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Una bicefalia para el PSOE

El momento de excepcionalidad que vive el PSOE me lleva a hacer un planteamiento que por cultura de partido en otro momento sería impensable: un secretario general que renunciara previamente a ser candidato a la presidencia del Gobierno

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En el proceso interno de renovación que va a vivir el PSOE seguramente dediquemos demasiado tiempo al debate de nombres, este llegará y al final se podrán contar con los dedos de una mano los nombres que se disputarán el liderazgo del partido, pero yo quiero poner el foco en el debate del proyecto por encima de las personas y en este podemos ser miles los que pongamos nuestro granito de arena.

El momento de excepcionalidad que vive el PSOE me lleva a hacer un planteamiento que por cultura de partido en otro momento sería impensable: un secretario general que renunciara previamente a ser candidato a la presidencia del Gobierno, con el objetivo de que su tarea para conseguir la unidad y potenciar un replanteamiento del proyecto, no se viera condicionada por la candidatura posterior a la presidencia del Gobierno, algo que se resolvería posteriormente en unas primarias abiertas, como estipulan nuestros estatutos.

Muchos serán los detractores de esta propuesta con la justificación de que la historia del PSOE demuestra que las bicefalias no funcionan, aunque no tendrán en cuenta a la hora de hacer esta valoración que esta conclusión se basa en experiencias donde las dos cabezas aspiraban a ser cabeza de cartel del partido, por eso mi planteamiento contempla la renuncia previa. A este planteamiento solo le veo beneficios, entre otros: el candidato a la presidencia del Gobierno no se vería desgastado por la gestión interna y además se garantizaría que el PSOE celebraría unas primarias abiertas para la elección del candidato a la presidencia, algo que no ha ocurrido hasta ahora al no obtener nadie los avales necesarios para enfrentarse al secretario general.

Las tareas que tiene por delante el nuevo secretario general no son menores, de su buen hacer dependerá en gran parte el futuro del partido, hay debates que no son necesarios tenerlos al ser conquistas que se han convertido en irrenunciables para el PSOE: como la elección del secretario general por primarias, pero lo que sí es imprescindible y urgente es revisar nuestro modelo organizativo, porque los últimos acontecimientos han demostrado que provoca choques con las nuevas dinámicas existentes en la sociedad y con las demandas de los militantes y simpatizantes.

El PSOE debe hacer protagonistas y cómplices de su labor diaria a los militantes y simpatizantes, y ello no se consigue solo con consultas, sino a través de una sistemática de participación en la que se recompense a los más activos y se aplique bajo formulas más atractivas, incentivando todo el talento existente en el PSOE.

Otro de los grandes retos pendientes es el de conseguir la complicidad de los colectivos organizados y de las personas que se organizan temporalmente para defender una causa; además de cambiar radicalmente la forma de funcionamiento en la zonas urbanas y en su relación con los jóvenes, ámbitos donde se han mostrado grandes debilidades del partido. En lo interno se deberá dar la vuelta a la gestión de las discrepancias, donde hasta ahora siempre suponían fracturas y divisiones difícilmente superables, ahora se debe buscar convertir las distintas formas de pensar en enriquecimiento a través de la pluralidad, frente al retroceso que provoca el triunfo del pensamiento único.

Pero la tarea de rearme del proyecto socialista no estará completa si no se plantea un debate sobre los nuevos retos de la socialdemocracia que ha demostrado estar muy alejada de los deseos de la sociedad en este nuevo paradigma que estamos viviendo y que se ha acentuado con las nuevas revoluciones y las crisis vivida.

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