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Metáfora de la miel de palma

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Ahora resulta que todas las instituciones se han preocupado por la regularización definitiva de la miel de palma, del logro de su denominación de origen y de la defensa de su denominación, cuando lo cierto es que desde que en 2001 la UE advirtiera del riesgo de ilegalidad de su concepto nada se hizo. Bueno sí, los representantes de las diversas instituciones tiraron la toalla antes de dar la batalla. Ahora, cuando a algunos se nos ha metido entre ceja y ceja la defensa de este producto y su entorno económico y social, salen con que hay muchas denuncias guardadas en la gaveta hacia los productores de miel. Por eso fueron miembros de la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias a “aconsejar” que comenzaran a poner en el etiquetado la palabra Sirope.

Pero ¿qué tiene la miel de palma?, pues tiene unas 9 empresas en entornos rurales que producen empleo y arraigo en esos núcleos poblacionales. Tiene una industria absolutamente sostenible, de transformación agroalimentaria que es el orgullo, no sólo de La Gomera, sino de toda Canarias. Una actividad que nos une con nuestros antepasados y que nos endulza algunos postres y ensaladas. Y no compite con la miel de abeja. Los canarios usamos las dos mieles para distintas cocinas. Pero sobre todo, la defensa del concepto es un ejemplo de hasta qué punto los canarios manifestamos que no estamos de acuerdo cómo nos tratan desde Europa. Cada vez que algo toca intereses de los grandes lobbies que allí están apostados para hundir a los pequeños productores, la UE pone el grito en el cielo. Y es normal que lo pongan, ese es el modelo de construcción europea que los poderosos defienden, en el que nos metieron, y donde parece no haber cabida para pueblos como el nuestro. A una cabida decente me refiero.

Lo que ya no es tan normal es que unos que se dicen nacionalistas y canarios del carajo para arriba, no muevan un dedo para defender a la gente que dicen representar. Penoso que no se den cuenta de la necesidad que tenemos de dejar de importar todo lo que comemos, de añadir valor y empleo a nuestros recursos, de elevar nuestra autoestima, de hacernos valer, de ver que nuestros representantes dan una batalla política de largo alcance. No señor, todo lo contrario. Se van a Alojera a atemorizar a los que reelaboran el guarapo. O sirope o multa. Esa es la tesitura. Más tarde, cuando las autoridades salían de la comarca, seguían oyendo el lamento canario retumbando en los barrancos. Y sonaba algo así como: ¡malditos traidores …ores, …ores, …ores…!

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