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El blanco zulú que creció sin los privilegios del "apartheid"

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El blanco zulú que creció sin los privilegios del "apartheid"

El blanco zulú que creció sin los privilegios del "apartheid"

GG Alcock es un sudafricano blanco con una historia única: creció durante el "apartheid" entre sus compatriotas negros más pobres. Hoy usa su experiencia para abrir puertas, la de los mercados informales a las multinacionales y la de la prosperidad a los jóvenes no cualificados de los antiguos guetos.

Su historia, relativamente desconocida en Sudáfrica, salta a las páginas de los periódicos estos días con la publicación de su libro autobiográfico, Third World Child (Niño del Tercer Mundo), que tiene como subtítulo el resumen de su excepcionalidad: nacido blanco, criado zulú.

"Mi padre era un granjero muy rico, que con 40 años decidió venderlo todo y comenzar a cambiar la vida de la gente", cuenta a Efe Alcock, que explica cómo, a principios de los años sesenta, su padre, Neil Alcock, recorría el país para enseñar a cultivar la tierra en las discriminadas comunidades negras.

Pero el Gobierno segregacionista estaba despojando de la tierra a los sudafricanos negros y el granjero Neil sentía que no bastaba con ayudar: tenía que vivir entre ellos y, sobre todo, como ellos.

"Mi madre era periodista. Fue enviada a entrevistar a este loco blanco que iba de aquí para allá con los negros", dice GG Alcock sobre la mujer que le traería al mundo, Creina.

Tras casarse con Neil, Creina se fue a vivir con él, sin agua y sin luz como el resto de pobladores, a un asentamiento de la localidad de Msinga.

Así, Alcock y su hermano Khonya crecieron como el resto de sus amigos de Msinga: con el zulú -que se habla en el este de Sudáfrica- como primera lengua, lavándose en el río y recibiendo enseñanzas de su madre bajo una acacia.

La lucha de Neil y Creina contra los atropellos del régimen fue muy intensa y a menudo literalmente física, con su hijo en brazos forcejeando con los agentes para detener expropiaciones entre el rugir de los motores de los vehículos policiales.

Esta batalla de sus padres contra el "apartheid" no solo marcó la senda del futuro activismo político de Alcock, sino que también le dio el nombre.

"Mi nombre viene de los camiones del Gobierno que derribaban las casas de la gente, que tenían como matrícula GG, 'Government Garage' (Cochera del Gobierno)", cuenta Alcock, que hoy tiene una original empresa de márketing que le mantiene ligado a sus orígenes.

"En zulú los nombres vienen dado por características. El nombre de mi hermano es Khonya, 'el que hace mucho ruido', y el mío es GG, que viene de la frase 'isikathi sikaGG', 'el tiempo de los GG''", relata.

Alcock sintió por primera vez la asfixiante ortodoxia del régimen cuando con 14 años fue obligado a ir a la escuela con el resto de niños blancos de la zona.

La mayoría eran hijos de la conservadora comunidad granjera a la que había traicionado su padre o de los policías que acosaban a los Alcock y sus vecinos en Msinga, que es "todavía hoy uno de los sitios más pobres y duros del país".

"Lo odiábamos, nos llamaban, en afrikaans, 'kaffir boeties' (hermanos de los 'kaffir', término despectivo para referirse a los negros en Sudáfrica), y solo éramos felices cuando volvíamos el fin de semana con nuestros amigos zulúes", cuenta.

Años después, Alcock pasó por el Ejército, con una excelente hoja de servicios como soldado y episodios de rebelión por negarse a servir en los "townships" (guetos negros) y por su activismo contra el servicio militar obligatorio.

Se unió también a la resistencia política contra el régimen y volvió a la disciplina militar como reservista, haciendo de traductor de las tropas que trataban de pacificar los "townships" a principios de los noventa, en plena guerra civil y tribal entre facciones negras.

Después de la caída del "apartheid" en 1994, Alcock comenzó a guiar a empresas en sus intentos de abrir mercado en antiguos guetos negros, un servicio que le ha llevado a fundar la firma de márketing Minanawe.

Esta compañía que él mismo dirige y que da trabajo a 2.000 personas, la mayoría de ellos sin cualificación previa cuando fueron contratados, trabaja en mercados informales urbanos y rurales de todo el sur de África.

En su campaña de más éxito, ha introducido las lonchas de queso de Parmalat en las populares especialidades de comida rápida de "townships" como Soweto (Johannesburgo), tras convencer a los vendedores que se ganan la vida en sus calles de añadir este ingrediente a sus platos y conseguir su fidelidad con descuentos y promociones.

Marcel Gascón

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