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El barrio que el papa visitó en Asunción acaba el año sumergido bajo el agua

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El Gobierno dispone la evacuación de una ciudad paraguaya, pero los vecinos se resisten

El Gobierno dispone la evacuación de una ciudad paraguaya, pero los vecinos se resisten

Casi medio año después de recibir la visita del papa Francisco, la capilla San Juan, ubicada en un humilde barrio a orillas del hoy desbordado río Paraguay, permanece sumergida bajo las aguas de las recientes inundaciones que han anegado las zonas ribereñas de Asunción.

Nada hace pensar ahora que en este lugar estuvo el púlpito desde el que el pasado 12 de julio Bergoglio pronunció uno de sus discursos ante los fieles de los Bañados, como se denominan estos barrios pobres del litoral de la capital, y que hoy son los más afectados por las inundaciones que han dejado más de 100.000 evacuados solo en la capital.

Sobre el escenario desde el que el pontífice bendijo a una multitud de creyentes se levanta hoy la improvisada vivienda de Víctor Bóveda, que habita esta zona de Asunción desde hace más de 60 años y es capaz de enumerar las fechas de las últimas crecidas que asolaron el barrio.

La última fue hace casi un mes, cuando el río Paraguay abandonó su cauce e irrumpió en su casa, y Bóveda cargó su cama, su heladera, su ventilador y algunos otros enseres en una especie de balsa construida con bidones vacíos de combustible y palets de obra.

Así remontó las aguas varios centenares de metros más arriba, hasta llegar a lo que durante la visita papal fue una cancha abarrotada de feligreses, y que hoy parece una gran piscina en la que juegan varios niños para sobrellevar el calor.

Bóveda erigió una vivienda hecha con finas láminas de madera y puso su casero remolque flotante al servicio de sus vecinos para transportar mercancías o rescatar del agua algunos objetos.

Pese a que las recurrentes crecidas del río le obligan, cada vez con más frecuencia, a abandonar su hogar, Bóveda expresa su deseo de permanecer en el barrio, que está próximo a las zonas céntricas de la capital donde acude a trabajar como albañil.

"Si te vas lejos y no tienes para tu pasaje, ¿cómo vas a venir a trabajar? Acá si no tienes para comer, tu vecino te va a dar, pero eso no pasa en otros lugares. Por eso nadie quiere salir de los Bañados, porque acá está la felicidad que tienen los pobres", afirma.

Este espíritu de solidaridad y de alegría, aún en mitad de los peores pronósticos, alientan a Mabel Duré, de 36 años, a resistir junto a sus tres hijos adolescentes en una casa rodeada por el agua y apuntalada sobre el tejado de la que era su vivienda.

"Sería mucho más duro si hiciera frío, pero ahora que estamos en verano tenemos la pileta a la puerta de casa", ironiza, mientras uno de sus hijos se acerca a nado hasta el porche de la vivienda, hecho de tablones.

Duré explica que no quiere abandonar su casa porque se siente más segura allí que en un refugio en mitad de una calle, y advierte que le resultaría muy difícil trasladarse a otro barrio del Gran Asunción, como plantean desde hace años las autoridades locales para paliar la situación que cada año enfrentan los bañadenses.

"Si me voy lejos del Bañado me van a pedir que tenga un trabajo seguro, pero de eso no hay, porque yo trabajo reciclando y mi marido es albañil. No nos van a aceptar con las gallinas, los cerdos, los perros...", revela.

Sus cerdos se amontonan ahora en una pocilga flotante junto a la casa, a remojo como si se hubieran transformado en anfibios, mientras que sus gallinas han sustituido el corral por las ramas de un árbol para resguardarse.

Parte de estos animales formaron parte del menú de la cena de Nochebuena, que la familia de Duré y otras de la zona celebraron juntas, observando desde el agua, según relató, los fuegos artificiales lanzados en la bahía de Asunción, muy cerca de los rascacielos que perfilan el centro de la capital, ya a salvo de las aguas.

"La pasamos espectacular, y el fin de año lo vamos a pasar igual (...). Los niños son los más vulnerables, ellos no entienden qué está pasando, así que en lugar de sentir tristeza, nos ponemos a jugar y a reír con ellos. Además, ¿para qué vamos a llorar, si se va a inundar todo más con nuestras lágrimas?", dice.

Las previsiones apuntan a que hogares de los Bañados como el de Duré volverán a ser habitables en un plazo medio de nueve meses, cuando el nivel del río descienda y las aguas vuelvan a su cauce.

Mientras tanto, muchos vecinos resisten en estos barrios, pensando que aún es posible seguir plantando al mal tiempo una buena cara.

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