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Mis convicciones tienen rostro

A partir del 22 de mayo trabajaremos para situar la política donde debe estar: pegada a la vida de la gente y alejada del ombliguismo del que tantos socialistas rehuimos

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Díaz pide un partido "100% PSOE, sin complejos ni asumir postulados de otros"

EFE

Ruido, rabia y resignación. Los socialistas tenemos un gran reto por delante para desterrar de nuestro vocabulario estas tres palabras, para sacudirlas de la cotidianeidad construida por la crisis y los malos gobernantes. Vivimos tiempos complicados que exigen que la política deje de generar ruido, doler y herir y vuelva a sanar para abrir un nuevo tiempo a la esperanza.

A partir del 22 de mayo, los socialistas debemos ser capaces de recuperar un proyecto colectivo útil y creíble. Trabajaremos para situar la política donde debe estar: pegada a la vida de la gente y alejada del ombliguismo del que tantos socialistas rehuimos. 

Ya sé que están de moda la frivolidad y la soberbia, y que quizá no lo estén tanto explicar las cosas y mirar a la gente a la cara. Pero es justo esto lo que necesita este partido: volver a ser 100% PSOE para volver a ser país. Alejarnos de las estériles y artificiosas batallas sobre quién es más de izquierdas para seguir siendo, simplemente, el refugio de las políticas de izquierdas hechas para las personas.

Ser de izquierdas hoy es recuperar el poder público como espacio de reparto y redistribución. Ser de izquierdas hoy es hacer del BOE un aliado de la ciudadanía. Estoy convencido de que es posible retomar el vuelo del progreso, pero para ello tenemos que concentrarnos en el futuro. Nuestra responsabilidad es apuntar alto, los españoles nos esperan y esperan que construyamos un nuevo acuerdo social y un nuevo pacto territorial. 

Queremos gobernar y tener el poder de mejorar el horizonte de la ciudadanía y generar oportunidades en igualdad. Ese es el poder del PSOE: el poder público como generador del bien común en una España plural y diversa, en la que PSOE y PSC tenemos mucho que decir.

Es hora de desmontar las trampas del soberanismo y desentumecer el inmovilismo del PP. Los sentimientos y los deseos de Cataluña no se pueden juzgar bajo códigos jurídicos. Pero lo que tiene que ser Cataluña tampoco está en subasta y si los socialistas seguimos ese incierto camino, erraremos.

Nos han colocado en un callejón sin salida y debemos recuperar el sentido de la realidad. Debemos tejer complicidades para una Cataluña dentro de una España federal. Así pues, es la hora de la Declaración de Granada, consensuada por todos los socialistas en 2013. Yo no voy a renunciar a mi riqueza, la que supone ser español y ser catalán.

Ya no queda tiempo ni margen para titubeos. Ha llegado el momento de zanjar el debate que está fracturando nuestro partido. De dar un paso hacia adelante y construir futuro.

Mis convicciones tienen un nombre, el de Susana Díaz.

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