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Un patrimonio histórico para disfrutar  

Dentro del catálogo de atractivos de cualquier ciudad se encuentra, en un escalafón muy alto, el patrimonio histórico y arquitectónico, aquel que ha moldeado con el paso de los siglos su esencia y su aspecto físico; aquel que, al mismo tiempo, es producto y consecuencia de la personalidad de la gentes que las habitaron.

Soy plenamente consciente de su importancia, no solo porque forma parte de la memoria colectiva y de un legado que estamos obligados a dejar en las mejores condiciones para las nuevas generaciones, sino porque constituye un recurso muy potente desde el punto de vista turístico y, por tanto, vital para la creación de riqueza y  generación de puestos de trabajo en la ciudad.

Desde esa convicción, mientras algunos se limitan a diagnosticar y buscar culpables, en el Ayuntamiento venimos trabajando en positivo, desde hace tiempo, en un doble objetivo: por un lado, en la promoción, divulgación y difusión de nuestras riquezas patrimoniales -que son muchas- y por otro, en el desarrollo de proyectos concretos de rehabilitación de buena parte de ellos.

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El plátano y sus fantasmas

Lo del plátano en Canarias a veces es de traca, de mucha traca. En un análisis anterior, titulaba que A rey muerto, rey puesto... pero que sea mejor, y parece que ese afán, esa declaración muy personal de intenciones, en nada se ha cumplido, aunque, también es verdad, hay tiempo por delante..., el tiempo que siempre termina acabándose cuando la premura obliga a no esperar toda la vida. Y esto creo que es lo que en la actual coyuntura le pasa al plátano canario: necesita soluciones urgentes y certeras para que los problemas del ahora no terminen convirtiéndose en los problemas del siempre, del presente y del futuro más cercano, algo que se podrá parecer mucho muchísimo a la ruina de algunos. Y esto no lo querrá Asprocan, ¿verdad?

Domingo Martín, el que de verdad maneja la OPP oriunda de la Isla Bonita conocida como Cupalma (y lo de manejar va sin segundas), es, a día de hoy, el presidente de Asprocan. Lo que leen, lo que oyen, lo que ven, que, aunque no lo parezca hasta ahora, es así. Domingo Martín es el que ya está al frente de la organización platanera por excelencia, el que ha sido elegido por los kilos comercializados para ser nuevo jefe en Asprocan tras la dimisión de Henry Sicilia (su contrario, dependiendo de cómo se mire), aunque estoy con ustedes en que esto poco se nota o no se nota nada.

Domingo Martín es hombre de pocas palabras, de poco aparecer en los mass media y, cuando le toca, lo suele hacer con gesto muy serio, demasiada sobriedad en esa presencia tan recta y vertical. Seguro que son cosas de la personalidad que cada uno tiene. Poco más, entiendo. Me basta para confirmar tal extremo con la visión detallada del retrato que Asprocan facilitó en su día del presidente, y digo Asprocan queriendo decir los servicios de comunicación del presidente.

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Seda

Él quería volar. Deseaba salir de esa caja en la que había crecido. Ya no era él mismo, había cambiado, ahora, era otro. No estaba dispuesto a conformarse con aquella vida pacífica, sin acción alguna a la que había sido sometido a vivir. Todo era monotonía, rutina, soledad… Un día a día sin sentido que lo llevaba a un futuro desolador.

Se sentía diferente de los demás, y quizás fuese presuntuoso, pero se sentía especial. Tanto como para pensar en hacer algo que los otros no habían conseguido: volar. En el aire podría sentir el viento golpeando sus antenas, experimentar el azote del alisio en sus alas. ¿Y si esta era la única oportunidad de vivir su historia?

Habló con los demás, les comentó sus intrigas y dudas. Ninguno entendió esa pasión por el mundo exterior que experimentaba. Nadie entendió por qué debía hacer algo diferente de lo que está establecido si el sistema había funcionado a la perfección durante años, que quién era él para cambiar las normas, para romper las reglas. Los más arrastrados intentaron disuadirlo entre hojas de morera caídas del cielo. Iluso, llegaron a decir.

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Ilusión sin fisuras

Les contaré un secreto. Nunca he sido una loca del fútbol, no. Además, hoy en día parece estar reñido con la inteligencia. Aunque hace poco un hombre me dijo que a mí, al contrario que a otras chicas, era sencillo mantenerme entretenida mientras él veía el partido. La solución era darme un móvil con cámara y con la posibilidad de hacer selfies, que ahí me pasaba yo tranquilita los noventa minutos y hasta las prórrogas si hacía falta. De hecho, cientos de mis mejores poses las he sacado tumbada frente al televisor.

Pero lo que él no sabía es que hubo épocas de mi vida en que el fútbol me entusiasmaba. En secreto, cierto, porque hubiera quedado feo reconocer que a una chica le gustara el fútbol en aquellos momentos de apartheid sexual. Me hubieran catalogado de machona e indecente, pero qué se le iba a hacer si el chico que me gustaba jugaba al fútbol. Y encima a mi profe de matemáticas de entonces no se le ocurría otra cosa que poner un examen justo en la tarde en que se jugaba el derby entre la UD Icodense y el CD Mensajero. Esto hacía que pasara los momentos muertos mirando por la ventana que daba al estadio a ver si el juego de piernas del tal Antonino me inspiraba alguna fórmula con la que resolver las funciones. Todavía recuerdo aquellos sabios abductores morenos corriendo tras el balón cuando el Molino aún era de tierra.

Unos pocos años después lo mío con el fútbol se hizo algo más evidente. Era allá por los primeros noventa que escuchaba con frugalidad cómo saltaban al campo las alineaciones diseñadas por el gran Jorge Valdano, con los jugadores más populares de la época dorada de nuestro Tenerife: Fernando Redondo, Chemo del Solar, Rommel Fernández, Felipe Miñambres, Dertycia… Todas las tardes de fútbol con una oreja pegada al aparato de radio y la otra escuchando palabras dulces, porque también a mi chico de entonces le gustaba el fútbol, y esas cosas se contagian de tal manera que compartirlas nos hace tener más empatía, más ilusiones en común.

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La receta

Hoy vamos a preparar un plato infalible que siempre lo dejará en buen lugar frente a los comensales invitados. Los componentes son sencillos de conseguir y el tiempo de elaboración es compatible con su quehacer diario. Verá que es preferible a un potaje de berros, una cazuela de pescado con gofio escaldado o el conejo en salmorejo, sin que falte un apetitoso queso fresco y papitas negras arrugadas.

Pero le aseguro que no se va a arrepentir. Le va a salir un plato con el que terminará chupándose los dedos. Puede cocinarlo bien a través de los procedimientos de la cocina tradicional o bien mediante la deconstrucción con el fin de modificar el aspecto, textura y combinación de los distintos sabores y colores para mejorar el estímulo sensorial. El nombre del plato que hoy vamos a preparar es  Ley de Presupuestos o, si lo prefiere, Manojo desmechado de partidas presupuestarias aromatizado con recortados pétalos salvajes cogidos por los pelos.

- Ingredientes: tome usted dinero fresco. Si no es fresco, pruebe el congelado, siempre y cuando lo mantenga fuera del frigorífico todo el trimestre anterior. También puede pedírselo prestado a la vecindad, pero tendrá que invitarlos o darles un trozo del resultado final. No se preocupe por la cantidad. Cuanto más dinero, mejor. Una vez tenga el ingrediente principal, hágase con unas buenas tijeras bien afiladas. Eso lo ayudará a recortar. Para que no sea tedioso el trabajo, descorche una botella de buen vino canario. Lo usará para el majado, a la vez que se toma unos traguitos mientras algo de música tradicional suena de fondo. Es recomendable disponer de cierta tranquilidad, con el fin de estar concentrado y así abstraerse del ruido mediático del exterior. Es obvio que también necesitará ajos, perejil y un poco de pimienta negra. De igual modo hágase con unos tomates de salsa, dos cebollas, una zanahoria, harina, perejil, pan desmigajado y algo de manteca de cerdo, con el fin de hacer la fritura.

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La casa de ácido

Duerme ya, profundamente, tu estrella

al son del fin de unas listas de espera

que se disuelven bien en esta ciencia-ficción.

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Cuanto mejor, peor

Ana Oramas, única diputada de CC en el Congreso

El intento de moción de censura de Podemos a Mariano Rajoy nos dejó un panorama desolador. La primera conclusión que se puede sacar es que el presidente de esta gran nación necesita clases particulares de lengua castellana de tercero de la ESO. “Cuanto mejor peor para todos y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí, el suyo beneficio político”. Esta frase de Mariano Rajoy se estudiará en los libros de historia de España dentro de unos años.

La segunda conclusión es que en Canarias somos la locomotora del cambio, de la regeneración democrática; en Canarias los casos de corrupción son un mito, el partido que gobierna no está, ni ha estado implicado en casos de corrupción. Por eso, la diputada Oramas, del mismo partido que gobierna en Canarias, da lecciones sobre democracia y sobre feminismo, que, otra cosa no, pero Oramas sabe mucho de defender los derechos de las mujeres.

Es cierto que a Pablo Iglesias se le ha podido ver en alguna ocasión con actitudes machistas fuera de lugar; sin embargo, dio la sensación en la moción de censura de que la nacionalista, al ver las críticas hacia Rafael Hernando por su actitud con Irene Montero, decidió subirse al carro de la crítica fácil.

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Concesión de libertad

Quiero que ames libre

aunque sea sinmigo

Mr. Kilombo

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Presupuestos participativos pioneros

Uno de los principales retos que afrontan hoy las administraciones públicas es el de abrir canales a la participación ciudadana, en sintonía con las nuevas demandas sociales de gobiernos más abiertos y transparentes.

El Ayuntamiento de Santa Cruz viene dando pasos en esa dirección desde hace varios años, de modo que se pueda ir articulando un modelo de participación de los vecinos en la gestión de los asuntos públicos de manera sistemática   y continua. Sirvan como ejemplos la encuesta para la conformación del Plan de Barrios o el taller participativo La playa que queremos, para la redacción del plan especial del frente de playa de Las Teresitas.

Si consideramos que el ejercicio de la democracia por parte del ciudadano trasciende del depósito de una papeleta electoral cada cuatro años, deberemos activar las herramientas precisas para avanzar en un nuevo modelo de relaciones, más estrechas, más eficaces.

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Mejor para todos

Irene Montero camina hacia la tribuna en la primera jornada del debate de la moción

Hace algunos años, cuando entré a formar parte activa de la política local en mi pueblo de Icod de los Vinos, comencé a oír insistentemente la expresión “moción de censura”. La gente la usaba en nuestro entorno de forma amenazante; era como el coco que asustaba no a los niños sino a los malos políticos. “Háganle una moción de censura”, nos jaleaban los vecinos sedientos de ver caer a nuestro contrincante, que también era el suyo.

Poco a poco me fui enterando de las características que debería tener una moción de censura y de las dudas que generaba a los miembros de la oposición, o incluso a aquellos que gobernaban en matrimonio pactado como fuera. Después llegó nuestro caso, pues, al presentarla, debería ser una cuestión que tenía que estar como mínimo muy bien amarrada, de forma que no quedase nada al azar, porque un minúsculo error de cálculo y se podía ir por la borda una oportunidad de oro de dar la deseada vuelta de tuerca a un gobierno.

Pues en estos días ha habido en el Congreso de los Diputados la tan esperada moción de censura presentada por Podemos contra el gobierno del PP. Tan esperada como la función teatral del cole en la que participa tu hijo, del que conoces de sobra sus capacidades interpretativas y también de qué va el guión y a la que asistes, más que nada, por solidaridad y por que no se diga.

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