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El mural ‘Pez volador’ de César Manrique luce de nuevo bonito tras su restauración

La obra de Manrique, situada en la calle, está formada por 30 paneles de chapa marina sobre un muro que, con el paso de los años, sufrió daños 

Las concejalías de Cultura, Servicios Públicos y el Distrito Salud-La Salle se implicaron en esta acción, supervisada por la Universidad de La Laguna 

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Representantes municipales y el equipo de restauración junto al mural de la avenida de San Sebastián

Representantes municipales y el equipo de restauración junto al mural de la avenida de San Sebastián

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ha acabado el proceso de restauración del mural Pez volador del artista lanzaroteño César Manrique. El mural está situado en la pared trasera del inmueble que se corresponde con el número 114 de la avenida de San Sebastián y está catalogado como Bien Cultural.

Esta acción, que se inició a finales del pasado mes de septiembre, ha sido una iniciativa de las concejalías de Cultura y Servicios Públicos, con la colaboración del Distrito Salud-La Salle, según ha informado el Ayuntamiento.  

Los trabajos de restauración, que han supuesto el desembolso de 10.000 euros, fueron coordinados por la profesora de la Universidad de La Laguna (ULL) especialista en restauración, Dácil de la Rosa, que se encargó de guiar a las becarias restauradoras Paula Calavera y Elisa Ruscelli.

El principal objetivo de esta iniciativa era devolver este valioso mural a su aspecto original, bajo la supervisión de la Fundación Canaria de la Universidad de La Laguna. En los trabajos también han participado carpinteros y pintores de la empresa Dimurol. 

La obra de Manrique está formada por 30 paneles de chapa marina situados sobre un muro que, con el paso de los años, sufrió daños en su parte inferior por la acción de los grafitis y también presentaba evidentes signos de decoloración en la pintura acrílica con la que fue realizado.

El mural, firmado por el artista lanzaroteño en el año 1985 y reproducido en este espacio de la capital en 1997, consiste en la interpretación geométrica y en tonos cálidos de un pez en el que se combina una doble vertiente de puntos de vista frontal y aéreo. 

De esta forma el artista muestra las dos mitades del pez usando el mismo código de representación tridimensional de algunas de sus esculturas más significativas. Los siete colores usados para la realización de este mural son cálidos y, entre ellos, sobresalen de forma especial las tonalidades tierra. La figura queda resuelta por medio de tintas planas.

El programa de reparación incluyó la sustitución de los paneles más afectados por el desgaste, la retirada del material de tornillería que no cumplía ninguna función y la reposición de los elementos básicos para la sujeción que habían desaparecido. De igual manera, se afrontó el lijado de las zonas de color levantadas, así como la renovación total del color.

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