Leonardo Padura: “En el centro de todo tiene que estar el ser humano”

Leonardo Padura, escritor cubano, retratado en Santa Cruz

Rubén Darío García León (EFE)

Santa Cruz de Tenerife —

El escritor y periodista cubano Leonardo Padura ha manifestado en una entrevista con Efe que los grandes discursos muchas veces olvidan lo fundamental, al ser humano, y así se preocupan más del discurso que del objeto de este, el hombre.

El Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, que ha viajado a Tenerife para participar en la clausura del Festival Atlántico de Género Negro, ha destacado que el ser humano es fundamental a la hora de aplicar tanto las ideologías como las filosofías de vida, y ha señalado que en el centro de todo tiene que estar el ser humano.

Leonardo Padura ha comentado que las ideologías dependen de la persona que las aplique, pero también del momento histórico, de forma que determinadas coyunturas pueden dar resultados completamente distintos.

Así, el que cree que ha sido el proyecto social más hermoso, el que los bolcheviques propusieron con su revolución para llegar a una sociedad en la que todos los seres humanos fuesen iguales y viviesen con el máximo de libertad y democracia, se convirtió en lo contrario de lo que proponía. Ha agregado que los primeros discursos de Hitler, si se descontextualizan un poco, dicen que es un mensaje para salir de la crisis económica de Alemania tras la primera guerra mundial.

Leonardo Padura también ha sostenido que hay que ser positivo porque uno tiene una sola vida y tiene que tratar de arreglarla del mejor modo posible, y ha reconocido que esa actitud es fácil para unas personas pero difícil para otras; a las segundas hay que entenderlas porque en determinados lugares y en ciertas circunstancias es muy complicado ser optimista.

A pesar de las dificultades, el Premio Nacional de Literatura 2012 cree que tanto en Cuba como en España, aunque “no me gusta decirlo”, somos unos privilegiados, pues nuestros problemas son una tontería en comparación con los que sufren en torno a las dos terceras partes del mundo.

También se ha referido el autor cubano a que en las entrevistas trata de evitar que le pregunten por el futuro de Cuba, pues no sabe como será, y le molesta cuando le quieren decir cómo deben vivir los cubanos. Ha recordado que como periodista hay que evitar opinar sobre la realidad interna de otros países.

Ha explicado que hay cantidad de matices, de elementos a veces invisibles, que influyen en el comportamiento de una sociedad, que solo la conocen quienes viven en ella, y ha dicho que su país ha tenido el problema de que, a pesar de ser pequeño, ha tenido una visibilidad muy grande en lo político y en lo social.

Incluso los problemas económicos se ven como los “problemas económicos”, pero nunca se habla de los que tienen otros países americanos, sobre todo en España, donde Cuba es de interés casi doméstico, familiar, ha añadido el autor de La novela de mi vida y Adiós Hemingway.

Leonardo Padura ha opinado que muchas veces las realidades cubanas se ven desde perspectivas un poco maniqueas, de manera que o son blancas o negras, malas o buenas, “cuando hay matices”.

“Siempre digo que Cuba tiene el gran problema de que la comida no alcanza y la gente nunca come lo suficiente de lo que quiere comer, pero a la vez nadie se muere de hambre, y este hecho crea una dialéctica en la sociedad diferente de la que se producen en sociedades en las que las personas se mueren de hambre o en las que hay comida suficiente pero la gente no tiene acceso a ella económicamente”, ha agregado.

En cuanto a la situación del mundo, Leonardo Padura ha dicho que no le gusta ni siquiera pensarlo pero cree que, cuando el mundo era completamente bipolar (comunistas versus capitalistas), las cosas estaban más claras que en la actualidad, en la que hay confusión de ideologías, posturas económicas y expectativas hacia el futuro.

Ahora un loco fundamentalista muestra que tu vida no vale nada, como sucedió el miércoles en Londres, y un día tienes trabajo y la vida más o menos arreglada y al otro todo ha cambiado, ha indicado Leonardo Padura, quien también puso como ejemplo de esta confusión que Europa parecía que iba a ser un contrapeso a los grandes poderes y ahora está a punto de desintegrarse. Cree Padura que no se sabe nada del futuro y delante “de nosotros tenemos siempre un signo de interrogación”.

Preguntado por si los personajes de la tetralogía de las cuatro estaciones, Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño, no se rinden de ninguna manera, ha señalado que ese es un poco el lema que han adoptado los cubanos, que han vivido en medio de muchas dificultades, carencias y problemas.

La gente ha tratado de seguir adelante en esa situación, si bien es cierto que no todo el mundo ha tenido la misma reacción y algunos se han rendido, pero también en todas partes del mundo hay personas que se rinden, y a veces con condiciones materiales y económicas favorables, ha dicho Leonardo Padura.

A su juicio, la característica de los cubanos, en particular de los de su generación (nació en 1955), ha sido la de adoptar una actitud de resistencia ante las cosas de la vida y seguir adelante porque les tocó llegar a edad cercana a la tercera edad con responsabilidades con los padres y con los hijos.

Así, ha explicado que en la serie de televisión que se ha hecho de esa tetralogía se refleja que falta de todo, que hay que reinventarlo todo, tanto desde la parte económica como desde la ideológica, y la gente busca alternativas.

Tal vez el protagonista de las novelas, el policía Mario Conde, no sea el más apto para atravesar esas circunstancias, ha reconocido Leonardo Padura, quien ha señalado que el médico Luis opta por el exilio a una edad que no es fácil, y Carlos, en silla de ruedas como consecuencia de la guerra de Angola, por el optimismo.

Se trata de una generación que nunca tuvo la posibilidad de tomar las grandes decisiones, ya que les llegaron desde fuera, ha apuntado Leonardo Padura, quien ha señalado que cada personaje de esas novelas tiene una carga simbólica, a pesar de que a él no le gustan los personajes simbólicos.

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