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Omella: No voy a la Diócesis de Barcelona como político, voy como pastor

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Omella: No voy a la Diócesis de Barcelona como político, voy como pastor

Omella: No voy a la Diócesis de Barcelona como político, voy como pastor

El nuevo arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, ha asegurado a Efe que "no voy a la Diócesis barcelonesa como político, voy como pastor" y, como tal, le interesa "aunar, en la medida de lo posible, a toda la gente e ideas y hacer una familia de hermanos" para lograr "el bien común de todos".

El hasta ahora obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño, quien tomará posesión como arzobispo de Barcelona el próximo día 26, inicia hoy, con la celebración de una eucaristía, la despedida de los fieles en las tres sedes de las Diócesis riojana.

"Soy ciudadano, como todos los demás, y todas las cosas sociales y políticas, como a todos, me preocupa; pero, como pastor, me parece que lo más importante es el pastoreo. Yo no voy como político, voy como pastor", ha enfatizado.

"No soy el gran jefe de la tribu, sino el servidor de la comunidad cristiana desde el mandato del Señor", ha apostillado Omella, quien ha aludido a que "el ofrecimiento del Evangelio es la fraternidad de todos y el bien común de todos", en lo que trabajará él y, otros, desde otras ópticas, pero "todos juntos, aunándonos por el bien común".

Omella (Cretas, Teruel, 1946), quien habla español, catalán, francés e italiano, ha señalado que ha notado "una acogida favorable" en la Diócesis de Barcelona, a la que acude con "las manos abiertas, con el corazón dispuesto a amar y dispuesto a poner amor a mi alrededor, ¡ojalá lo sepa hacer porque soy muy débil!".

Estará atento a escuchar los sufrimientos, los gozos y las confidencias que le quieran aportar y "si yo sé dar una respuesta a todo lo que vaya percibiendo, pues la daré, con toda sencillez; pero siempre en comunión con toda la Iglesia de Barcelona, que lleva muchos años de trayectoria y de hacer mucho bien".

Omella se siente un poco "nervioso ante lo desconocido" en estos días previos a trasladarse a Barcelona y con "un poco de dolor" al despedirse de la Diócesis riojana, a la que se incorporó en mayo de 2004 y en donde se ha sentido como en su propia casa.

"La Diócesis de Barcelona -ha señalado- me parece muy grande y yo me siento muy pequeño, pero voy con la confianza de saber que ni lo he buscado, ni lo he querido ni lo he pedido. Me ha pedido el Señor, a través del Papa, que vaya y voy fiado en el Señor porque la obra es de él y no mía".

Uno de los primeros grandes retos que se plantea es llegar a conocer la Diócesis, "todas y cada una de sus más de 300 parroquias y uno a uno de sus casi 500 sacerdotes"; así como a los religiosos y miembros de los Consejos Pastorales, entre otros colectivos.

Junto al conocimiento de la Diócesis, ha dicho que esta institución eclesiástica trabaja en "una sociedad donde hay un ambiente cultural muy importante, por lo que el diálogo entre la fe y la cultura es también importante".

Ha puesto como "un símbolo muy hermoso" el de la Sagrada Familia de Barcelona, que es, "a la vez, el símbolo de la belleza, de la cultura y del diálogo, esa fe que se hace cultura y que, de alguna manera, dialoga con el hombre moderno".

Además, "Barcelona es una ciudad muy cosmopolita, donde hay también otras religiones y el diálogo interreligioso es importante", ha defendido.

Omella, miembro de la Congregación para los Obispos, por lo que acude con cierta frecuencia al Vaticano, ha añadido que en grandes ciudades como Barcelona "hay mucha marginación y pobreza, gente que sufre y Cáritas está haciendo un muy hermoso trabajo en nombre de la Iglesia".

"El obispo pastor tiene que conocer también y estar cerca de ese gran sufrimiento de mucha gente y, en la medida de lo posible, ayudar a que la comunidad cristiana y la sociedad se comprometan en aliviar ese dolor y hacer una sociedad más justa y más equitativa", ha asegurado Omella, quien sustituye en el cargo al cardenal Lluís Martínez Sistach.

Se ha referido a que se incorporará a la Diócesis barcelonesa durante las fechas navideñas, y, "de alguna manera, es una llamada a que yo también aprenda a encarnarme en esa sociedad, a sufrir y a gozar con los sufrimientos y los gozos de esa gente", como "Dios hizo al encarnarse en el seno de la Virgen para ayudarnos a liberarnos y a vivir la fraternidad".

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