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El ocio hecho negocio

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Con la entrada en vigor de la Ley 1/2004, de Horarios Comerciales, y más recientemente con el Real Decreto-ley 20/2012, de medidas para garantizar la estabilidad presupuestaria y de fomento de la competitividad, se introdujeron en el marco legal español una serie de medidas dirigidas a alcanzar una mayor liberalización de horarios y de apertura comercial en domingos y festivos, puesto que, entendía por ejemplo el Real Decreto-ley, “la ampliación de la libertad de horarios tendrá efectos positivos sobre la productividad y la eficiencia en la distribución comercial minorista y los precios y proporcionará a las empresas una nueva variable que permitirá incrementar la competencia efectiva entre los comercios.

Asimismo, se incrementan las posibilidades de compra del consumidor y, en consecuencia, sus oportunidades de conciliación de la vida familiar y laboral”. Hago un inciso para destacar el tremendo cinismo del legislador, que fundamenta estas medidas en la conciliación de la vida familiar y laboral. No parece que esta sea una condición  sine qua non para tener un horario laboral digno. Ahora, para que te deslomes cincuenta horas a la semana de lunes a sábado y que el domingo te abran las tiendas para que te dejes las perras que no pudiste gastarte durante la semana, sí, ¡gracias!

Es a raíz de este nuevo marco legal cuando empezaron a aflorar las denominadas Zonas de Gran Afluencia Turística, por supuesto también en Santa Cruz, que no es otra cosa que la exaltación del consumismo como fórmula mágica para revitalizar la ciudad; abrir las tiendas durante más tiempo. El ocio de unos y el negocio de otros por un bien común. La mercantilización de la vida, la cuadratura del círculo, formas parte del mercado laboral y vendes tu fuerza de trabajo para comprar desaforadamente productos, bienes y servicios. Sociedad de consumo se llama. Eso sí, todo con la excusa de dar servicio a los cruceristas, y yo me pregunto, si tan magnífico es para el comercio local la llegada de cruceros a Santa Cruz, ¿por qué no todos quieren abrir?, ¿a quién beneficia realmente la liberalización de horarios?

El consumismo, además de la expresión más evidente de la sociedad de consumo, es una burbuja económica en sí misma (más grande mientras más crédito bancario interviene). Cuando las personas tienen dinero pueden gastar, incluso por encima de sus necesidades, pero cuando no, como durante la crisis, se entra en un periodo deflacionario donde el comercio se ve resentido, sobre todo el pequeño. Mientras las multinacionales y grandes marcas siempre pueden recurrir a los beneficios obtenidos en otras partes del mundo para cubrir las pérdidas en esta, al comercio familiar solo le queda cerrar. Cuando una persona no tiene ingresos en lo primero que deja de gastar es en cosas superfluas, por lo que muchos comercios que se aprovechan de este consumo excedentario tienden a perecer. Por lo tanto, ¿por qué no acompasar consumo y venta?, es decir, ¿por qué no producir lo necesario y consumir lo justo para que no se genere una burbuja comercial destinada sistemáticamente a estallar?, es más, ¿conviene seguir esta senda cuando el consumo colaborativo parece ser el futuro?

Dicen que somos lo que consumimos, la publicidad nos convierte en seres alienados y, encima, desde lo público todas las iniciativas para reactivar la economía confluyen en lo mismo, en consumir. Una solución para incrementar el consumo interno (la demanda agregada) es tener unos buenos salarios, ¡que empiecen por ahí! Si no tengo un euro, por mucho que me bombardeen constantemente con mensajes dirigidos a que consuma, no voy a poder hacerlo, ¿pero qué sucede?, en la sociedad de consumo no hay un mercado donde de forma natural se ofrece y se compran productos y los precios fluctúan libremente, no. La sociedad de consumo es aquella en donde existe un mercado inflado en el que se produce descontroladamente y se consume por vicio, no para cubrir necesidades fundamentales, como debería ser. Es tan importante que consumas que hasta se han inventado una estafa legal, la obsolescencia programada. La publicidad alienta reiteradamente esa perversa pulsión por consumir que cada vez tenemos más inoculada los seres humanos, un consumo para complacer deseos de estatus social osatisfacción material, la exaltación de lo absurdo.

Pues en esa espiral estamos también en Santa Cruz, de Plenilunios a Sal2 a BlackFridays para que vengas y gastes lo mucho o poco que tengas, o para que te frustres enormemente por no poder consumir lo que te han programado que consumas. Como diría José Mujica, expresidente de Uruguay, mejor ser austero, porque cuando consumimos, lo que realmente estamos haciendo no es gastar dinero, sino el tiempo de nuestra vida que hemos empleado en ganar ese dinero. Mejor no malgastarlo. Debería ser suficiente con un trabajo, unos ingresos para vivir sin agobios, y los domingos y festivos para el ocio, que no el negocio.

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