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El ministro de la Policía del "apartheid" reparte comida entre los negros pobres

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El ministro de la Policía del "apartheid" reparte comida entre los negros pobres

El ministro de la Policía del "apartheid" reparte comida entre los negros pobres

Fue ministro de la Policía que se esforzaba por mantener el orden racista del "apartheid" reprimiendo las protestas en los guetos negros, donde ahora, arrepentido, vuelve al volante de su vieja camioneta para repartir comida entre sus antiguas víctimas.

Es la improbable historia de Adriaan Vlok: en un país donde la mayor parte de la minoría blanca no ha pisado las zonas deprimidas de población negra, un jerarca del régimen supremacista las visita una vez a la semana para aliviar la pobreza de algunos de sus habitantes.

"No lo hago porque me sienta culpable, sino porque siento que es lo correcto y sigo el ejemplo de Jesucristo", dice a Efe Vlok, de 77 años y cuya vida dio un vuelco al encontrar a Dios tras pasar por el trance de la muerte de su esposa y enfrentarse a la amenaza de la cárcel por su papel en los años de la dominación blanca.

"Es imposible compensar el daño que hicimos a esta gente", afirma mientras descarga cajas de comida -que recoge de supermercados de la zona- en un centro de día para niños del "township" (antiguo gueto negro) de Olievenhoutbosch en Centurion, un municipio al sur de Pretoria.

"Pero usted es un buen hombre, ¿cómo pudo estar en el 'apartheid'", le pregunta medio en broma una anciana negra que trabaja en la institución.

"¡Porque creía que era bueno!", exclama Vlok antes de fundirse en un abrazo con la mujer y saludar uno a uno a los niños, también negros, que atiende el centro.

Vlok reconoce que antes, como muchos blancos del país austral, prefería no tocar a los negros.

"Me consideraba mejor por ser blanco", explica, y recuerda que les trataba con condescendencia.

El exresponsable de Orden Público ha pedido perdón personalmente a varias víctimas del régimen y en 2006 llegó incluso a lavarle los pies al reverendo y activista "antiapartheid" Frank Chikane, a quien miembros de la Policía intentaron asesinar cuando Vlok era ministro rociando su ropa con veneno.

"Debía humillarme ante ese hombre, como hizo Jesús, que la última noche de su vida en la Tierra lavó los pies a sus discípulos", declara el antiguo político del Partido Nacional afrikáner.

Este cristiano renacido rememora sus tiempos de cristiano convencional, cuando iba a misa cada domingo y era ministro de la Iglesia Reformada Holandesa, la iglesia oficial del régimen, que dio fundamento teológico al "apartheid".

"Pensaba que conocía a Jesús, pero me di cuenta de que no lo conocía, e hice cosas que van contra sus enseñanzas. 'Amarás a tu hermano y a tu hermana como te amas a ti mismo y me amas a mí', dijo Jesucristo, y yo no lo hice", reflexiona, pensando en el tratamiento que recibía la población negra por parte de su Gobierno.

Vlok resume la naturaleza del "apartheid" en términos muy gráficos: Sudáfrica era una tarta; quienes se erigieron en sus dueños repartieron el 90 por ciento entre su gente, y solo dieron el resto a los demás pueblos.

"El mayor pecado del 'aparheid' fue la falta de amor", concluye.

Una de las acciones de Jesucristo que más cita Vlok es la de acercarse al que sufre: dar de comer al hambriento, ayudar al extranjero, al enfermo y al convicto.

En su casa de Centurion viven con sus familias -sin pagar alquiler- un hombre que fue vagabundo y otro adicto a las drogas que pasó once años en la cárcel por matar a su esposa. Además, un tapicero negro tiene su negocio en el garaje de la vivienda.

La comitiva que reparte con Vlok comida en Olievenhoutbosch la forman una mujer afrikáner profundamente religiosa, una mujer "coloured" (mulata) y un señor afrikáner vestido con los característicos pantalones muy cortos de los boers que se comunica en perfecto zulú con los vecinos.

Mientras descarga cajas, Vlok reconoce que nunca pensó que pasaría así tantas horas en la última fase de su vida, recorriendo un "township" y visitando chabolas de hojalata en vez de relajarse en la lujosa casa del Cabo que compró hace años y ha acabado vendiendo.

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