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No jueguen a las cartas con nuestro futuro

Llevamos cuatro días en la Cumbre sobre cambio climático en París y no todos los países se juegan lo mismo en este acuerdo

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Nicaragua es el cuarto país del mundo más afectado por el cambio climático. De acuerdo a un estudio del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) se estima que en 2050 las áreas aptas para el cultivo del café en Nicaragua se reducirán entre un treinta y un cincuenta por ciento dejando a miles de agricultores y agricultoras sin sustento económico.

A pesar de estar sufriendo tan duramente las consecuencias del cambio climático, Nicaragua está muy lejos de ser uno de los mayores responsables del mismo. De hecho, la contribución histórica de toda Latinoamérica y Caribe al calentamiento actual del planeta representa sólo el 7% frente a 25% de la UE y a los 27% de Estados Unidos. Al mismo tiempo, las capacidades en términos de tecnología y de recursos con las que cuenta el país para adaptarse a los cambios y para compensar las inevitables pérdidas y daños que ya se están produciendo son muy escasas.

En el otro extremo de la balanza tenemos a los países más industrializados, responsables del 71% de las emisiones acumuladas hasta ahora. Además de la responsabilidad histórica que tienen estas naciones por ser las que más han contaminado, también son aquéllas con mayor capacidad de resistir los impactos del cambio climático.

En la Convención Marco sobre Cambio climático que se está celebrando estos días en París (conocida como la COP21) se presentaron ayer los resultados de un informe realizado por organizaciones de la sociedad civil, entre las que se encuentra InspirAction, en el cual se analiza si los compromisos que los países han expresado en los documentos llamados INDCs5 son justos y adecuados en función de su contribución histórica al calentamiento global y sus necesidades actuales de desarrollo. Conclusiones a las que está llegando: la contribución expresada por Rusia representa un 0% de lo que le correspondería atendiendo a su historial de emisiones. En el caso de Japón representa una décima parte y en los casos de Estados Unidos y de la Unión Europea una quinta parte en ambos casos.

Si nos fijamos en este gráfico, las líneas negras marcan lo que los países han comprometido en los INDCs mientras que las barras mostrarían el compromiso que deberían alcanzar para que éste fuese justo y acorde a sus emisiones históricas (estimaciones basadas en tres enfoques distintos de medir su responsabilidad y expresadas en las barras de distintos colores):

Gráfico 1

No debemos pasar por alto que países como China o la India, han empezado a emitir gases de efecto invernadero de manera alarmante en los últimos años: en el caso de China desde 1990 a 2012, sus emisiones aumentaron en un 231% y del segundo en un 138%. Sin embargo, si tenemos en cuenta las emisiones per cápita, las de Estados unidos, segundo emisor en términos absolutos por detrás del país asiático, representan tiene más del doble que China. Pero, a la hora de pedir responsabilidades, debemos tener en cuenta también las necesidades y situación actual de estos países: en la India hay todavía casi 300 millones de personas, prácticamente la población con la que cuenta Estados Unidos, que no tiene acceso a la electricidad.

Si hacemos el mismo ejercicio de análisis que en el gráfico anterior pero atendiendo en este caso al número de habitantes de cada uno de los países vemos que los esfuerzos que se están haciendo desde los países del norte y los esfuerzos de los países del Sur global son todavía más desiguales e injustos:

Gráfico 2

Por todo ello, es necesario que en la COP21, cada país contribuya de manera justa a un acuerdo global que nos sitúe en la senda de las cero emisiones y un aumento de la temperatura media no superior a los dos grados centígrados o preferiblemente al grado y medio.

También necesitamos que el bloque de países de la UE junto con el resto de los llamados "industrializados" tengan una actitud responsable y solidaria y consigan avanzar en un acuerdo ambicioso en cuanto a las cuestiones de la adaptación y de la financiación de la misma. Sabemos que estas dos cuestiones, junto con el mecanismo de Varsovia de Pérdidas y Daños, son algunas de las cuestiones más polémicas y en las cuales más difícil será llegar a acuerdos. En las negociaciones que empezaron el domingo estas cuestiones están ya sobre la mesa. Existen rumores de que los países industrializados utilizarán la financiación y los avances en adaptación como ases en la manga hasta el último momento de la negociaciones, forzando así las posiciones de los países de G77+China hasta la última noche. Peligrosas son estas estrategias más propias de un casino que de una negociación crucial. El conocido como "fantasma de Copenhague" (por la falta de acuerdo de aquella cumbre) está presente y las consecuencias de que la COP21 acabe sin acuerdo o, lo que es lo mismo, un acuerdo poco sustancial y concreto son difíciles de imaginar. Nos estamos jugando mucho todas y todos en estos días. Esperemos que nuestros gobiernos estén a la altura de las circunstancias y no se dediquen a apostar con el presente y el futuro de la humanidad.

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