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El populismo a debate

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Donald Trump

Donald Trump Gage Skidmore

A raíz de la elección de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos se ha desatado una ola de reflexiones sobre qué entendemos por populismo. Hay muchas definiciones sobre el asunto, libros y documentales para todos los gustos. Aunque muchos sitúan su origen en algo relacionado con el fascismo, en el siglo XX debemos recordar que Julio César ya lo utilizaba.

Trump es misógino, racista y xenófobo, pero ha sabido jugar con inteligencia la carta del populismo para ganarse a los descontentos con el establishment. Incluso se ha ganado al electorado latinoamericano. Pero, ojo, el populismo no es algo lejano: lo podemos encontrar en cualquier rincón de España un par de siglos después de sus inicios.

¿Acaso la campaña política del Partido Popular en 2012 no la podemos incluir en la historia del populismo? El actual presidente del Gobierno basó todo su argumentario político en un sinfín de promesas que no cumplió, empezando por la subida de impuestos y terminando por los recortes en educación y sanidad. Todavía retumban en mis oídos esas odas que recitaba Mariano Rajoy sobre lo importante que es el futuro de nuestros jóvenes.

Trump es misógino, racista y xenófobo, pero ha sabido jugar con inteligencia la carta del populismo para ganarse a los descontentos con el 'establishment'

Hace unos años, cuando a ciertos sectores de la política española no les gustaba algo, recurrían al terror. ETA era el comodín del público. De esta manera, cualquier tertuliano de base podía romper el argumentario del contrario sin el más mínimo problema. Hoy hemos sustituido a ETA por palabras como populismo, podemita, Venezuela o demagogo. Reconozco que esta última es mi favorita.

Canaristán

Nuestro archipiélago no se queda atrás en eso de los populismos. En Canaristán nuestros políticos son expertos en el uso del lenguaje y la manipulación de las masas. Son nuestros mayores los que más la sufren, aunque ya no ocurre con tanto descaro como en épocas más solventes. A aquellos que pasaban a formar parte de la llamada tercera edad se les invitaba a excursiones, encuentros...

Su voto era un voto seguro, que no defraudaba, y muchos hoy te repiten eso de: “Yo voto a tal partido porque defiende los intereses de Canarias y a la gente mayor nos ayuda mucho”. Tendríamos que dedicar varios artículos para desgranar cuáles son esos intereses y si realmente coinciden con los de los canarios.

Otros de los grandes perjudicados son los barrios de la periferia. De ellos los políticos de primera línea de batalla solo se acuerdan en precampaña y época electoral. Su principal arma son las fotos, eso de... sombra aquí y sombra allá. Dicen que una de las características del populismo es hacer promesas a sabiendas de que no se van a cumplir, pero no voy a abrir la caja de pandora porque la lista de promesas sería interminable en este último caso.

Quizás nuestro mayor problema no sean los populismos, sino la falta de conciencia política y de responsabilidad que tenemos a la hora de ejercer nuestro derecho al voto. Banalizamos tanto la realidad y nuestros actos que cuando tomamos una decisión errónea culpamos a lo que propiamente hemos votado. No siempre la mayoría tiene la razón, pero las mayorías siempre ganan, aunque sean injustas y aunque utilicen el populismo como instrumento electoral.

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