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La cooperativa ‘preferida’ de CC debe 600.000 euros a la empresa pública de Agricultura que vende sus quesos

La entidad deudora es la lagunera Cooperativa La Candelaria, presidida por Pedro Molina, mientras que la acreedora es la pública GMR, con Narvay Quintero como responsable

Lo normal es que la comercializadora, GMR, deba a la productora, pero aquí ha sido al revés por los continuos adelantos a cuenta de la pública, “anormales” y “clara competencia desleal”, según los especialistas

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Narvay Quintero (centro), junto a Santiago Cacho y a Pedro Molina (derecha), en  una reunión en el despacho del consejero

Narvay Quintero (centro), junto a Santiago Cacho y a Pedro Molina (derecha), en una reunión en el despacho del consejero

En Canarias se sigue confirmando con extrema eficacia, pese a dogmas de transparencia y discursos a favor de la fiscalización de lo público, aquel viejo dicho que hace referencia a la condición de estrella, el beneficiado o mimado, o de estrellado, el perjudicado o castigado. Esto mismo pasa una vez más en las islas y, como a menudo ocurre, detrás de tales comportamientos “desleales” siempre hay una supuesta decisión política que ahoga a la técnica o, cuando menos, se aprovecha de ella.

Ese mismo símil, sin tener que salvar distancias, ahora se puede aplicar a una empresa pública (en su totalidad, o sea, SAU) adscrita a la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del Gobierno de Canarias (bajo el control de CC) que se denomina Gestión del Medio Rural de Canarias, SAU, y que antes fue la conocida como Mercocanarias.

Esa sociedad pública de la Comunidad Autónoma, que preside el actual responsable regional de Agricultura, Narvay Quintero (AHI-CC), y de la que es consejero delegado Juan Antonio Alonso (exconcejal de CC en La Laguna), está confirmado que, como reconocen varios especialistas consultados por este medio que prefieren mantenerse en el anonimato, benefició con el abono “desmesurado” de adelantos a cuenta “totalmente anormales” y que generaron “competencia desleal” a la entidad colectiva y ganadera preferida de CC en Tenerife: la Cooperativa del Campo La Candelaria, un sociedad privada que preside Pedro Molina y de la que es gerente Santiago Cacho.

La Cooperativa del Campo La Candelaria es la misma compañía que, según la investigación desarrollada por Tenerife Ahora, debe 600.000 euros, en estos momentos convertidos en préstamo, a la empresa pública canaria GMR, la que desde hace 10 años comercializa todos los productos lácteos que La Candelaria ahora solo produce gracias a la concesión pública de la quesería que el Cabildo de Tenerife tiene en propiedad en el barrio orotavense de Benijos. Esta concesión vence el año próximo, en 2017, según confirmaron fuentes del Cabildo, y, salvo que haya otras empresas aspirantes, puede ser prorrogada 10 años más, hasta completar la suma de 50. En la actualidad, existe una firma quesera privada radicada en la isla que tiene intención de aspirar a la gestión de esa industria pública insular.

Juan Antonio Alonso, consejero delegado de la empresa pública GMR, SAU

Juan Antonio Alonso, consejero delegado de la empresa pública GMR, SAU

Aquellos 600.000 euros, los que GMR ha mantenido como deuda viva hasta octubre pasado, cuando a ese pasivo de la cooperativa se le dio forma de préstamo (activo de la empresa pública), representan en torno al 25% de la facturación por producción de quesos de la Cooperativa del Campo La Candelaria en el ejercicio 2015, según la estimación realizada a partir de la leche que esta entidad privada presentó como transformada para recibir la ayuda del Posei del año pasado, con 2,3 millones de litros (o kilos) gestionados ese año.

Pese a que lo normal en las relaciones comerciales entre empresas suele ser que la comercializadora, la pública GMR, deba a la productora, que es la privada Cooperativa del Campo La Candelaria, en este caso ha sido al revés, por los continuos adelantos a cuenta (en torno al 25% de la facturación) de la sociedad pública, cantidades “totalmente anormales” según los especialistas consultados, pues suponen la facturación de unos tres meses.

El elevadísimo riesgo económico-financiero de la entidad que preside Pedro Molina y la decisión tajante del consejero de Agricultura, Narvay Quintero (también presidente de GMR), de acabar con esta situación de desequilibrio, que nace en legislaturas anteriores, y de garantizar el pago de la deuda son los motivos que forzaron la firma a toda prisa y ante notario del citado préstamo.

La reconversión en préstamo de la deuda de 600.000 euros (otras fuentes hablan de algo más, hasta 655.000 euros, aunque la cifra confirmada por GMR ha sido de 600.000) se cerró en octubre pasado con las siguientes condiciones, según señaló a este periódico digital la propia GMR, a través de su consejero delegado: amortización total a siete años, cuota mensual de 8.000 euros, tipo de interés del 1,5% y garantías amplias que incluso llegan a futuros ingresos de los ganaderos procedentes de la cooperativa, a pagos por la leche y a ayudas públicas directas, activos “pignorados” (algunos socios consultados desconocen el alcance real de lo firmado en el préstamo). Esto lo subrayó Juan Antonio Alonso para dejar claro que existen todas las garantías de cobro por parte de la entidad pública.

A preguntas realizadas por este medio periodístico, Juan Antonio Alonso, consejero delegado de GMR, SAU, además informó de la reciente conversión de la deuda viva de 600.000 euros en un préstamo entre esas empresas, indicó que la cantidad adeudada se acumula desde los últimos 10 años y argumentó que estas operaciones de adelanto a cuenta por los quesos que luego se recibían para su comercialización también se hicieron con entidades productoras de Fuerteventura y El Hierro, aunque en ninguno de esos casos se llegó a aquel umbral de abonos anticipados.

Según señaló Alonso, se han dado “las mismas oportunidades a todo el mundo”, y “no hay instrucción [política alguna] para conseguir tratos discrecionales”. “Las operaciones se han realizado con todas las garantías” porque “nosotros ayudamos a todos los ganaderos”, subrayó la misma fuente. Alonso también afirmó que GMR “solo se queda con un margen del 4% por la venta de los quesos canarios” y, de ahora en adelante, se ha comprometido con la Cooperativa La Candelaria a pagar a 30 días, justo lo que establece la ley y nadie cumple. Los plazos antes eran superiores, reconoció.

Eso mismo no lo comparten los economistas consultados, en los dos casos con amplísima experiencia en gestión de empresas tanto públicas como privadas. Estos sostienen que los adelantos a cuenta “han sido desmesurados y anormales” y, sin duda, “no pueden deberse a decisiones técnicas, de gestión empresarial”. “Son totalmente salvajes” y, además, pueden ser considerados, mucho más al tratarse de una empresa pública, como “clara competencia desleal”. Y uno de ellos incluso se preguntó: “¿Qué van a pensar las demás empresas queseras locales que no tienen esas ventajas y compiten en el mismo mercado, las que también necesitan tesorería y la consiguen a base de pactos financieros con la banca”.

En relación con los adelantos a otras empresas, no solo a la Cooperativa La Candelaria, fuentes consultadas que han estado vinculadas a la antigua Mercocanarias confirmaron la realización de esos abonos a Ganaderos de Fuerteventura (Maxorata), pero “eso fue hace 15 años” y “con la intención de agrupar la oferta, demasiado atomizada entonces”.

Preferencias políticas demasiado estrechas

La Cooperativa del Campo La Candelaria ha sido la niña bonita de CC en Tenerife. Lo ha sido desde hace decenios y lo sigue siendo ahora, aunque ya de otra manera. En esto algo tiene que ver el distanciamiento agudo entre Carlos Alonso y Ricardo Melchior, la persona que más apoyó a Pedro Molina durante su estancia en el Cabildo, tanto que hasta Alonso Arroyo (exviceconsejero de Agricultura) lo ha reconocido sin tapujos; eso sí, tras su retirada de la política.

Esa sociedad cooperativa, que tuvo que vender su novísima fábrica de pienso a una empresa creada ex profeso para la operación llamada Cereales Archipiélago, SA (antes de que se la quitara el banco), ha ido perdiendo gran parte de sus activos inmuebles más preciados, como es el caso citado, y además ha sido incapaz de sacar adelante, de hacer productivos y sostenibles en lo económico, un sinfín de proyectos y de actividades vinculados a la ganadería local.

Así pasó con los polígonos ganaderos, con la gestión de una explotación de recría de bovino en Fasnia (en una finca del Cabildo), con la inversión subvencionada en una industria de transformación láctea en Santa Úrsula (ya cerrada, tras pasar de propiedad privada, con el control de la cooperativa, a ser totalmente pública, del Cabildo de Tenerife). Ese cierre se consolidó a finales de 2014, tras el Cabildo inyectar millones de euros.

Hoy en día la empresa Teisol, SL (la de la planta de Santa Úrsula), está liquidada, y sus instalaciones, como las de la cercana y antigua Bio Granja, también del Cabildo, esperan comprador o arrendatario, lo que no se ha conseguido pese a que ha habido algún que otro concurso público con ese fin. Entretanto, los recintos envejecen y están siendo destrozados y desvalijados, de manera especial la antes llamada Bio Granja.

Tras el fracaso del equipo de gestión de Pedro Molina en muchas de las actividades desarrolladas por el grupo de la Cooperativa La Candelaria, casi siempre con el apoyo notable del Cabildo de Tenerife (la entidad lagunera se había convertido en el brazo ejecutor de las políticas pecuarias en la isla, sobre todo en la etapa de Ricardo Melchior), la Cooperativa La Candelaria hoy tiene como casi única fuente de ingresos la actividad de transformación láctea en la Quesería de Benijos (La Orotava), una instalación industrial propiedad del Cabildo que esa entidad privada gestiona a modo de concesión. Esta vence el año próximo, y por este dato se le preguntó al consejero delegado de GMR, que dijo que “no sabía el año de finalización de la concesión”. Y ello pese a que parece una información relevante si lo que se busca son las máximas garantías de cobro del préstamo.

En la actualidad, Pedro Molina preside la Cooperativa del Campo La Candelaria, más de una ADS vinculada a esta, la Federación de Arrastre y la Asociación de Ganaderos de Tenerife, entre otras organizaciones. En julio pasado, tras cobrar las ayudas a la transformación de la leche que paga el Posei (las del segundo semestre de 2015), la Cooperativa La Candelaria pudo dejar a cero la amplia deuda que tenía con sus ganaderos, muchos de ellos también cooperativistas, aunque cada vez menos.

A día de hoy, pese a que las cosas algo han mejorado, se sigue pagando de forma discontinua, sin seguridad en los cobros y con mucho papel (pagarés). Además, muchos de los abonos se hacen con pienso, algo que no gusta a los ganaderos, aunque a veces no les queda más remedio que aceptarlo. En resumen, que las razones políticas esgrimidas por CC en Tenerife para prestar apoyo masivo a la Cooperativa La Candelaria no se han cumplido: no se ha beneficiado a los ganaderos locales, que cobran a duras penas y sin estabilidad, y tampoco se ha conseguido sostener la pérdida acusada de la actividad ganadera de leche en Tenerife. Basta con mirar las estadísticas, o quizá sea mejor hablar con los escasos ganaderos profesionales que aún quedan para que ellos mismos cuenten lo que está pasando.

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