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Más inversión para reducir riesgos

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José Manuel Bermúdez, alcalde de Santa Cruz de Tenerife.

Tres semanas después de las lluvias torrenciales caídas sobre la ciudad, durante la mañana del domingo 19 de octubre, en el Ayuntamiento de Santa Cruz continuamos trabajando para paliar sus consecuencias. Aunque las tareas de limpieza y desescombro concluyeron tiempo atrás, gracias a la labor de un amplio contingente de operarios, con todo tipo de vehículos y maquinaria, andamos empeñados en la pronta realización de una serie de infraestructuras necesarias. La más que probable posibilidad de que este tipo de fenómeno meteorológico pueda repetirse en un futuro no muy lejano, nos obliga a ello. Somos conscientes de la necesidad de reforzar las condiciones de resistencia ante situaciones similares y no hay tiempo que perder.

Cada vez que me preguntan sobre el grado de preparación del municipio para hacer frente a estas situaciones, mi respuesta es la misma: Hoy mejor que ayer pero nunca del todo. Si centramos la comparación con la fecha del 31 de marzo de 2002, una catástrofe de recuerdo imborrable, creo que hemos progresado. Basta con ver el funcionamiento de la mayor parte de las obras acometidas tras ese temporal, por valor superior a los 55 millones de euros. Pero continuamos teniendo problemas en lugares donde no se terminó de actuar, como la avenida de Venezuela, puntos de La Gallega, Tíncer, Acorán o Vistabella (caso de la calle Arabia), además del barranco del Cercado, en San Andrés, o la parte alta del barranco del Muerto, en Tío Pino, entre otros.

Conscientes de esa situación, veníamos trabajando en la inclusión de los proyectos correspondientes, junto con otros, dentro del Plan Insular de Cooperación de Obras y Servicios Municipales 2014-2017, que promueve el Cabildo, en colaboración con los ayuntamientos. De hecho, varios equipos de ingeniería andan metidos, desde hace varios meses, en su redacción, para la ejecución de las obras en el plazo citado. Las consecuencias del último temporal han obligado a intensificar la evaluación de los daños sufridos, con el fin de saber con exactitud dónde hay que priorizar y qué coste tiene cada una de esas actuaciones. Por eso hemos demandado al Cabildo que adelante sus previsiones cuanto sea posible y apure la licitación de los trabajos.    

Desde la institución insular, la respuesta está siendo acorde con la importancia de esta situación, tanto por los responsables políticos, encabezados por su presidente, como por los técnicos. El objetivo no es otro que aplicar el concepto de urgencia inmediata y lograr que los trabajos puedan estar en marcha desde el próximo mes de enero, además de que la previsión plurianual quede concentrada en un mismo ejercicio. Seguramente, de haberse hecho así con anterioridad, en circunstancias parecidas, hoy serían mayores las condiciones de resistencia ante fenómenos de este calibre. El plazo de ejecución de cada una de estas obras no es igual, sino que dependerá de su volumen y complejidad.

 

 

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