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"Se veía venir", el comentario generalizado de los vecinos de Seseña

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"Se veía venir", "es algo que se esperaba desde hace años", "sabíamos que esto no se iba a quitar hasta que no pasara una desgracia" son los comentarios generalizados de los vecinos de Seseña (Toledo) que hoy se han acercado a ver cómo arde el mayor cementerio de ruedas de Europa.

En la urbanización El Quiñón, en la que según los propios vecinos viven unas 9.000 personas, no se ve el ajetreo que podría ser normal para un barrio tan habitado, sino que el panorama son supermercados cerrados, bares con las persianas bajadas y calles sin coches aparcados y casi sin gente por las aceras.

Los pocos vecinos que se pueden ver en la urbanización han ido a recoger ropa para pasar otra noche fuera de casa y, de paso, acercarse para ver cómo arde el cementerio de neumáticos de Seseña, donde se acumulaban 5 millones de ruedas y que, a pesar de las denuncias vecinales, se ha mantenido durante años.

Por ello, el comentario generalizado entre los vecinos es que el fuego que se inició a las 1.20 horas del 13 de mayo "se veía venir", y que ha sido la única forma de atajar el problema de los neumáticos apilados de forma ilegal durante años a escasos metros de sus casas.

Javier Ferrero es uno de los vecinos de El Quiñón que piensa de este modo y que anoche se tuvo que ir a dormir a casa de su suegra a Ciempozuelos (Madrid), porque las autoridades recomendaron desalojar la urbanización ante la posibilidad de que el humo afectara a la población.

"Parece que lo han incendiado a propósito y ahora sí que no van a tener más remedio que quitarlo, era un incordio", afirma este vecino que explica que en verano, lo molesto eran los bichos que vivían entre los neumáticos.

Ana y Juan, una pareja joven con un niño pequeño que viven en lo que se denomina "Seseña Viejo", es decir, el núcleo urbano histórico del municipio, creen que lo más molesto eran los ruidos de las máquinas, porque, según relata Ana, los vecinos de la urbanización se quejaban de que por las noches había movimiento.

Aunque este matrimonio no ha tenido que dejar su casa porque está a 8 kilómetros del incendio, Ana explica que su hermano, su mujer y su hijo, que viven en El Quiñón, se han ido a casa de unos familiares a Valdemoro (Madrid) y no volverán en todo el fin de semana, porque "no están tranquilos, sobre todo por el niño que es pequeño, por precaución".

"Lo venimos diciendo desde hace años, que esto es un peligro, hasta que al final ha pasado" se queja Juan, que recuerda que otro de los problemas sin solucionar de esta urbanización es la conexión con la A-4, ya que para llegar a ella tienen que circular por una estrecha carretera, en concreto un camino asfaltado en el que ni siquiera el seguro cubre los daños cuando se produce un accidente.

A su modo de ver, las autoridades tanto locales como autonómicas y nacionales "no han hecho nada" para solventar el problema del cementerio de neumáticos y los vecinos "ya estaban un poco hartos", y se pregunta por las consecuencias medioambientales del incendio, porque "no es lo mismo ir quitando neumáticos que ahora tener que retirar una pasta negra" en las que se han convertido las ruedas al arder.

Para Miguel y Pilar, un matrimonio con un niño pequeño que se ha ido a pasar la noche a Fuenlabrada (Madrid) y que han venido a por ropa a su casa para pasar fuera el fin de semana "por lo menos", el incendio del cementerio también era algo que se veía venir y que "no lo iban a quitar hasta que no ocurriera una desgracia" y vaticinan que con el acceso a la A-4 "pasará igual, hasta que no haya un accidente mortal no lo harán", a pesar de que apenas medio kilómetro separa el final de la urbanización del enlace con la carretera.

"Este barrio tenía dos problemas. Este del cementerio, en el que ha ocurrido lo peor, y el acceso a la A4, que no se hará hasta que alguien pierda la vida en este camino", lamenta Miguel mientras señala la estrecha carretera por la que tienen que circular cada día los vecinos de El Quiñón para salir a la autovía.

Además, Pilar se pregunta quién ha prendido fuego a los neumáticos y recuerda que ya en ocasiones anteriores, la última hace un año, se han incendiado las ruedas al parecer de forma intencionada.

"¿Por qué entonces no se detuvo a nadie?", quiere saber Pilar, que también se muestra preocupada por las derivaciones medioambientales del incendio, porque "las partículas tóxicas pueden caer al suelo, llegar a los cultivos y entrar en la cadena alimentaria".

De este modo, el barrio residencial El Quiñón, construido por Francisco Hernando, más conocido como El Pocero, y que se hizo famoso por ser una "urbanización fantasma" porque muchas de sus 11.500 viviendas se quedaron vacías como consecuencia de la crisis del ladrillo, vuelve a quedarse despoblada, aunque en esta ocasión sólo por unos días, consecuencia del humo negro.

Cristina Serena Trujillo

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