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INTERNACIONAL

Gaza combate con peces las políticas de Israel

En los últimos dos años se han creado varias granjas de peces para hacer frente a los obstáculos que pone Israel a la pesca palestina

Sus pescados abastecen a los particulares que acuden a las piscifactorías, pero no son suficientes para proveer a los distribuidores comerciales

"Mi padre trabajó 30 años en una piscifactoría en Israel. Abrir una en Gaza era su sueño", explica el piscicultor Mohammed Salmi

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Un trabajador palestino captura doradas en una piscifactoría de la Franja de Gaza.

Un trabajador palestino captura doradas en una piscifactoría de la Franja de Gaza. Khalil Hamra/AP

En la piscifactoría de Al Bahar, en Gaza, una familia palestina equipada con redes de mango largo intenta atrapar doradas en un depósito. Se oyen gritos cuando un niño extrae un pez, uno de la media docena que pronto será destripada y cocinada a la parrilla en el restaurante que hay justo al lado.

La instalación se encuentra en una pequeña elevación sobre una playa y desde ella se ve cómo rompen las olas del Mediterráneo. Junto al restaurante y el acuario, Al Bahar presume de un parque infantil y de que los visitantes acudan al recinto para pasar un día diferente.

Para sus propietarios, sin embargo, Al Bahar representa la posibilidad de algo mucho más significativo: proporcionar a los palestinos una nueva fuente de suministro de pescado y reducir su dependencia de las importaciones de Israel.

El sector pesquero palestino funciona bajo restricciones muy duras. Una zona de exclusión controlada por Israel limita el espacio en el que pueden trabajar a seis millas (unos 11 kilómetros) de la costa gazatí. Los pescadores se arriesgan a que les disparen, los detengan o les confisquen su pesca.

Las poblaciones de peces en la zona son escasas y las flotas de Gaza tienen dificultades para capturar lo suficiente para abastecer al mercado interno. Por eso los mercados actualmente venden doradas –el pescado más habitual en los restaurantes de la zona– que importan dos veces a la semana de las piscifactorías de Israel.

Al Bahar tiene doce enormes depósitos de peces que construyeron a un precio de 1,2 millones de dólares. Es la piscifactoría con más éxito de las cuatro que han brotado en Gaza desde la guerra con Israel de 2014. Además se está preparando para construir en un terreno contiguo una segunda granja comercial de peces, que esperan que esté lista dentro de un año.

Por el momento, sus peces se cultivan a partir de alevines y huevos comprados a Israel, que también proporciona los alimentos ricos en proteínas para los animales. Sin embargo el propietario, Yassir Al Haj, se plantea abrir un criadero para dejar de necesitar importar alevines y huevos.

Haj explica que la granja produce 120.000 kilos de dorada al año, una cantidad suficiente para abastecer a los clientes particulares que acuden a su granja y a su restaurante, pero mucho más baja de la necesaria para proveer a los distribuidores comerciales. "Los comerciantes vienen a nosotros, pero aún no podemos suministrarles pescado. Por eso vamos a construir una segunda piscifactoría que podrá producir 200.000 kilos", indica Haj.

Añade que el precio de la dorada hace que solo esté al alcance de las élites de Gaza. "Solo unas cuantas personas que tienen salarios altos pueden permitirse venir aquí", explica.

Dificultades por los cortes de electricidad

Todas las granjas de Gaza son vulnerables a la inestabilidad que provoca el gobierno de Hamas. Pero Haj señala que el mayor obstáculo para la expansión es la falta de un suministro de electricidad fiable para un negocio que necesita energía 24 horas al día para oxigenar los depósitos y mantener vivos a los peces. "Tengo que tener dos generadores de emergencia, que me cuestan 100.000 dólares. Si viviera en cualquier otro lugar que no fuese Gaza, no necesitaría ese coste", lamenta.

Es un problema que conoce muy bien otro piscicultor de Gaza. Tras una valla en un terreno costero cercano a la ciudad meridional de Khan Younis, Mohammed Salmi, de 21 años, cuida los depósitos de su familia. "Mi padre trabajó 30 años en una piscifactoría en Israel", explica Salmi. "Abrir una en Gaza era su sueño".

Mucho más pequeña que Al Bahar, la granja gestionada por la familia Salmi perdió su primera 'cosecha' de camarones tras un corte de electricidad en su depósito principal. Ahora prueban suerte con faredi, un pequeño pez naranja que es más robusto que el camarón y puede sobrevivir con solo 12 horas de electricidad al día. En cualquier caso, la familia ha encargado paneles solares como medida de emergencia para mantener sus peces con vida.

"Perdimos un millón de camarones el año pasado", cuenta Salmi. "Así que ahora tenemos siempre miedo a la falta de energía. Pero cuando llegue la energía solar –esperemos que en menos de un mes–, debería irnos bien".

Como en Al Bahar, la familia planea construir un restaurante y una gasolinera para sus clientes, que vienen de toda la Franja de Gaza. Y al igual que en la otra piscifactoría, Sami explica que la popularidad de la granja entre los clientes particulares hace que no haya suficiente pescado para suministrar a los comerciantes del territorio.

De nuevo en Al Bahar, Basil Abu Sahal está comprando dos kilos de pescado para que los coma su familia. "Es la primera vez que vengo", explica. "Estoy probando, pero es casi el mismo precio que pagas en el mercado". Señala que parte del atractivo radica en que el pescado es mejor que el que se captura en los mares contaminados de Gaza. Cocinan la dorada y Sahal se sienta a comerla con su familia, en una mesa con vistas al mar.

Traducción de Jaime Sevilla Lorenzo

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