'Loco y violento mundo'

Fotograma del filme de Tate Taylor

Fer D. Padilla

Santa Cruz de Tenerife —

- La chica del tren (2016)

- Dirección: Tate Taylor

- Guión: Erin Cressida Wilson (basado en la novela de Paula Hawkins)

- Reparto: Emily Blunt, Rebecca Ferguson, Haley Bennett, Luke Evans, Edgar Ramírez, Justin Theroux, Allison Janney, Lisa Kudrow y Laura Prepon.

2015 fue el año en el que la novela La chica del tren aparecía en las librerías. Firmada por la británica Paula Hawkins, se convirtió en un bestseller cuya adaptación ha resultado ser una de las sorpresas de lo que llevamos de año. Este impacto se debe a la excelente elección de sus actrices, interpretando personajes que viven sus día a día anclados en un presente que no les permite aislarse de los traumas del pasado y tampoco avanzar hacia un futuro imaginable. Es un tridente de mujeres formado por Emily Blunt, Rebecca Ferguson y Haley Bennett, que demuestran con creces el gran trabajo de casting de este largometraje.

Mención especial debe hacerse a esta última, a quien hemos podido ver recientemente en el remake de Los siete magníficos (Antoine Fuqua, 2016), que, con una presencia similar a la de actrices ya consagradas como Jennifer Lawrence, consigue la mezcla perfecta de rostro angelical y femme fatale que le permite convertirse precisamente en ese personaje clave que la historia necesita.

La figura central de esta intriga es Rachel (impresionante Blunt), pasajera habitual de un tren en el cual deja volar cada día su maltrecha imaginación, intentando adivinar quiénes son los miembros de esa pareja (Bennett y Luke Evans) que siempre ve por la ventana en una casa ideal y que parecen tener una vida de ensueño. Pero quizá no todo sea como ella crea. Puede que exista una línea que separe lo onírico de la realidad que atraviesan esas vías, el mismo límite que separa la imaginación de Rachel de lo que puede realmente llegar a conocer.

El nuevo trabajo del que fuera director de Criadas y señoras o de la sorprendente Winter’s bone resulta ser un viaje a un mundo de mujeres destrozadas, narrado con calma pero con la precisión suficiente como para no tener problema alguno en empatizar con ellas. Esa es la piedra angular de La chica del tren, un ejercicio mayúsculo de impotencia para el espectador hasta el punto de que la trama consigue envolvernos en su ambiente de gigantesca y fría violencia emocional.

Enmarcada en un enfoque narrativo que nos puede recordar a la Perdida de David Fincher o a la magnífica serie The affair, no deja de ser carne propia de película de sobremesa. Pero que el lector no se engañe: que estemos acostumbrados a este tipo de tramas en la hora de la siesta no significa que no valga la pena -y mucho- su visionado.

Quien acuda al cine y apueste por La chica del tren quedará marcado por ese loco y violento mundo al que se enfrentan cada día muchas mujeres de nuestro entorno. No satisfechos con la mera observación, padeceremos la ansiedad de querer ayudar a esos personajes sin saber cómo, sentiremos el deseo de justicia para sus vidas y, con el desenlace, rectificaremos acerca de esas primeras sensaciones sobre la importancia del viaje por encima del destino al que vamos.

Es un camino que van trazando las vías de ese tren, que no son otra cosa que nuestras propias historias, sin llegar a saber nunca si hemos elegido el trayecto o cómo nos enfrentamos cada día al circular por sus raíles.

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