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Cuando imbécil se escribe con hache

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Decía el recientemente fallecido escritor, filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco, un sabio que conocía todas las cosas simulando que las ignoraba para seguir aprendiendo, que “ en el mundo están los cretinos, los imbéciles, los estúpidos y los locos. En suma todo el mundo, si se mira bien, participa de alguna de esas categorías. Cada uno de nosotros de vez en cuando es un cretino, un imbécil, un estúpido o un loco. Digamos que la persona normal es la que combina razonablemente todos esos componentes o tipos ideales”.

Todo el que me conoce sabe que si de algo me precio en la vida a mis cuarenta y siete años cumplidos es de pertenecer desde los dieciocho al Negro Mester, a la Tuna Universitaria, a esa institución tan querida o denostada y que entronca con sus vestimentas de época, su alegría, desenfado y sus canciones las raíces humanísticas europeas de los siglos XIV y XV rompiendo las tradiciones escolásticas medievales y buscando descubrir al hombre y dar un sentido racional a la vida.

En estos días en una emisión del programa Got Talent España de la cadena Tele5, tuvo lugar una desagradable, aunque nada extraña en los tiempos que corren de populismo y demagogia, muestra de la intolerancia, la prepotencia y la mala educación que actualmente impera en nuestra sociedad, y que se alaba como modernidad y progresía.

Acontecía que en este programa “caza talentos artísiticos” actuaba la Tuna de Aparejadores de Granada, y me duele sinceramente tener que decir que no con demasiada fortuna, pues al querer alcanzar el minuto de gloria televisivo flaco favor hizo a una Institución, la Tuna, con el esperpento de actuación que llevó a escena en el programa, haciendo un número "cómico musical" basado en los Clavelitos, musicalmente pobre y que no solo nos dejó en evidencia a tantos y tantos compañeros Tunos, sino que además alimentó y justificó con su actuación los argumentos de los progresistas trasnochados, vanguardistas avejentados y demás personajes para los que la Tuna es una institución bufa, retrógrada y que debiera desaparecer de nuestra sociedad

Y digo esto porque Eva Hache, una de las estrellas televisivas del programa en cuestión, debería saber, conocer y tener presente que al ser una de las partícipes principales del mismo por la que percibirá sin duda alguna generosos emolumentos, está obligada a un mínimo de educación hacia los participantes en el concurso, evitando mofas, escarnios, levantarse con aspavientos, gesticular con desprecio y dar la espalda a los participantes.

No es de recibo, por mucho que nos desagrade alguna actuación musical, escatológica (como de hecho se ven en tal cultural programa) o cómica, actitudes injustificables de este tipo, rozando la insolencia o la falta de respeto, aunque como ella dijera fuese porque "detesta la Tuna y los Tunos desde que era joven y acudían a rondar a su vecina de arriba sin dejarla dormir".

Cabe, no obstante, en su juvenil descargo decir que tal rencor desde su ya tierna infancia puede emanar de no ser ella el objeto de tales rondas y serenatas, pues de todos es sabido que nada más español que la sana envidia, máxime en cuestión de amores.

Esperemos, pues, que Manuela Carmena (“Jaimita y sus ocurrencias”), Ada Colau, y sus adláteres, adalides todos de los tan en boga falsos progresismos, que están lamentablemente conformando una adulterada realidad de progre ignorancia , no lleguen a afirmar nunca con tanta contundencia como desconocimiento que la Tuna sea de derechas pues si esto llegara a suceder temo se aplicara al Negro Mester, confundiéndolo con la Santa Inquisición previo estudio de pago a la cátedra complutense creada ad hoc por la hija de Fidel Castro, la Ley de la Memoria Histórica.

Sería esta una gran equivocación pues en la Tuna han cabido, caben y cabrán izquierdas, derechas y centros, trasciende y trascenderá a la política atravesando épocas o regímenes sin significarse ideológicamente como Institución pero no por ello dejando de dar cabida entre sus filas a grandes personajes públicos que en este país han sido y son, que van, por citar algunos, desde Juan Echanove, Jesús Puente, Juanjo de la Iglesia, Marc Parrot, José Luis Perales o Joaquín Sabina, a Castelao, Blasco Ibáñez, Rafael Altamira, Narcis Serra, Antonio Hernández Mancha, Jordi García Candau, Javier Nart, Xose Manuel Beiras, José María Álvarez del Manzano o Adolfo Suárez.

Si esa Tuna hizo en la televisión lo que no debiera, no debe dar pena decirlo. Lo que debe dar pena y preocupar es lo que con demasiada frecuencia vemos y presenciamos con falsa normalidad: ataques investidos de intelectualidad a todo aquello que quienes se arrogan la empatía popular, estimen obsoleto o que deba ser erradicado de nuestras tradiciones y cultura popular, sin importarles en nada la libertad de expresión de quienes estamos a favor de otras manifestaciones artísticas, sean o no retrógradas o pretéritas, máxime si como en el caso de la Tuna entroncan con la tradición secular de este nuestro país y nuestra Historia.

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