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Demos una oportunidad al plan B para Europa

Juncker, presidente de la Comisión Europea.

Razones y matices sobre nuestra adhesión al manifiesto

Desde la CUP-Crida Constituent siempre hemos mantenido una posición muy clara y sin ambajes en relación a la naturaleza y razón de ser del proyecto de Construcción Europea. Para nosotros, ese proyecto responde desde su momento fundacional, con el Tratado de Roma de 1957, a la clara voluntad de los grandes intereses económicos (productivos y financieros) de construir un espacio a su medida, desde donde garantizar su reproducción ampliada.

No tenemos duda alguna que los grandes hitos de la integración europea –la entrada en vigor del Mercado Único en 1993, la entrada en circulación del euro en 2002, la ampliación hacia el Este, y actualmente las negociaciones de tratados de comercio e inversión como el CETA o el TTIP– responden a la cristalización de las concretas demandas que diferentes grupos de poder han ido diseñando de manera progresiva durante las últimas décadas y que han contado, para su implementación, con la capacidad de acción e influencia de poderosos grupos de presión sobre las diferentes estructuras institucionales europeas. Hay en Bruselas en la actualidad, aproximadamente, unos 30.000 'lobbistas'. Uno por cada político que se dedica al ámbito de la legislación. El 70% de ellos se dedica a asesorar directamente a favor de los intereses empresariales, con millones de euros a su disposición y acceso privilegiado a los cargos políticos.

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Dejémonos de eufemismos, es terrorismo machista

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El 016 registró en 2015 casi 82.000 llamadas, el mayor volumen en su historia

Naciones Unidas intentó consensuar una definición de terrorismo en 1972 sin conseguirlo. Desde entonces, todos los intentos de la comunidad internacional para llegar a una definición de conformidad sobre qué significa terrorismo han tenido por denominador común el fracaso. Posiblemente por las múltiples connotaciones que esta palabra aporta y por el temor a las reacciones de aquellos que pueden ser incluidos como sujetos activos de esta categoría lingüística y política. Son muchas las definiciones parciales de terrorismo, pero todas ellas hablan de terror, violencia, fuerza, política, amenazas, alarma social, efectos psicológicos… Tomamos tres definiciones de las muchas posibles. Así, terrorismo, según la RAE, es "la dominación por el terror"; "la sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror" y la “actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.” Oxford Dictionary lo define como "el uso no oficial o no autorizado de la violencia y la intimidación para la consecución de objetivos políticos" y el Duden alemán habla de “las actitudes y comportamientos, que tienen como objetivo [político] cumplir objetivos mediante el terror”.

Partiendo de estas definiciones podemos entender que el terrorismo se estructura a partir de una violencia diseñada para generar dinámicas sociales de terror en determinados grupos de víctimas y que afecta a la integridad psíquica y física de estas personas. Y que el terrorismo se ejerce con el objetivo de imponer unos determinados valores y obtener unos resultados políticos y sociales que se corresponden a una ideología. Así, si las características atribuidas al concepto de terrorismo son, entre otras, violencia directa, generación de terror y alarma social, intención política e imposición ideológica ¿por qué no hablamos de terrorismo machista?

¿No entendemos que el patriarcado es un sistema de dominación? ¿No entendemos que el machismo es la base ideológica de la organización política del patriarcado? ¿No entendemos que el machismo es una sucesión de acciones violentas, persistentes en el tiempo, para infundir terror? ¿No entendemos que este terror es su herramienta de dominación? ¿Una herramienta para imponer su orden y mantener su poder? ¿Para provocar miedo intenso en la mujer? ¿Los hombres machistas no ejercen la máxima intimidación para mantener sus privilegios sociales y políticos? ¿No entendemos que la máxima violencia machista es el asesinato de las mujeres por el hecho de ser mujeres? Si entendemos todo esto también entendemos que el machismo es una ideología por qué se define por un conjunto de ideas que lo caracteriza, todas ellas basadas en la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer y sobre toda persona que se aleja del modelo hombre. De forma que esta ideología, que toma el sexo como categoría social impregnada de política, tal y como la definía Kate Millet, se corresponde con el pensamiento de una colectividad, los hombres machistas, y es un pensamiento que impregna todos los ámbitos de la vida con el objetivo de controlar y someter a sus parámetros políticos las mujeres y todas aquellas personas distintas al modelo de hombre impuesto como hegemónico.

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Davos, o la urgencia de una transición completa

Davos propugna "la fe ciega en la tecnología como elemento de emancipación de la humanidad hacia una vida mejor", señala Martínez.

Recién aterrizada en la política institucional, veo con optimismo la gran oportunidad de cambiar las cosas que tenemos por delante. Las propuestas de cambio y democratización del sistema político y la urgencia de asegurar los derechos de las personas representan los anhelos de cambio de una parte de la sociedad española. Sin embargo, hay que añadir y pelear la tercera pata del cambio: el modelo económico y productivo. Cualquier política social será meramente paliativa si no transformamos la causa última de la desigualdad: un sistema económico explotador de recursos y personas.

Sin embargo el Foro Económico Mundial, alias Davos, tiene sus propios planes. Este año la apuesta para dar solución a todos los desafíos globales es lo que llaman la cuarta revolución industrial: la automatización y digitalización de los procesos productivos que transformará nuestra sociedad y hará nuestras economías más eficientes y más productivas.

Davos trata de colocar en la agenda mediática, económica y política un concepto amable, vinculado al progreso. Si acercamos el zoom, la Industrialización 4.0 no es más que una aceleración de las tendencias que se vienen dando en las últimas décadas en el modelo productivo y el mercado de trabajo: la constante automatización de los procesos (con su correspondiente impacto en el empleo), una búsqueda casi obsesiva de la productividad (más producción con menos trabajo), la fe ciega en la tecnología como elemento de emancipación de la humanidad hacia una vida mejor, la nula atención al uso que nuestra economía hace de los recursos naturales (energía, agua o materias primas) y la violación constante de derechos humanos en nombre del beneficio económico.

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La respuesta ante los abusos sexuales a menores de edad: violencia machista

Unos niños ajenos a la información.

Si algo hemos aprendido en los meses que llevamos en la Asamblea de Madrid es a experimentar y vivir en primera persona que “las instituciones son un traje a medida de quien las ha diseñado” como dijo Teresa Rodríguez el domingo pasado. Que aquí todo está pensado y bien atado para que quienes entren acaben por no querer, o no poder, ser leales los intereses y las necesidades de las mayorías.

Pero también desde que estamos aquí hemos aprendido, al menos, dos cosas más. En primer lugar, que se pueden hacer y cambiar muchas cosas desde las comunidades. Hay que tener voluntad para ello. Y sobre todo si hablamos de los servicios sociales que consisten en garantizar derechos sociales y libertades civiles. Así lo entendió bien el gobierno de Esperanza Aguirre, que se puso manos a la obra para construir, desde “sus” instituciones, sociedad civil e ideología.

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Los estereotipos de género en política

El reciente gesto de la diputada Bescansa de llevar a su bebe al Congreso y amamantarlo ha generado un aluvión de polémicos comentarios en los medios tradicionales y en las redes sociales. Se han desarrollado todo tipo de argumentos conectados con la necesidad de dar relevancia pública a los problemas de conciliación a los que millones de ciudadanas se enfrentan a diario, sobre los modelos de crianza, sobre la falta de implicación de los hombres, sobre las largas jornadas laborales que padres y madres sufren en España. Debates necesarios y que aplaudo.

Sin embargo, las implicaciones de este gesto respecto a su simbología política han pasado desapercibidas. A pesar de que en esta XI legislatura el nuevo Congreso incluye a más mujeres que nunca (un 40%  frente a menos del 10% de las primeras legislaturas), no debemos olvidar que en el terreno político los hombres siguen siendo mayoría. Y aunque haya cambios relevantes, cuesta incorporarlos.

Las mujeres que deciden dedicarse a la política deben superar más obstáculos que los hombres. Un estudio reciente sobre la carrera política de diputados de todo el mundo realizado por la organización Women in Parliaments muestra que las mujeres políticas (y en comparación con los hombres) tienen por término medio menos hijos, suelen estar solteras o divorciadas en mayor medida, tienen mayores niveles de formación y más edad. Entre los distintos obstáculos a los que se enfrentan las mujeres que aspiran a hacer carrera política existe uno sutil sobre el que no se habla pero que opera de forma silenciosa. Se llama estereotipo y rema contra las mujeres.

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Las que faltan

La diputada de Podemos Carolina Bescansa, con su bebé, en su escaño del Congreso de los Diputados.

Ayer en el Congreso de los Diputados se vieron muchas malas caras, reacción que continuó después en los medios y las redes. ¿Cuál era el cuerpo del delito? Diego, un bebé. Lactante.

Un Parlamento que ha permanecido impertérrito ante el agotador desfile de corruptos, ante una sociedad cada vez más desigual, se llevó las manos a la cabeza –por fin– pero por un bebé.

Los extraños son ellos. Quienes no merecen ocupar la casa de la soberanía nacional –esa que hace no mucho tuvieron que vallar y separar de la gente–, son ellos. En cambio, las personas que en este último año hemos aceptado la tarea de ser "intrusos" en las instituciones, hemos venido a hacer que éstas cumplan su verdadera función y dejen de ser saboteadas por unos pocos. La tarea del Parlamento es trabajar por el interés general. Por tanto, no nos vamos a olvidar de que, en las prioridades del Parlamento, faltan muchos y muchas –especialmente muchas–.

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Delitos privados, vicios públicos

Es evidente nuestra escasa aportación en investigación y desarrollo en materia tecnológica, sin embargo los españoles somos ricos en construcciones imaginativas y en evasiones dialéctica. En el campo del derecho ocupamos un ranking destacado, cuando los tribunales, primero la instancia y después el Tribunal Supremo, se enfrentaron a la posibilidad de tener que condenar a un magnate financiero, ya fallecido, por un delito fiscal. Se sacaron de la chistera la famosa solución, conocida como Doctrina Botín.

Hasta ese momento no había habido ningún problema para admitir que la acción popular podía ejercitarse en toda clase de delitos públicos salvo en aquellos en los que el legislador, de manera expresa, había limitado las posibilidades de persecución.  

La acción popular, institución sabiamente introducida en nuestro sistema procesal, debido a la estructura jerárquica y dependencia gubernamental del Fiscal General del Estado, se erige como un posible correctivo a la atonía acusatoria del ministerio público.  

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¿Por qué las mujeres no son el reflejo de dios?

Miguel de Unamuno se hacía esta pregunta: "¿Dios es macho o hembra?". Hasta una niña pequeña puede responderla sin dudarlo un instante. Así, de un modo tan meridiano que parece invisible, el templo del machismo sienta sus bases en la roca madre de la religión. Permítanme que ilustremos muy someramente cómo la primacía testosterónica quedó inscrita con letra clara y varonil en numerosas perlas de sus libros y actas sagradas. El propio Pitágoras, fundador de la religión pitagórica en el siglo V a.n.e., dejó claro que  “Hay un principio bueno, que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo, que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer”.

¿Qué tendría la opinión femenina para la religión que a Orígenes, el filósofo de los albores del cristianismo, lo sacaban de sus casillas? “Es en efecto, impropio de la mujer hablar en una asamblea, sin que importe lo que diga, aun en el caso de que pronuncie cosas admirables o incluso santas, pues nada de eso tiene mayor importancia por el hecho de proceder de la boca de una mujer”.  Una acusación semejante podría llevar hoy al autor de las declaraciones a visitar los juzgados. Consideren que esta no es una idea aislada de un personaje secundario de la Institución Eclesiástica, Pablo de Tarso se mostraba igual de tajante: “Hagan como se hace en todas las Iglesias de los santos: que las mujeres estén calladas en las asambleas. No les corresponde tomar la palabra. Que estén sometidas como lo dice la Ley, y si desean saber más, que se lo pregunten en casa a su marido. Es feo que la mujer hable en la asamblea”. Tendrían y tienen una razón poderosa que desconocemos, ellos, los santos, su “Ley”, y su particular necesidad de preservar esa belleza del diálogo machista.

Mujeres mártires sí aceptaron, la sorprendente entereza del “sexo débil” en esos momentos clímax fue una de las mejores vallas publicitarias sobre el poderío que el cristianismo obraba en sus creyentes. Unos superpoderes que fuera de ese ámbito sacrificial quedaban en nada, como Pablo advierte a los Corintios: “El varón no debe cubrirse la cabeza porque es imagen y reflejo de Dios, mientras que la mujer es reflejo del hombre. El varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón; tampoco fue creado el varón con miras a la mujer, sino la mujer con miras al varón. La mujer, pues, debe llevar sobre la cabeza el signo de su dependencia; de lo contrario, ¿qué pensarían los ángeles?”. Quizá una parte de este discurso les recuerde a otros predicadores macho, eso sí, seguidores de un idealismo ultraconservador infiel.

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El PSOE, ante un nuevo tiempo politico

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE y candidato a la Presidencia

La incertidumbre generada por las dificultades para conformar el futuro gobierno y la amenaza de repetición de las elecciones generales explican, seguramente, el escaso tiempo dedicado a analizar los resultados obtenidos por cada una de las fuerzas políticas el 20-D. En el caso del PSOE esta reflexión crítica y serena es particularmente necesaria, pues en gran medida de ella depende el papel que este partido puede desempeñar en la legislatura que ahora se abre y en el futuro.

En solo dos legislaturas el PSOE ha perdido la mitad de sus votantes. Tras el histórico batacazo de 2011, el pasado 20-D los socialistas se han dejado otra veintena de diputados y un millón y medio de votos. Con el agravante que suponen resultados tan negativos, y simbólicos, como el de Madrid donde se han convertido en la cuarta fuerza política.

Esta decadencia acelerada no es casual y exige, por ello, una reflexión autocrítica. Para empezar, no cabe duda de que la trayectoria del gobierno de Rodríguez Zapatero a partir de mayo de 2010, con la reforma exprés del artículo 135 de la Constitución como punto culminante, sigue constituyendo un pesado lastre del que el PSOE no se ha podido desprender, básicamente porque no ha sido capaz de admitir sus errores. Resulta muy llamativo, por ejemplo, que no se haya producido todavía un claro desmarque de la decisión de congelar las pensiones en 2010.

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Por un pacto federal: razones frente a presiones

Una reforma constitucional implicaría que la ciudadanía votase

Carles Puigdemont, el sorpresivo candidato que ha sucedido al candidato ladeado -Artur Mas ya se puso de perfil en la lista electoral-,  es ya presidente de la Generalitat de Cataluña. Hay que reconocer que un acuerdo, aunque haya sido in extremis, entre Junts pel Sí y la CUP para sacar adelante un gobierno para Cataluña, entraba en lo probable, al menos. ¿Por qué tanto extrañarse? Sabemos que la chapuza parlamentaria que ha dado paso a tal salida del bloqueo en que se hallaba la situación política catalana no es muy honorable, ¿pero sorprende? La verdad es que no debiera sorprender, por más que pueda considerarse que todo ello tiene componentes de huida hacia el lado del expresidente Mas -ha hecho época su expresión de "dar un paso al lado"- y de inmersión total de la CUP en sus propias contradicciones internas. Al mesiánico Mas le ha salido la jugada de evitar para su formación política el trago de unas elecciones anticipadas, aunque sea al precio de aparcar su candidatura a la presidencia de la Generalitat catalana. Y la CUP ha conseguido apear a Mas de dicha presidencia, a la vez que comprometer al nuevo gobierno que salga a políticas sociales más consistentes, aunque ello haya sido dejándose la coherencia democrática en los entresijos de una negociación culminada en una opacidad contraria a los procesos asamblearios que son su seña de identidad.   

Resulta que en el nuevo contexto que se ha dibujado, una vez que hay gobierno de signo independentista en Cataluña, hay quienes insisten en la crítica al "derecho a decidir". Si desde el independentismo sostienen que ya pasó el momento en que eso era pertinente, están por otro lado los que lo rechazan descalificándolo como secesionismo encubierto o asimilándolo de manera improcedente a derecho de autodeterminación. Se pasa por alto precisamente que los que mantenemos esa propuesta lo hacemos en consonancia con algo que es esencial a las democracias constitucionales: conjugar el principio democrático de participación de la ciudadanía en todo aquello que le afecta con el principio de legalidad que obliga al respeto a las leyes que nos damos -la combinación de liberalismo y democracia radical tan lúcidamente expuesta por el filósofo Habermas, por ejemplo-. En virtud de esa conjugación abogamos por abordar, en el marco de un proceso de reforma constitucional para el cual tendría que ser paso previo, la necesidad de proceder a consultar a la ciudadanía catalana el modo de encarar para el futuro la relación de Cataluña con el Estado español. Dado que es en Cataluña donde la actual estructura territorial del Estado se halla cuestionada hasta un nivel muy elevado de deslegitimación, es obligado atender a la voluntad que exprese su ciudadanía en las urnas para orientar la misma reforma constitucional que se pretende.  Una matizada observación hay que añadir en medio del debate: se puede hacer un buen discurso contra el "derecho a decidir", pero eso no implica acierto en la decisión que se adopte respecto a Cataluña.

Cuando quienes insistimos en llevar la reforma constitucional hacia el objetivo de un Estado federal plurinacional ponemos el acento también en la necesidad de realizar en algún momento un referéndum consultivo en Cataluña, nos encontramos, pues, con que llueven sobre nosotros acusaciones de desvariar políticamente y situarnos fuera de lo que la izquierda debiera sostener. Habrá que recordar que es imposible en la situación actual acometer las políticas económicas y sociales necesarias para salir de la crisis sin afrontar a la vez la crisis del Estado. Y eso es así, además, no sólo por motivos coyunturales, sino por razones de principio. Sin resolver las cuestiones de reconocimiento fallan las bases para abordar lo relativo a redistribución de cargas y beneficios. Y en España está por resolver adecuadamente  la cuestión de las naciones y, por lo que ahora nos ocupa, el reconocimiento constitucional explícito de Cataluña como nación. Con todo, dado que hay quienes irónicamente nos desean suerte ante una propuesta que juzgan aventurada, la respuesta no puede ser sino ésta: ¡suerte para el Estado español, y más que le hará falta esa suerte si no se hace un referéndum! La retórica de la unidad de España no resuelve la grave crisis de su Estado.

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