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Rebelión en la redacción

El político se mira al espejo por última vez, se abrocha el nudo de la corbata y sale de su despacho con la sensación de tenerlo todo controlado. Detrás de la puerta le esperan su jefe de prensa y dos de sus asesores más leales. Los cuatro bajan al mismo compás las escaleras que conducen a la habitación que habitualmente ocupan los periodistas. Al llegar a la planta baja, el asesor A empieza a darse cuenta de que algo no va bien. No se escuchan murmullos. No hay gente por los pasillos. Nada más cruzar la puerta, el peor escenario posible se presenta ante ellos. La sala está vacía.

El político mira a su jefe de prensa, que hace lo propio con el asesor A, que a su vez inclina la cabeza hacia el asesor B, que se hace el distraído con su teléfono móvil como si la situación no fuera con él. “¿Dónde se han metido los periodistas? ¿No enviaste las convocatorias?”, pregunta el importante dirigente municipal, mientras se empieza a desabrochar el nudo de la corbata. “Las envié, por supuesto. En mis 20 años de profesión, nunca había visto algo así”, replica el responsable de comunicación. Poco a poco, la sala comienza a llenarse con más personal de confianza: secretarias, directores generales, gerentes y, por supuesto, más asesores. Nadie sabe qué hacer. 

Unos kilómetros más al norte, o al sur, otro político se dirige en su coche oficial a la inauguración de un hospital. Aunque sabe de sobra que el edificio está vacío, porque aún no tiene ni medios ni personal, no quiere dejar pasar la oportunidad de figurar al día siguiente en las portadas de todos los periódicos anunciando los magníficos servicios que prestará la instalación cuando, esta vez sí, se inaugure de verdad. Claro que ese día, que a ser posible coincidirá con la víspera de una campaña electoral, habrá que volver a citar a todos los medios de comunicación y pasear por las instalaciones. Hoy, de momento, se conforma con una foto en la nueva fachada. 

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Falsa M

Lo llamé M porque su nombre tiene esa letra tantas veces que supuse que jamás pensaría que me estaba refiriendo a él. Demasiado obvio, demasiado humano. Lo  proclamé con un único signo porque era incapaz de alargar quién era, de pronunciar todos los versos de un daño que estaba anclado más allá de las palabras.

Lo llamé M porque todas las canciones que conocí desde entonces empezaron a sonarme a su nombre y no sabía cómo comprimir bien tanta incertidumbre. Pensé que sería mejor hacer como si aquellas líneas rectas no significaran nada. El problema era que él siempre me preguntaba quién era M; le decía que yo, que me gustaba escribirme para no olvidarme, que a veces me encontraba detrás de tanto insomnio. Todos los días desconfiaba de mi respuesta y me susurraba: “Sé que soy yo, pero prefiero que no me lo confieses nunca”. No lo hice por mí, no por él. Sabía que si se lo revelaba se iría lejos con mi corazón a cuestas y me miraría a kilómetros de distancia como diciendo: “Te avisé”.

El final fue más o menos parecido. Yo me convertí en un cactus encerrado en un tarro de cristal y dejé de respirar tanto amor embotellado. Me di cuenta de que tenía una habitación repleta de huellas de hombres que no eran M y supe que había desperdiciado mis 1.789 días anteriores. Podía admirarlos sin pensar demasiado, pero pasadas las horas me incomodaba una presencia extraña en cuyo nombre no había ninguna letra por la que merecieran quedarse a habitar mis ruinas.

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Santa Cruz, equilibrio y cohesión

La ciudad es siempre el resultado de una suma. Una adición de factores, acciones y emociones que permiten que la vida discurra por ella y que determinan, al cabo, la realidad que pisan sus vecinos. En su diseño y en su gestión no hay valores absolutos, más allá del debido respeto al prójimo para garantizar una convivencia sana. Por tanto, no hay pequeñas y grandes obras; no hay pequeños y grandes problemas.

Una obra de modesta dimensión, como un rebaje de aceras, puede ser la solución al mayor problema para una persona con movilidad reducida. O una gran infraestructura puede quedar empequeñecida a los ojos del vecino que sufre la inundación de su calle cuando llueve.

El reto para quienes desempeñamos responsabilidades públicas, especialmente en el ámbito municipal -el más cercano y directo al ciudadano- consiste en gestionar los recursos adecuadamente para garantizar el equilibro de la acción pública; dicho de otro modo, debemos trabajar para cohesionar económica, social y culturalmente el territorio que compartimos.

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El pan y la vida

Tal y como está el patio, lo mejor es no mirar para lado alguno, sino hacer pura introspección: nadar hacia el interior con ayuda del medio de transporte literatura (gratuito y sin controles desproporcionados en los andenes, a ser posible), con toda su rabia, con sus dantescas propuestas y con sus pésimas y también desconcertantes revoluciones conceptuales. 

En este turbio panorama de dimes y diretes, de preguntas con soluciones propias, tramposas, y de respuestas sin atenciones al otro lado, solo en papel prensa, se agradece la actitud más razonada de los indignados, sobre todo por cómo está siendo la residual mirada y el discurso de desecho en el fango político. Esto es así aquí y allá, con todas las magnas siglas y acrónimos.

La política lanza su hedor a la opinión pública como si fuera antídoto de farmacia, y huele, quizá no todos lo sepan, de forma muy parecida al aire que se respiraba cerca de los palés de la acampada de Puerta del Sol, en Madrid. ¡Mira que olía mal ese tinglado con gente! Sin ofender, pero olía todo muy mal, aunque quizá menos que alguna política que se hace aquí, en estas tierras de ubicación casi desconocida, salvo para técnicos de la Comisión Europea que vienen a medir, a ver cómo gastamos el dinero de los hoy Veintiocho, sí, de los que suman hasta dar forma a ese número, que son todos los de la UE.

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Angelitos muy negros

Por estos lares llevamos toda la semana hablando y oyendo hablar de ese vídeo. Dos chicas, alumnas de la Laboral, protagonizando una escena brutal de acoso, aunque ahora dicen que no, mientras varios compañeros jalean a la agresora y lo graban para conseguir por un lado unos pocos miserables likes de gente sin conciencia, que demuestren que todavía habita en el ser humano el trogloditismo más ancestral, y por otro, revolvernos las tripas por lo que está sucediendo con nuestras generaciones más jóvenes, que parece mentira que hasta no verlo reflejado en imágenes somos incapaces de creerlo.

Me muevo habitualmente en un ambiente de jóvenes y adolescentes y me horroriza el salvajismo de lenguaje que traen de casa. De casa, sí, porque estoy segura de que ningún profesor que se precie ha sido responsable de las palabrotas que usan algunos, ninguno de nosotros les hemos enseñados ese paupérrimo vocabulario soez plagado de obscenidades e insultos. Ese lo traen de sus casas y no les tiembla el mentón cuando lo pronuncian ni “se les llena la boca de bichos” como a nosotros cuando éramos pequeños. Me quedo perpleja de escuchar con qué alegría insultan a sus compañeros, de qué modo se burlan sin piedad y sin pensar en qué medida esto puede afectar a la autoestima de los más débiles, que en definitiva son todos ellos, porque no sé qué dedo puedo cortarme que no me duela: un día unos son los agredidos y al día siguiente, los agresores; cada uno se defiende como buenamente puede en esta jungla a la que nos hemos permitido llegar.

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¿Y ahora qué, señor Bermúdez?

Hoy se cumplen tres semanas desde que se hiciera pública la sentencia de 27 de abril dictada por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife en el llamado caso Las Teresitas, en las que poco o nada se ha sabido acerca de las acciones y recursos que usted, como presidente de la Junta de Gobierno de la ciudad, ha promovido o pretende promover para seguir defendiendo el interés del pueblo de Santa Cruz en la recuperación del dinero público invertido en su momento para la compra de los terrenos.

No voy a pretender que usted, en su condición de alcalde, pida perdón a los vecinos de Santa Cruz de Tenerife por unos hechos en los que, ciertamente, no ha tenido intervención ni responsabilidad alguna.

Ahora bien, abusando de mi antigua condición de letrado consistorial, si me permite la injerencia -confío en que así sea por los costosos sacrificios personales que, sé que le constan, me supuso ser designado por el Ayuntamiento para formular la demanda reconvencional en la causa civil de Las Teresitas-, sí que le voy a pedir públicamente que adopte una serie de medidas que sí que están a su alcance y considero absolutamente imprescindibles para que el pueblo de Santa Cruz pueda recuperar algún día la confianza en su Ayuntamiento.

La primera medida que debería tomarse con carácter inmediato, si es que ya no se hubiera acordado a la fecha, es instar ante la Audiencia Provincial la ejecución provisional de los pronunciamientos civiles de la sentencia de 27 de abril de 2017. Nadie comprendería que se diga que se está haciendo todo lo posible por recuperar el dinero invertido en la compraventa de las parcelas del frente de playa de Las Teresitas y que, teniendo a su alcance una herramienta como la prevista en el artículo 989.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, no se haga uso de esta facultad para que los que se han beneficiado del delito reintegren al Ayuntamiento los 52 millones de euros indebidamente pagados en su momento, más los intereses devengados y las costas causadas. Mientras se sustancian los recursos de casación, ¿en qué mejores manos puede estar el dinero que en las del propio Ayuntamiento?

El hecho entendible de que usted no quiera hablar todavía de conductas delictivas en el caso de Las Teresitas, por eso del respeto a la presunción de inocencia, al no ser firme la sentencia, no impide que usted y su equipo de gobierno puedan reprobar públicamente los hechos que se declaran probados por la sentencia dictada por la Audiencia Provincial, que no hacen sino confirmar los que años antes había declarado probados con fuerza de cosa juzgada la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo en su sentencia de 3 de mayo de 2007.

Urge, como mínimo, un reconocimiento, sin ambages, por parte del máximo órgano de representación política de los ciudadanos en el Gobierno municipal, de la extrema gravedad de las anomalías habidas en el proceso concertación de voluntades entre el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y la entidad mercantil Inversiones Las Teresitas del que surgieron el convenio urbanístico de septiembre de 2001, el contrato de compraventa anulado y la modificación puntual del PGO aprobada en 2004. Negar una herida es impedir que sane, y así es muy difícil avanzar hacia el futuro y que la ciudad pueda recobrar el pulso.

Señor alcalde, cuando uno trata de mantenerse al margen de un hecho tan relevante para la historia de la ciudad corre el riesgo de vivir de espaldas a la realidad. Esta situación de aletargamiento o ignorancia deliberada, en la que lleva sumido el Ayuntamiento de Santa Cruz desde septiembre de 2001, a día de hoy ya no es sostenible. Toca reaccionar, hacer autocrítica, hablar con claridad, encontrar soluciones, que en ningún caso pasan por seguir guardando silencio.

Debe reconocerse sin tapujos que, salvo honrosas excepciones, fallaron todos los mecanismos de control y saltaron por los aires todas las garantías procedimentales, y que sólo la intervención de una funcionaria ejemplar evitó que este expolio a las arcas municipales quedara impune. Que nadie dude que, sin el esfuerzo y tenacidad de doña Pía Oramas González-Moro, esta trama corrupta y jerarquizada que hoy describe la sentencia de la Audiencia Provincial habría logrado su objetivo, sin saldar una sola baja.

La actuación llevada a cabo por Pía Oramas bien merece la más alta distinción y reconocimiento por parte del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, ya no sólo por haberse mantenido firme en el momento en que se fraguó la compraventa en la defensa de su independencia frente a los vaivenes políticos y empresariales, sino, sobre todo, por haber tenido la valentía de hacer públicas las presiones a las que se vio sometida por no querer suscribir una tasación externa que no compartía, y por sacar fuerzas para defender con aplomo en el juicio que los terrenos adquiridos por el Ayuntamiento en el año 2001, en realidad, tenían un valor tres veces inferior al que finalmente se pagó por ellos. Ha llegado la hora de que, la que fue su casa durante tantos años, le muestre públicamente su gratitud por su lealtad inquebrantable al pueblo de Santa Cruz y por habernos enseñado al resto de funcionarios municipales el camino a seguir. Si la Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife a día de hoy conserva el título de Invicta es gracias a ella, que no le quepa la menor duda, señor alcalde.

Algunos con muchos menos méritos en su bagaje que Pía Oramas han sido distinguidos con el título de Hijo Adoptivo de Santa Cruz o tienen una placa con su nombre en una céntrica calle de la ciudad. La posibilidad de que se lleve a cabo este acto de desagravio público con Pía Oramas no está reñido con el respeto al derecho a la presunción de inocencia, por lo que no hay razón alguna para seguir aplazándolo.

Por otro lado, a nadie se le escapa que tras 16 años en el Gobierno municipal por parte de los representantes electos condenados por el fallo de la sentencia del caso de Las Teresitas, se cierne sobre las principales actuaciones urbanísticas llevadas a cabo por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en las dos últimas décadas un halo de sospecha de corrupción. No se puede esperar sentado a que todo llegue a su fin sin necesidad de pisar el barro, toca remangarse y adentrarse en el lodazal en que se ha convertido Santa Cruz. Muchas son todavía las causas abiertas como para no esperar que en las sentencias venideras se irán sumando nuevas condenas por delitos de corrupción. Hay que estudiar sin dilación qué posición procesal debe jugar el Consistorio en cada uno de esos procesos. No son solo fantasmas del pasado, no hay margen para la improvisación, el Ayuntamiento se juega su presente y futuro.

El Ayuntamiento de la capital, desde ya, debe colocarse al frente de esta lucha, dotándose de los mecanismos de control interno necesarios para prevenir, detectar y minorar el riesgo de que puedan reproducirse en el futuro este tipo de comportamientos que tanto daño han causado al patrimonio y a la imagen pública de la ciudad. A este fin, debería estudiarse por la Corporación la utilidad de someter a la organización municipal a un programa de cumplimiento normativo (compliance), mediante la elaboración de un plan a medida de prevención de riesgos disciplinarios y penales en el ámbito de la Administración municipal que culmine con la aprobación de un código ético o de buen gobierno específico para el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y sus entes instrumentales, que bien pudiera apoyarse en otras herramientas tales como la creación de un servicio de inspección que se encargue de investigar las posibles infracciones que se pudieran cometer en este campo, y la constitución de una comisión encargada de velar por el cumplimiento del código ético, con capacidad decisoria en materia disciplinaria y para promover la persecución de infracciones disciplinarias y delitos que puedan cometerse en el marco de la Administración local, o la implementación de un canal de denuncias para que los ciudadanos puedan hacer llegar de manera anónima sus denuncias respecto a aquellas conductas de autoridades y empleados públicos municipales que consideren contrarias a la ética.

Señor Bermúdez, se acabó el tiempo de espera, llegó la hora de actuar con decisión, de estar a la altura del mayor reto al que seguramente se ha enfrentado en su trayectoria política. Toca tomar urgentemente decisiones dolorosas pero necesarias. Y el que no esté preparado para ello que dé un paso al costado.

*Ruymán Torres Pérez fue letrado de la Gerencia de Urbanismo en Santa Cruz de Tenerife de 2002 a 2015 y defendió al Ayuntamiento en el juicio civil por el caso Las Teresitas

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Rentabilidades condicionadas

Tras las reflexiones vertidas sobre la eterna discusión acerca del concepto de diversificación económica y la imperiosa necesidad de su existencia (o no), como germen adicional del debate, será conveniente abordar el papel de las decisiones políticas en el devenir de los acontecimientos relacionados con los diferentes procesos de inversión. Teniendo claro que muchas personas asumimos que la principal motivación de nuestras actuaciones tiene un componente intrínsecamente económico, lo de la rentabilidad de éstas es parte indisoluble del proceso.

Es por ello que el proceso político de toma de decisiones, como no puede ser de otra manera, condiciona las circunstancias del entorno, independientemente de si interviene de forma activa, derivando y reorientando incluso a los diferentes sectores económicos, o de si no hiciera absolutamente nada y únicamente actuara dotando a la ciudadanía de una correcta provisión de los servicios públicos esenciales. Para eso existe un marco legislativo en el que se incorporan las reglas de juego y dichas reglas de juego pueden, y de hecho lo hacen, supeditar las actuaciones y preferencias de los agentes económicos. Para muestra, una mercería entera y no solo un botón, tanto si se le incorpora el componente ideológico como si no.

Recuperando el análisis que hace un economista como Robert Heilbroner (1919-2005) sobre la función básica de un gobierno, este argumenta que se debe centrar en “dictar leyes y hacerlas cumplir, dirigir los asuntos militares, celebrar ritos seculares y religiosos, construir obras públicas y monumentos, recabar información y establecer el bienestar social”. En sí mismas, estas actividades son técnicas y organizativas. Lo que las hace políticas es que son desempeñadas según la ideología y el apoyo social que se tenga en cada momento histórico. De ahí que sea tan importante participar en la configuración de las diferentes organizaciones que tienen, o aspiran a tener, opciones de poder, porque será donde se apliquen los cambios e intenciones que creamos convenientes para tener un sistema más acorde con nuestras preferencias.

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Necesitan mejorar

Concentración del 15M en el centro de Madrid, en la plaza de Sol

Este lunes fue el sexto aniversario del 15M. Más allá de la importancia que los grandes medios le otorgaron al hecho, este hito me ha hecho reflexionar sobre los ideales que promovía el movimiento, y debo confesar que en ocasiones la política me agota, me deja sin esperanzas y me hace pensar que el ser humano es lo peor que le ha podido pasar al planeta.

Este agotamiento se manifiesta cuando leo y escucho críticas banales de los grandes partidos políticos y de sus representantes acompañadas de reflexiones carentes de sentido común. La crítica es un elemento revolucionario en las manos adecuadas. Sin embargo, en ocasiones las redes sociales e incluso los propios periodistas fomentan y aplauden a los políticos cuando caen en la crítica vacía con el único objetivo de conseguir likes. La razón de impulso del político de turno es sacarse una foto y obtener una palmadita en la espalda del compañero de fila.

Lo vemos a escala nacional con Pedro Sánchez y Susana Díaz, o con Podemos y el Partido Popular. Las banalidades y la crítica fácil triunfan. Un ejemplo es el vídeo que está circulando por redes de Susana Díaz intentando desacreditar a Podemos y al PP, para pasar a explicarle a los ciudadanos qué fue el 15M.

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La mancha

Vertido de aguas residuales en la zona de La Hondura, el martes 9 de mayo, en Santa Cruz

El martes 9 de mayo, un avión comercial se dirigía hacia una de las conocidas como islas afortunadas. Durante la maniobra de aproximación al aeropuerto, justo en el lugar donde el mar abraza la tierra, varios pasajeros contemplaron a través de la ventanilla  algo que despertó su curiosidad. Fueron solo unos segundos, el tiempo que el aparato tardó en atravesar el corazón de Santa Cruz, pero lo suficiente como para generar un distendido debate a bordo.

“Mamá, mierda”, exclamó un niño que iba en uno de los asientos delanteros del avión. “Kevin Yeray, te he dicho varias veces que no digas esas cosas”, le replicó la madre, que levantó entonces la mirada de su revista para acercar la cabeza a la ventanilla. Al divisar la mancha, se apresuró a salir del embrollo. “Eso es chocolate, hijo. ¿No ves esa fábrica que hay detrás? Ahí se preparan las chocolatinas que nos dan las azafatas”. 

“No hay que mentir a los niños, señora. Eso no es una fábrica de chocolate, es una refinería. Y su hijo tiene razón, esa mancha es consecuencia de unos vertidos que vienen de la depuradora. No es agua de colonia, precisamente”. Justo detrás de Kevin Yeray, un hombre de unos 40 años, con cara de formar parte del movimiento No a Todo, se alongó para continuar con su arenga particular. “Vivo en Chamberí y llevamos años soportando esto, además de mosquitos y malos olores. Privatizaron el agua y ahora pagamos más por peores servicios. A ver si las promesas se convierten en hechos”. Su elevado tono de voz terminó por animar el interés del resto del pasaje. 

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La Policía Local, un cuerpo fiable y capaz

Este pasado viernes celebramos, como cada año, la festividad de la Policía Local, con un acto institucional en el también fueron entregadas las distinciones a aquellos agentes o unidades que han protagonizado servicios destacados durante el último año.

La Policía Local de Santa Cruz es un orgullo para esta ciudad; su profesionalidad, dedicación y probada vocación de servicio público ha levantado siempre la admiración de todos los chicharreros, que la quieren y respetan.

Por eso el viernes celebramos todo aquello que ha hecho de la Policía Local un cuerpo de referencia en Canarias, al tiempo que reivindicamos la vigencia de su compromiso con la ciudadanía y su continuo papel en la construcción de una ciudad segura y, por tanto, más habitable y acogedora.

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