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El Orgullo Mundial ondea libre y feliz en Madrid

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Miles y miles de hombres y mujeres felices han hecho hoy de Madrid una ciudad-bandera arcoíris que ha ondeado entre derroche de orgullo y energía para hacer realidad el lema "Viva la vida" del WorldPride 2017 y uno de los estribillos de su himno oficial: "A quién le importa lo que yo haga...?".

La temperatura veraniega ha tenido clemencia y ha permitido, junto con una vigilancia policial férrea, que la manifestación reivindicativa de los derechos LGTBI y el desfile de carrozas transcurrieran sin grandes calores y sin contratiempos.

Las muchas horas de la manifestación mundial del Orgullo ha colmado este primer día de julio de lado a lado los paseos madrileños de El Prado y de Recoletos, entre las plazas de Carlos V y la de Colón, y así quedará en la memoria como una de los desfiles más "apoteósicos" de la diversidad sexual.

Así lo describían una pareja de "reinas" trasvestidas israelíes, Lolly Pott y Suzi Boum, de verde una y de rosa la otra, que no cesaban de posar para las cámaras de los teléfonos móviles.

"Me encanta este día, me encaaaanta; es vibrante", decía a Efe Lolly Pott, convencida de que "Madrid y Tel Aviv son las mejores ciudades del mundo para los gays".

A duras penas se podía escuchar lo que decían las drags, en medio de batucadas y altavoces de los que salían lemas -"¿Por quién nos manifestamos? ¡Por los que no pueden!"- o la música con la que la gente bailaba y bebía al paso de la manifestación o de las 52 carrozas que han desfilado.

Al lado y lado de los paseos, cientos de personas se dedicaban a pasar la tarde en parejas o en grupos pequeños o grandes; grupos familiares o de amigos procedentes de todas las regiones de España y de muchas nacionalidades: alemanes, chilenos, canadienses, estadounidenses o venezolanos, muchos de los cuales han llegado a Madrid expresamente para el día grande del orgullo gay.

"Nuestra alegría lo dice todo, ¿no ves?", decía Brandon, uno de los nueve amigos que han viajado a Madrid desde las ciudades estadounidenses de Miami, Orlando y Detroit, encantados de celebrar el orgullo mundial enfundados en sus vaqueros "shorts" y sus sombreros y pañuelos anudados al cuello con los colores y las barras y estrellas de la bandera de su país.

Porque adorno no le ha faltado al Orgullo: la gente ha lucido sus mejores galas, pantalones a la rodilla y de ahí hacia arriba hasta los muy cortos con menos tela de los más atrevidos, los vestidos coloridos y elegantes de las reinas Drag, las banderas multicolores para cubrir torsos desnudos y tatuados, o la opción simple de calzoncillos y pajarita.

Los colores de la bandera LGTBI han desfilado en todas las posibilidades: sombrillas, gafas, abanicos, faldas, guirnaldas y mucha pluma coloreada...

Al comienzo ha habido vítores para algunos políticos y para los miembros de las organizaciones defensoras de los derechos LGTBI, y después los piropos y la euforia ha sido para animar a las carrozas, como a la de los bomberos, a los que la muchedumbre les gritaba que se besaran, que se besaran.

Mientras tanto, en julio han hecho su agosto las decenas de emprendedores improvisados que han satisfecho la demanda de latas de cerveza, a dos euros, o de vasos de litro con 'tinto de verano' helado, a cinco.

Al paso de las horas ya se notaban los efectos de la fiesta, con voces aún más altas y desenfreno en los bailes, intentos de ligar en lenguas desconocidas o cabezaditas, tirados en los jardines, de los que ya se habían pasado de copas.

Ha sido un desfile loco, muy loco, con gente loca, muy loca, felices todos, casi desnudos unos y ataviados otros y otras con sus "shorts de fantasía" -que decía un argentino-, monos pegados al cuerpo, bañadores, tacones de catorce centímetros que llevaba un participante de Estambul y extravagancias múltiples...

Tomás Arévalo, un toledano de la localidad de Montes Claros, que ha acudido a Madrid con su hermana Isabel para ver el desfile, decía muy emocionado que "esta celebración de la libertad y la alegría demuestra al mundo que podemos ser libres y felices sin hacer mal a nadie".

"Sí, es un placer estar aquí entre amor y paz", añadía Isabel.

Otros que rebosaban entusiasmo eran casi cincuenta puertorriqueños que lucían camisetas azules con la leyenda "Boricuas en Madrid".

Ana, una de las boricuas ha dicho que han viajado a Madrid para participar en la "parada gay" porque -decía- "lo que está pasando en Madrid hoy es algo maravilloso y estamos luchando porque suceda lo mismo en Puerto Rico".

"Es emocionante ver en Madrid tanta gente de tantos países", ha afirmado Ana, que reconoce que la situación del colectivo gay es "mucho mejor ahora que hace sólo unos años".

Otros asistentes, mucho más jóvenes que los puertorriqueños, simplemente disfrutan de la "sensación de libertad, del orgullo y de la alegría", como ha reconocido Herman, de Amsterdam, que, al igual que su grupo de amigos, no vivieron épocas "en que no fuera admitida la diversidad sexual".

A todas estas, sin cesar la gran algarabía, ya de noche, una pareja de lesbianas se besaba ajena al bullicio al lado de una mujer mayor que llevaba en su mano una pancarta pequeña con la leyenda "sin armario todo el año".

Javier Nieto Remolina

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