estuvo a punto de perder la vida en aquellos años.

A unos 20 kilómetros de donde ahora se erige el gigantesco muro de la represa, la pequeña lancha donde Pereira viajaba con otros cuatro técnicos hídricos volcó y les dejó durante horas a merced de la corriente del Paraná, uno de los ríos más caudalosos del mundo.

"Claro que es justo que cobremos un plus por la peligrosidad del trabajo y porque todos vinimos de otros lugares del país. Amigos míos murieron bajo la grava y el cemento", explicó a Efe Ylegardo Portillo, de 72 años, soldador de estructuras durante la obra.

Primitivo López, de 62 años, que se dedicaba a transportar a sus compañeros en camión a través de los salvajes caminos de entonces, aseguró a Efe que se siente como "un soldado que luchó por su patria y ya nadie recuerda".

"Solo pedimos al presidente (de Paraguay) Horacio Cartes que nos reciba para explicarle el problema", declaró López, que prometió que permanecerán acampados y marcharán cada martes por el centro de Asunción hasta encontrar una solución.

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