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Barberá o la perversión política

Rita Barberá ya no puede representar a los valencianos ni a Les Corts Valencianes, y de hecho ni lo hará pues lo previsible es que no acuda al Senado pero sí siga disponiendo de sus privilegios

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Todo era previsible. Desde que el pasado verano estalló el escándalo de corrupción que puso en jaque a todo el PP en el Ayuntamiento de Valencia, ni el más optimista de los juristas podía concebir que "la alcaldesa de España", –así es como la definían en su partido hasta ayer mismo–, iba a salir airosa del escándalo de blanqueo de capitales que ha salpicado al consistorio valenciano. Su principal valedor, Mariano Rajoy, ha dejado caer de su tablero de ajedrez a la que ha sido la "reina" entre sus filas. Previsible. Lo que quizá no lo era tanto es que no renunciara a ser senadora, o sí.

La hasta ahora intocable Rita Barberá, el sostén de Rajoy en el Congreso de Valencia de 2008 cuando acababa de fracasar en las elecciones generales, es ahora un inconveniente para los suyos y le toca salir por la puerta de atrás después de derrochar tanto poderío. Se ha dado de baja del PP, pero mantiene su coartada institucional. Quiere esquivar la acción de la justicia con los privilegios que le otorga su acta en el Senado. Todo un dardo envenenado.

Veinticuatro años de poder absoluto en el Ayuntamiento de Valencia, imponiendo el rodillo, sin dialogar con la oposición y arrinconando al discrepante, y con un poder paralelo a los presidentes de la Generalitat, Barberá representa el modo absolutista de ejercer el poder y la concepción ideológica de la derecha más vinculada al pasado franquista. 

Acosada por su propio partido, que esperaba que no solo se diera de baja del PP, sino que también renunciara a su escaño, Barberá ha vuelto a imponer su voluntad y la histórica de Alianza Popular pasará a formar parte del Grupo Mixto en el Senado, compartiendo espacio con partidos que siempre ha despreciado como Bildu, Convergència y Compromís. 

Considerada como un gigante político dentro de sus filas, ni los casos de corrupción que afectaron a su equipo de gobierno, ni las denuncias sobre los abusos de poder que cometía en su gestión y, ni siquiera, las millonarias facturas a cargo del contribuyente que han salido a la luz en los últimos años en hoteles, viajes o almuerzos pudieron hacer tambalear sus deseos de perpetuarse en las instituciones.

Hoy, tras el comunicado difundido por el que hasta ahora era su partido, y que demuestra que permanece la complicidad, comprobamos como la exalcaldesa mantiene sus formas, impone sus criterios, pese a quien pese y aunque dé el último estoque mediático a la maltrecha imagen de un partido asolado por la corrupción.

No descubro nada si les digo que el caso Taula supera los límites de la Comunitat Valenciana. Nos encontramos en un momento crucial en el que todos los partidos con representación parlamentaria deben reflexionar sobre el por qué hemos llegado hasta aquí. Casos como el de Rita Barberá, Bárcenas, Soria, Acuamed, Gürtel, Matas y dirigentes del PPCV como Blasco o Fabra en prisión… explican de dónde venimos y por qué hemos llegado hasta este punto, y por tanto, por qué resulta inexplicable facilitar un gobierno del Partido Popular.

El futuro judicial de la exalcaldesa ha adquirido dimensión nacional y un carácter trascendente, dado que su permanencia en el Senado revela que Rita Barberá nunca ha defendido los intereses generales, sino los suyos propios. Manteniendo su acta de senadora territorial en la Cámara Alta, en representación no de los electores sino de la Comunitat Valenciana, la exalcaldesa no hace más que despreciar dos instituciones que representan la soberanía de todos los ciudadanos valencianos y españoles. Les Corts Valencianes, como responsables de su elección deberían manifestar su criterio en contra de su permanencia en la Cámara Alta.

Barberá ya no puede representar a los valencianos ni a Les Corts Valencianes, y de hecho ni lo hará pues lo previsible es que no acuda al Senado pero sí siga disponiendo de sus privilegios y de unas retribuciones no por su trabajo sino por el mero hecho de llamarse por su nombre. En esto también defraudará a la patria pese a su acostumbrada falta de pudor al usar el nombre de España en su particular comunicado. Invocar a Valencia y España demuestra el patriotismo depredador de cierta derecha, pero invocar una Constitución que no apoyó en su día es el último ejercicio de su particular hipocresía.

La pelota está ahora en el tejado del PP. Si Barberá permanece en el Senado la perversión política del PP seguirá su curso. Y solo Rajoy será su responsable.

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