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La cuestión racial vuelve a la vida pública sudafricana

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La cuestión racial vuelve a la vida pública sudafricana

La cuestión racial vuelve a la vida pública sudafricana

Una serie de incidentes racistas y una polémica entre el presidente sudafricano, Jacob Zuma, y la antigua asistenta de Nelson Mandela, la afrikáner Zelda la Grange, han devuelto la cuestión racial al centro de la vida pública del país.

La prensa ha informado en las últimas semanas de varios insultos y humillaciones por parte de blancos acomodados a trabajadores negros, especialmente en una zona aún muy segregada como Ciudad del Cabo.

Un colegio de Pretoria ha sido acusado de separar a sus alumnos blancos y negros, y chicos blancos de un instituto del Cabo Septentrional vejaron sexualmente a un estudiante mulato.

"El racismo siempre ha estado ahí, pero ahora mucha gente se atreve a manifestarlo más", dice a Efe el economista Xhanti Payi, que atribuye estos casos al "enfado" de algunos blancos de perder privilegios y tener que competir con los negros.

Con un largo historial en defensa de los derechos humanos, la periodista Simone Heradien no cree, sin embargo, que haya más casos que antes.

"Hay más gente que denuncia estos incidentes", sostiene Heradien, que ve en muchas agresiones también un componente de clase.

A pesar del crecimiento de la clase media negra, veinte años después de la caída del "apartheid" la minoría blanca sigue teniendo más educación y renta.

Para Mienke Steytler, del Instituto de Relaciones Raciales, el fracaso de Zuma al crear empleo, ofrecer educación de calidad y reducir la brecha crea frustración en todos los grupos étnicos y hace más factibles los abusos de ricos a pobres.

"Hay un discurso que dice los negros llegaron al Gobierno y el país empezó a caer en picado", dice Payi, en referencia a cómo la percepción de la ineficacia de la administración negra alimenta el racismo.

Si la carta racial se juega en la calle y casi exclusivamente en una dirección -"es difícil que un jardinero vaya contra quien le da empleo", explica Heradien-, la cosa cambia entre la elite.

En enero, el presidente Zuma afirmó que los problemas para el país comenzaron cuando llegó el pionero holandés Jan van Riebeeck, unas palabras que muchos blancos interpretaron como una declaración de que no son aceptados en su propio país.

Zelda la Grange tuiteó: "si fuera un inversor blanco me iría más o menos ahora. Zuma ha dejado muy claro que los blancos no son deseados ni se necesitan en Sudáfrica".

Su mensaje le costó fuertes críticas y salpicó incluso al legado de convivencia y reconciliación de Mandela, que algunos aprovecharon para poner en duda tras las palabras de su fiel secretaria, a quien desde el partido de Gobierno se le llamó "blanca mimada".

Los comentarios del popular cantante afrikáner y supremacista blanco Steve Hofmeyr son a menudo portada de los periódicos, así como las reacciones a cualquier crítica de un sudafricano blanco del partido oficialista, que las suele despachar como "racistas".

La ministra de Comunicaciones, Faith Muthambi, respondió recientemente a las críticas de un parlamentario opositor blanco que no toleraría que "una ministra negra" fuera tratada como si necesitara "un niñero blanco".

"Este tipo de actitudes no benefician a nadie", mantiene Steytler, que cree que contribuyen a enrarecer la convivencia y coincide con Heradien en que son utilizadas por el poder para esconder las deficiencias de gestión.

"Cuando llegó la democracia mantuvimos las clasificaciones raciales del 'apartheid' para asuntos como la discriminación positiva. Debimos haberlos abolido por completo", considera Heradien, que subraya que Sudáfrica es hoy una sociedad infinitamente menos racista que hace veinte años.

La activista lamenta que los dirigentes excluyan a colectivos como los "coloured" (mulatos) y los indios de sus discursos, en los que sólo se refieren a negros y blancos, y considera que grupos minoritarios como éstos o los afrikáners sienten su cultura amenazada.

Por otra parte, la persistencia de la pobreza entre la mayoría negra ha impulsado la irrupción en el Parlamento de una formación de discurso marcadamente racial: los Luchadores por la Libertad Económica (EFF).

Su retórica populista empuja a su vez al gubernamental Congreso Nacional Africano (CNA) a recurrir a argumentos sentimentales de raza para no verse desplazado en su papel de partido de las masas negras.

"El nacionalismo crece en ambos lados, y eso no es bueno para ningún país", advierte Steytler.

Por Marcel Gascón

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