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INTERNACIONAL

El cuento de Canterbury, o cómo una madre soltera desbarató el récord Guinness de los tories

La candidata laborista Rosie Duffield fue una de las sorpresas de las elecciones británicas, al ganar en la histórica ciudad tras 160 años de dominio de los conservadores

La ciudad, que mantenía el récord Guinness de victorias de un solo partido, dio el triunfo a esta exmaestra, madre de dos adolescentes, por apenas 187 papeletas

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Rosie Duffield tiene 45 años y es madre soltera de un varón de 14 años y otro de 18. Cuando dejó su carrera como maestra auxiliar, empezó a escribir sátiras políticas.

Rosie Duffield tiene 45 años y es madre soltera de un varón de 14 años y otro de 18. Cuando dejó su carrera como maestra auxiliar, empezó a escribir sátiras políticas.

Rosie Duffield acaba de encontrar su lugar en la rica historia de Canterbury al convertirse en la primera parlamentaria laborista de la ciudad.

Sir Julian Brazier, su predecesor del Partido Conservador y acérrimo defensor del Brexit, pasó 30 años ininterrumpidos en el cargo. Entre su forma antigua y la actual, los conservadores habían mantenido el escaño de Canterbury durante 160 años. Según el libro 'Guinness de los Récords', ningún otro partido en el mundo mantuvo durante tanto tiempo el liderazgo en un distrito electoral.

En una jornada excepcional por el nivel de participación electoral (72,7%), 25.572 votantes eligieron a Duffield, el 45% del total, y le dieron la mayoría con una leve ventaja de 187 papeletas.

Según los conservadores, los que hicieron ganar la elección a Duffield fueron los estudiantes, jóvenes votantes motivados por el esperanzador mensaje del líder laborista, Jeremy Corbyn, y por su irresistible promesa de eliminar las matrículas universitarias. Pero aunque no se pueda negar el efecto de los estudiantes en esta vibrante ciudad universitaria, Duffield y los habitantes de Canterbury forman un grupo demográfico con más matices y riqueza de lo que sugiere el desprecio del rápido análisis conservador.

El sentimiento de los electores

Azrael Soord, camarera de 20 años en el Old Buttermarket (un pub junto a la catedral de la ciudad que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), es una de las personas que votaron por el Partido Laborista. Nacida y criada en Canterbury, en septiembre comenzará un curso de cuidado infantil. Según ella, “Julian Brazier ha sido parlamentario de Canterbury demasiado tiempo”. “La ciudad necesitaba un cambio. Está claro que el grupo demográfico de los estudiantes definitivamente tuvo un gran impacto, pero yo he vivido toda mi vida en esta ciudad y me preocupa la salud, la educación y el trabajo. Estoy muy preocupada por lo que ocurre con la sanidad pública (NHS, por sus siglas en inglés) y la campaña nacional laborista influyó en mi decisión. Esta mañana me he despertado muy feliz”.

Duffield

Duffield haciendo campaña.

Soord está entre los muchos habitantes de Canterbury que temen por el futuro del NHS. La ciudad fue testigo de la reducción de su servicio de emergencias, que pasó a ser solo un “centro de atención” que, además, piensan cerrar este 19 de junio. En términos concretos, significará que cuando una persona sufra una lesión grave en Canterbury tendrá que hacer un viaje mucho más largo para recibir tratamiento en la ciudad vecina.

El tema de la financiación de los servicios públicos surge una y otra vez entre el electorado. Para el guitarrista de jazz y empleado a media jornada en la cadena de reparto de comidas por bicicleta Deliveroo, Jason Kavanagh (26 años), es una de las claves que explican su voto: “Soy músico, así que en lo que respecta a las artes, a la financiación de la cultura y a todo eso, el que tenía que ganar era el Partido Laborista”.

Alan Jarvis trabaja como administrador en el hospicio Eastbridge de St Thomas the Martyr, fundado en el siglo XII en la calle principal de Canterbury para alojar a los peregrinos pobres que visitaban el santuario de Sir Thomas Becket. El hospicio es una de las atracciones turísticas de la ciudad, junto a la catedral, el castillo, las paredes medievales y muchas otras joyas históricas de Canterbury.

Jarvis dice sentirse orgulloso por la atracción turística que representa Eastbridge y por su papel en la ciudad. Pero también dice que incluso un recurso económico tan fundamental como el hospicio ha sufrido los recortes presupuestarios: “Vemos cómo desaparece el acceso a la base histórica de Canterbury por falta de financiación. No les interesa el significado de las atracciones turísticas, solo les importan los números”.

Después de 19 años viviendo en Canterbury y de seis semanas de campaña tocando incansablemente en la puerta de sus vecinos, Duffield es plenamente consciente de los temores que sienten sus nuevos electores. Esta exmaestra auxiliar apenas puede ocultar su incredulidad por la posición en la que hoy se encuentra. Cada vez que pasa algún vecino con pegatinas del Partido Laborista en la ropa, se detiene a expresar su sorpresa y alegría. Pero en verdad sí entiende por qué los votantes de Canterbury se volcaron por ella y por el Partido Laborista. “Julian Brazier y los tories no representaban a este distrito electoral, joven y variado”, explica a the Guardian en la terraza de un restaurante de la calle principal.

Duffield en una marcha en Canterbury en contra del Brexit.

Duffield, a la izquierda, en una marcha en Canterbury contra del Brexit.

Según Duffield, el rumbo marcadamente a favor del Brexit de Brazier no le ayudó a mantener su cargo. “Tenemos gente cuyo trabajo depende de nuestra relación con la UE. Tenemos turismo. Canterbury es la primera parada en el camino hacia Londres. Realmente necesitamos tener una buena relación con la UE. Julian Brazier lo ignoró”.

En su opinión, no es el único motivo. Dice que los vecinos de Canterbury en viviendas sociales no le sacaban el tema de la UE. “Personas que necesitan una reevaluación de su discapacidad, personas que esperan en los pasillos a ser tratadas, con nuestro centro de atención de urgencias bajando el nivel y ahora cerrando, nadie sabe dónde ir”. En su opinión, “no son solo los estudiantes”. “La gente está sorprendida por los cambios que quieren hacer los tories en las pensiones, en la atención social... Los tories asumieron que podían ignorar esas cosas, pero no pueden”.

El imperio contra la maestra

Duffield no podía ser más distinta a su predecesor, un caballero del Imperio Británico de 63 años educado en Cambridge y Oxford, aficionado a la caza, con historial militar y una breve carrera en finanzas corporativas.

Duffield tiene 45 años y es madre soltera de un varón de 14 años y otro de 18. Cuando dejó su carrera como maestra auxiliar, empezó a escribir sátiras políticas. Recientemente, Duffield y sus coescritores habían estado trabajando en el piloto de un programa de marionetas que, según Duffield, cubre “todo el espectro de los partidos. Hay muchas marionetas de Nigel Farage. Y la de Theresa May ya estaba casi a punto”.

Su inesperado triunfo ha dejado la escritura de sátiras en pausa. Su experiencia como madre soltera tuvo que ver en la decisión de meterse en política. “Como madre soltera y maestra auxiliar, dependía completamente de los créditos fiscales. Mi sueldo era de aproximadamente unos 8,50 euros la hora y sin ellos no habría podido criar a mis hijos. De verdad sentí que ya había llegado el momento de que alguien en el Parlamento supiera sobre las mociones que se estaban votando”.

El profesor universitario de literatura inglesa en la Universidad de Kent Ben Hickman (34) es activista de Momentum y se pasó la campaña repartiendo octavillas y movilizando a los jóvenes. Según él, la política de Corbyn los motivaba: “Tenemos un liderazgo con imaginación e ideas verdaderas sobre la sociedad”.

Por supuesto, Duffield no tiene el apoyo de todos los votantes de Canterbury. Uno de ellos es Robert McLean, de 53 años: el año pasado eligió permanecer en la UE, siempre ha votado tory y el jueves apoyó a Brazier. Según dijo a the Guardian, el resultado electoral lo decepcionó: “No me preocupa tanto que gane el Partido Laborista, sino la posición más débil en la que nos encontramos ahora. No estaba de acuerdo con el Brexit, pero quería a alguien que pudiera llevarlo adelante. Estoy muy decepcionado”.

El resultado tan igualado entre los dos partidos no parece haber evitado la calidez generada por la nueva parlamentaria de la ciudad, a la que muchos vecinos felicitan cuando se la cruzan por la calle. Un buen comienzo para este último cuento de Canterbury.

Traducido por Francisco de Zárate

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