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INTERNACIONAL

Los bosques tropicales se han convertido en una de las principales fuentes de emisiones de carbono

Un estudio revela que los bosques están tan degradados que, en lugar de absorber emisiones, producen más carbono al año que todo el tráfico de Estados Unidos

Las regiones forestales ya no sirven de filtro purificador para la atmósfera

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Los árboles de la Amazonía "inhalan" menos carbono en las sequías, según los expertos

Los principales pulmones del planeta están dejando de cumplir su función EFE

Según  un nuevo estudio que pone la voz de alarma en la urgencia de proteger y restablecer el Amazonas y otras regiones similares, los bosques tropicales del planeta están tan degradados que han pasado a ser una fuente de emisiones de carbono en lugar de un filtro purificador.

Los investigadores descubrieron que zonas forestales de Sudamérica, África y Asia –que hasta ahora jugaban un papel crucial a la hora de absorber gases de efecto invernadero– están liberando 425 teragramos (425.000.000.000 kilogramos) de carbono al año, que es más de lo que produce todo el tráfico de Estados Unidos.

Los hallazgos demuestran que la pérdida es mucho más grande de lo que se pensaba y el peso del estudio es aún mayor al ser el análisis más detallado que se ha realizado hasta la hora del tema. Los autores dicen que los descubrimientos –publicados en la revista Science– deberían llevar a los legisladores a tomar cartas en el asunto para remediar la situación.

"Esto demuestra que no podemos relajarnos. Los bosques no están haciendo lo que nosotros pensábamos que estaban haciendo", dice Alessandro Baccini, uno de los principales autores del equipo de investigación del Woods Hole Research Center y la Universidad de Boston. "Como siempre, los árboles están eliminando carbono de la atmósfera, pero el volumen de bosques ya no es suficiente para compensar por las pérdidas. La región ya no es un filtro purificador".

La investigación más exhaustiva hasta ahora

El estudio avanza más que cualquier otro en medir el impacto de la  degradación –la disminución de la densidad de los árboles y la desaparición de biodiversidad bajo un el dosel arbóreo– normalmente como consecuencia de la tala de árboles selectiva, incendios, sequías y la caza.

Esto puede reducir en hasta un 75% la biomasa. Sin embargo, la degradación es más difícil de monitorizar por los satélites que la deforestación (la desaparición total del follaje) porque visto desde arriba, el dosel arbóreo puede dar la sensación de no estar afectado, a pesar de la disminución de vida debajo.

Para conseguir datos más fiables, los científicos han analizado 12 años de datos de imágenes de satélite y estudios de campo. Han descubierto una pérdida neta de carbono en todos los continentes. Latinoamérica –hogar del Amazonas, el bosque más grande del mundo– representa casi un 60% de todas las emisiones, mientras que África supone un 24% y Asia un 16%.

En general, se ha perdido más carbono como consecuencia de la degradación que de la deforestación. Los investigadores insisten en que, además de una preocupación, estos datos representan una oportunidad: ahora es posible identificar qué áreas se están viendo afectadas y se puede reforestar esas zonas antes de que desaparezcan por completo.

Es necesario tomar medidas

"Antes sabíamos que la degradación era un problema, pero no sabíamos hasta qué punto o dónde", dice Wayne Walker, otro de los autores principales. "Es más fácil abordar el problema cuando todavía queda algo de bosque".

La prioridad es proteger bosques que estén casi intactos y con altas densidades de carbono. Walker dice que la forma más efectiva de hacer esto es apoyando los derechos territoriales de las comunidades indígenas. "Los que viven en los bosques pueden marcar una diferencia", añade el autor.

Desafortunadamente, muchos territorios se encuentran en zonas en las que los gobiernos están inclinándose por medidas muy opuestas. Por ejemplo, en Brasil y Colombia, la deforestación se ha acelerado mucho durante el año pasado.

"Me impacta mucho mirar las cifras y el mapa de dónde están teniendo lugar los cambios", dice Baccini, padre de un niño de dos años. "Es posible que mi hijo no vea muchos de estos bosques. A este ritmo, no existirán".

Baccini señala que estas cifras deberían impulsar el cambio. "Tenemos que ser positivos. Transformemos los bosques en un filtro purificador de nuevo. Tenemos que restaurar las zonas degradadas", dice el investigador. "Teniendo en cuenta la tecnología reductora de carbono, son metas fáciles de alcanzar. Sabemos cómo proteger y mantener los bosques. Es relativamente rentable".

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