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Lo bueno, lo aceptable y lo infumable

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Aunque parezca el título vulgar de una película del género western, advierto de entrada que nada más lejos de la realidad. Ese título es solo para introducir al lector en contenidos muy serios, aunque, eso sí, servidos de forma que considero divulgativa.

El campo canario tiene una historia, como ocurre en el mismo sector productivo de otras latitudes europeas (también pertenecemos a la UE aunque nos hallemos muy cerca de África), llena de sobresaltos, pero, entre caída profunda y caída aún más profunda (estas actividades hoy solo aportan al PIB regional en torno al 1,5%), es cierto que se llegan a dar situaciones de interés que incluso levantan una sonrisa, la misma esperanza, y permiten así confirmar que, si se quiere, aún es posible colocar algunas patas que sostengan un futuro con más brillo para los que dependen de la tierra en estas islas atlánticas.

Otras decisiones y procesos, o quizá silencios, también el popular estar con las manos cruzadas, en cambio no aportan nada de nada, pues conducen justo al otro extremo: a la destrucción lenta, aunque paulatina, que cada vez acerca con más precisión al punto y final, donde todo se funde en oscuro y la nada es lo único que florece. Es el abandono que nadie quiere.

De esos dos márgenes o extremos, de lo que está en el lado en que se sonríe y de lo que está en el mismo límite abisal de la tristeza, vamos a hablar un poco en este Lo bueno, lo aceptable y lo infumable.

Lo bueno…

En este 2017, hay que reconocerlo, se ha conseguido que lo bueno esté perfectamente claro, que nadie lo discuta ni rebata. Lo bueno ha sido que la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas, al mando del herreño Narvay Quintero (de AHI-CC), haya culminado un excelente trabajo de gestión hasta normalizar y dejar al día los atrasos en los pagos de las ayudas directas del Posei adicional, el que se financiaba con fondos de Canarias y el Estado, en un principio, y ahora ya solo se cubre con dinero de Madrid, un logro que ha contado con el apoyo político de Coalición Canaria (CC) pero que tiene la firma de Nueva Canarias (NC) en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado para 2017. La verdad por delante.

La Consejería ha conseguido (y esto es algo que no logró como le hubiese gustado al sector agrario el predecesor de Quintero, Juan Ramón Hernández, de CC y palmero) desde mediados de 2015 (el inicio de la actual legislatura) lo que pocos en un principio se imaginaban: que los pagos pendientes y vinculados al Posei adicional desde 2010 (solo hubo abono pleno en 2009) hasta 2016 se pudieran cubrir en su totalidad, e incluso con el maldito 2011, en cuyo ejercicio no se llegó a conceder nada de lo recogido en las medidas contenidas en ese capítulo.

Parecía imposible, pero ya está, lo que demuestra que la voluntad política, cuando es verdadera, concede excelentes resultados, muchos más si se ve alentada y empujada por unos representantes del sector agrario que, en ningún caso, estuvieron dispuestos a tirar la toalla ante tan enorme problema. Hubo unidad de acción.

A día de hoy, ese asunto, ese cuello de botella, ese resfriado que llegó a transitar hacia la neumonía, ha sido curado, y lo que quizá sea mejor: se han arbitrado algunas medidas preventivas para intentar que ya no vuelva ocurrir.

La confirmación de que el Posei adicional ya se va a pagar todo, sin flecos ni más esperas, ni a unos sí y a otros no, la realizó el consejero Narvay Quintero a mediados de este diciembre, cuando, en rueda de prensa y rodeado de los líderes de las tres principales organizaciones profesionales agrarias de las islas, COAG, Asaga y Palca, afirmó que al fin estaba todo arreglado.

La sonrisa se dibujaba en la cara de todos los allí presentes. Terminaba así un calvario, se paladeaba  lo bueno y se consolidaba un futuro a corto y medio plazo en tan importante parcela de apoyo al campo isleño, la que representa el Posei adicional, siempre de la mano del Posei comunitario (este solo se alimenta de dinero de la UE). Fue la demostración de que el futuro siempre brilla tras dejar a un lado los sobresaltos.

Quintero lo había conseguido; se lo había propuesto y lo logró, algo que no siempre es habitual en la política canaria, la que ahora nos ocupa. Y esa sencillez aparente de decir, hacer y conseguir es la que mereció el aplauso de las citadas organizaciones agrarias, una felicitación unánime y bien alta que se oyó en todos lados. Se había conseguido el reto principal del año y ese reto ya es, por coherencia, el gran hito de este 2017. Quintero y su equipo, con Abel Morales en la Viceconsejería del Sector Primario, habían podido levantar ese trofeo imaginario: el del objetivo sufrido pero bien cumplido, justo la principal virtud de la política.

Tras enormes esfuerzos y dificultades presupuestarias, Agricultura ya tiene su plan cerrado para dejar limpios todos los pagos atrasados en el marco de las ayudas directas, algo que hará, con las cantidades pendientes del ejercicio de 2011, en dos fases

Tras enormes esfuerzos y dificultades presupuestarias, Agricultura ya tiene su plan cerrado para dejar limpios todos los pagos atrasados en el marco de las ayudas directas, algo que hará, con las cantidades pendientes del ejercicio de 2011, en dos fases: la primera, con una convocatoria de 12 millones de euros que ya ha firmado el consejero y en breve se publicará en el BOC (para proceder al inicio de las solicitudes y a continuación realizar los pagos), con la que se llegará a cubrir todas las medidas de apoyo aplicables en ese año para las actividades agrícolas y ganaderas, con la única excepción del tomate de exportación.

Este cultivo se atenderá algo más tarde, pero siempre antes de julio de 2018, con una aportación global prevista en torno a los siete millones de euros. Las dos opciones se alimentan de fondos propios, con la única diferencia de que los siete millones saldrán de créditos adicionales. Y con esto, tararí que te vi: todo listo, actualizado y pagado. Así da gusto…

Lo aceptable…

Pero como ocurre en la vida misma, lo bueno suele convivir con lo aceptable y lo infumable, y ahora toca referirnos a la combinación de esas dos palabras en cursiva que habitan en el centro.

Algo que entra dentro de lo aceptable es que con la Consejería se puede hablar: las puertas están abiertas y siguen abiertas, y se abren para mirar hacia delante. Lo aceptable también consiste en que la gestión de todas las subvenciones regladas ha mejorado, una cuestión muy importante. Y lo aceptable además incluye que haya intentos, con mejores o peores resultados, para facilitar la venta donde más fácil debe resultar hacerla: en el mercado interior. De esto mismo va el programa Crecer juntos, al que aún queda mucho por delante hasta alcanzar los ambiciosos objetivos que con él se han propuesto los gestores públicos. Sequía y agua de riego merecen un capítulo aparte.

Hay más cosas que han sido aceptables, que han sido valoradas por los representantes del sector agrario local, y también, claro, entre ellas se deben incluir los aspectos que la Ley del Suelo recoge en relación con las actividades agrarias, normas previamente consensuadas con todas las organizaciones agrarias.

Lo infumable…

Según este repaso sencillo, hay muchas cosas bien, pero se quedan otras en el camino que son cruciales. Estas forman parte de lo infumable, y en ellas vuelve a estar incluido un clásico: el plátano, con problemas serios de comercialización en hoy su casi único destino, Península; con pérdida de renta de muchos agricultores, de manera especial los pequeños y medianos, y sin ventas garantizadas incluso en los tradicionales meses del boom: otoño e invierno.

En este 2017, ya hay semanas de noviembre y diciembre con picas que superan el global de los 2,3 millones de kilos, más todas las anteriores del año. Es un drama, un drama con compleja solución.

Señores, el plátano tiene un problema, dejémoslo bien claro, y su problema es el mismo problema de los últimos años, ahora agravado y a punto de convertirse, si ya no lo es, en algo estructural, grave. El problema del plátano es, en esencia, el inmovilismo, que no se ha hecho nada en los tiempos más felices y tampoco nada en los menos felices. Y cuando no se hace nada, o muy poco y de bajo impacto real, los problemas solidifican, terminan castigando. Así ha pasado.

Ahora el plátano se halla en una fase de durísimo castigo, y la verdad es que tampoco se sabe muy bien cómo salir de esa jaula ni quién está en condiciones de tirar del carro, con más o menos destrozos en el camino elegido para relanzar el futuro.

A los problemas de comercialización, producción, regulación de la oferta…, hay que unir otro que es muy relevante y del que menos gusta hablar a Asprocan y a determinados productores locales: lo mal que se gestiona la pica y lo peor que se gestionan los residuos agrícolas que se acumulan como consecuencia de ella.

Aquí se falla, y mucho, y no basta con controlar a los principales medios de comunicación locales para frenar las difusiones informativas de gran impacto. No, una parte del plátano que se pica se debe gestionar como residuo agrícola siguiendo unas normas establecidas para ello y esto, por desgracia, no siempre se hace bien. Es un gran error, sin duda; un error que termina por derribar algunos mitos que a este sector le ha costado mucho tiempo y esfuerzo colocar en la cima.

Y hay muchas cosas más dentro de lo infumable, sin duda, pero yo me quedo sin espacio, con la única posibilidad de encontrar el hueco preciso para meter en esta caja de texto aquello de Lo bueno, lo aceptable y lo infumable. Y sé que se me queda todo un mundo por fuera, pendiente de ser agarrado. Será la próxima vez.

*Artículo para la edición de diciembre de 2017 de la revista Agropalca

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