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Valentía, generosidad y acción en el PSOE hoy, o cenizas mañana

En el PSOE existe una amplia mayoría de gente sensata e inteligente, incluidos muchos de los militantes y dirigentes pertenecientes a las dos posiciones orgánicas hoy enfrentadas: es urgente que estos perfiles equilibrados den un paso al frente, asuman el liderazgo y procedan a desbloquear la situación en la que se encuentra el partido

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137 años de historia dependen de una pregunta ¿Hay en el PSOE militantes y cuadros con la valentía y sensatez suficiente para sacar del bloqueo en el que se encuentra al Partido? Tenemos 24 horas para contestar.

El PSOE está mal, en situación de riesgo extremo. Sus dirigentes han cometido errores importantes en las últimas semanas y muy graves en los últimos días.

El enfrentamiento de posiciones actual es fruto de la falta de diálogo sincero, libre y valiente durante muchos años.

En el futuro (si lo hay) es preciso plantear todos los debates sin limitaciones, y sobre todo ser responsables y valientes para decir las cosas con libertad, cuando corresponde y donde corresponde.

Dicen que en las situaciones límite se dispone de una lucidez extraordinaria. Sin duda ha llegado ese momento.

En el PSOE existe una amplia mayoría de gente sensata e inteligente, incluidos muchos de los militantes y dirigentes pertenecientes a las dos posiciones orgánicas hoy enfrentadas. Es urgente que estos perfiles equilibrados den un paso al frente, asuman el liderazgo y procedan a desbloquear la situación en la que se encuentra el partido. Es decir, y concretando, que levanten los teléfonos y empiecen a marcar números de sus rivales orgánicos hasta que alguno responda, y que se pongan a hablar como dirigentes maduros y referentes de tanta gente humilde y trabajadora. Y que no paren hasta conseguirlo.

La tarea más urgente es dotar a los órganos federales, especialmente al Comité Federal, de una legitimidad reconocida por ambas partes. Este complicado paso va a requerir generosidad, respeto y mucha inteligencia orgánica. Y, concretando de nuevo, no existe otra vía para acordarlo más que sentarse entre rivales que se hayan cogido el teléfono hasta alcanzar un acuerdo sobre qué Comité Federal se encargará de dilucidar la cuestión de fondo, con fecha, hora y orden del día. No hay más opciones.

Si se consigue dar ese complejo salto se habrá salvado mucho y podrá procederse con garantías a una sana confrontación sobre modelos, proyectos, estrategias y calendarios.

Es evidente que el PSOE se encuentra ante una situación de riesgo máximo. Pero también tiene por delante una gran oportunidad para llevar a cabo una transformación profunda en el partido y una renovación completa de sus estructuras. Se trata de una ocasión única para actualizar su relación con la sociedad y acercarse de nuevo con ambición a las grandes clases medias y trabajadoras. Una oportunidad para defender con modernidad los valores progresistas del PSOE, que son los que comparte la mayoría del país.

España ha cambiado mucho en los últimos 20 años. Existen nuevas formas de trabajar, de actuar y de relacionarse en sociedad. El Partido Socialista no ha sabido entender la evolución de la sociedad (especialmente de los jóvenes y de las clases urbanas) y ha evolucionado en sus posiciones y análisis a una velocidad diferente a la de la mayoría progresista española. Es preciso que se produzca una profunda reacción para adaptarse a la nueva sociedad. Solo a través de una crisis profunda, como la que atraviesa el PSOE, puede darse el importante salto que éste necesita.

Además, esta transformación solo podrá realizarse mediante liderazgos colectivos. La sociedad española, al menos en su mayoría progresista, ha entendido que los liderazgos del futuro serán liderazgos colectivos o no serán liderazgos. Solo los mejores equipos serán capaces de transformar realidades con fuerza y seguridad. El PSOE nunca ha sido un partido presidencialista y deberá serlo aún menos en el futuro.

Se presentan por tanto dos grandes retos: en primer lugar, la urgencia de reconducir la crisis más profunda de la historia del PSOE moderno, devolviendo la legitimidad a sus instituciones. Y en segundo lugar, afrontar la transformación profunda de sus planteamientos y estructuras para adaptarlos a la sociedad moderna, manteniendo intocables sus valores de solidaridad, libertad y justicia, que son los valores mayoritarios de la sociedad española.

Para conseguirlo se precisa de una generación con hambre y ambición, sensatez e inteligencia.

Se buscan socialistas valientes y generosos.

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