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España suspende en refugiados

La solidaridad y la protección de los más vulnerables no están en la agenda de este Gobierno y el incumplimiento de las cuotas de acogida es una muestra más de ello

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Refugiados procedentes de Italia, a su llegada hoy a España dentro del programa comunitario de reubicación.

Refugiados procedentes de Italia, a su llegada a España en 2016. EFE

Este martes 26 de septiembre expira el plazo establecido por la Comisión Europea para que los Estados Miembro cumplan sus compromisos de reubicación y reasentamiento de personas refugiadas conforme a las decisiones del Consejo de julio de 2015.

España suspende flagrantemente con apenas un 11% de cumplimiento, a pesar de la voluntad manifestada reiteradamente de ayuntamientos, comunidades autónomas, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanía. 

De las 17.337 personas que deberían haber llegado, hoy faltan 15.354 que siguen esperando en Grecia e Italia poder ejercer su derecho a protección internacional. Un 11% de cumplimiento. Tal y como recuerdan un grupo de oenegés, ¿se imaginan que fuera ése el grado de cumplimiento de cualquier trabajador o trabajadora en sus responsabilidades? ¿Qué pasaría?

¿Qué valor tiene la palabra de este Gobierno? El Ministro de Asuntos Exteriores en dos ocasiones respondió a esta diputada que España iba a cumplir sus compromisos en plazo.

Los Gobiernos del Partido Popular han concatenado excusas y no han asumido ninguna responsabilidad en el goteo insuficiente de llegadas.

En primer lugar aceptaron a regañadientes la cuota asignada a España. Una cuota que no era ni mayor ni menor a la del resto de Estados Miembro al haber sido establecida según unos criterios objetivos: población, PIB, tasa de paro y promedio de demandas de asilo.

Posteriormente echaban la culpa del incumplimiento a Grecia e Italia por no tener registradas a las personas elegibles para el programa de reubicación, para ahora sacar a la primera de cambio un correo electrónico de la Unidad de Reubicación de Grecia en la que se transmite al Gobierno de España su agradecimiento y comunica que no hay personas elegibles en este momento en Grecia. La propia Comisión recuerda que el compromiso de reubicación no acaba el 26 de septiembre y que aún hay personas para reubicar en Grecia e Italia.

Como sucede con los malos estudiantes, el Gobierno se compara con quienes presentan peores registros que nuestro país. ¿Son nuestros referentes en la Unión Europea Hungría o Polonia que ya han dicho que no van a acoger refugiados? Países como Portugal o Irlanda que han sufrido serios procesos de rescate y ajustes superan con mucho las cifras de España. Y eso solo se justifica por la voluntad política de sus gobernantes.

El Gobierno debe explicar qué ha hecho y qué no ha hecho así como las medidas que va a tomar para cumplir con sus obligaciones legales. 

El cierre de unas rutas no contiene a quienes huyen de la guerra y el terror sino que les empuja a rutas más largas y más peligrosas. No hay valla, ni muro, ni mar que contenga a quienes se ven forzados a abandonar su hogar, su país para proteger su vida y la de sus familias. Si se les cierra una vía buscarán otra y será cada vez más insegura, especialmente para las mujeres, las niñas y los niños.

Estos dos años no se ha avanzado en el establecimiento de vías legales y seguras, en la concesión de visados humanitarios en los países de origen, en la habilitación de corredores humanitarios y desde luego, poco se ha avanzado en la resolución de los conflictos que provocan el desplazamiento de miles de personas.

España debe desempeñar un papel de liderazgo en una crisis que está lejos de resolverse. Formamos parte de la frontera más desigual del planeta, de la ruta que marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Es necesario adecuar el sistema de asilo a la realidad actual y futura y hacerlo de la mano de las organizaciones expertas, de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos.

La solidaridad y la protección de los más vulnerables no están en la agenda de este Gobierno y el incumplimiento de las cuotas de acogida es una muestra más de ello. El Gobierno no puede jactarse de “la primavera del empleo y el crecimiento” al tiempo que condena a miles de personas a pasar otro invierno en tiendas de campaña.

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