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La verdadera noche en blanco de Clavijo

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Por paradojas de la vida, Fernando Clavijo pasó su peor noche (en clave política) justo en la víspera de la presentación de la Noche en Blanco de La Laguna.

Probablemente, en blanco se pasaría él también esa madrugada, atando cabos y espantando el fantasma de la vendetta. Horas antes, llegó Pamparacuatro y dijo que se acabó el caféparatodos (léase: el magistrado del Juzgado de Instrucción número 1 de La Laguna le imputa por una presunta trama de favores).

Ya lo decía el gran Forrest: la vida es como una caja de bombones, que nunca sabes lo que te va a tocar. Y es que al alcalde de La Laguna, acostumbrado al sabor a dulce en el paladar, no le ha quedado más remedio que tragarse un pastelito envenenado.

Aún así, Clavijo, que otra cosa igual no, pero es de los que dan la cara, compareció ante la prensa en esa tarde aciaga del día 13 (jueves, que no martes) para explicar su verdad.

Tras ese loable ejercicio de exposición pública aún en caliente, todo hacía pensar que al día siguiente habrían mil excusas que justificaran un repentino cambio en su agenda. Sin embargo, quiso estar presente en la rueda de prensa de la sexta edición de la Noche en Blanco, consciente de que pocas preguntas tendrían que ver con este evento.

Y allí estuvo: sobrio, sereno, pero con una pena en el alma, como diría el poeta, y con el evidente gesto de haber pasado otra noche en blanco bien distinta a la que estaba anunciando.

Al mismo tiempo, en la barra de un bar cercano un quinqui que se ponía al tanto de la actualidad a través de un periódico mientras se tomaba el barraquito exclamaba: "¡Tremenda imputada!" 

 

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