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INTERNACIONAL

Cinco posibles escenarios tras una campaña insólita

¿Clinton arrasa? ¿Trump da la sorpresa? Con números y también con algo de humor, Tom McCarthy predice y analiza cinco posibles resultados de las elecciones

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Votantes hispanos buscan hacer historia en las reñidas elecciones presidenciales

El peso de los votantes hispanos, de las mujeres, la participación en los estados clave... son muchos los elementos que pueden cambiar el curso de estas reñidas elecciones. EFE

Unas elecciones con resultado incierto, aderezadas por denuncias, investigaciones del FBI, correos electrónicos filtrados y grabaciones embarazosas. Estos son, para Tom McCarthy, los cinco escenarios posibles al cierre de los colegios electorales en los que Hillary Clinton y Donald Trump pelean por ocupar el despacho más poderoso del mundo. 

1. Clinton arrasa

En este posible desenlace,  Donald Trump pierde en todos los estados que tienen una pizca de sentido democrático y también en varios de los grandes estados republicanos. Es el desenlace con el que fantasean todos aquellos que quisieran que el horror y la indignación que sienten ante la candidatura de Trump se tradujeran en un resultado electoral. 

Trump no sólo pierde en estados decisivos como Florida, Carolina del Norte y Ohio, sino que  además pierde apoyo a raudales, saliendo derrotado de Iowa, Colorado, y además –en un golpe que hace que esta elección sea la mayor derrota republicana de la historia– pierde en estados en los que nunca antes ha perdido un republicano. Los votantes afroamericanos de Georgia logran una participación electoral récord para vencer a Trump. Los votantes latinos hacen lo mismo en Arizona. En Texas, inmigrantes mexicanos de segunda y tercera generación se unen a los votantes blancos y universitarios, que incluyen a muchos republicanos moderados, para darle la victoria a un candidato presidencial demócrata por primera vez desde el Watergate.

Clinton logra incluso derrotar a Trump en Utah, donde las devotas votantes mormonas deciden a último momento que no pueden votar a un candidato que quiere “cogerlas por el coño”. Los líderes republicanos salen en televisión al día siguiente de las elecciones a decir que la candidatura de Trump fue un error histórico. Miles de personas critican al Partido Republicano por haber elegido un candidato que, a pesar de tener una base fuerte, estaba claro que no era un aspirante serio para dirigir un país tan grande y diverso.  

Recuento electoral final:

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2. Trump gana por poco

Según este desenlace, Trump consigue los 270 votos electorales que necesita para mudarse a la Casa Blanca, gracias a una victoria sorpresa en el noroeste del país, y a pesar de ser derrotado en los estados de Nevada, Colorado, Virginia y Pensilvania.

En esta situación hipotética, Trump le debe su débil victoria a los votantes blancos, especialmente a los votantes blancos de zonas rurales. Con el correr de las horas, Trump se da cuenta de que ha perdido en Nevada y Colorado, debido a que los latinos han ido a votar en su contra en ambos estados.

Ha perdido en Virginia porque hay muchas personas de los suburbios de Washington DC que tienen algo de experiencia real trabajando para el gobierno nacional y están horrorizados de pensar que Trump pueda ser su jefe. Sorprendentemente, los votantes blancos de clase trabajadora de   Pensilvania no logran derrotar al voto demócrata de Filadelfia y sus suburbios. Pero Trump se hace fuerte y logra vencer en estados decisivos como Florida, Ohio, Carolina del Norte y Iowa.

Y le llega un golpe de suerte: Trump consigue un único voto electoral en el norteño y rural estado de Maine, uno de los estados que dividen sus votos electorales. Finalmente, y contra todos los pronósticos, gana inesperadamente en Wisconsin, donde no gana un candidato presidencial republicano desde 1988, pero es un estado más “blanco” que sus estados vecinos, donde Hillary Clinton no logra inspirar a los votantes afroamericanos de Milwaukee, y donde una vez más triunfa la maquinaria política del gobernador republicano Scott Walker.

Recuento electoral final:

3. Clinton gana pero sufriendo

Aquí, a los demócratas les sube la presión arterial a 220/140 hasta que por fin a las tres de la madrugada se anuncia que Clinton ha ganado en Florida, logrando así los 29 votos electorales que necesitaba para llegar a la Casa Blanca. 

Clinton logra algunas victorias bonitas y esperadas durante la tarde, conquistando Pensilvania y Virginia y los estados que todos esperan que gane en el noroeste. Todos los pronósticos del voto anticipado de Nevada se cumplen. La gente que se esperaba que votara por ella (mujeres, no-blancos, blancos universitarios), efectivamente lo hacen y no parece haber razón para que Clinton no sea presidenta. Pero a lo largo de la velada, aparecen distintas señales que ponen nerviosos a los demócratas.

Primero, los votantes independientes de New Hampshire responden al último empujón de la campaña de Trump y llegan a la conclusión de que no quieren una dinastía de Clintons en la política estadounidense. Le dan a Trump cuatro votos electorales. Además, Trump gana en Carolina del Norte, donde hay muchos votantes blancos y donde han triunfado los esfuerzos republicanos para que la gente no vaya a votar y, además seamos honestos, si en ese estado perdió Barack Obama en 2012, ¿cómo va a ganar Hillary Clinton?

La cosa pasa de castaño oscuro cuando llegan los resultados de Colorado. Una gran parte de los votantes de los suburbios de Denver están registrados como independientes, y quizás les ha pasado como a los de New Hampshire: ya vale con los Clinton. Así, Clinton se estanca en 266 votos electorales. Trump llega a los 243. Todas las miradas se posan sobre el estado de Florida. Los votantes no-blancos de Miami no se han presentado a votar como se esperaba. Al mismo tiempo, la participación de las comunidades de jubilados blancos ha sido aplastante.

El voto portorriqueño en la zona de Orlando parece no haberse materializado. Y todavía están con el recuento en Tampa y San Petersburgo. Entonces llegan los resultados finales del Condado de Broward, donde en 2012 Obama ganó por más de 260.000 votos, y el estado claramente está con Clinton. Trump grita que ha habido fraude, pero nadie lo oye por el ruido de botellas descorchando.

Recuento final: 

4. Empate técnico

Este desenlace le da a Estados Unidos la crisis constitucional que Donald Trump, que según un análisis ha estado involucrado en más de 4.095 pleitos, prometió tácitamente cuando puso el pie en su escalera de oro. El resultado de las elecciones acaba siendo reñido, mucho más reñido de lo que cualquiera hubiera pensado.

Quizás Trump gana en New Hampshire y además arrasa en otros estados decisivos, excepto en Colorado, para lograr un empate de 269-269 votos electorales. O quizás en Florida, que incluso en las plácidas elecciones de 2012 se tomó cuatro días para informar el resultado electoral del estado, se llegue a una diferencia mínima, como la que hubo entre Al Gore y Bush en el año 2000, y se tiene que hacer el recuento de nuevo, surgen peleas por  el sellado de los votos en ausencia, ambos partidos se niegan a concederle la victoria al otro y se llega a la madre de todas las batallas legales.

El ciclo de elecciones de 2016 ha demostrado su capacidad de dispararse hacia resultados inimaginables, y seguramente nadie llega a comprender lo peliagudo que puede acabar todo. El desenlace electoral más temido parece ser el de un empate. ¿Qué pasaría entonces? Nadie lo sabe muy bien. Si bien la Constitución establece que el Congreso debe resolver la hipotética situación de un empate, y se dieron  un par de casos en elecciones a principios del siglo XIX en los que tuvo que intervenir el Congreso, la realidad es que no hay precedentes relevantes.

Como los presidentes técnicamente son elegidos por los electores que votan formalmente en diciembre, existe la posibilidad de que un “elector desleal” desempate a favor de, por ejemplo, Clinton, contradiciendo la voluntad de sus votantes. Pero el Congreso debe hacer el recuento formal en enero, y si un solo senador o diputado no está de acuerdo con el resultado, cada cámara debe votar la validez del recuento. Ya veis hacia dónde va esto. Hay un Congreso que no puede ni atarse los cordones de los zapatos, mucho menos va a poder resolver conflictos constitucionales.

¿Surgiría un resultado por otro lado? ¿Tendría que intervenir la Corte Suprema, otra vez? (¿Cuando le falta un juez? ¿Y si también empatara la Corte Suprema?) ¿Quién resultaría más litigante, Trump o los Clintons? Ay madre mía. Hay puentes que mejor no cruzarlos a menos que sea realmente necesario.

Recuento final: pasadme el pacharán.

5. Estados Unidos “se hace grande de nuevo”

El Reino Unido votó a favor del Brexit. Los Chicago Cubs ganaron la serie mundial de béisbol. Pues estas cosas vienen de a tres. Es 2016. Pensabas que estabas viviendo en otra época, la de los realities de televisión, la del entretenimiento puro y duro, la era de Trump.  Y cualquiera que no esté enceguecido por nostalgias del ayer puede verlo venir. Los votantes a los que no les molesta nada de lo que diga Trump han votado por él.

Pero millones de votantes adicionales –madres de los suburbios, inmigrantes de segunda generación que ya se han integrado, republicanos que han entrado en razón, y hombres de todo el país– han ido a votar y se han dado cuenta de que no podían votar por una representante de la política del pasado –y encima de todo, mujer– o no les han molestado tanto las declaraciones de Trump ni las acciones de sus seguidores.

Después de todo, no debe ser en serio lo de deportar a millones de habitantes de Estados Unidos, ni eso que dijo sobre las mujeres, ni hablaba en serio cuando puso en duda la democracia estadounidense, ni cuando dijo que los mexicanos son violadores y los musulmanes terroristas, ni hablaba en serio cuando dijo que estaría bien que Arabia Saudita tuviera armas nucleares, ni cuando dijo que había que callar a los periodistas, ni todas las veces que dijo que Hillary Clinton debería acabar en la cárcel. 

Las victorias de Trump comienzan en New Hampshire, siguen en  Virginia y Carolina del Norte, se extienden a Iowa y Ohio y luego, más temprano de lo que nadie hubiera apostado, llegan a Florida, donde Trump tiene su segundo hogar. Nadie lo puede creer cuando Trump gana en Pensilvania. Resulta que los votantes afroamericanos de Filadelfia se han quedado en casa y un gran número de residentes de los suburbios de Filadelfia decidieron que un candidato al que le gusta tanto el golf no puede ser tan malo.

Trump gana en Colorado, quizás se le escapan Nevada y el noroeste, pero para entonces ya tiene más de 300 votos electorales, así que a quién le importa. Trump le pone una enorme T de oro en la puerta a la Casa Blanca, y abrochaos los cinturones. Recuento final:

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