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Haced posible un Gobierno Alternativo

Tras el fracaso de Rajoy, Pedro Sánchez dispone de una oportunidad para retomar la iniciativa y abrir una ronda no teatralizada ni radiada de conversaciones sin líneas rojas, con todas las fuerzas del Congreso

Dar forma a una alternativa programática al continuismo de Rajoy sólo será posible si dejamos los vetos y maximalismos a un lado, si se apuesta por la cultura del pacto buscando fórmulas de encuentro desde las cesiones mutuas

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Es una petición de millones de electores asustados y cabreados por la deriva que han tomado las investiduras. La política se ha convertido en un problema en vez de traer soluciones a la sociedad democrática española. Un país roto necesita un Gobierno de Transición ante un Parlamento roto y confrontado. Un gobierno alternativo al que se encomienden objetivos urgentes para revertir las medidas que han provocado más sufrimiento en las familias españolas, alcanzar pactos en pensiones, educación y política laboral y elaborar unos presupuestos que hagan posible desde el realismo acabar con los recortes y la austeridad.

Además, un gobierno alternativo en un Estado plurinacional ha de fijar una vía de avance para resolver con audacia el grave conflicto territorial y sentar las bases de una reforma constitucional. Me niego a aceptar que el Partido Socialista, Podemos, Ciudadanos y PNV, entre otros, no puedan flexibilizar sus respectivas líneas rojas y buscar puntos de encuentro ante la excepcionalidad de la situación y la amenaza de unas terceras elecciones.

Tras el fracaso de Rajoy, Pedro Sánchez dispone de una oportunidad para retomar la iniciativa y abrir una ronda no teatralizada ni radiada de conversaciones sin líneas rojas, con todas las fuerzas del Congreso. Se trata de tantear la viabilidad de un gobierno alternativo con un programa de partida que presentara el PSOE. Tenemos la ventaja de conocer los errores que cometimos en el proceso anterior, contar con los documentos objeto de pacto hasta ahora y haber evaluado las reacciones sociales que produjeron.

Si se actúa priorizando el bien común es posible alcanzar unas bases mínimas, pero suficientes, para posibilitar la formación de un gobierno reformista y regenerador. La metodología consiste en desarrollar un diálogo bilateral con Pedro Sánchez para evitar, en principio, los vetos y las mesas de conjunto inestables.

A todos esas fuerzas les unía un afán de cambio de políticas y se les suponía un talante menos inmovilista y más reformista que Rajoy, aunque es cierto que mantienen diferencias en cuestiones significativas. Dar forma a una alternativa programática al continuismo de Rajoy sólo será posible si dejamos los vetos y maximalismos a un lado, si se apuesta por la cultura del pacto buscando fórmulas de encuentro desde las cesiones mutuas y, finalmente, pactamos las discrepancias en lo que parezca imposible compartir dejándolas a la decisión del Parlamento.

La política, más aún en una coyuntura de crisis como la que atraviesa el país a diferentes niveles, ha de significar un esfuerzo colectivo de diálogo. Sobran tertulias partidistas y debates llenos de reproches entre políticos de argumentario oficial. Se necesita capacidad de cesión, algo de empatía entre los Lideres y priorización de los intereses generales de la sociedad.

Un gobierno alternativo conviviría con un Congreso empoderado para lo cual el pacto habría de incluir un calendario legislativo, un comité de coordinación legislativa y seguimiento parlamentario del pacto y de las tareas del gobierno, el compromiso de presentar por el Presidente -a los dos años- una Moción de Confianza en el Congreso y una metodología para el debate y el consenso sobre el proyecto de Presupuestos Generales

De momento, el panorama no es alentador y ya se aprecian maniobras de distracción para no cargar con la culpa del bloqueo y de terceras elecciones. No se aprecia disposición en favor de un esfuerzo colectivo por poner en marcha la legislatura. Nadie debería jugar a eludir su responsabilidad buscando unas terceras elecciones que solo deslegitiman el sistema democrático, desprecian las reglas de la democracia y no resolverían la complejidad del mapa electoral.

Unas nuevas elecciones en diciembre mostrarían el hartazgo ciudadano, una fuerte abstención y el riesgo cierto de un nuevo crecimiento del Partido Popular, sin descartar que alcanzara con Ciudadanos la mayoría absoluta. Además, se mantendrían las actuales dificultades para formar gobierno al seguir siendo necesarios pactos transversales.

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