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INTERNACIONAL

Europa suspira de alivio por la derrota de la extrema derecha en Austria

La victoria de la izquierda se celebra como el 'contragolpe progresista' contra el Brexit y Trump, pero no hay que olvidar que el 46% votó por la extrema derecha

Austria entra en una nueva batalla: las elecciones parlamentarias de 2018

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Los ultras austríacos dicen que llega su hora tras la derrota en las presidenciales

Alexander Van der Bellen saluda a sus seguidores al celebrar la victoria en el Sophien Saele en Viena EFE

Europa suspira de alivio tras la  victoria de Alexander Van der Bellen en la repetición de las elecciones presidenciales del domingo en Austria. Después del trauma de la victoria de Trump y del Brexit, los partidos de centro, socialdemócratas y liberales de todo tipo temían otra victoria del creciente populismo xenófobo representado por el candidato Norbert Hofer, del Partido de la Libertad, de extrema derecha.

En su lugar, Europa y su maltratada encarnación política, la Unión Europea, han conseguido una prórroga. Austria ha logrado no convertirse en la primera democracia moderna en elegir como jefe de Estado a un extremista político cuyo partido hunde sus raíces ideológicas en el neonazismo de su líder más conocido, el fallecido  Jörg Haider.

Van der Bellen, izquierdista moderado proeuropeo y apoyado por los verdes austríacos, ganó con un amplio e inesperado margen del 7%. En las primeras elecciones, celebradas en mayo, Van der Bellen obtuvo una ventaja de un 1% o menos, una diferencia que fue impugnada por Hofer.

El resultado dará un empujón a los políticos europeos de tendencia similar a la de Van der Bellen que también se enfrentan el año que viene a fuertes retos electorales de la extrema derecha, especialmente en Francia. “Lo que pasa hoy aquí tiene importancia en toda Europa”, declaró el candidato verde antes de votar, denunciando también la fuerte postura antieuropea, antiinmigración y nacionalista de Hofer.

Cuando se anunció el resultado previsto, Sigmar Gabriel, vicecanciller alemán y líder de los socialdemócratas, expresó su satisfacción y sincero alivio. “Se nos ha quitado de encima una carga a toda Europa”, señaló. El resultado es “una clara victoria del buen juicio contra el populismo de derechas”, añadió.

Manfred Weber, líder del mayor grupo de centroderecha en el Parlamento Europeo (Partido Popular Europeo), también hizo una interpretación más amplia del resultado. De hecho, hablando en nombre de Bruselas, objetivo de la ira nacionalista, Weber dijo en Twitter: “Los austríacos han enviado un claro mensaje proeuropeo. La celebración de la derecha populista se cancela de momento”.

Contraataque liberal

Algunos incluso enmarcaron el resultado en un contexto global, algo inusual para Austria, un país europeo pequeño cuyas políticas son, en gran parte, desconocidas. Ulrich Kelber, ministro alemán, sugirió que el resultado de la votación representa una reacción negativa a la victoria de Donald Trump. “Quizá la elección de Trump fuera el punto de inflexión. La mayoría liberal empuja de nuevo”, señaló Kelber. Pero eso está por ver.

Las funciones presidenciales en Austria son en su mayoría simbólicas, a diferencia de lo que ocurre en Francia, donde en la próxima primavera se elegirá al sucesor de François Hollande, presidente socialista. La carrera enfrentará probablemente a François Fillon, de centroderecha, y a Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, de extrema derecha. La izquierda francesa es un caos. Le Pen respaldó a Hofer, a quien también envió un mensaje de apoyo al comienzo de la votación.

Las voces que aseguran que la derrota de Hofer representa el comienzo de un contraataque liberal no preocupan en exceso a Marine Le Pen. El Frente Nacional se muestra confiado en que la sensación de enemistad y desilusión con el establishment político expresado por muchos votantes franceses se traduzca en un fuerte, si no decisivo, apoyo en la elección presidencial.

Geert Wilders, el euroescéptico antiinmigración e islamófobo que actualmente goza de una ola de apoyo en Holanda, también respaldó a Hofer. Pero es probable que también él reste importancia al efecto contagio del resultado en Austria a las elecciones holandesas del próximo marzo.

Sin embargo, Alemania, vinculada más de cerca con la cultura política de Austria y preocupada también por asuntos de inmigración e identidad nacional, puede que vea en el resultado del domingo una señal de lo que esperar en las elecciones federales del próximo septiembre, en las que participará el partido populista Alternativa por Alemania.

Por reconfortante que sea la victoria de Van der Bellen para los progresistas europeos, el hecho es que algo más del 46% de los votantes austríacos apoyaron la candidatura de Hofer. Este dato revela que el país está profundamente dividido y, sobre todo, con una actitud más derechista e intolerante que antes.

En este sentido, se pueden fijar similitudes con Reino Unido, donde el UKIP, partido contra la inmigración, ha atraído un creciente apoyo en los últimos años y donde el 52% de los votantes optó en junio por dar la espalda a Europa y a la Unión Europea.

Van der Bellen destacó la relación con el Brexit durante su campaña. El candidato verde predijo que si Hofer salía elegido, este presionaría para que Austria celebrase su propio referéndum por el “Oexit”. Esta posibilidad se ha alejado, pero la idea no desaparecerá por completo. Aunque la batalla por la presidencia ha terminado, la lucha política más amplia que existe en Austria ahora se enfrenta a su siguiente fase.

Ante las elecciones parlamentarias de 2018, el Partido de la Libertad de Hofer encabeza las encuestas de opinión, con aproximadamente un tercio de los apoyos. Van der Bellen ha prometido frenar la formación de un Gobierno dirigido por el Partido de la Libertad, incluso si fuese a ganar las elecciones generales. Dicha acción podría provocar una crisis constitucional.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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