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La paz es de color amarillo, de la mano del artista colombiano Arboleda

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La paz es de color amarillo, de la mano del artista colombiano Arboleda

La paz es de color amarillo, de la mano del artista colombiano Arboleda

La mezquita a la que acuden los musulmanes que viven en Kibera (Nairobi), uno de los barrios de chabolas más grandes del mundo, ha perdido su tradicional color blanco y verde para lucir un amarillo chillón, gracias al proyecto del artista colombiano Yazmany Arboleda.

Sus fieles tampoco son como el resto de musulmanes en Kenia: abren las puertas de sus templos a los cristianos, conocen y respetan sus creencias y les ayudan a decorar sus iglesias... También de amarillo.

Musulmanes, cristianos, hindúes han alcanzado una armonía cromática en Nairobi de la mano de Arboleda, que se ha empeñado en dar una capa fosforescente a los templos de todo el mundo, empezando por Kenia, para mejorar el entendimiento entre religiones.

"La idea del color amarillo es simple: el contraste de la oscuridad, las sombras y el color del sol, la idea de que el sol no discrimina. De que todos somos parte de una comunidad global", explica el artista a Efe.

Según recuerda, Kenia es uno de los países donde la paz que simboliza el color amarillo es más acuciante por las tensiones religiosas y étnicas que, aderezadas con el terrorismo yihadista, lo han convertido en un lugar de difícil convivencia.

Nacido en Medellín en una familia golpeada por la guerra del narcotráfico de finales de los 80 y los 90, Yazmany ha aprendido a lo largo de su vida a "transformar el conflicto en belleza".

"Mi padre fue asesinado. Mi tío fue torturado hasta la muerte por Pablo Escobar, así que estoy muy ligado a esa historia. Cuando me fui a estudiar a Estados Unidos, cada vez que decía que era colombiano me decían: cocaína, secuestros, drogas y violencia".

Y Yazmany respondía que Colombia también tenía "bellas montañas y paisajes, gente encantadora y una comida increíble".

Del mismo modo, Sheikh Yusuf Nasur Abuhamza, el imán de la Mezquita Jeddah de Kibera, se siente obligado a informar sobre la "versión correcta" del Islam, subraya a Efe.

"El Islam es pacífico. La acción de unos pocos individuos musulmanes no refleja las creencias del Islam", remarca el líder religioso.

En Kenia las cosas se pusieron muy difíciles para la población musulmana en 2014, cuando una oleada de atentados del grupo yihadista Al Shabab en Nairobi y en diferentes localidades de la costa les hizo ser perseguidos por las autoridades y rechazados por la sociedad.

"En Kenia, el radicalismo nos ha llevado a ver que este lugar solo tiene que ver con guerra y violencia, y la realidad es que hay mucha gente que produce cultura y belleza", afirma.

Desde que Yazmany y sus colaboradores en el proyecto de arte público "Colour in Faith" ("Color en la fe") llegaron a Kibera, cristianos y musulmanes han dejado de ir "cada uno por su lado".

Unos 80 jóvenes de ambas religiones se reunieron durante unos días para pintar la iglesia anglicana Holy Trinity y la mezquita del imán Yusuf después.

"Hasta entonces, muchos cristianos no habían venido nunca a una mezquita ni sabían lo que hacíamos aquí, y eso daba pie a especulaciones", dice Yusuf.

Su ahora amigo, el reverendo Albert Woresha Mzera, se sienta por la tarde en lo alto de la escalinata de su iglesia, cuyo puntiagudo tejado limón puede verse casi desde cualquier rincón del slum.

"Musulmanes y cristianos pueden coexistir sin muchos roces. Compartimos hospitales, clínicas, el agua, mercados y tiendas", asegura.

El pastor reconoce que la intervención artística les ha servido para limar asperezas en una barriada tan conflictiva como Kibera, "donde la mayoría de los jóvenes han sido utilizados por los políticos para vender su agenda y actuar de forma violenta", lamenta.

Yusuf y Albert son solo dos de los líderes religiosos que Yazmany pretende embarcar en esta cruzada contra los prejuicios religiosos, que ya ha creado una constelación de decenas de puntos amarillos en Kenia y pretende seguir coloreando el planeta.

"Este proyecto ha comenzado aquí, pero nuestra esperanza es que haya comunidades alrededor del mundo que digan: "nuestro edificio también puede ser amarillo y hablar de los valores que nos unen y hacen mejores a todos".

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