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Rusia celebra su Pascua convertida en 'ultima reserva moral' de Europa

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Rusia celebra su Pascua convertida en 'ultima reserva moral' de Europa

Rusia celebra su Pascua convertida en 'ultima reserva moral' de Europa

La Pascua Ortodoxa que se celebra hoy en Rusia es para muchos dirigentes de este país otra oportunidad para exaltar la altura moral que atribuyen a su pueblo al compararlo con el 'decadente' Occidente.

En su reciente 'línea directa' con los ciudadanos, el presidente ruso, Vladímir Putin, volvió a aludir a los nexos espirituales que "hacen invencible" al pueblo ruso y contrapuso a Rusia con Occidente, donde según dijo, "muchos países están perdiendo su identidad".

Una y otra vez, el Kremlin envía un claro mensaje: los flujos migratorios que azotan a Europa y los guetos de inmigrantes enclavados en las periferias de sus ciudades, en su mayoría ajenos a la cultura europea, causan un daño irreparable a la identidad nacional que Rusia no va permitir.

También la "propaganda homosexual de Estado", que según los mandatarios rusos reina en Occidente hasta el punto de avasallar a la familia tradicional, es inaceptable para un país que en los discursos de sus líderes parece la última reserva moral de Europa, destinado a conservar la moral y los valores cristianos.

Hace muchos años que el Kremlin va de la mano con la Iglesia Ortodoxa Rusa en la defensa a ultranza de la familia tradicional, que debe ser numerosa para garantizar la supervivencia y la grandeza de la nación.

La Iglesia, recalcó hoy Putin en su felicitación a los rusos por la Pascua, "hace una gran contribución al fortalecimiento de las bases morales de la sociedad y a la educación de las nuevas generaciones".

Los jerarcas religiosos, por su parte, siguen a pies juntillas la política exterior del Estado, ya sea para defender la intervención militar de Moscú en Siria, apoyar la anexión de Crimea o ponerse de lado de los separatistas prorrusos sublevados en el ortodoxo este de Ucrania.

Aunque Rusia es un Estado aconfesional, la fe ortodoxa se ha convertido de facto en la religión oficial, ensalzada incluso por el teóricamente opositor Partido Comunista, que parece haber olvidado el ateísmo beligerante que alentó en tiempos de la Unión Soviética.

"Les aseguro que si Cristo viviera ahora, se uniría a nosotros, porque sufrió por los miserables", dijo hace poco el líder de los comunistas rusos, Guennadi Ziugánov, condecorado hace dos años con la Orden de Honor de manos del mismísimo Kirill, el patriarca de Toda Rusia.

Hoy que el Domingo de Resurrección ha coincidido con el 1 de Mayo, una de las primeras referencias que hizo Ziugánov durante la tradicional marcha de los comunistas por Moscú fue sobre la reconciliación de su partido con la Iglesia Ortodoxa "ya durante la Gran Guerra Patria", como llaman los rusos a su conflicto con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

"Stalin invitó a todos los jerarcas y en los años de la guerra se celebró un concilio. Fueron restituidos muchos seminarios. Fue un paso en la dirección adecuada", recordó.

Algunos expertos sostienen que tras perder con la caída del comunismo su identidad soviética -atea e internacionalista, al menos sobre el papel- los rusos se han adscrito masivamente a una identificación con la fe ortodoxa como un elemento que les diferencia claramente del resto del mundo.

Si bien en 1991 apenas un 19 por ciento de la población se decía cristiano ortodoxa, "en la actualidad se identifica con esa fe prácticamente todo el mundo", asegura Natalia Zórkaya, investigadora del prestigioso centro de sondeos Levada.

Pero al mismo tiempo, año tras año todas las encuestas indican que tan sólo un 3 por ciento de los rusos siguen con rigor el gran ayuno previo al Domingo de Resurrección y son poco más de un 10 por ciento los que acuden a las misas religiosas oficiadas durante la Semana Santa.

"Esta actitud hacia la religión apunta a una identidad étnica. Ortodoxo significa ruso. Tiene relación con la crisis de identidad en la conciencia de masas de los rusos tras la desintegración de la URSS. Se trata, sin embargo, de una identificación formal, que no va acompañada de los elementos que caracterizan al auténtico creyente", explica Zórkaya.

La Iglesia Ortodoxa celebra la Pascua el primer domingo después de la luna llena tras el equinoccio de primavera en el hemisferio norte, según el calendario juliano.

Debido a esta particularidad astronómica, la Pascua Ortodoxa coincide con la que celebran los cristianos de rito occidental sólo cada tres o cuatro años.

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