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La familia retrocede en Rusia pese a la propaganda tradicionalista

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La familia retrocede en Rusia pese a la propaganda tradicionalista

La familia retrocede en Rusia pese a la propaganda tradicionalista

La familia tradicional pierde terreno en Rusia, que va a la zaga de Occidente pese a todos los esfuerzos propagandísticos de los poderes políticos y eclesiásticos que se empeñan en presentar a este país como la última reserva moral del mundo cristiano.

Los últimos datos estadísticos muestran que el número de matrimonios contraídos no ha dejado de caer en los últimos años en todas las categorías de edad.

El año pasado se casaron menos de un millón de rusos, mientras que hasta la desintegración de la Unión Soviética ese dato nunca había bajado de 1,3 millones.

Además, prácticamente la mitad de los matrimonios terminan en divorcio, como demuestran año tras año con una inapelable regularidad las estadísticas.

Rusia avanza por la misma senda que todo el mundo occidental, a menos velocidad, pero de forma inexorable.

Los expertos coinciden en que el matrimonio va perdiendo sentido en esta sociedad, sobre todo en las grandes ciudades, tan avanzadas como cualquier otra urbe europea.

"Hasta no hace mucho era tabú vivir como pareja de hecho, por no decir ya tener hijos fuera del matrimonio. Pero esto se ha superado, salvo quizás en el ámbito rural, y muchos jóvenes prefieren convivir sin compromisos, al menos hasta que están seguros de dar el siguiente paso", dijo a Efe Artiom Poliakov, abogado matrimonialista.

El Ministerio ruso de Trabajo -preocupado por el envejecimiento de la sociedad, el descenso de nacimientos y la caída de la población activa que se avecina- reconoce que son cada vez más los rusos los que prefieren hacer carrera profesional o estudiar antes que formar una familia.

No son pocos los que prefieren renunciar por principio al matrimonio y a tener hijos, algo que por otra parte sigue sin estar bien visto en esta sociedad.

Al igual que en Occidente, la decisión de ir al altar (o al registro civil) se pospone hasta edades cada vez más tardías.

Así, si en 1991 más de 81.000 rusas contrajeron matrimonio antes de cumplir los 18 años, el año pasado fueron menos de 7.000.

Las estadísticas, eso sí, muestran que Rusia sigue siendo un país patriarcal: los hombres se casan mucho más tarde que las mujeres y lo hacen a menudo con parejas más jóvenes que ellos.

Hace un cuarto de siglo, la mayoría de los rusos se casaba entre los 18 y 24 años, mientras que en la actualidad esa franja se sitúa entre los 25 y 34 años.

"La crisis económica de los últimos años tampoco ayuda. Los sueldos han bajado, el coste de la vida ha subido y no parece que la situación vaya a mejorar. Todo esto hace que los jóvenes se lo piensen dos veces antes de casarse y tener hijos", observa Poliakov.

Otro factor es la carestía de la vivienda, sobre todo en ciudades como Moscú o San Petersburgo, donde el precio del alquiler de un apartamento con un dormitorio puede "comerse" más de la mitad de un salario medio.

Por si fuera poco, los tipos de interés hipotecarios, superiores al 10 por ciento anual, hacen que la compra de una casa sea una quimera para la mayoría de las familias que quieren independizarse de sus padres.

Los tiempos en los que tres generaciones convivían bajo el mismo techo en pisos de poco más de 50 o 60 metros cuadrados son cosa del pasado.

El Ministerio de Trabajo ruso señala otra causa que explicaría la actual caída de nuevos matrimonios: en los primeros años de la Rusia postsoviética, la natalidad cayó vertiginosamente empujada por la pobreza, la alta mortalidad de la población masculina y la inseguridad.

Se produjo entonces el llamado "hoyo demográfico de los años 90", del que salió una poco numerosa generación que ya ha entrado en la edad adulta y que ha traído consigo descensos en todos los parámetros demográficos.

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